Los nuevos planteos agrícolas demandan adopción de tecnología en pos de una agricultura sustentable desde todo punto de vista. Lo tradicional da paso a nuevas estrategias de nutrición, donde la investigación y las nuevas fórmulas  son clave para lograr mayor eficiencia en la campaña.

Por: Sanchez Fernando

En el año 2012 desembarcaron en Argentina provenientes del viejo continente.  Desde ese año hasta la actualidad, los fertilizantes microgranulados se han ido abriendo camino en una industria que no había tenido grandes novedades en las últimas décadas. Posicionándose como una herramienta poderosa para enfrentar los nuevos desafíos productivos se fueron adaptando a las distintas estrategias de fertilización ya existentes.  

En una gran cantidad de casos reemplazaron a los tradicionales commodities, y esto ocurrió debido a su alta eficiencia de uso generada por la posibilidad de posicionarse  junto a la semilla, sumado a la virtud de ser rápidamente disueltos, lo que le permite  asegurar una gran disponibilidad de nutrientes en un momento de alta criticidad para la planta y el cultivo.

También se han destacado por vehiculizar nutrientes que posean dos características bien marcadas, por un lado poseer poca movilidad en el suelo  y por otro lado, ser complejos de dosificar –un claro ejemplo es el  Zinc – para que estén disponibles en forma temprana  y cuya respuesta  sea cada vez más notoria.  La falencia del mismo en los suelos de la Pampa Húmeda demuestra que en los últimos 30 años de historia de la nutrición, el mismo no ha formado parte de los fertilizantes utilizados en los cultivos extensivos de la Argentina.

En este sentido, ha sido ampliamente documentada por los principales referentes en nutrición, la sinergia generada por una nutrición balanceada (cada granulo tiene todos los componentes) y precisa desde la implantación, agregando a los tradicionales macronutrientes (fósforo, nitrógeno y azufre) aquellos micronutrientes específicos e incluso componentes orgánicos, logrando incrementos de rinde superiores al aporte de cada uno de ellos por separado. Esto se traduce en un incremento de su efecto diferencial ante situaciones de déficit y stress donde el cultivo logra sobreponerse, incluso en algunos casos, no mostrar síntomas versus los tratamientos tradicionales.

Estos resultados han motivado a las empresas conjuntamente con la comunidad científica, a seguir explorando en esa dirección, ensayando nuevas fórmulas con los actuales nutrientes y probando las respuestas con otros nuevos como el Cobalto, Molibdeno, Boro, etc.  para lograr el lanzamiento de  productos comerciales. Éstos permitirán sumar alternativas para vencer  la batalla de las actuales “brechas productivas” (ver cuadro Ferraris, G. 2018. Manejo de la fertilización fosforada en soja. Resumen de conferencia.).   

La velocidad de adopción de este tipo de tecnología se acelerará en la medida que se vaya probando y  demostrando a campo el valor agregado de los nuevos productos versus los planteos tradicionales de nutrición (además de las mejoras logísticas y operativas) para lo cual es de gran ayuda la profesionalización que está tomando el sector. Cada vez son más los productores que están permeables a utilizar las nuevas tecnologías  buscando maximizar la explotación de los ambientes productivos basados en una estrategia de nutrición que tiene en cuenta no solo la  sustentabilidad económica sino también la ambiental y la social, haciendo un uso responsable de los insumos.