Acuerdos para capitalizar lo ganado

El programa económico fue exitoso en su objetivo inicial de desinflar la economía argentina, sin embargo muestra claros signos de agotamiento. Los tres pilares del éxito fueron a) la reducción significativa del gasto del gobierno nacional, que pasó 21% a 16% del PBI, básicamente porque eliminó la inversión en infraestructura y licuó las jubilaciones mientras […]

abril 22, 2026

El programa económico fue exitoso en su objetivo inicial de desinflar la economía argentina, sin embargo muestra claros signos de agotamiento. Los tres pilares del éxito fueron a) la reducción significativa del gasto del gobierno nacional, que pasó 21% a 16% del PBI, básicamente porque eliminó la inversión en infraestructura y licuó las jubilaciones mientras la inflación era altísima, b) contrajo fuertísimamente los pasivos del Banco Central (los remunerados y los no remunerados, o sea los billetes), lo que elevó las tasa de interés reales haciéndolas levemente positivas y c) apreciando fuertemente el peso a la vez que eliminó la brecha. La inflación anual pasó del 288% en marzo de 2024 a 33% en marzo del 2026. Es innegable el éxito y sin embargo, la inflación hace 10 meses es sistemáticamente superior al mes anterior.

Desinflar la economía argentina es todo menos fácil: durante todo el gobierno de Fernández-Fernández-Massa los bienes subían de precio mucho, mientras los servicios (sobre todo los regulados) estaban semi congelados y esto generó que durante estos dos años los servicios subieran de precio al doble de velocidad que los bienes (168% vs. 340% acumulado desde enero del 2024) y la pregunta que acosa a los economistas es si ya están estabilizados los precios relativos.

En el mientras tanto, el programa muestra su cara amarga: el consumo no levanta y distintas mediciones de alta frecuencia muestran que cayó más de lo aconsejable para mantenerlo popular. Estos dos ejemplos deben llamarnos a reflexionar: a) el consumo con tarjetas de débito y crédito que mide el BBVA se contrajo un 15% respecto a marzo del 2025 (que ya era malo) y b) caen un 20% los viajes en colectivo en el AMBA. Si mientras tanto las exportaciones y la inversión crecen, la conclusión es obvia: hay un fuerte viraje de un patrón de crecimiento basado en consumo interno a uno basado en el ahorro, porque las exportaciones y la inversión son esencialmente eso, ahorro. Lamentablemente, para los votantes el ahorro es mucho menos popular que el consumo.

La estabilización de la economía argentina no será sencilla, encausarla en una senda de crecimiento que saque a los compatriotas de la pobreza y mejore el nivel de vida de todos será un proceso de al menos una década, en la que es innegable que estos son los primeros pasos. Sin embargo, los bonos que vencen dentro de la primera gestión de gobierno pagan la mitad de interés que los que vencen luego, ¿por qué? ¿por qué entre abril de 2025 a octubre del mismo año los argentinos compraron 35 mil millones de dólares (10% del PBI o un 30% de nuestras exportaciones)?

Es sencillo, porque inversores argentinos y extranjeros temen que haya una vuelta atrás si el kirchnerismo gana las elecciones. Sin inversores no hay crédito, sin crédito no hay inversión sustantiva y sin esta no hay saltos de productividad. La economía argentina está totalmente descapitalizada y necesita de un shock de productividad que se traducirá en un aumento de ingresos de la población.

El lunes de esta semana en la cena de CIPPEC su flamante Director Ejecutivo, Luciano Laspina, propuso una serie de acuerdos mínimos a la que suscriba todo el arco político para que sea posible capitalizar el esfuerzo de la experiencia de estos dos años de Milei: a) respeto a los contratos y la propiedad privada, en clara alusión a evitar el uso de dos herramientas perversas que fueron paisaje habitual en la política económica argentina, el cepo y el default, b) el equilibrio fiscal y c) no volver a financiar al fisco con emisión. Si la clase política argentina logra esto dejaremos de tener problemas viejos, para pasar a tener problemas nuevos.

No hay nada más frustrante para una persona o una sociedad que cíclicamente enfrentarse a los mismos problemas sin poder resolverlos. Tengamos problemas nuevos, dejemos atrás la falta de confianza en nuestra moneda, que genera inflación y subinversión.