Del manejo por superficie a la Gestión individualizada
Por Fernando Scaramuzza1; Ignacio Lo CelsoI2 Nicolás Ciancio3. -1 Asesor Consultor privado - 2 Consultor agrícola. Docente de Postgrado. Universidad Católica de Córdoba. - 3 Área de Innovación, Unidad de I+D, CREA
La urgencia de un cambio de paradigma
El control de malezas en los sistemas productivos de Argentina evolucionó desde la eliminación manual, pasando por sistemas mecanizados y finalmente, en la década de los 90, con la aparición de la siembra directa se potenció el uso de herbicidas en cobertura total. Si bien en términos productivos este esquema permitió escalar y potenciar la producción, también generó ineficiencias en el uso de insumos y una fuerte presión de selección que derivó en la aparición de biotipos resistentes a herbicidas.
El modelo de cobertura total, que predominó durante décadas, se basó en la premisa de tratar al lote como una unidad uniforme, ignorando la realidad biológica de las comunidades de malezas. Como establecieron Mortensen et al. (1993), las malezas se distribuyen naturalmente en parches o "clusters", por lo que una aplicación uniforme implica un uso masivo de recursos en zonas donde el objetivo está ausente.
En respuesta a estos desafíos agronómicos, ambientales y sociales surgieron las tecnologías de aplicación selectiva de herbicidas, que permiten dirigir el tratamiento únicamente a las malezas presentes en el lote, optimizando la eficiencia del control, reduciendo costos y minimizando el impacto ambiental, al tiempo que mejoran la sustentabilidad integral de los sistemas productivos.
Hoy, frente al aumento exponencial de resistencias genéticas y el incremento de los costos operativos, la aplicación selectiva no es un lujo tecnológico sino una necesidad estratégica para recuperar la eficiencia del control y preservar la vida útil de las moléculas químicas disponibles.
"Ensayos on-farm en Europa reportaron reducciones de hasta 47% en el uso de herbicidas en maíz mediante aplicaciones sectorizadas basadas en mapas obtenidos con UAV"
La evolución desde los primeros sensores ópticos de Haggar (1983) hasta la inteligencia artificial actual nos permitió pasar de una "agricultura de promedios" a una de “decisiones agronómicas individuales”. Por consiguiente, adoptar sistemas más eficientes de aplicación selectiva permite a las empresas agropecuarias reducir el impacto ambiental y optimizar el margen bruto, logrando ahorros que frecuentemente superan el 70% por cada hectárea aplicada con dicha tecnología (INTA Informa). Para las empresas agropecuarias modernas, el desafío consiste en liderar esta transición: dejar de gestionar lotes para empezar a gestionar individuos.

Uno de los hitos más disruptivos en la historia de la sanidad vegetal fue el desarrollo del concepto de 'Spot Spraying' (pulverización localizada) por parte de W.L. Felton (1992). Sus investigaciones pioneras en Australia demostraron que, mediante el uso de sensores de reflectancia capaces de detectar la presencia de clorofila, era posible aplicar fitosanitarios exclusivamente sobre el blanco biológico, lo cual, fue el punto de inflexión donde la tecnología pasó de ser un experimento de laboratorio a una solución de ingeniería aplicable a escala comercial.
Fundamentos tecnológicos, principios de detección y aplicación
La aplicación selectiva de herbicidas ha evolucionado a partir de distintos desarrollos tecnológicos que combinan sensores, electrónica de control y procesamiento digital de información para optimizar la detección y el tratamiento de las malezas. Estas tecnologías pueden organizarse cronológicamente según su grado de complejidad y capacidad de discriminación, desde sensores ópticos simples hasta sistemas avanzados basados en inteligencia artificial (Cuadro 1). Cada etapa representa un avance en precisión y eficiencia, pero también introduce nuevos requerimientos técnicos, económicos y operativos que condicionan su adopción en los sistemas productivos.
Las primeras tecnologías que se difundieron comercialmente fueron los sensores ópticos activos basados en reflectancia en bandas rojo–infrarrojo cercano (NIR/RR), desarrollados para detectar vegetación verde en barbechos. Estos sistemas emiten su propia fuente de luz y miden la reflectancia diferencial entre suelo desnudo y material vegetal vivo, activando individualmente las boquillas solo cuando se detecta biomasa verde. Su principal ventaja radica en la robustez operativa, la independencia de la iluminación solar (pueden operar de día o de noche) y la simplicidad de integración con pulverizadores convencionales, permitiendo reducciones significativas en el volumen de herbicidas. Sin embargo, su limitación estructural es que no discriminan entre cultivo y maleza, por lo que su uso se restringe principalmente a barbechos o situaciones donde solo se desea detectar presencia de vegetación.
Posteriormente surgieron los sistemas de mapeo previo y aplicación dirigida basada en información georreferenciada, que combinan sensores remotos (imágenes satelitales, drones o sensores embarcados) con sistemas de posicionamiento GNSS para generar mapas de infestación y ejecutar aplicaciones variables o también denominadas sectorizadas, que suelen ser más eficientes si la máquina, además de tener dosis variable, posee corte pico a pico. Esta tecnología permite una planificación estratégica del control, optimizando dosis y zonas de aplicación a escala de lote, con ventajas en la gestión agronómica y en la trazabilidad de la información. No obstante, presenta desventajas asociadas a la latencia temporal entre detección y aplicación, la dependencia de condiciones ambientales para la captura de imágenes y una menor capacidad de respuesta frente a cambios rápidos en la dinámica de emergencia de malezas.
La siguiente etapa tecnológica estuvo marcada por la incorporación de sistemas de visión artificial basados en cámaras RGB y procesamiento digital de imágenes, capaces de detectar patrones morfológicos y cromáticos en tiempo real. Estos sistemas introdujeron la posibilidad de operar dentro de cultivos implantados, mejorando la selectividad espacial de la aplicación. Entre sus ventajas se destacan una mayor resolución de detección y la capacidad de adaptación a distintos escenarios agronómicos. Sin embargo, su desempeño puede verse afectado por variaciones en iluminación, sombras, residuos de cosecha y complejidad del fondo del cultivo, además de requerir mayor capacidad computacional y calibración técnica.

La fase más reciente corresponde a los sistemas de visión artificial asistida por inteligencia artificial y aprendizaje profundo (deep learning), que utilizan redes neuronales entrenadas para reconocer especies o grupos funcionales de malezas en tiempo real. Estas tecnologías representan el mayor nivel de precisión disponible actualmente, permitiendo discriminación especie-específica, operación a altas velocidades y mejora continua mediante actualización de modelos. Sus ventajas incluyen la máxima eficiencia en el uso de herbicidas y la posibilidad de integración con plataformas digitales de agricultura de precisión. Como contrapartida, presentan altos costos iniciales, requieren grandes volúmenes de datos para entrenamiento y mantenimiento de modelos, y demandan infraestructura tecnológica y capacitación especializada para su correcta implementación.
Principales Tecnologías y Marcas Comerciales (Argentina)
Cuadro 1: Comparación técnica de sistemas comerciales de pulverización selectiva y aplicaciones sectorizadas en Argentina.

La brecha entre potencial tecnológico y adopción real: factores quecondicionan la transición hacia la aplicación selectiva
Si bien la aplicación selectiva de herbicidas ha demostrado mejoras sustanciales y tangibles en eficiencia de uso de insumos, reducción de costos y disminución del impacto ambiental, su adopción a gran escala, en relación a otros recursos de agricultura de precisión, aún es heterogénea (Gráfico 1).
Gráfico 1: a - Estimación de la evolución del número de equipos, en unidades acumuladas en los diferentes rubros tecnológicos, para Argentina. b - Evolución temporal del parque de equipos de pulverización selectiva en Argentina.

Las principales causas de la lenta adopción de los sistemas de aplicación selectiva pueden agruparse en las siguientes dimensiones
- Barreras económicas y financieras
La adopción de tecnologías de aplicación selectiva de herbicidas requiere una inversión inicial significativa en sensores, cámaras, electrónica y sistemas de procesamiento, lo que eleva el costo respecto a los sistemas de pulverización convencional. Esta inversión constituye una barrera de adopción especialmente para empresas de menor escala, donde la capacidad de amortización del capital y el financiamiento es más limitado.
El retorno económico depende principalmente del nivel de infestación de malezas y de la duración del barbecho. En escenarios con baja cobertura verde los ahorros de herbicida pueden ser elevados, mientras que en situaciones de alta presión de malezas la ventaja económica relativa se reduce, generando mayor incertidumbre en la proyección del repago. A esto se suman factores macroeconómicos, como altas tasas de financiamiento y restricciones crediticias, que suelen orientar las inversiones hacia tecnologías vinculadas directamente con el aumento del rendimiento.
- Tenencia de la tierra y participación de contratistas
El 70% de la superficie agrícola Argentina se encuentra en manos de arrendatarios, muchas veces bajo contrato ocasional (Ferrari, Terré, & Calzada, 2025). Entre otras causas, esto genera que el 70% de las pulverizaciones, se hace con servicios de terceros (Pacioni, 2017). Si bien el que percibe el ahorro de insumos es el productor, el contratista debería cobrar una tarifa que le permita un repago lo suficientemente rápido para un producto tecnológico (con mayor riesgo de obsolescencia). Como ello no ocurre en la realidad, la adopción termina siendo principalmente de grandes productores, con equipos propios, que realizan eventualmente servicios a terceros.
- Complejidad técnica y requerimientos operativos
La aplicación selectiva de herbicidas presenta mayores requerimientos técnicos y operativos que los sistemas de pulverización convencional. Su correcta implementación exige calibración precisa de sensores, ajuste de parámetros de detección y monitoreo permanente del desempeño, ya que factores como las condiciones de iluminación, el estado fenológico del cultivo y la arquitectura del canopeo pueden afectar la eficiencia de los sistemas basados en visión artificial.
Otro desafío relevante es la integración con pulverizadores preexistentes, que en muchos casos no cuentan con corte pico a pico, capacidad eléctrica suficiente o arquitectura electrónica compatible, lo que obliga a realizar adaptaciones estructurales que incrementan el costo del sistema.
Asimismo, aunque la tecnología permite trabajar a velocidades superiores a 20 km h⁻¹, las irregularidades del terreno y las limitaciones estructurales de los equipos suelen obligar a operar a menores velocidades, reduciendo la eficiencia operativa y la capacidad de cubrir grandes superficies durante la campaña (Lo Celso, 2018). Por esta razón, los fabricantes suelen limitar el ancho de trabajo a aproximadamente 25 m, lo que también impacta en la productividad del equipo.
Finalmente, la necesidad de personal capacitado en agricultura digital, electrónica y manejo de datos constituye otra limitante para su adopción, ya que en muchos establecimientos la brecha de formación técnica resulta más restrictiva que la disponibilidad de la tecnología.
- Percepción de riesgo agronómico
La percepción de riesgo agronómico constituye una de las principales barreras para la adopción de tecnologías de aplicación selectiva. Dado que el control de malezas tiene un impacto directo sobre el rendimiento y la dinámica del banco de semillas, productores y asesores suelen priorizar la seguridad de un control uniforme frente a estrategias que optimizan el uso de insumos.
Persisten además preocupaciones vinculadas a posibles “escapes” de malezas por errores de detección, latencia en la activación de boquillas o limitaciones operativas bajo condiciones ambientales variables. Aunque los avances tecnológicos han reducido significativamente estos riesgos, la percepción de incertidumbre continúa influyendo en la toma de decisiones.
En este contexto, la validación técnica a campo resulta clave para fortalecer la confianza en estas herramientas. Diversos ensayos y evaluaciones realizados por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) han demostrado el potencial de los sistemas de detección selectiva (INTA Informa, 2013), evidenciando que, incluidos en las de estrategias de Manejo Integrado de Malezas (MIM), pueden mejorar la eficiencia en el uso de herbicidas sin comprometer la eficacia del control.
- Factores culturales y de paradigma productivo
La adopción de tecnologías de aplicación selectiva implica un cambio conceptual respecto del modelo tradicional de manejo de malezas basado en aplicaciones de cobertura total, donde el lote se gestiona como una unidad homogénea. La transición hacia una gestión por individuo requiere incorporar la variabilidad intra-lote como eje central de decisión, modificando criterios técnicos y operativos históricamente orientados a la maximización del rendimiento promedio por hectárea.
Además de los aspectos tecnológicos, existen barreras organizacionales y culturales dentro de las empresas agropecuarias, ya que la implementación de estos sistemas exige adaptar procesos, redefinir indicadores de eficiencia y fortalecer la gestión basada en datos. En este contexto, la consolidación del modelo dependerá de que la evidencia técnica se traduzca en resultados económicos concretos, proceso que históricamente ha impulsado la adopción de innovaciones como la siembra directa y la agricultura de precisión.
- Limitaciones agronómicas contextuales
La eficiencia agronómica y económica de la aplicación selectiva de herbicidas está fuertemente condicionada por el grado de manchoneo de malezas y por las características del sistema productivo. En situaciones con alta cobertura y distribución relativamente uniforme de malezas, el potencial de ahorro de insumos se reduce, disminuyendo el diferencial económico frente a la pulverización convencional. Asimismo, la viabilidad de la tecnología depende de la frecuencia de uso, que suele ser mayor en regiones con barbechos prolongados, mientras que en zonas con doble cultivo anual las oportunidades de aplicación y el recupero de la inversión pueden ser más limitados.
Desde el punto de vista operativo, en cultivos implantados la eficiencia de detección depende de la resolución del sistema y de la diferenciación morfológica entre cultivo y maleza, pudiendo verse afectada por arquitecturas vegetales complejas, presencia de rastrojos o variabilidad lumínica. Además, la aplicación selectiva no reemplaza otras prácticas agronómicas claves, como el uso de herbicidas preemergentes y residuales, ni las estrategias de Manejo Integrado de Malezas, sino que funciona como una herramienta complementaria cuyo mayor potencial se expresa en ambientes con alta variabilidad espacial.
- Marco regulatorio y presión del mercado
La adopción de tecnologías de aplicación selectiva de fitosanitarios enfrenta limitaciones vinculadas al marco regulatorio y a la falta de incentivos de mercado. Si bien estos sistemas permiten reducir significativamente el volumen aplicado, en muchos casos los mercados agrícolas no reconocen económicamente este diferencial ambiental. En ausencia de certificaciones valorizadas, primas por sustentabilidad o mecanismos de compensación, el productor no percibe un beneficio comercial directo por incorporar estas tecnologías.
A su vez, la normativa vigente suele regular condiciones y distancias de aplicación, pero rara vez contempla incentivos específicos para tecnologías que mejoren la eficiencia en el uso de insumos. En este contexto, la promoción de herramientas de aplicación selectiva podría representar una oportunidad para fortalecer marcos regulatorios locales.
No obstante, la creciente demanda global por sistemas productivos más sustentables y trazables abre un escenario favorable para que la reducción comprobable en el uso de fitosanitarios sea reconocida dentro de las cadenas agroindustriales. Diversos estudios muestran que la adopción de control selectivo puede mejorar la performance ambiental de los cultivos según la metodología EIQ (Bilbao, et al., 2022), lo que refuerza su potencial como herramienta estratégica dentro de esquemas de producción sustentable.
Drones y la sectorización Inteligente de Malezas: Evidencia Reciente y Avances Tecnológicos en la Optimización del Uso de Fitosanitarios
Las tecnologías basadas en sectorización de malezas representan una etapa intermedia entre la pulverización uniforme y la aplicación selectiva en tiempo real. Mediante el uso de drones (UAV) o imágenes satelitales, es posible generar mapas georreferenciados de infestación que permiten realizar aplicaciones variables o sectorizadas, concentrando el tratamiento únicamente en las áreas con presencia de malezas.

Este enfoque reduce el uso innecesario de fitosanitarios y se integra fácilmente con pulverizadoras equipadas con corte pico a pico o control de dosis variable, contribuyendo a disminuir costos operativos y presión de selección sobre biotipos resistentes, además de fortalecer el monitoreo y la trazabilidad dentro de estrategias de Manejo Integrado de Malezas (Gómez-Candón et al., 2024; Liakos et al., 2023).
La evidencia reciente confirma su potencial. Ensayos on-farm en Europa reportaron reducciones de hasta 47% en el uso de herbicidas en maíz mediante aplicaciones sectorizadas basadas en mapas obtenidos con UAV, sin diferencias significativas en rendimiento respecto a la pulverización convencional (Hansen et al., 2023). Revisiones técnicas sobre tecnologías de “smart spraying” indican reducciones del 30–50 % del volumen aplicado cuando la infestación presenta distribución en manchones (Zhang et al., 2023; Wang et al., 2024), con mejoras en la eficiencia ambiental y contribución a estrategias globales de reducción de pesticidas (European Commission Joint Research Centre, 2024).
No obstante, su desempeño depende de la precisión y oportunidad del mapeo, ya que la latencia entre detección y aplicación puede generar desajustes cuando la emergencia de malezas es dinámica. Asimismo, el impacto económico varía según el nivel de infestación y los costos operativos del sistema, reduciéndose el diferencial de ahorro en situaciones de alta uniformidad de malezas (Wang et al., 2024). Aun con estas limitaciones, la sectorización se consolida como una herramienta técnicamente validada para optimizar el uso de fitosanitarios, facilitando la transición hacia esquemas productivos más eficientes y sustentables.
Arquitecturas Tecnológicas para el Control Diferenciado de Malezas: Implicancias Económicas y Productivas

Repago, escala y eficiencia: el modelo económico detrás de la pulverización selectiva
Período de Repago (Productor y Contratista)
El período de repago es el tiempo necesario para recuperar una inversión. En Argentina se encuentran conviviendo los dos esquemas de adopción de los sistemas para realizar aplicaciones selectivas de herbicidas: adquisición como parte de la maquinaria de la empresa agrícola o como servicio por medio de contratistas. Para calcular el periodo de repago hay que hacer el cociente entre:
- Costo de la inversión (Inversión inicial)
- Ingreso anual adicional (Beneficio anual) generado por el uso de la tecnología.

Para estimarlo, es imprescindible identificar y cuantificar los componentes de costo y beneficio. Los costos para un productor o un contratista son iguales y se describen a continuación. Mientras que los beneficios que genera la tecnología son muy diferentes para los casos planteados. Estos se describen hacia el final del presente apartado.
Costo de la inversión
Los sistemas de aplicaciones selectivas se comercializan por metro de botalón equipado, ya que es una tecnología modular. Por dicha característica es posible equipar la pulverizadora de forma parcial en caso de requerirlo. Hacer el equipamiento de esta forma tiene como ventaja una reducción de la inversión inicial. Pero al mismo tiempo, disminuye el ancho de labor para realizar aplicaciones selectivas en comparación al tamaño de las alas de la pulverizadora. Eso trae como consecuencia mayores costos operativos ya que es necesario hacer más pasadas para cubrir una misma superficie. Y, en caso de no colocar la tecnología hasta algún quiebre del ala, para trabajar con el sector del ala sin equipar de forma plegada, pueden generarse accidentes cuando se trabaja cerca del alambrado u otros obstáculos. Por lo tanto, el costo para equipar una pulverizadora depende de:
- Los metros de botalón a equipar
- El costo de la tecnología (USD/m)
- El costo de instalación
Es importante aclarar que esta tecnología requiere una serie de tecnologías básicas complementarias para poder funcionar (ej.: antena GPS, banderillero satelital, etc.). De no contar con ellas la inversión inicial se encarece.
1) Beneficio caso Productor (Ahorro de herbicidas)
Pasar de esquemas donde se controla malezas en cobertura total durante el barbecho hacia estrategias de gestión espacial del control con los sistemas de aplicaciones selectivas de herbicidas permiten mejorar la eficiencia de uso de insumos. Al mismo tiempo, mejoran la calidad del control en escenarios con malezas tolerantes y/o resistentes.
En primer lugar, al dirigir el tratamiento únicamente sobre los sitios con presencia de malezas objetivo, estos sistemas permiten reducir el uso de herbicidas postemergentes en barbechos. Como consecuencia la magnitud del ahorro se encuentra fuertemente condicionada por el umbral de enmalezamiento definido para la intervención. Por ejemplo, en lotes con baja cobertura de malezas se han reportado reducciones del orden del 80–90% por pasada, lo que impacta en los costos directos de la labor y, a su vez, disminuye el consumo de principios activos, agua y envases asociados a la pulverización.
La mejora en el control de malezas tolerantes y/o resistentes es resultado de dos mecanismos complementarios. Por un lado, la tecnología facilita el ingreso temprano al lote, permitiendo realizar intervenciones en el momento de mayor susceptibilidad biológica de las malezas (plántulas en activo crecimiento), incrementando la eficacia del control y contribuyendo a una gestión más racional de las herramientas químicas disponibles. Por otro lado, el hecho de tratar solo una fracción de la superficie permite incorporar herbicidas de mayor especificidad (frecuentemente de mayor costo) para abordar malezas problema, sin trasladar ese costo a la totalidad del lote, mejorando la relación entre efectividad y gasto en insumos.
Desde el punto de vista operativo, la pulverización selectiva aumenta la capacidad de trabajo del equipo al asperjar caldo únicamente donde se detecta la maleza objetivo. Como consecuencia, una misma carga de tanque cubre una mayor superficie, reduciendo la frecuencia de recargas. Por lo tanto, disminuyen los tiempos improductivos asociados a traslados y abastecimiento, así como el consumo de combustible vinculado a dicha logística.
De los beneficios mencionados, el ahorro de herbicidas es el más sencillo y certero al momento de estimarlo, mientras que los restantes beneficios pueden estimarse teniendo en cuenta múltiples características de cada caso en particular. A continuación, se presenta la ecuación para calcular el ahorro de herbicidas, la cual depende de:
- % de malezas toleradas (→ define % de ahorro)
- costo del caldo
- superficie a aplicar/año
- aplicaciones/año
- costo extra por equipamiento parcial en caso de corresponder (más pasadas para cubrir una misma superficie, por lo tanto, más combustible)
- costo de mantenimiento de la tecnología
- pasadas extra (si existieran)

En este caso, el período de repago de la tecnología se calcula según la siguiente fórmula:

2) Beneficios caso Contratista (presta el servicio y cobra un adicional por hectárea para realizar aplicación selectiva de herbicidas)
Como explico en la sección Beneficio caso Productor, la tecnología permite lograr un ahorro importante en el uso de herbicidas. En el caso de un contratista, el “beneficio” se genera a partir del margen adicional anual que la tecnología le permite capturar en su negocio de servicios a partir de cobrar un precio más alto en relación al servicio de aplicación sin un equipo que permita hacer aplicaciones selectivas de herbicidas. Por lo tanto, el beneficio generado depende de:
- Diferencial de precio cobrado por brindar el servicio de aplicaciones selectivas de herbicidas (tarifa adicional por ha).
- Cantidad de hectáreas realizadas con el sistema de aplicaciones selectivas.
- Hectáreas adicionales aplicadas por incorporar la tecnología: contar con la tecnología puede hacer más atractivo el servicio y captar nuevos clientes. Al mismo tiempo, por aumentar la capacidad de trabajo por disminuir tiempos de logística, liberando tiempo con el potencial para usarse en hacer más hectáreas.
- Costo extra por equipamiento parcial en caso de corresponder (más pasadas para cubrir una misma superficie, por lo tanto, más combustible)
- Costo de mantenimiento de la tecnología

Por lo tanto, el período de repago se calcula con la siguiente fórmula:

Resultados a campo de pulverización inteligente: reducción de insumos y manejo eficiente de malezas resistentes
El manejo actual de malezas, por cuestiones multifactoriales, ha permitido una proliferación e instalación de especies perennes en los lotes. Estas malezas, suelen ser de muy difícil y oneroso control, y deben repetirse varias veces a lo largo del año, ya que los distintos órganos de reserva permiten su rebrote. En el mejor de los casos, debemos conformarnos con un buen control de la parte aérea de la planta. Es así que malezas, como “botoncito blanco” (Borreria spp), exigen la mezcla de 4 modos de acción distintos para un eficaz control de su parte aérea (glifosato + hormonales + PPO + cloracetamidas + buenos coadyuvantes). Este tratamiento, puede costar más de 40 USD/ha. Con control dirigido, se han obtenido ahorros del 68%, o sea un costo real 13 USD/ha (experiencia propia de los autores).
Por otro lado, en relación a especies anuales, si tenemos en cuenta que esta tecnología sólo pulveriza donde detecta presencia de malezas y que buena parte del caldo asperjado queda retenido en el follaje de las mismas, esto permite hacer uso de estrategias eficaces, pero que tienen un mayor riesgo de fitotoxicidad para los cultivos siguientes, tal es el caso del control de gramíneas en presiembra de maíz; o de latifiliadas, en presiembra de soja. En tales casos, se han obtenido ahorros del 70% de Clethodim en control de Echinochloa spp en presiembra de maíz no Enlist y de 82% de 2.4D, en presiembra de soja no Enlist.
Además, el diseño de la tecnología permite asegurar la eficacia de los controles ante un cambio repentino de las condiciones ambientales ya que puede pulverizar gotas de DVM 350 micrones o más, a 60 cm del suelo. Se han reportado eficacias del 100% con vientos de 23 km/h y ráfagas de 45 km/h (Lo Celso, 2018).
En resumen, si quien percibe los beneficios de la tecnología es el propietario de la misma, dichos beneficios le permiten un repago al tercer o cuarto año de uso de la misma, si el equipo es correctamente diseñado para dicha escala productiva.
Conclusiones
La evolución desde el control químico de cobertura total hacia modelos de gestión espacial y por individuo representa uno de los cambios paradigmáticos más relevantes en la historia reciente de la sanidad vegetal. La evidencia técnica acumulada demuestra que tanto la sectorización basada en mapeo previo como los sistemas de detección en tiempo real permiten reducir significativamente el uso de fitosanitarios, sin comprometer la eficacia de control ni el rendimiento de los cultivos, contribuyendo simultáneamente a mejorar la eficiencia económica y ambiental de los sistemas productivos.
No obstante, la brecha entre potencial tecnológico y adopción efectiva evidencia que la transición no depende exclusivamente de la disponibilidad de herramientas, sino de la capacidad empresarial para integrar innovación, análisis económico y gestión del riesgo agronómico. La decisión de invertir en estas tecnologías exige comprender que la eficiencia en el uso de insumos no es únicamente un ahorro coyuntural, sino una estrategia estructural de competitividad frente a escenarios de mayores resistencias, presión regulatoria y exigencias de sustentabilidad.
En este contexto, la gestión por individuo no debe interpretarse como una ruptura con el modelo agronómico tradicional, sino como su evolución natural dentro del proceso de intensificación tecnológica iniciado décadas atrás. A medida que la eficiencia deje de ser un diferencial y se consolide como indicador central de desempeño productivo, la aplicación selectiva y la sectorización inteligente tenderán a transformarse en componentes estructurales de la agricultura moderna, redefiniendo los estándares de manejo, rentabilidad y sustentabilidad en los sistemas extensivos.
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