Sintonía Fina

abril 26, 2026

Esta vez el campo tiene un problema diferente al que veníamos padeciendo en los últimos meses.

Por Matías Cambareri - Caburé

Si en enero y febrero estuvimos rogando por lluvias que aliviaran suelos resquebrajados y cultivos de gruesa bajo estrés hídrico, hoy el escenario se invirtió de manera casi teatral: sobra agua, y eso también es un problema. Llueve, y llueve mucho. La región pampeana acumuló en los primeros días de abril precipitaciones que, en apenas ocho días, igualaron lo que estadísticamente debería caer en todo el mes. Quienes vivimos y trabajamos en torno al campo ya sabemos que la naturaleza pocas veces regala un término medio, y esta campaña no es la excepción.

Concretamente, la precipitación acumulada en los primeros 15 días de abril construida a partir de la extensa red de estaciones meteorológicas y pluviómanos de Caburé (www.cabure.com.ar) pinta un cuadro muy elocuente (Figura 1): en más del 70% de los puntos de medición (sobre una red de 750 puntos), ya se llevan acumulados más de 50 mm. El epicentro de las lluvias se ubicó sobre el centro-norte de la región pampeana, con el norte de Buenos Aires, el sur del Litoral y el sudeste de Córdoba como las zonas más afectadas por los excesos. El récord del período lo tiene el departamento de San Justo (Santa Fe), donde la precipitación acumulada superó los 300 mm en estos 15 días. Un número que, para tener referencia, equivale a más del doble de lo que normalmente llueve en todo el mes de abril en esa región. En San Justo y también en Benito Juárez (Buenos Aires), al menos 3 de los días con lluvia registraron eventos superiores a los 50 mm, es decir, lluvias intensas y concentradas que saturaron rápidamente los perfiles y desbordaron la capacidad de infiltración de los suelos.

La consecuencia más inmediata de este cambio de signo meteorológico es que la cosecha de soja de primera está prácticamente paralizada en la región núcleo. Según la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario, el avance de la trilla de soja alcanza apenas el 25% del área sembrada, cuando para esta época del año debería rondar el 55% en base a los promedios de las últimas cinco campañas. La falta de piso —literalmente, no hay condiciones para que las cosechadoras y los camiones circulen sin hundirse— es el principal obstáculo. En el centro-sur santafesino, el atraso supera los 20 días respecto de un año normal, mientras que en el sudeste de Córdoba, las condiciones de piso son tan ajustadas que nuevas precipitaciones podrían agravar el riesgo de apertura de vainas y deterioro de calidad del grano.

El maíz, por su parte, cuenta una historia diferente dentro de este mismo contexto meteorológico adverso. A pesar de las dificultades logísticas, la campaña 2025/26 se encamina a un resultado histórico en la región núcleo: según la GEA/BCR, la estimación de producción asciende a 19,58 Mt con un rinde promedio de 105 qq/ha, lo que la convertiría en la mayor producción de la serie histórica de ese organismo. Sin embargo, el tramo final de la cosecha en esa región, no está exento de problemas: el 27% del área aún sin trillar enfrenta riesgos de caída de espigas y vuelco de plantas (como en Pergamino), donde la falta de piso también complica el ingreso de la maquinaria.

El reservorio de agua en el suelo es, como siempre decimos en esta columna, el integrador de todo lo que pasó: de las lluvias que vinieron, de las que faltaron, de la demanda que ejercieron los cultivos. Mirando el mapa de agua útil en la capa arable (primeros 10 cm) al 16 de abril, el panorama es elocuente (Figura 2): prácticamente toda la franja agrícola central y norte del país muestra niveles entre el 80 y el 100% de agua útil, con amplias zonas saturadas (color azul oscuro/violeta) que abarcan Entre Ríos, Corrientes, el Litoral, casi toda la Provincia de Buenos Aires y la franja central de Córdoba y Santa Fe. Solo el NOA árido, Cuyo y la Patagonia muestran niveles bajos. Este exceso superficial es la huella directa de las reiteradas lluvias de marzo y los primeros días de abril. Sí: el mapa que meses atrás era casi enteramente naranja hoy es azul.

En profundidad —el perfil completo, que es donde los cultivos realmente se abastecen— la situación es igualmente contundente (Figura 3): los niveles de agua en el suelo son adecuados a óptimos (por encima del 80% de agua útil) en toda la región pampeana húmeda, el Litoral y el centro-norte del país. Como señalaba el informe de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, las recargas de marzo y abril generaron un verdadero "reinicio del sistema": los perfiles entrerrianos están completamente renovados, y lo mismo puede decirse de gran parte de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Esto es, desde la óptica de la campaña de fina que se viene, una excelente noticia.

La sintonía fina que se viene

Y acá está el corazón del título de este artículo. Mientras la campaña gruesa cierra con sus bemoles logísticos, el escenario que se abre para la campaña de fina —trigo y cebada— es, en términos hídricos, verdaderamente promisorio. Los perfiles llenos hasta la coronilla en gran parte de la región pampeana son el punto de partida ideal para la siembra que comenzará en los próximos meses. Si a esto le sumamos que el pronóstico climático trimestral del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) para el período abril-mayo-junio indica mayor probabilidad de precipitaciones superiores a la normal (SN) sobre el NOA, Córdoba, oeste de Santa Fe y centro-este de Buenos Aires, y normal o superior a la normal (N-SN) en el norte del país, sudoeste de Buenos Aires y La Pampa (Figura 4), la perspectiva es alentadora. Es decir que se esperan, por ejemplo, más de 200 mm acumulados en la Provincia de Buenos Aires (Figura 5) y más de 150 en zona centro en los próximos 3 meses.

En cuanto a la temperatura, el mismo pronóstico trimestral del SMN anticipa condiciones superiores a la normal sobre el Litoral, Santa Fe, Córdoba y este de San Luis, y normales o superiores a lo normal en el resto del país (Figura 6). Indicando que donde tenemos mayor probabilidad de tener temperatura media por encima de lo normal, la temperatura media del trimestre mencionado sería al menos 0,5 °C mayor a los valores de temperatura media que observamos en la Figura 7. Esto implica que la evapotranspiración potencial seguirá siendo elevada durante el otoño, lo que en términos prácticos significa que parte del agua acumulada en los perfiles se irá perdiendo por esa vía. Sin embargo, dada la magnitud de las reservas actuales —en muchos casos con el perfil al tope de su capacidad— ese "consumo" de agua del suelo por parte de la demanda atmosférica operará sobre un sistema con una colchoneta de seguridad hídrica considerable.

ENSO: el árbitro de siempre

Con respecto al fenómeno ENSO, el último informe del IRI (International Research Institute for Climate and Society) de mediados de marzo 2026 es muy claro: estamos dejando atrás la condición neutral y los modelos prevén una probabilidad creciente de El Niño para los próximos meses (Figura 8). Las probabilidades de El Niño escalan desde un 47% en el trimestre AMJ hasta valores que rondan el 75-80% para JJA y JAS, y se mantienen elevadas hasta fin de año. Para nuestra región, y en términos generales, un evento El Niño durante el invierno y la primavera suele asociarse con precipitaciones por encima de lo normal, lo que —de confirmarse— reforzaría el escenario hídrico ya favorable que están mostrando los pronósticos del SMN. Lamentablemente, como siempre digo: son probabilidades y promedios, no certezas. Un año Niño en general va a dar más pero no sabemos cómo va a ser esa distribución en tiempo y espacio: la variabilidad intra-estacional hace su parte. Pero la señal está ahí, y es una señal positiva para la fina.

En resumen…

La campaña gruesa 2025/26 transita su tramo final con un maíz que apunta al récord histórico y una soja trabada por el exceso hídrico en la región núcleo, con la trilla avanzando muy por debajo de lo normal y riesgos de deterioro de calidad que habrá que monitorear de cerca. La ironía del ciclo: sufrimos sequía en enero-febrero y ahora luchamos contra el barro en abril. La naturaleza nunca la hace fácil.

Mientras tanto, los perfiles de suelo están llenos. Y eso —mirando hacia adelante, hacia la siembra de trigo y cebada— es la mejor sintonía fina que podríamos tener. La condición del fenómeno ENSO suma una señal adicional favorable, con creciente probabilidad de El Niño para el invierno y la primavera. El pronóstico trimestral del SMN acompaña ese escenario con precipitaciones superiores a la normal o normales para la mayor parte del área triguera del país en el trimestre abril-mayo-junio.

Monitorear los pronósticos de corto plazo (7-15 días) para la reapertura de las cosechas de gruesa, y comenzar a pensar en la logística y los planteos técnicos de la fina con perfiles llenos como punto de partida, son las mejores jugadas que podemos hacer ahora. La atmósfera es dinámica y caótica, y las previsiones que presentamos acá se refieren a condiciones medias durante el período analizado, por lo tanto, no contemplan la ocurrencia de eventos puntuales en la escala intra-estacional ni en una escala espacial menor a la regional. Estemos atentos.