“Presidente, tenemos acuerdo” le anunció el Canciller. Europa acababa de romper 74 años de “aislacionismo alimentario” firmando un acuerdo comercial que tardó 20 años en negociar con el moribundo Mercado Común del Cono Sur. La población de la Unión Europea con 512 millones de habitantes casi duplica la del MERCOSUR, su ingreso per cápita ajustado por poder adquisitivo es de 44 mil dólares anuales, el de Brasil es 16 mil y el de Argentina es 20 mil. La oportunidad es inconmensurable, sobre todo para nuestra producción de alimentos. Las ventajas del acuerdo son tantas que necesitan mucho más de una página.

Se nos abre una puerta para comerciar en igualdad de condiciones con un bloque cuyo comercio internacional es principalmente intra-zona: el 64% de lo que comercian los países de la Unión Europea lo hacen entre ellos. Saltamos el cerco de aranceles a ese mercado gigante y más: existe una maraña de trámites que ralentizan el comercio entre países, menos barreras pararancelarias implican menos tiempo dedicado a burocracia.

Una falacia extendida es que el acuerdo “nos primariza”. El slogan de “les exportamos cuero y ellos nos exportan carteras” se mezcló rápido con el ya ridículo “esto es el pacto Roca-Runciman siglo XXI”. El acuerdo es profundamente asimétrico en favor del MERCOSUR, mientras Europa abrirá de manera inmediata el 76% de las importaciones del MERCOSUR, este bloque solo abrirá el 13%; para ser preciso, el 60% de lo que les importa el MERCOSUR se desgravará entre 10 y 15 años.

Ligado a lo anterior, otra mentira es que “ahora hay que ver la letra chica, los sectores estuvieron marginados de la negociación”. Miguel Acevedo, Presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), ejemplificó que la pata textil del acuerdo “fue una negociación entre los privados de Brasil y Argentina que luego se continuó con los privados europeos y finalmente llego al acuerdo entre los sectores públicos”. En distintos grados, así fue con todos los sectores sensibles y por eso demoró tanto tiempo.

Un europeo puede decir que su aceite de oliva tiene denominación de origen protegida europea cuando en la botella hay a veces hasta un 20% de aceite extranjero. Es legal. Además, la escala arancelaria lo protegía, ese aceite a granel que se diluía salía desde Argentina. Con el acuerdo el aceite de oliva de Mendoza, La Rioja y Catamarca fraccionado con identidad y marca peleará en igualdad de condiciones con el de la Toscana y Extremadura. El acuerdo protege nuestra especificidad, nuestra identidad: no nos primariza, nos permite vender alimentos de calidad; alimentos diferenciados.

El comercio intra-firma (o sea entre subsidiarias de una misma compañía) es hoy el principal motor del comercio global: el 20% de las importaciones de la Unión Europea es intra-firma. El acuerdo posicionará mejor a las empresas del MERCOSUR dentro de las global supply chains que se diseñen desde Europa. Dado que también el acuerdo es de inversiones facilitará el flujo de capitales europeos, pero más importante aún, de conocimiento; así numerosas empresas de sectores golpeados por falta de capital, atraso tecnológico o falta de mercados recibirán una inyección estimulante. Los europeos, que tienen límites de oferta para producir más vendrán gustosos: lácteos, farináceos, frutas… la lista es inmensa.

Todo esto impulsará el comercio intra-MERCOSUR revitalizándolo, ya que se deberán homogeneizar criterios regulatorios y entre empresas. Probablemente se reconfiguren sectores industriales fomentando la especialización productiva, que generará saltos de productividad.

Europa nos abrió su mercado, pero no erradicó la Política Agropecuaria Común (PAC): la batería monumental de subsidios sigue existiendo. Productores de #Campo individualmente ineficientes que se vuelven competitivos con impuestos más bajos, pero por sobre todo un sistema de producción de conocimiento y organización del trabajo. Seamos claro, Argentina puede ser el supermercado del mundo, Europa ya lo es. En casi todos los pasillos del supermercado planetario hay un alimento que le marca el “gold standard” al resto y en general es europeo: queso, jamón, vino, mermelada, chocolate, sardinas enlatadas. Elegí tu favorito.

La principal ventaja del acuerdo es que nos une en una misión clara y concreta, un norte común a todos al que de manera gradual tenemos que llegar. Es el único acuerdo de este tipo que firmó la Unión Europea con la que compartimos valores profundamente occidentales: democracia, gobiernos controlados por sus representados, respeto a las minorías y cuidado del medioambiente.

Hace apenas unas semanas se rompió una conversación ombliguista de la que Argentina no sale hace décadas; se nos propone relacionarnos sanamente con la economía global: apela a lo mejor de nosotros, nos invita a una idea de futuro. El acuerdo con Europa no anula el comercio con el resto del mundo y seguiremos ampliando lazos; siguen Canadá, Corea del Sur y el EFTA. Tenemos 45 millones de argentinos y un tercio es pobre, si queremos erradicar la pobreza necesitamos de más mercados para que consuman los bienes y servicios que producimos, para ser competitivos en esos mercados necesitamos incorporar conocimiento de manera masiva a nuestra producción. Ser el supermercado del mundo es posible, depende de esta generación de argentinos.