Trigo 2026: ¿Quién se lleva el premio?

Este año el trigo arranca con una combinación que nos obliga a ser más precisos que nunca. Ing. Agr. Ignacio Eguren, CEO y fundador de AgroPro. Fundador de Eguren & Cía.   Por un lado, los perfiles llegan muy cargados en la mayoría de las zonas, y el pronóstico de un año Niño refuerza esa […]

abril 30, 2026

Este año el trigo arranca con una combinación que nos obliga a ser más precisos que nunca.

Ing. Agr. Ignacio Eguren, CEO y fundador de AgroPro. Fundador de Eguren & Cía.  

Por un lado, los perfiles llegan muy cargados en la mayoría de las zonas, y el pronóstico de un año Niño refuerza esa buena noticia. Por el otro, el contexto económico es complicado: la urea, el insumo clave, ronda los US$ 900/tn; y los fletes también están en alza.

En este escenario, el trigo deja de ser solo una decisión agronómica y pasa a ser una decisión empresarial. Y como tal, pienso que es clave separarlo en cuatro etapas: estimación de márgenes, planificación, seguimiento y análisis de resultados.

La estimación de márgenes brutos

Como siempre, no alcanza con un análisis único. Armar un escenario conservador, uno probable y otro optimista, nos permite entender mejor los riesgos y las oportunidades.

Este año hay algo importante a tener en cuenta: con estos niveles de costos, pequeños desvíos pueden cambiar completamente el resultado.

Unos pocos quintales de menos en el rinde o algunos dólares de más en los costos pueden transformar un buen margen en uno muy ajustado, o incluso negativo.

Y por supuesto, el resultado no está en el trigo aislado, sino en el doble cultivo: trigo-soja/maíz de segunda.

Para tener una referencia, estos son valores aproximados de rindes de indiferencia para la zona núcleo/semi núcleo: 

  • Trigo: 48 qq/ha
  • Soja 2da: 20 qq/ha
  • Maíz 2da: 50 qq/ha

La planificación

Una vez definida la superficie, le sigue un trabajo sumamente importante: ordenar el negocio antes de comenzar a sembrar. 

Es importante decidir con criterio qué lotes se van a elegir, qué nivel tecnológico se va a aplicar -con especial énfasis en la fertilización-, cómo se va a financiar la campaña y qué compromisos de caja habrá hasta la cosecha.

Planificar no se trata de adivinar el futuro, sino de definir las reglas de juego. Hasta qué valor estoy dispuesto a convalidar la urea -por ejemplo-, qué rinde acepto para cubrir los costos, a partir de que precios empiezo a vender y cuánto, y en qué momentos reviso la estrategia, entre otras. 

Cuando no tenemos claras estas cosas, es fácil terminar tomando decisiones “en automático”. Y en un año como este, eso suele salir caro.

Seguimiento del presupuesto

Probablemente esta sea una de las etapas más subestimadas y olvidadas de la gestión del negocio.

Un margen proyectado en abril/mayo puede cambiar bastante si los costos reales se desvían. Y este año es muy probable que eso pase.

Seguir el presupuesto no es solo registrar gastos. Es comparar lo planificado con lo que efectivamente ocurre. Detectar desvíos, entender por qué se dan y, si es necesario, ajustar.

En campañas con márgenes finos, como lo son la mayoría, este seguimiento puede hacer la diferencia entre un resultado aceptable y uno negativo.

El análisis de resultados

Llevarlo a cabo no solo sirve para ver cuánto dejó el cultivo, sino para entender por qué. 

Ayuda también para saber qué tan acertada fue la estimación inicial, qué tan realista fue la planificación, cuánto se respetó el presupuesto y cómo se gestionó el cultivo.

Son tantas las variables en la agricultura, que no siempre una buena decisión termina en un buen resultado. Ni una mala decisión termina en uno malo. Pero analizar bien lo que pasó nos permite mejorar la próxima campaña.

Mi conclusión 

El trigo, una vez más, nos coloca entre la oportunidad de lograr muy buenos rindes y el riesgo de comprometer una inversión elevada.

Este año acompañan muy buenas condiciones desde lo productivo, pero también costos altos que nos obligan a ser más precisos que nunca. 

Imagino que en algunos casos se sembrará con convicción -por tratarse de campo propio, alquileres largos o una mirada optimista-. Mientras que en otros se hará con cautela y ajustando superficie y/o nivel tecnológico. 

Cualquiera sea la elección, lo importante es no decidir por inercia ni por impulso. Sino con números, con criterio y con una mirada integral del negocio que den soporte a esa intuición formada por años de experiencia.

Porque en campañas como esta, el premio no se lo lleva el que más kilos saca… sino el que mejor gestiona.