Por: Nuala Szler – estudiante Lic. en Letras

Este último 17 de Abril no fue un día que pasó desapercibido. Encuentros y brindis virtuales desafiaron una vez más la distancia y el aislamiento para unir a entusiastas del vino en Argentina, y en todo el mundo, con motivo de elogiar al Malbec en su día. La iniciativa de una celebración tan especial fue creada en 2011 por Wines of Argentina, la institución encargada de promocionar la marca país, el vino argentino, en todo el mundo.

El Malbec se ha constituido con fervor en el representante mundial del vino argentino, los mismos números dan cuenta de ello cuando comprobamos que se trata por lejos del varietal más exportado del país. En 2020, 119 países recibieron al menos un envío de Malbec. Siendo Estados Unidos, Reino Unido y Brasil los principales destinos de exportación, un total de 129 millones de litros de Malbec argentino ha cruzado rutas y océanos a lo largo del insólito e inolvidable año 2020.

Origen

La uva de Malbec tiene, sin embargo, su origen en Francia. Se cultivaba en el sur del país y se usaba la cepa para elaborar vinos denominados “de Cahors”, por el nombre de la región. Luego, con la plaga de filoxera en 1863, la producción vitivinícola se vio afectada y dicha cepa pasó a ser secundaria en su lugar de origen.

Pero, afortunadamente, durante uno de sus viajes por el entonces floreciente y civilizado territorio francés, la cepa de Malbec no pasó inadvertidamente ante Domingo Faustino Sarmiento.  En persona se ocupó de que la misma llegara a la Argentina cuando contrató a Michel Aimé Pouget, un agrónomo francés para llevar adelante la dirección de la Quinta Agronómica de Mendoza e incorporar nuevas cepas europeas como medio para mejorar la industria vitivinícola nacional.

Fue un 17 de abril, de 1853, que se presentó entonces un proyecto ante la Legislatura de Mendoza para fundar una Quinta Normal y una Escuela de Agricultura. Esta fecha no es solo el símbolo de la transformación de la vitivinicultura nacional, es además el punto de partida para el desarrollo de la cepa que hoy es un emblema de nuestro país.

Cepaje

Desde su consolidación en el siglo XIX, el crecimiento de la producción del Malbec en Argentina ha sido tal que, actualmente, es imposible hablar del Malbec argentino como uno. A lo largo y a lo ancho del territorio nacional, este cepaje se traduce en estilos y tipicidades muy diferentes entre sí según la zona en la que nace su uva. Hoy, el gran desafío de las bodegas está centrado en buscar las expresiones más puras que dicha cepa logra en las distintas zonas en las que se cultiva. Es así que, cada vez hay más vinos de finca única (single vineyards) y de parcelas (single lots), ya que los productores y enólogos se concentran en fincas con climas particulares y suelos puntuales para trabajar en una expresión definida del Malbec que refleje el potencial enológico de esa zona.

“En 2020, 119 países recibieron al menos un envío de Malbec”

Nuala Szler

La cantidad de hectáreas en todo el país ha aumentado un 43,7% en el período 2011-2020: Cafayate en Salta, Chilecito en la Rioja, General Roca en Río Negro, Añelo en Neuquén, Santa María en Catamarca, Puelén en la Pampa, Colón en Córdoba, Tafí del Valle en Tucumán y Tilcara en Jujuy son las regiones protagonistas.

Argentina posee la mayor superficie cultivada con Malbec del mundo y es el único país en el que existen las cepas originales de la uva francesa. El año pasado, excepcional como fue, no pudo sin embargo detener esta poderosa elaboración.

Producción

En 2020 la producción total en el país de la variedad Malbec fue de 3.721.290 quintales. Además, la tendencia de aumento de la superficie de Malbec se mantiene en la actualidad, siendo la variedad que más crece desde hace varios años. Presente, como mencionamos, en la mayoría de las provincias vitivinícolas de Argentina, el Malbec registró en el año 2020 un total de 45.657 hectáreas cultivadas, lo cual representa el 21,3% del total de vid del país.

Los principales referentes de la industria: hacedores, viticultores, enólogos y enólogas señalan al unísono que el Malbec es hoy el mejor y más destacado vino argentino, pero, agregan, lo será aún más en el futuro. En términos de su cultivo, los compuestos del suelo son los que definen las características de los Malbec de cada región. Tal es así que, con una misma uva, se pueden generar distintos estilos de vinos, para los distintos gustos de los consumidores. Por un lado, vinos con perfiles más frutados, atractivos a nivel nariz, simples y fáciles de tomar. Por otro lado, vinos con mayor complejidad, presencia de madera e interpretando las características de la región. Y, finalmente, vinos en los que se busca la elegancia, tiempo de guarda, mayor volumen en boca, con madera pero sin tapar la fruta.

“Es una uva muy versátil, por esto mismo es que la mayor parte de los vinos que se elaboran son Malbec. Pues, en nuestros suelos, el Malbec desarrolla características muy especiales y muy distintas respecto al resto de las regiones del mundo, lográndose así excelentes vinos apreciados y reconocidos por los consumidores a nivel nacional e internacional”

Nuala Szler

El Malbec está fuertemente vinculado a su entorno, a la gente, al lugar, al clima, a la celebración. Su encanto no fue, ni lo es hoy, exclusivamente producto de un exitoso plan de marketing. Es fundamental destacar el papel primordial de los productores primarios argentinos que han comprendido no solo el mercado sino también la esencia del Malbec, dando lugar a que generaciones y generaciones de vitivinicultores se afianzaran en la tarea de mejorar, replantar y expandir su elaboración en Argentina. El rol de esta cepa no podría reducirse meramente a un enérgico y vigente posicionamiento en el mercado nacional e internacional. Tal es así que los hacedores, privilegiando las experiencias, sensaciones y emociones inherentes al alma del Malbec, están enfocados en lograr una calidad constante y ser cada vez más diversos pero más específicos al mismo tiempo. Se concentran en lograr que esa identidad de lugar que ellos ya reconocen en sus vinos, el consumidor la pueda reconocer en sus copas.

En ese sentido, los diferentes estilos de Malbec dependen en gran parte de la manera de vinificarlo. Así, puede disfrutarse como joven y frutado o con más complejidad, después de un periodo de guarda. Conocer profundamente las virtudes de cada región es elemental para producir vinos con carácter y personalidad.

Igualmente, la búsqueda del terruño es de vital importancia,  pues son la base para que fincas únicas den lugar a vinos de expresiones únicas. “Con espíritu inquieto, varios hacedores de vino estamos en el camino de entender los lugares a través de las viñas. Hoy existe una profunda conexión y respeto por los lugares y sus paisajes, y todo esto termina reflejado en los vinos”, señala Francisco “Pancho” Lavaque, quinta generación de viticultores de su familia e hijo de Rodolfo Lavaque, personaje clave en la industria del vino salteño y creador de la bodega Finca Quara.

Ideología de vida

El enólogo Sergio Casé prevé, por su parte, un futuro enorme para el Malbec cuando afirma que esta cepa recién está cursando la adolescencia y tiene mucho por mostrar, recorrer y conquistar. “Que llegue a todos los rincones del mundo y que todas las personas tengan la oportunidad de disfrutarlo”, es uno de sus íntimos anhelos. “Pancho” Lavaque, por su parte, solo pretende que “alguien con solo probar el Malbec, sepa de donde proviene”.

“Sería fantástico que un consumidor en cualquier lugar del mundo piense que tiene ganas de tomar un Malbec e inmediatamente piense sólo en Argentina”

José “Pepe” Galante, enólogo

Estos deseos, de comprometidos hacedores, demuestran que la pasión por la pureza y la singularidad son fuertes imperativos a la hora de elaboración. La industria del Malbec, en Argentina, no es solo eso: una industria. Es una decisión e ideología de vida, una entrega personal en todos sus sentidos y una constante disciplina, como perseverancia, por el alcance de los propios sueños. Y es eso mismo lo que cada productor busca transmitir en sus propias y singulares botellas de Malbec. Si el consumidor vivencia ese sueño en su copa, entonces el mismo está cumplido.

Ahora bien, el camino aún debe seguir trazándose. Wines of Argentina, al igual que los productores, coinciden en que para alcanzar un mayor y mejor posicionamiento hay que continuar con el desarrollo de una gama más amplia de estilos, incluso hasta de los exponentes más complejos pensados para larga guarda. Por nuestra parte, como consumidores argentinos, nos unimos a esta gran labor, y lo legitimamos como uno de nuestros mejores exponentes vínicos, al servirlo y compartirlo en nuestras mesas.

“El caso del Malbec es emblemático, un caso en el que un país logra la asociación directa con un varietal, lo rescata del olvido y marca un paradigma en el panorama global del vino”

Alberto Arizu, presidente de Wines of Argentina

Respecto de la celebración del 17 de abril, Arizu declara que una cepa como la de Malbec, que encontró en la geografía argentina y en la herencia de los primeros inmigrantes las condiciones óptimas para evolucionar hasta llegar a ser el exponente más exitoso de la escena vitivinícola mundial, merecía tener su día.

Profesionales como aficionados coinciden en que aquello que sorprende del Malbec es su amplísimo espectro de aromas, su plasticidad. El enólogo Lorenzo Pasquini afirma “no conocer otra cepa en el mundo con la cual se pueden declinar tan bien y de tantas maneras distintas, todas muy agradables, en lugares tan diferentes y en conjuntos suelo-clima (terroirs) tan variados”.

En cuanto a qué esperar del Malbec, Pasquini advierte que es una respuesta difícil porque, cree, “esta cepa ya nos está dando muchísimo”. Pero, continúa, “tratamos de mejorar todos los años para tener siempre más profundidad con nuestros Malbec: que tengan aromas complejos y envolventes pero que a la vez tengan tensión y largo en boca, con taninos suaves pero presentes y un gusto persistente y fresco. Es una búsqueda de todos los días en viñedo y en bodega que de a poco va dando fruto pero que creo, y espero, no se terminará nunca”.

Nuestra identidad

El Malbec argentino, de color intenso que varía entre el violáceo y el rojo rubí con matices oscuros, de cuerpo medio y taninos suaves y amables, de notas de cata que evocan frutos rojos como ciruelas, guindas, moras y frambuesas, y de aromas como a compota de ciruela, vainilla, chocolate o dulce de leche, ha abierto las puertas como nadie al enoturismo de la región, siendo un importante y seductor convocador tanto de consumidores nacionales como del mundo. Solo podríamos agregar, para finalizar, que en absoluto estaríamos errados si afirmamos que el Malbec, en nuestros suelos, encontró su lugar en el mundo y que, más que una variedad de uva, se ha vuelto nuestra identidad. ¡Salud!

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