Matías Louge: el representante del Campo Joven

De festejar cumpleaños en La Rural a representar al Campo Joven Por Juan Ignacio Alaise, Lic. en Ciencias de la Comunicación Matías Luciano Louge se presenta con una aclaración que funciona casi como una declaración de principios. “Mi viejo se llama igual, por eso siempre uso mi segundo nombre”. No es un dato menor: en […]
enero 21, 2026

De festejar cumpleaños en La Rural a representar al Campo Joven

Por Juan Ignacio Alaise, Lic. en Ciencias de la Comunicación

Matías Luciano Louge se presenta con una aclaración que funciona casi como una declaración de principios. “Mi viejo se llama igual, por eso siempre uso mi segundo nombre”. No es un dato menor: en su primer comentario, Mati hace mención a su padre y al mismo tiempo marca una diferencia para con él desde el mismísimo documento.

Al momento de hacer la nota con Mati, estaba a solo un paso de recibirse de ingeniero agrónomo, spoiler: Mati lo logró y ya se recibió.

Nació y se crió en la Ciudad de Buenos Aires, estudió siempre en Capital, en la Universidad Católica. Sin embargo, su vínculo con el agro no es algo adquirido en la adultez ni una elección tardía: es parte de su vida desde chico. “Vengo de familias de productores y tengo ese tacto por el campo desde que soy chico”.

Los campos familiares están en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires: Olavarría Sur, Benito Juárez y General Madariaga. Allí pasó gran parte de sus vacaciones, fines de semana largos y momentos compartidos con su padre y sus abuelos. “Siempre acompañé a papá al campo. Desde chico tuve esa pasión de estar al lado suyo, aprendiendo”, recuerda. En su relato y forma de hablar se puede notar en Matías su gran admiración que tiene por su padre, quien también es ingeniero agrónomo.

Elegir el campo, aún con dudas

La vocación por la Agronomía estuvo siempre, pero no fue una decisión automática. Matías reconoce que tuvo dudas, sobre todo por lo que implica la vida en el campo. “El productor es una persona que labura bastante aislada, y eso cuando sos chico te pesa”, admite. La distancia, la soledad y la posibilidad de perderse momentos importantes aparecen como parte del costo.

Hubo charlas familiares y reflexiones personales. Curiosamente, evitó hablar demasiado con su padre para no condicionarse. Prefirió escuchar a un primo, pensar el tema desde otro lugar y asumir que elegir el campo también implicaba resignar. “Capaz te perdés el cumpleaños de un hermano o de un amigo, una fiesta… pero después lo vas compensando por otro lado. Estar encima del trabajo y aprender también te devuelve cosas”.

Con el tiempo, esa elección se afirmó. “Y si bien tuve mis dudas, estoy seguro que no le erré y que estoy muy contento por la elección que tuve.”, dice hoy, con tranquilidad.

Entre la ciudad y el interior

Criado en Buenos Aires, Matías identifica una diferencia clara entre la ciudad y el campo: la intensidad. “Acá todo es correr. El semáforo, los tiempos, el ruido”, describe. Y lo contrasta con la vida en el interior y en el campo: más calma, menos apuro, más contacto con el aire libre.

“Estar en el campo, no tener ruido de colectivos, escuchar los pájaros… eso a mí me gusta mucho”, cuenta. Cuando piensa su futuro, se imagina combinando responsabilidades, pero con una fuerte presencia al aire libre. “Si bien hay trabajo de oficina, aspiro a trabajar afuera, con la hacienda, con gente. Esa tranquilidad es algo que busco”.

Trabajo, familia y formación

Desde hace casi cuatro años trabaja en la empresa familiar. Se involucró en la administración de campos, en granos, hacienda y arrendamientos. “Como pasa en muchas empresas familiares, uno hace un poco de todo”, resume.

Durante mucho tiempo pensó que, al recibirse, iba a buscar experiencia fuera del ámbito familiar. Hoy, el escenario es otro: hay mucho trabajo, oportunidades concretas y la posibilidad de asumir mayores responsabilidades. Por eso decidió quedarse, al menos por ahora.

Esa decisión no está basada en la comodidad. “Tengo un lema: aunque labure con mi familia, me gusta ser exigente y responsable”, explica. Cumplir horarios, respetar compromisos y estar preparado como si estuviera en cualquier otra empresa. También destaca algo clave: el margen de aprendizaje. “Dentro de la familia tenés una posibilidad de prueba y error que afuera no siempre existe. Eso te forma”.

La Rural, una puerta de entrada

El vínculo con la Sociedad Rural Argentina viene desde la infancia. Literalmente. “Cuando era chico festejaba mis cumpleaños en La Rural”, cuenta entre risas. Invitaba amigos, les daba la entrada y pasaban el día recorriendo la exposición. Tiene fotos de esos años, recuerdos que hoy valen muchísimo.

Con el tiempo, esa mirada de niño que jugaba en la Rural de Palermo fue evolucionando. Ya no era solo el toro, los animales o los juegos. Empezó a observar la institución desde otro lugar y a preguntarse quiénes estaban detrás de todo eso. Así fue como apareció en la vida de Matías el Ateneo de Jóvenes.

El Ateneo: formación y comunidad

Matías se incorporó al Ateneo en agosto de 2023. Primero participó, luego colaboró en la secretaría, fue prosecretario y hoy ocupa el cargo de secretario. “Jamás me hubiese imaginado estar en este lugar”, reconoce.

Cuando habla del Ateneo, no lo define solo como un espacio de capacitación. “Es una comunidad”, dice. Un lugar donde se aprende, pero también donde se generan vínculos y amistades que trascienden lo institucional. “Compartir la misma pasión por el campo une de otra manera”.

El objetivo del Ateneo es claro: formar y capacitar jóvenes para que estén preparados para representar al sector en el futuro. Temas técnicos, jurídicos, institucionales, pero también algo menos tangible: naturalizar los espacios de decisión. “Que el día de mañana no te pese reunirte con dirigentes de otras entidades, que no te pongas nervioso. Eso se logra involucrándote”.

Representar también es una responsabilidad

El rol de secretario implica un trabajo que muchas veces no se ve: minutas, registros, padrón, organización interna. Pero también implica representación. “Lo que vos decís no lo decís solo por vos, hablás por todo el Ateneo”, remarca.

Por eso insiste tanto en la preparación. Estar informado sobre lo productivo, lo económico y lo político. Conocer la historia del sector y entender la coyuntura actual. “Es muy importante estar preparado y, obviamente, sentir que si bien estás siendo vos como persona, no dejas de representar al Ateneo. Lo que vos digas es lo que piensa el Ateneo.”, afirma.

En ese camino, destaca el acompañamiento de la conducción de la Sociedad Rural Argentina y, en particular, de Nicolás Pino. “Nico nos abrió las puertas para que el Ateneo pueda crecer. Siempre que nosotros le pedimos algo, que participe en un evento, viene, se reformula la agenda para poder estar”, señala.

El valor de las instituciones

Para Matías, las instituciones son el canal donde las ideas se transforman en hechos. “Vos capaz, podés ser un tipo con mucha polenta, conocimiento y afán de hacer muchas cosas, pero solo no vas a llegar a ningún lado. Es por medio de las instituciones que realmente podés llegar a generar cambios”, explica.

El Ateneo aparece como un espacio que no solo forma personas, sino que permite canalizar propuestas, debatir y construir consensos. “Es a través de las instituciones donde el cambio queda plasmado”, resume.

Campo y ciudad: un desafío pendiente

Uno de los grandes desafíos que identifica es achicar la distancia entre el campo y la ciudad. “Hay muchos mitos y mucha desinformación”, sostiene. Cree que falta comunicar mejor qué hace el sector y cómo impacta en la vida cotidiana.

“El campo es el café que te tomás a la mañana, que tiene leche, que viene del tambo; la carne que te comes a la noche; el huevo revuelto que te haces a la mañana, todo eso proviene de la industria animal y del campo y la gente capaz no lo ve cotidianamente, pero el campo está en todos lados” dice. Y agrega una mirada más amplia: el sector agroindustrial es uno de los que más empleo genera y más divisas aporta. “Si al campo le va bien, al país le va bien”.

Qué es el campo para él

Cuando se le pregunta qué es el campo, Matías no duda. “Es una pasión y no es para cualquiera”, afirma. Se corre rápido de la idea romántica. “No es solo ir a comer un asado. Es levantarte temprano, trabajar, ir a la manga, encerrar”.

Pero también es legado y lazos familiares. “El campo es una pasión que tengo, que aprendí de chico gracias a mi padre y a mis abuelos” y suma algo que atraviesa toda su historia: compartir. “Tener amigos y compartir la misma pasión hace que todo se multiplique”.

Una imagen hacia adelante

Antes de cerrar, Matías dice qué le gustaría que quede en quienes lean la nota o se acerquen al Ateneo. Quiere que se vea a una generación joven con pensamiento crítico, con ganas de involucrarse y de buscar soluciones. “No heredar problemas sino buscar soluciones para generar un cambio”, define.

Y resume al Ateneo como un espacio abierto para quienes quieran capacitarse, formarse y crecer. “El Ateneo es un lugar donde la gente puede capacitarse, instruirse, y formarse, que si bien está bueno para poder aprender e involucrarse y defender los intereses del sector, también es una forma de poder capitalizar cada uno todo este crecimiento personal que te genera, te abre mucho las puertas a distintas relaciones, a distintos vínculos, no hay ninguna desventaja al meterse al Ateneo.”.

La charla termina como empezó: de manera simple, casi como una conversación entre conocidos. Matías agradece el espacio y confiesa que fue su primera entrevista. “Vos rompiste el hielo”, dice.

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