Mujeres en el Agro

Es fascinante pensar que, aunque los libros de texto suelen mostrar al “hombre cazador” como el protagonista del progreso, la verdadera chispa de la civilización —la agricultura— seguramente fue un descubrimiento femenino. Por Carlos Becco Durante el Paleolítico, las sociedades eran nómadas. Mientras los hombres se alejaban para cazar —una actividad de alto riesgo y […]
marzo 13, 2026

Es fascinante pensar que, aunque los libros de texto suelen mostrar al "hombre cazador" como el protagonista del progreso, la verdadera chispa de la civilización —la agricultura— seguramente fue un descubrimiento femenino.

Por Carlos Becco

Durante el Paleolítico, las sociedades eran nómadas. Mientras los hombres se alejaban para cazar —una actividad de alto riesgo y éxito incierto—, las mujeres se encargaban de la recolección de plantas, frutos, granos y raíces, además, y,  por supuesto, de la crianza de los hijos.

Fueron ellas las primeras en observar cómo, cuando una semilla caía al suelo germinaba días después. Fueron ellas quienes aprendieron a elegir los granos más grandes y las frutas más dulces, y guardaron esas semillas para el ciclo siguiente y también fueron ellas las que identificaron qué plantas curaban y cuales eran tóxicas.

Las mujeres del Neolítico no sólo eran recolectoras, sino que diseñaron las primeras herramientas agrícolas, como los palos de cavar —para extraer los tubérculos sin dañar las raíces—,  las cestas de mimbre y cuero —para transportar los granos— y los primeros morteros para procesarlos y hacerlos comestibles y poder almacenar energía para los inviernos. 

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El paso de recolectar alimentos a cultivarlos cambió la estructura social por completo. Al disponer de alimentación segura las tribus ya no necesitaban desplazarse constantemente. Aquel fue el comienzo del hogar y con el hogar llegó la civilización. Una dieta basada en cereales, en lugar de carne, facilitó el destete temprano de los hijos y,  con ello, el crecimiento de la población., mientras que, gracias a los excedentes —gestionados por las mujeres— otros miembros de la tribu pudieron dedicarse a otras actividades como la alfarería, la metalurgia o el arte.

Cuando la agricultura pasó de ser una actividad de huerta a una escala mayor fue necesario desarrollar una nueva herramienta: el arado. Una tecnología que -gracias a la incorporación de los animales- permitía labrar grandes superficies, pero, al mismo tiempo, alejó a los hombres del hogar. De esta manera la necesidad de la fuerza física comenzó a desplazar el control femenino. Con el sedentarismo llegaron, además, las nociones de herencia y propiedad de la tierra, que, en la mayoría de las culturas antiguas se centraron en el linaje masculino.

De esta manera, quienes habían inventado la agricultura fueron invisibilizadas hasta nuestros días. Recién en el año 1989,  con la publicación del libro  “Women in prehistory” de Margaret Ehrenberg, el libro que cambió la arqueología para siempre, pudimos comenzar a poner las cosas en su lugar.

El propósito de “Mujeres en el agro” no es otro que recordar y homenajear a grandes mujeres que con su vida han honrado el legado de aquellas mujeres inventoras de la agricultura. En esta primera y, completamente arbitraria, selección el lector encontrará 10 mujeres de todo el mundo, cuyo único punto en común es su pasión por la agricultura.

Confío en que esta iniciativa sirva, además de dar  visibilidad y reconocimiento a las grandes mujeres aquí presentadas, como un tributo a todas las otras mujeres en el agro, todavía invisibles,  que todos los días contribuyen con su esfuerzo con la noble tarea de alimentar al mundo.

Tal como lo he enfatizado en mi libro “De Villanos a Héroes”, la agricultura enfrenta el singular desafío de alimentar a una humanidad cada vez más exigente, tal como lo ha hecho desde la Revolución Neolítica, con la particularidad que,  en esta oportunidad, deberá hacerlo mejorando el ambiente en lugar de destruirlo. Nunca antes tan oportuna y necesaria  la contribución de las mujeres en el agro para poder hacer posible tamaña tarea.

Haber podido convertir este sueño en realidad es mérito exclusivo de Juan Carlos Grasa y del  equipo de Horizonte A. Mi especial agradecimiento por tanta generosidad.

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