El I Congreso Argentino de Malezas, organizado por la Asociación Latinoamericana de Malezas (ALAM) y la Asociación Argentina de Ciencia de las Malezas (ASACIM), es también el XXII Congreso Latinoamericano de Malezas.

Resistencia metabólica, nuevas tecnologías

Es la más extendida, particularmente en gramíneas, pero aún se conoce muy poco de ellas.

El investigador Paul Neve, del Instituto de Ciencia orientado a la agricultura más antiguo del mundo, el Rothamsted Research, del Reino Unido, se refirió a la  resistencia metabólica a herbicidas, la más extendida en esa región y en otros países como Australia, pero que aún ha sido poco estudiada por los científicos.

La resistencia metabólica es particularmente importante en especies de gramíneas, que a la vez representan el 70% de las especies resistentes. En general, la resistencia metabólica (que denominó como “no de sitio de acción”) está relacionada con el estrés ambiental de las plantas y la aplicación de bajas dosis de herbicidas, explicó el investigador, y mostró ejemplos de la especie Loliumrigidum, de Australia, y otras del Reino Unido.

“La resistencia metabólica es común en Inglaterra, pero al mismo tiempo es sobre la cual la ciencia ha generado menos conocimiento”, advirtió, y señaló que la situación se repite en Australia, donde trabaja desde hace más de 15 años concentrado en el estudio de las malezas.

Pautas para el manejo integrado de malezas

"La clave está en la diversidad" Michael Owen

“La clave está en la diversidad” Michael Owen

Según Michael Owen, investigador de la Universidad Estatal de Iowa, la creación de nuevos principios activos podría demorar 20 años en llegar.

 “La Argentina debe aprender de los errores cometidos por los productores agrícolas y las compañías de agroquímicos de EE.UU”. Así lo indicó Michael Owen, investigador especializado en control de malezas del Departamento de Agronomía de la Universidad Estatal de Iowa, Estados Unidos.

Advirtió que existe una gran similitud entre los problemas que observa en ambos países, aunque destacó que en la Argentina aún no existen las resistencias múltiples que hace más complejo el manejo en el país del norte.

 

“Lentamente, las estrategias de manejo integrado de malezas están siendo implementadas a lo largo de las principales regiones agrícolas estadounidenses, pero en la mayor parte de los casos ya es demasiado tarde porque el problema está instalado”, explicó Owen. A su entender, la mayoría de los productores quisieran que los problemas de malezas resistentes se solucionaran con la aparición de nuevos herbicidas, pero eso no es posible porque la creación de nuevos principios activos podría tardar 15 a 20 años más. “La clave está en la diversidad”, afirmó.

Las nuevas tecnologías requieren un uso responsable

Desde la investigación académica y las empresas proveedoras de tecnologías, analizaron cuáles son las nuevas opciones de cultivos resistentes a herbicidas en la región.

“Los nuevos eventos que se están desarrollando para hacer frente a la problemática de las malezas resistentes están basados en resistencias múltiples y eso permite una variedad muy potente de nuevas alternativas de control”.

Así lo indicó Hugo Permingeat, investigador de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario. “Pero ninguno de ellos será la solución total porque los principios activos (de herbicidas) que emplean no son nuevos, y de hecho, ya existen algunas malezas resistentes a los mismos”, añadió.

Permingeat indicó que en la actualidad el control de malezas requiere mayores dosis de conocimiento y planificación y apuntó que las estrategias vigentes sólo pueden contribuir a retrasar la aparición de nuevas especies resistentes hasta que se desarrollen nuevas tecnologías que permitan resolver el problema.

Entre las principales promesas tecnológicas que en un futuro podrían cambiar de manera radical el control de malezas se encuentran el ARN interferente (interfering RNA) y la edición génica no transgénica (que permitió el desarrollo de una colza tolerante a sulfonilureas que ya se está comercializando en EE.UU.)

“Hasta que lleguen las nuevas tecnologías, se hace necesario generar una toma de conciencia con respecto a uso de las herramientas que tenemos disponibles para que no aparezcan nuevas resistencias en un plazo demasiado corto de tiempo”, indicó.

 

Maximiliano Cueto, coordinador del equipo de Desarrollo de Protección de Cultivos Monsanto Argentina.

Maximiliano Cueto, coordinador del equipo de Desarrollo de Protección de Cultivos Monsanto Argentina.

Maximiliano Cueto, coordinador del equipo de Desarrollo de Protección de Cultivos Monsanto Argentina, indicó que en los próximos años esa compañía lanzará al mercado un evento de soja con tolerancia a glifosato y Dicamba (Roundup Ready 2 Xtend).

“La posibilidad de combinar ambos herbicidas nos va a permitir, en muchas regiones productivas, volver a emplear las fechas de siembra óptimas para lograr los máximos rindes posibles en soja”, comentó.

Señaló que en ensayos realizados en lotes con alta presencia de rama negra (Conyza bonariensis) se relevaron diferenciales de rinde de hasta un 12% con el empleo del nuevo evento de soja de Monsanto. “Esta nueva tecnología, además de requerir menos aplicaciones, cuenta con una nueva formulación del Dicamba que reduce de manera significativa la volatilidad del producto”, explicó.

Rafael Frene, líder técnico de herbicidas de Dow AgroSciences Argentina, dijo que en un tiempo  estará disponible en el mercado local el evento de soja (Enlist E3) tolerante a glifosato, glufosinato y una nueva formulación del 2,4D sin olor y con baja volatilidad. “Esta nueva herramienta los va a sorprender cuando puedan evaluar la reducción de deriva que implica”, señaló.

“Si esta tecnología estuviese disponible hoy en día, estaría dando soluciones a muchos de los problemas de malezas que tenemos en la actualidad”, argumentó Frene.

Ambos ejecutivos señalaron que los nuevos eventos serán lanzados en el marco de sendos programas de buenas prácticas que contribuyan a promover un uso responsable de los paquetes tecnológicos por parte de los empresarios agrícolas.

La robótica aplicada al control de malezas

Esta tecnología comenzó a desarrollarse en la Unión Europea y permite una mayor precisión en las operaciones realizadas, con beneficios económicos y ambientales.

La tecnología de precisión comenzó a llegar al lote productivo para el manejo de las malezas, de la mano del Proyecto RHEA (Robot Fleets for Highly Efficient Agriculture and Forestry Management), cuyos investigadores pertenecientes a ocho países de la Unión Europea evaluaron entre 2010 y 2014 el uso de robots autónomos para el control de especies resistentes.

La iniciativa, financiada por la Comunidad Europea con un presupuesto total de 8,8 millones de euros, con la participación de 16 grupos pertenecientes a centros de investigación, universidades y empresas de esa región, fue presentada en el Congreso Argentino de Malezas.

“La utilización de este nuevo sistema está orientada a evitar la aplicación innecesaria de plaguicidas con el consiguiente beneficio económico y medioambiental”, indicó César Fernández-Quintanilla, investigador del Instituto de Ciencias Agrarias (CSIC) de España.

La unidad central del Proyecto RHEA (www.rhea-project.eu) es una “estación base” en la que se localizan los sistemas informáticos y dispositivos que se encargan del control de la flota, la cual está compuesta por dos drones de 6,3 kilos de peso con una autonomía de vuelo de unos 40 minutos y tres tractores pequeños con un peso de 1,83 toneladas y una potencia de 51 hp.

“En el lugar correspondiente a la cabina, que fue eliminada, se instalaron los equipos informáticos; en la parte superior se colocó una placa solar para apoyar las necesidades de electricidad, las antenas de GPS, de comunicaciones y de control de seguridad, así como una cámara de detección de líneas del cultivo y de malezas”, explicó Fernández-Quintanilla.

Para la aplicación de herbicidas se diseñó un pulverizador equipado con dos tanques independientes (uno de 200 litros para el agua limpia y otro de 15 litros para el producto), un sistema central de inyección directa y una barra de 6 metros con 12 boquillas de solenoide.

Impacto ambiental de los agroquímicos

Investigadores de la Universidad de Mar del Plata y de Buenos Aires analizaron el  impacto ambiental del control químico en los sistemas productivos y en el ambiente.

El impacto ambiental generado por el uso de agroquímicos, en especial de los herbicidas, genera la atención de los investigadores, quienes también advierten sobre la necesidad de generar más conocimiento. El uso de modelos de simulación contribuiría a generar herramientas para tomar decisiones productivas más sustentables.

Francisco Bedmar, investigador de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), destacó que uno de los mayores problemas ambientales del uso de herbicidas se relaciona con el agua subterránea, que se utiliza para el consumo humano y para las actividades agronómicas. Al respecto, advirtió, hacia el futuro preocupa especialmente la presencia de metabolitos en el suelo, residuos de los productos químicos que, en general, aún no cuentan con literatura científica suficiente para conocer su grado de toxicidad y otros aspectos de relevancia.

Bedman aseguró que mientras la Unión Europea ya tomó medidas restrictivas para el uso de agroquímicos vinculadas con la problemática del agua subterránea, “en la Argentina estamos en una situación de total indefinición y adecuación de los estándares, que debería ser subsanado”.

Además, el investigador de la UNMDP consideró que deberían realizarse mayores investigaciones sobre el efecto de los herbicidas en el suelo según las condiciones edáficas y climáticas. “No deberían recomendarse prácticas y productos en todos los casos por igual”, dijo, y recomendó promover estudios de manejo por ambiente y el desarrollo de metodologías de anticipación para prever posibles daños generados por los herbicidas, para ofrecer a productores y técnicos.

Por su parte, Claudio Ghersa, investigador de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y del CONICET, señaló que “es notable la carencia de información disponible sobre agroquímicos, debido a la gran complejidad que implica las interacciones con el ambiente y la cantidad de productos”

No obstante, explicó que si bien en muchas ocasiones se asocia el incremento de la productividad de los sistemas de producción pampeano con el uso de herbicidas, en relación a su impacto ecotoxicológico y otros problemas ambientales, “en general el uso de agroquímicos no es el principal factor de impacto de la agricultura. Hay otros factores que impactan en mayor medida”

En este sentido señaló que el índice de apropiación de la productividad sirve para explicar cuántos recursos estamos llevándonos con la producción y, de este modo, conocer mejor el impacto que genera la actividad agrícola sobre los ecosistemas. “Por ejemplo, se considera que el uso indebido de los plaguicidas pueden modificar la disponibilidad de polinizadores, pero en realidad gran parte de este problema se relaciona con la estructura del sistema productivo, en aspectos como cuántos espacios quedan libres para los polinizadores, cómo están distribuidos los cultivos y el uso de la tierra, más allá de la aplicación de fitosanitarios”.

Modelos para la toma de decisiones

Diego Ferraro, investigador de la FAUBA y del CONICET.

Diego Ferraro, investigador de la FAUBA y del CONICET.

 

Diego Ferraro, quien también es investigador de la FAUBA y del CONICET, se refirió al desarrollo de modelos para la toma de decisiones. “Estamos frente a un escenario donde se va a modificar la carga química para el tratamiento de malezas. Por eso existe la necesidad de desarrollar modelos que permitan evaluar ese cambio”, afirmó, y apuntó que con ellos se busca generar más conocimiento sobre la toxicidad y las propiedades de los fitosanitarios, la vulnerabilidad de los ambientes, y el desarrollo de herramientas de decisión.

 

 

Según explicó, los indicadores de riesgo deben ser adaptables y utilizables de manera sencilla, y deberían contar con una estructura que les permita evolucionar y ser prescriptivos, y mostrar a los productores qué camino seguir en la toma de decisiones, que implique una mejora del manejo para el ambiente.

Ferraro presentó el portal de Internet RIPEST, alojado en la página web de la FAUBA (www.agro.uba.ar), que permite evaluar el riesgo de toxicidad de los agroquímicos que utilizan los productores, en función de su letalidad.  El sitio se lanzó hace más de un año. Cuenta con información sobre más de 30.000 formulados y tiene 300 usuarios activos, sobre más de 2.000 lotes en 450 establecimientos.

La herramienta permite medir el impacto toxicológico de los agroquímicos sobre mamíferos e insectos a partir de datos segregados por cultivo, lote, establecimiento y fecha, entre otros. Hacia el futuro se prevé incorporar una plataforma que también permita evaluar el riesgo ambiental.

Un cambio cultural para un control efectivo

“Los modelos simples basados en la aplicación de glifosato, siembra directa y agricultura en campos arrendados nos llevaron al problema de malezas que tenemos en la actualidad. Difícilmente podamos resolver esos problemas si no reformulamos el modelo”  Así lo indicó Juan Carlos Papa, integrante del Grupo de Trabajo Protección Vegetal del INTA Oliveros.

Papa mencionó el caso del Pasto Borla (Chloris virgata), una maleza que en los últimos años se está extendiendo en buena parte de la zona núcleo pampeana. “Muchos desconocen a esta maleza y recién se dan cuenta de que no se puede controlar con glifosato cuando observan los plumerillos característicos de esta planta por encima de los cultivos; algunos la suelen confundir con Echinochloa colona”, apuntó Papa. “He visto lotes de soja que no se pudieron cosechar por causa de Chloris virgata”, añadió.

“El uso de residuales implica un cambio cultural”  Juan Carlos Papa

“El uso de residuales implica un cambio cultural” Juan Carlos Papa

 

“Se perdió la cultura del uso de herbicidas residuales porque nos acostumbramos a realizar aplicaciones sólo a lo que puede verse. Pero el uso de residuales implica un cambio cultural, porque requiere controlar algo que no puede verse”, sostuvo el investigador del INTA Oliveros. “Si pensamos que el problema que tenemos lo vamos a manejar solamente con herbicidas postemergentes, los resultados que vamos a lograr son de pobres para abajo”, advirtió.

 

 

 

Diego Ustarroz, investigador del INTA Manfredi, alertó que en la provincia de Córdoba se detectó presencia de sorgo de Alepo con resistencia múltiple a glifosato y haloxifop R-metil. “Nos queda el cletodim para controlarlo, pero no sabemos por cuánto tiempo más” “Tenemos que generar ambientes que sean más competitivos para las malezas, porque hoy estamos haciendo todo lo contrario al trabajar con barchechos larguísimos”, argumentó.

Por su parte, Sergio Morichetti, técnico de Aceitera General Deheza (AGD), indicó que “Amaranthus es una especie muy agresiva por la enorme cantidad de semillas que produce, las cuales se trasladan por los bosteos de vacas, cosechadoras y camiones de un campo a otro por el recorrido que lleva los granos hacia los puertos”.

 El técnico de la compañía agroindustrial cordobesa apuntó que los biotipos resistentes de Amaranthus prosperan en suelos arenosos –que son “verdaderos coladores de herbicidas residuales”–, en períodos de estrés, con lluvias erráticas y falta de rotaciones adecuadas, entre otros factores.

“Buena parte de la rentabilidad de las empresas agropecuarias, que actualmente se lleva el gobierno nacional, sería conveniente aplicarla en control de malezas, porque muchas veces tenemos las herramientas pero el productor no puede llegar a ellas (por falta de recursos económicos)”, aseguró Morichetti.

Malezas: La importancia del trabajo en red

Según Emilio Satorre, investigador de la FAUBA y de AACREA, se pueden construir soluciones integradas mediante el trabajo en equipo, intercambiando conocimiento científico y experiencia.

La única manera de contener el crecimiento de malezas resistentes a herbicidas es que los investigadores, profesionales y empresarios agrícolas trabajen en red para realizar un manejo integrado de metodologías de control. Así lo indicó Emilio Satorre, titular de la Cátedra de Cereales de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) e integrante de la Unidad de Investigación y Desarrollo de Aacrea.

“La lucha contra las malezas no es un objetivo, sino un proceso” Emilio Satorre.

“La lucha contra las malezas no es un objetivo, sino un proceso” Emilio Satorre.

“El manejo integrado de malezas es frecuentemente propuesto como concepto dominante. Sin embargo, al menos en el contexto de la agricultura argentina, son pocas las ocasiones en que ese concepto ha sido llevado a la práctica para proponer soluciones efectivas”, indicó Satorre.  “Una forma de poder construir soluciones integradas es a través del trabajo en equipo para intercambiar el conocimiento científico y la experiencia presente en el tema”, añadió.

Explicó que recientemente se realizaron varios talleres con asesores y empresarios agrícolas en el centro y norte del país, en los cuales se promovió un enfoque multidisciplinario del problema.  Citó el caso de Gomphrena perennis, una maleza de difícil manejo en algunos sectores de las zonas productivas del norte argentino, que en los talleres fue estudiada en cuanto a los factores considerados determinantes para la expansión y crecimiento de la misma.

“En líneas generales, el conocimiento de la biología tendió a ser fragmentado y difícilmente entendido como una parte del manejo general del problema. Sin embargo, los detalles críticos de los procesos clave de la maleza fueron reconocidos”, relató Satorre.

En la última fase del taller se describieron varias estrategias para el manejo y control de las malezas. Las mismas incorporaron al menos dos controles químicos con herbicidas (integrados para neutralizar los flujos de establecimiento y crecimiento de la maleza). También se analizó el diseño del sistema de cultivo (uniformidad de emergencia, densidad y distanciamiento entre hileras) para incrementar la habilidad competitiva del cultivo frente a la maleza.

“Durante la síntesis de la experiencia resultó evidente que Gomphrena perennis se había visto favorecida por una serie de fuerzas motrices sucesionales –como, por ejemplo, el empobrecimiento de los suelos– y adaptativas (falta de rotaciones adecuadas). Sin embargo, eliminar o reducir las tensiones que imponen esas fuerzas fue rara vez incorporado como parte efectiva del manejo integrado de malezas”, explicó Satorre.

“Frente al papel determinante de los cambios y transformaciones de los sistemas de producción en la dinámica de los problemas de malezas, distintos procesos deberían sumarse y volverse activos para el abordaje integrado del control de las mismas”, añadió.

“El trabajo en red echa luz a nuevas soluciones y arraiga nuevos conceptos que permiten entender que la lucha contra las malezas no es un objetivo, sino un proceso. Como tal debería acompañar la dinámica de nuestros sistemas productivos mientras generamos el conocimiento necesario para lograr predicciones confiables y soluciones efectivas, duraderas y eficientes al enmalezamiento de las principales regiones agrícolas extensivas”, concluyó Satorre.

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