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13° edición del “Simposio Fertilidad 2017”

Fernanda González Sanjuan y el Director del IPNI, Fernando García,  agradecieron el apoyo de los sponsors y explicaron la dinámica de los dos días de las conferencias que se llevaron a cabo en el Centro de Convenciones Metropolitano de Rosario. Además, comentaron sobre la sección de posters con ensayos recientes sobre fertilización, con los propios investigadores presentes para explicarlos.

María F. González Sanjuan, Gerente Ejecutiva de Fertilizar Asociación Civil

En este marco, González Sanjuan destacó: “El manejo de la tecnología es un tema que inquieta a los productores porque hay que trabajar mucho sobre la eficiencia. Queremos que, además de los conocimientos, se lleven todo lo que tiene que ver con los servicios y los insumos de este paquete tecnológico”.

 Producir con el ambiente

Dando comienzo al ciclo de charlas técnicas de la primera jornada, Fernando Andrade del INTA Balcarce, señaló: “el gran desafío de la agricultura es seguir satisfaciendo la demanda creciente de alimentos, reduciendo a su vez el impacto ambiental de esa producción”.

En su presentación, Andrade planteó que se está utilizando la tierra más allá de su capacidad de carga productiva, mientras se espera que para 2050 la población mundial aumente entre 50% y 60%. Si bien afirmó que el sector productivo está en condiciones de satisfacer esa demanda (a 2050 se espera un incremento de 200%), destacó que hay que pensar en el cómo.

En este orden, describió los efectos de la agricultura en el impacto ambiental. En primer lugar, es responsable del 30% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI); en segundo lugar, su expansión generó la desaparición del 45% de los bosques naturales (Brasil encabeza el ranking de deforestración en el que Argentina está 9°); también mencionó la degradación de suelos (5 millones de hectáreas por año en el mundo). Además, la agricultura utiliza el 90% del agua dulce y el mal uso de agroquímicos y de fertilizantes.

“La humanidad tiene que enfocar su capacidad de innovación en solucionar los problemas del hambre y la pobreza y apeló a la colaboración y cooperación para enfrentar problemas que afectan a todos, como el cambio climático. Hemos construido un mundo desparejo. En lugar del balance financiero, las empresas deberían hacer un balance del bien común”, concluyó.

Fertilizantes para la agricultura 2025

El disertante internacional fue Mike McLaughlin, de origen irlandés que desarrolló sus investigaciones en la Universidad australiana de Adelaide. En su exposición anticipó que la nueva tecnología pasará por formulaciones más eficientes con polímeros (nanotecnología) “que sincronicen más la oferta del nutriente con la demanda de la planta”.

Mike McLaughlin

También predijo que se verán mayores combinaciones entre fertilizantes y bioestimulantes. En este sentido, anunció la aparición de dos patentes -que podrían estar en el mercado en 2 ó 3 años- relacionados a un zinc soluble en agua y a un producto de liberación lenta con boro (un nutriente que es muy lavable).

“Es necesario prestar atención a las reacciones de los fertilizantes en los suelos y su interacción con distintas propiedades de los mismos. Los agricultores deberían ser cuidadosos con los “productos mágicos”, microorganismos o tecnologías que pretenden resolver este problema fácilmente”, enfatiza

Proyectó que en los próximos años se verá un incremento en el valor de los fertilizantes, vinculado a su costo de producción. “Las actuales oscilaciones de precios dependen muchas veces de si China o India están comprando, pero producir fertilizantes requiere de energía que tiene costos crecientes, por lo que a largo plazo es de esperar que la tendencia de precios vaya en aumento”, señaló.

 El especialista expresó su sorpresa frente al desbalance de nutrientes en Argentina porque se extrae mucho más de lo que se aplica. Advirtió que en el caso del potasio, “el balance es tan negativo, que puede llevar a una deficiencia prontamente”.

Sobre el debate en torno a la fertilización y el ambiente sostuvo que “las restricciones ambientales van a ser cada vez mayores” por lo que los nutrientes “se deben aplicar con eficiencia”.

Hacia las 150 millones de toneladas en 2019

En la primera jornada, el Subsecretario de Agricultura de la Nación, Luis María Urriza, proyectó que la campaña agrícola 2016/17 alcanzará las 130 millones de toneladas “a pesar de las pérdidas por las inundaciones”, que se verán compensadas por “el incremento de los rindes promedios” de los cultivos.

Urriza también proyectó un fuerte incremento productivo para los próximos dos años: “Vamos a llegar a una producción de 150 millones de toneladas al final de nuestra gestión”, afirmó. Describió que ese crecimiento será comandado por los paquetes tecnológicos y la mayor productividad más que con un aumento del área sembrada.

Ratificó la decisión oficial de continuar el proceso de quita de retenciones a la soja, por lo que advirtió que “se deberá trabajar para que no haya nuevamente un desbalance en las rotaciones”. Sostuvo que “con el crecimiento en superficie del trigo y del maíz en la campaña pasada se logró la mejor rotación en 10 años. Ahora esperamos mejorar aún más y llegar al 50% de la superficie”.

Urriza comentó que el Poder Ejecutivo está trabajando en un proyecto que fomente el uso de las Buenas Prácticas Agrícolas, donde los fertilizantes juegan un papel fundamental. Finalmente, Urriza manifestó su esperanza en que este año se apruebe el proyecto oficial de Ley de Semillas, aún cuando se trata de un año electoral. “Estamos convencidos de que necesitamos organizar de manera moderna el problema de las semillas”, dijo.

Volver al futuro: manejo por ambientes

En el cierre de la primera jornada del “Simposio Fertilidad 2017” cuatro especialistas explicaron cómo aplicaron la tecnología al manejo por ambientes en diferentes regiones de la Argentina y en Uruguay. El panel se llamó Volver al futuro.

El ingeniero agrónomo de la FAUBA, Pablo Calviño, quien asesora campos en el sudeste de Buenos Aires comentó el ensayo que llevó a cabo en Tandil –provincia de Buenos Aires- con el grupo CREA para medir variabilidades de rendimientos significativas en lotes que eran similares.

La primera cuestión que se analizó fue la profundidad del suelo, una situación que “castiga” al maíz más que a la soja y el trigo. La segunda fueron las heladas porque se dan en forma muy diferente según se trate de una loma, media loma o bajo. La tercera cuestión fue determinar la profundidad de la napa freática. Con esos estudios definieron nuevos ambientes: con napa y sin napa, con napa pero con pendiente, lomas húmedas y lomas secas. “Después, pusimos cada cultivo en su mejor ambiente y los manejamos con la tecnología ideal”.

A partir de estos planteos, Calviño detalló que “la renta agrícola aumentó el 96% respecto del manejo tradicional, y en 85% de los casos la diferencia por manejo de ambiente era mayor a 1.000 kilos de rendimientos”.

“Esto nos mostró que no sólo hay que modificar el ambiente por loma, media loma o bajo, sino modificar la tecnología porque el cultivo es diferente aunque se llame trigo en todo el campo”, concluyó.

Por su parte, Gustavo López, asesor privado que trabaja en el centro de Santa Fe donde, describió la diferencia principal de rendimientos se da por el perfil del suelo y en donde las cuestiones químicas tienen una incidencia menor y no presentan mayores limitantes.

En un ensayo sólo con maíz se determinaron tres ambientes pero se varió la densidad de siembra y la cantidad de fertilizante aplicados. “Así se logró que el margen bruto, incluso en el ambiente de peor calidad, fuera mayor que en el testigo”, señaló. Para López, la agricultura de precisión implica “definir toda la tecnología y adaptarla a cada ambiente con diferentes protocolos para cada uno, según grupos de madurez, híbridos, rotaciones y cultivo de cobertura, nutrición balanceada y fecha de siembra. Es decir que hay que hacer agronomía básica”.

El ingeniero agrónomo Máximo Uranga asesora en el sudeste de Córdoba, en suelos clase 1 de Marcos Juárez pero donde comenzaron a sufrir el incremento del nivel de las napas freáticas. “El promedio de lluvias se mantiene pero las napas siguen una tendencia en crecimiento”.

Uranga determinó tres ambientes a partir del nivel de agua subterránea: el Ambiente A con las napas de 1 a 2,5 metros de profundidad, en donde propone trabajar con rotación estricta, balance de carbono positivo y fertilización de reposición; el Ambiente B que corresponde a suelos “argiudioles típicos”, de muy alto potencial pero de estabilidad media, para los cuales también propone rotaciones estrictas (33% trigo, 33% soja y 33% maíz); balance de C neutro y fertilización con criterio de suficiencia. “Es un buen ambiente pero las diferencias con el A aparecen: éste rindió 7% más en soja; 2% en trigo, pero con diferencia en proteínas y hasta 17% en maíz”, remarcó. En tanto que en el Ambiente C, con napas a menos de un metro de la superficie, su recomendación fue simplemente “acertar el momento en que no se encharca”.

En resumen, Uranga propuso a los productores “aprovechar el Ambiente A, cada uno tiene que buscarlo en su campo y con él tiene que lograr su techo de producción”; también dijo que hay que incluir siempre el trigo y el maíz en la rotación porque son cultivos que consumen agua de la napa.

¿Cómo mejorar el rendimiento sin comprometer la calidad?

La segunda jornada del “Simposio Fertilidad 2017” continuó con la disertación del Dr. Ignacio Ciampitti, de la Kansas State University, disertó acerca de las brechas de rinde en soja y maíz y cuál es el rol de la nutrición en los sistemas productivos.

Ciampitti destacó que a escala global hay grandes superficies con brechas de rinde de más del 70% mientras que en nuestra zona de producción este nivel baja a un 30%. La heterogeneidad que se observa en una gran proporción de lotes se explica en el hecho de que los productores invierten más en los ambientes de alto potencial.

A nivel mundial, la producción está limitada por nutrientes y por agua. Es importante entender que la brecha en nuestro país se acota mucho solo con aplicar suficientemente los nutrientes. Los cultivos fueron sometidos a mejoramiento y el rendimiento se multiplicó en los últimos 100 años. El aumento del rendimiento en maíz se explica por aumento en la producción de biomasa, el índice de cosecha no ha variado notablemente.

En cuanto a la absorción de nutrientes, el nitrógeno sigue la misma tendencia que la biomasa, se aumenta la absorción y solo un poco la eficiencia.

Respecto de soja, el rinde también se multiplicó pero este aumento está explicado en un mayor número de grano mientras que el peso de los mismos se mantuvo. Ciampitti también destacó que actualmente la removilización del nitrógeno es más tardía y el llenado de granos más largo.

En soja, el investigador explicó que el cultivo responde más a medida que se aumenta la intensificación del sistema. En este sentido, Ciampitti expresó que la oleaginosa tiene una menor respuesta a la aplicación de nutrientes que el maíz, sin embargo, tratamientos como el menor espaciamiento entre hileras tiene un impacto positivo en sistemas de alta productividad. Una soja de altos rendimientos debe acumular el 84% de la biomasa en post-floración. 

En cuanto al nitrógeno, una soja que produce 2 a 5tn/ha requiere prácticamente la misma cantidad de nitrógeno por unidad de rinde (45 a 60 kg n/tn de grano cosechada) debido a que, si bien el requerimiento del nutriente, es alto a la vez está muy regulado.

Ciampitti concluyó con una serie de objetivos que se deberían buscar, estos son: la necesidad de disminuir el efecto dilutorio del aumento del rinde y mantener altos niveles de rendimiento entendiendo que esto requiere un uso intensivo de nutrientes e insumos. También agregó que es fundamental trabajar para incrementar la productividad de los sistemas menos productivos mediante la nutrición balanceada y, simultáneamente, trabajar para integrar la investigación con la extensión y que de esa manera se logre llegar a cada vez más productores.

Novedades en fertilización, la experiencia de referentes del área en 15 minutos

Un panel de especialistas dieron una serie de recomendaciones para la aplicación de micronutrientes, cultivos de cobertura, suelos compactados, uso de fertilizantes biológicos y los números de la fertilización.

Gustavo Ferraris, del INTA Pergamino

El ingeniero agrónomo Gustavo Ferraris, del INTA Pergamino, habló de un problema que apareció en los últimos años: la deficiencia en micronutrientes. “Se da por tres causas principales: baja disponibilidad en el suelo, un cultivo con particular exigencia del micronutriente o por ambientes predisponentes”.

Luego enumeró que en el caso del zinc la deficiencia se da precisamente por las tres causas; en el boro, ocurre por una baja disponibilidad y también por el exceso de lluvias o por sequía (ambiente). “En el caso de la soja, hay buenas respuestas en los años secos y a las aplicaciones tempranas”, afirmó.

Analizó la deficiencia de cloro del cual “se habla menos pero la magnitud es importante”. Se trata de un micronutriente que es particularmente exigido por el trigo, por lo que su aplicación “reduce la severidad de enfermedades como roya y mancha amarilla”. Por último, analizó la situación del manganeso, un nutriente que presenta un tipo de deficiencia “inducida” por la aplicación de herbicidas, principalmente el glifosato.

Ferraris concluyó: “el gran desafío es la integración de los micronutrientes en las prácticas de manejo habituales potenciado sus efectos en el cultivo. Hemos comprobado que la respuesta a micronutrientes no está asilada del buen manejo del sistema: optimizar la fecha de siembra, el grupo de maduración y otras buenas prácticas agronómicas potencian su efecto”.

Pablo Barberi, del INTA Balcarce, completó la secuencia respecto de la aplicación de zinc en maíz, sobre el cual resumió que actualmente es tan deficitario en casi toda la Pampa Húmeda que “la respuesta es generalizada y se manifiestan tanto a nivel de rendimientos bajos medios y bajos”. ¿Dónde? dijo que es más conveniente la aplicación en el suelo -por sobre la foliar y en la semilla- porque permite su acumulación.

A su turno, Adrián Rovea, del CREA Sur de Santa Fe, habló sobre la conveniencia de hacer cultivos de cobertura en la zona núcleo, aún cuando implican mayores costos.

“El cultivo de cobertura tiene dos pilares: el consumo de agua y la inmovilización de nutrientes; si se logra manejar esto, es una oportunidad, sino es una amenaza”. Rovea resumió que “el cultivo de cobertura es una tecnología de proceso que simplifica el manejo de malezas y el encharcado”. Agregó que también ayuda en el control de malezas, “especialmente sobre eleucine, que se está haciendo resistente” y colabora en la descompactación del suelo: “con cobertura se pierde la compactación en dos meses y medio”, aseveró.

El tema de la compactación de suelos lo abordó Guillermo Gerster, Jefe del INTA Roldán, quien propuso rotar el cultivo con gramíneas de invierno (trigo, avena, cebada, centeno), las cuales tienen mayor capacidad de exploración “porque el suelo está más húmedo por un período más prolongado”. También “generan porosidad y mejoran la capacidad de infiltración”.

En cambio, la soja “es el cultivo más afectado por la compactación”. En un ensayo en el INTA Oliveros, se vio que una soja en monocultivo tenía el 39% de bloques masivos Delta, y cuando entró en rotación rápidamente descendieron a 16%. Gerster concluyó que “la rotación con una fuerte participación de gramíneas permite incrementar la descompactación, el balance de carbono, favorece el control de malezas, mejora la infiltración y diversifica el sistema en aspectos químicos físicos y biológicos”.

Finalmente, el ingeniero agrónomo Andrés Grasso, del Comité Técnico de Fertilizar, aseguró que los manejos intensivos de fertilización “pagan, se recupera la inversión. Si aumentamos el insumo, aumentamos la eficiencia productiva”.

Andrés Grasso

Grasso bajó la afirmación a dos casos: uno en 9 de Julio (provincia de Buenos Aires), en un lote que venía de 6 años con de monocultivo de soja y en el cual el productor acumuló 1.500 dólares por hectárea; mientras que con un manejo intensificado en función de diagnóstico agregando más fósforo y azufre, la ganancia saltó a 2.200 dólares por hectárea.

El segundo caso fue de esta última campaña, en un campo sembrado con cebada en 25 de Mayo (provincia de Buenos Aires), con ajustes del productor de 110 kilos de nitrógeno por hectárea y 14 kg/ha de fósforo; se lo llevó a 200 kg/h de N, 25-30 kg de P, más 18 kg de azufre por hectárea. “El impacto sobre el margen bruto fue pasar de 80 a casi 180 dólares por hectárea, una diferencia que se dio además en que el grano alcanzó la calidad cervecera, logrando un mejor precio”.

“Tenemos mucho para ganar manejando estrategias de fertilizantes. Y hay que tener en cuenta que todo lo que no se fertiliza, por la circunstancia que sea, siempre lo va a pagar otro, en este caso, el suelo. El manejo intensificado alcanza a todas las cuestiones de la sustentabilidad”, cerró Grasso.

Trigo y cebada, apuntando a rendimiento y calidad

 El bloque “Nutrición de Cultivos para Rendimiento y Calidad”, se completó con las charlas de expertos en referencia a trigo y cebada y cómo apuntar a rendimientos y calidad.

Jorge Bassi, Vicepresidente de Fertilizar

Para el cultivo de trigo, Jorge Bassi, Vicepresidente de Fertilizar coordinó un panel con especialistas de diferentes zonas de la región triguera y mostró datos de calidad de trigo a través del tiempo. Mientras que en el periodo 1999-2002 el nivel de proteína en el norte de la región triguera era superior (entre 11-12%) a los que se observaban en el sur y en el sudeste (9-10%), hoy en día se aplacaron las diferencias nivelándose alrededor de un 10%. La señal de alarma aparece cuando el nivel proteico de la totalidad de las zonas está por debajo del 10,5% que es el requerido por la exportación.

 

Martín Zamora de INTA Barrow, expresó que hay que ser muy cuidadosos con el manejo de la nutrición en trigo. El técnico explicó que es fundamental seguir al cultivo, ya que si un trigo con rinde esperado de 5000 kg/ha requiere 150kg N/ha para alcanzar un valor de 10% de proteína, en un año con buen régimen hídrico puede alcanzar un rendimiento de 7000 kg/ha de grano con solo un 7.5% de nivel proteico. Por esa razón, Zamora destaca que es necesario pensar la nutrición pensando no solo en la variedad, sino considerando el desarrollo del cultivo, así es que la fertilización foliar cobra valor como una forma de acompañar al cultivo ajustando los requerimientos.

Cristian Brambilla, asesor privado, expuso sobre los resultados obtenidos en la región oeste donde los genotipos de alta calidad panadera requieren aportes de por lo menos 165kg de nitrógeno por hectárea. Más allá del genotipo, rendimiento y proteína aumentan con el aporte de nitrógeno. Mostró datos de una red realizada por el semillero Don Mario donde se encontró que es necesario aumentar en al menos 30kg de nitrógeno/ha la fertilización en variedades de alto rendimiento.

Matías Ermacora, asesor del CREA Norte de Buenos Aires, destacó la importancia de priorizar variedades que expresen alto potencial de rendimiento pero que no comprometan los parámetros clave de comercialización que definió como proteína y peso hectolítrico. Asimismo, existen variedades de calidad que en ambientes de alto potencial pueden expresar productividades que se acercan a las de rendimiento, en este sentido es interesante destacar que se encontraron respuestas en niveles de nitrógeno de 200kg/ha.

Los tres especialistas coincidieron en destacar la importancia de la elección de las variedades para diseñar el plan de fertilización.

El sistema de producción en el Simposio Fertilidad 2017

En el último panel se trató de responder a la pregunta ¿Por qué no fertilizamos cómo debemos?, para lo cual el Director de Investigación y Desarrollo de AACREA, Federico Bert, se refirió a tres factores relacionados: estructurales, coyunturales y culturales.

En este sentido, Bert destacó que los factores que son estructurales se refieren a la variabilidad climática “que genera incertidumbre en los resultados que se espera” y que llevan al productor a evitar o disminuir los riesgos. Otra cuestión estructural es la del régimen de tenencia de la tierra. “Tenemos gran parte del área agrícola argentina arrendada con contratos de corto plazo que no estimulan el planeamiento de mediano y largo. En este marco, los productores usan el criterio de suficiencia y no de reposición”, describió Bert.

En el caso de los factores coyunturales, el especialista de AACREA mencionó a la relación insumo-producto, sumado a la situación financiera del productor y las expectativas productivas. “Cuando la relación insumo- producto es mejor, se fertiliza más”, remarcó. Puso como ejemplo la campaña pasada:

“El cambio de panorama político dio más certezas y en un año la fertilización mejoró el 50%”.

Finalmente, hizo referencia al factor cultural, “tiene que ver con que muchos productores realmente no tienen claro los beneficios de la fertilización, ni cuánto dejan de ganar por no fertilizar o cuánto pierden por fertilizar menos”.En ese orden, Bert planteó que “son necesarias la transferencia de conocimiento, la experimentación, las demostraciones a campo, el encuentro de los productores con la experimentación para que vivan en carne propia los beneficios de la fertilización tanto desde lo productivo como de la sustentabildad del sistema agrícola”.

Modelos integrados de recomendación de la fertilización en la Región Pampeana

 Luego, Martín Díaz Zorita, de Monsanto BioAg, citó los modelos integrados de recomendación de la fertilización en la Región Pampeana, a partir de la ciencia y de las nuevas tecnologías.

Martín Díaz Zorita

Díaz Zorita partió de que los productores ya reconocen que “nutrientes como el nitrógeno, fósforo y azufre limitan la producción y afectan los rendimientos de todos los cultivos por lo que hay que atender en su manejo, a partir de un diagnóstico y una puesta en práctica específica”.

Apuntó que en el caso de los cereales, como maíz y trigo, el análisis de suelo para medir el nitrógeno “es importantísimo para definir dosis de corrección”; mientras que en caso del fósforo, conocer la situación del suelo es “indispensable” para los cuatro cultivos principales. “Hoy en lo que hace a la generación de modelos de recomendaciones estamos evolucionando hacia una tercera etapa que es la de modelos más precisos que incorporan información complementaria sobre la productividad del cultivo y la historia de manejo de los lotes”. Estas nuevas tecnologías apuntan no solo a la nutrición de las plantas, sino también al cuidado del suelo, atendiendo principalmente a nutrientes como es el caso del fósforo.

“El paso que sigue es ver cómo todos esos sistemas complejos afectan la toma de decisiones y atender que vamos a estar generando información con herramientas modernas de inteligencia artificial o de big data que nos van a guiar en la toma de mejores decisiones en el manejo de la fertilización”, señaló.

Díaz Zorita mostró que existe abundante información en el tema de la respuesta a la fertilización. “Hoy no podemos plantear cultivos, sea cual fuese, sin tener en cuenta la discusión de cómo lo voy a fertilizar. Años atrás teníamos dudas de si había alguna región que lo necesitaba; ahora todas las regiones muestran respuesta”.

En el rubro recomendaciones, Díaz Zorita concluyó que “el análisis de suelo es el factor común para tomar el primer paso; el segundo paso es empezar a ser más precisos en la información, pero aún hace falta considerar el sistema como un todo”.

En este sentido, el especialista ejemplificó que “los mejores resultados los estamos capturando a través de decisiones de sistema: corregimos muy bien el trigo y eso repercute positivamente en la soja que le sigue; hacemos un buen manejo del maíz y eso tiene un muy buen efecto sobre la secuencia, y si manejamos cultivos de cobertura pero no lo fertilizamos, impactamos negativamente en el resultado del cultivo que sigue”.

CIERRE- Dejar una semilla… fertilizada

En el cierre de la 13° edición del “Simposio Fertilidad 2017”, Fernando García, Director del Cono Sur del IPNI (Instituto Internacional de Nutrición de Plantas por su siglas en inglés) manifestó su convencimiento de que durante las dos jornadas con disertaciones, presentación de posters y stands de empresas quedó “una semilla fertilizada, que significa haber dejado ideas y la certeza de que hay innovaciones de tecnología que no estamos usando”. García resumió los principales conceptos de los 24 disertantes e hizo extensiva una duda: “¿los problemas son de desarrollo; de transferencia y adopción de las tecnologías, o es todo a la vez?”.

Fernando García, Director del Cono Sur del IPNI

García recordó también todas las menciones que tuvo la palabra ambiente. “Tenemos que hacer las cosas mejor, ser más eficientes, poner el insumo, pero también manejar el proceso según lo que necesita cada lugar en particular”. Y exhortó a “hacer agronomía en cada ambiente”. “No solo se trata de jugar con los últimos lanzamientos de agricultura de precisión o con el drone. Cuando esa tecnología nos dice que hay algo distinto, el productor, el agrónomo o el asesor tienen que ir a ver de qué se trata y hacer agronomía para encontrar las soluciones”.

Un mejor suelo contribuye a achicar las brechas de rendimientos y al aumento de la calidad de la cosecha: “Existe un mundo para explorar sobre cómo construimos los rendimientos; hay modelos de fertilización pero también hay escalas distintas, porque esos modelos son complejos, dinámicos y diversos. Así como en el panel de trigo se planteó que hay distintos escenarios para mejorar la calidad, ese análisis podemos asimilarlo a muchos otros de los productos que generamos día a día en nuestro lote”.

García señaló que la agricultura argentina actual “es tremendamente competitiva a nivel internacional”, pero demanda cada vez más “mayor eficiencia y efectividad”, en un marco en el cual “la sociedad nos va a preguntar qué hicimos con el suelo y el ambiente para producir”.

“Hay que volver al concepto de ciencia y sociedad integrados. Una de las mejores cosas del Simposio es que hay siempre muchos investigadores, consultores y productores y esa integración existe, pero tenemos que llegar más a la sociedad”. 

Finalmente, habló de la necesidad de monitorear siempre la siembra y llevar una base de datos. “Ese registro nos ayudará a manejar mejor el campo y también a rendirle cuentas a la sociedad sobre cómo trabajamos con los recursos naturales suelo y agua”.

Luego, Fernanda González Sanjuan, Gerente Ejecutiva de Fertilizar Asociación Civil, agradeció a los sponsors, a los medios y a todos los asistentes e informó que los videos de todas las presentaciones pueden verse ya en las páginas web de Fertilizar (www.fertilizar.org.ar) e IPNI Cono Sur (lacs.ipni.net).

El Simposio tuvo como objetivo presentar y discutir información actualizada en el manejo de la fertilidad de suelos y fertilización de cultivos en el país y el exterior y estuvo dirigido a productores, estudiantes, profesionales y técnicos, de la actividad pública y privada.

El evento estuvo patrocinado por: Asociación Cooperativas Argentinas (ACA); Agroservicios Pampeanos (ASP); Bunge Fertilizantes; COMPO Expert; Nidera Nutrientes; Profertil; Recuperar; Rizobacter; Stoller; YARA; YPF Directo; FERTEC; Bertotto y Boglione; Emerger; MOSAIC; SR Fertilizadoras; Banco Galicia; Barrenos Sero; CLARION Agricultura de Precisión; Laboratorio Fertilab, Suelo Fertil y Metalfor. 

Como en ocasiones anteriores, acompañaron al Simposio: INTA, Asociación Argentina de la Ciencia del Suelo (AACS), CREA Sur de Santa Fe, Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario, Aapresid, Fundación Producir Conservando y la Red de Buenas Prácticas Agrícolas.