Oportunidad tecnológica, desafío agronómico
La irrupción de nuevas tecnologías obliga a repensar criterios para asegurar eficiencia y seguridad en nuestros tratamientos de control. Autor: Ing. Agr. (Esp.) Facundo Menta En los sistemas productivos argentinos, las pulverizaciones con tasas reducidas de aplicación (< a 20 lts/ha) han tenido históricamente un rol secundario, asociadas principalmente a insecticidas y fungicidas en cultivos desarrollados. Sin embargo, este escenario está cambiando rápidamente. La aparición de nuevas plataformas, particularmente los drones agrícolas, está impulsando el uso de volúmenes significativamente más bajos también en herbicidas, tanto en tratamientos preemergentes como postemergentes. Esto abre una oportunidad concreta para mejorar la eficiencia operativa y la precisión, pero también plantea desafíos técnicos que no pueden ser ignorados.Drones: precisión operativa vs. complejidad técnica
Tal como analizamos en artículos previos de la revista, los drones agrícolas representan una herramienta de alto potencial: permiten ingresar al lote en condiciones donde un equipo terrestre en muchos casos no puede, mejoran la oportunidad de aplicación, reducen la compactación y facilitan tratamientos localizados, entre otras ventajas. Sin embargo, incorporan nuevas variables críticas: volúmenes extremadamente bajos (frecuentemente menores a 15 lts/ha), una dinámica distinta de deposición de gotas, la influencia del flujo de aire de las hélices de propulsión y una mayor sensibilidad a las condiciones ambientales. Esto exige un cambio de enfoque: no se trata de adaptar recetas de pulverización terrestre, sino de desarrollar criterios específicos para esta tecnología.“Uno de los puntos críticos en bajo volumen es la relación entre cobertura y deriva”
Comparación de tecnologías de aplicación
En las figuras 1 y 2, se observan tarjetas hidrosensibles generadas mediante dron y pulverizador terrestre autopropulsado, ambos configuradas para lograr resultados muy similares en cuanto a cobertura y tamaño de gota. A primera vista, los valores son comparables… pero cuando miramos el “cómo”, aparece lo interesante. En la pulverizadora terrestre se utilizó una configuración, si se quiere, extrema: boquillas cono hueco 0075 (rosa), 1 metro de distancia entre picos, y digamos que con una alta exigencia operativa para alcanzar ese nivel de cobertura. Esto nos deja un mensaje claro. Para equiparar el trabajo “cómodo” del dron, la pulverización terrestre necesita llevar su tecnología y regulación al límite. Este paralelismo debería invitarnos a reflexionar: los drones pulverizadores ya no son el futuro… son el presente. Y nos están exigiendo “estar a la altura” de manera inmediata.

El rol del tamaño de gota y el riesgo de deriva
Uno de los puntos críticos en bajo volumen es la relación entre cobertura y deriva. Para compensar la menor tasa de aplicación, suele recurrirse a gotas más pequeñas, lo que mejora la densidad de impactos pero incrementa el riesgo de deriva. Se plantea así un dilema técnico central:- Gotas pequeñas → mayor cobertura, mayor riesgo de exo-deriva.
- Gotas grandes → menor exo-deriva, posible déficit de cobertura.



























