Por: Lic. Cecilia Vignau – Lic. en Administración Agropecuaria

Úrsula tenía 18 años, la misma edad que tenía yo cuando conocí a mi violento. La misma edad que tenían miles de mujeres alrededor del mundo cuando dejaron que un psicópata entrara en sus vidas…

Al principio todo es hermoso, el psicopata que en general te lleva unos cuantos años, se deshace en halagos. Te eligió porque sos linda, simpática, divertida, porque estudias, tenes amigas, haces deporte. Todas virtudes que en poco tiempo se convierten en tus peores enemigas. Todas cualidades que al mes te hacen ser poco confiable. Los celos empiezan enseguida y se justifican por supuesto, en el amor. Te cela porque te ama mucho y no quiere perderte. Desde ahí todo es barranca abajo. El mecanismo es bien simple, los celos generan peleas cada vez más fuertes. Para no discutir dejas el deporte poque hay hombres, porque te insume tiempo, casi por las mismas razones enseguida dejás el estudio. Siguen los amigos, primero los varones porque de todos desconfía, despues las amigas que son “una mala influencia” y por último las de fierro de las que no te separa abiertamente pero a las que sólo podes ver en su presencia y en compañía de sus novios. Un intento muy burdo de hacerte creer que conservas algún tipo de vida social. Ya no hay necesidad de ser linda así que se empieza a fijar en lo que te pones, si no vas a ningun lado para que tenes esa ropa provocadora, el maquillaje corre la misma suerte. Tenes prohibido ser simpática, no vaya a ser que el mozo del bar te quiera levantar. Tampoco te rías demasiado fuerte, querés llamar la atención? Porqué? Quién te gusta?

En menos de un año de relación estuviste peleada más días que los que estuviste bien y ahí es cuando la mirada se vuelve oscura, sin chispa, como la describieron las amigas de Úrsula. Ahí es cuando te deberías mirar al espejo y darte cuenta que te convertiste en otra persona. Que no sos divertida, ni simpática, que te pateas las ojeras, que pesas 45 kilos y que estas sola.  Pero no pasa, porque sos chica y no sabes en realidad quién sos. Porque un psicópata un poco más grande que vos te hizo creer que ser mujer es ese cambio al que a fuerza de insultos, desprecios y golpes, te forzó.

Salir de esas situaciones, a veces no es simplemente una cuestión de voluntad. Tu suerte puede estar atada a la ruleta rusa de la burocracia estatal”

Vignau

Durmiendo con el Enemigo

En el año 2009 se sancionó la Ley 26.485 de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que se desarrollen sus relaciones interpersonales. En su Art. 4º la Ley establece que la violencia contra las mujeres abarca toda conducta, acción u omisión basada en una relación desigual de poder que ocurra tanto en el ambito público como en el privado y que en manera directa o indirecta afecte su vida, libertad, diginidad, integriad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, y a su seguridad personal. A su vez, enuncia 5 tipos de diferentes de violencia – física, psicológica, sexual, económica y simbólica – y las modalidades a través de las cuales suele manifestarse, siendo la violencia doméstica aquella en la que frecuentemente se presentan en conjunto los 5 tipos de violencia contra las mujeres.

La violencia doméstica es aquella ejercida por un integrante del grupo familiar, originado en el parentesco sea por consanguinidad o por afinidad, el matrimonio, las uniones de hecho y las parejas o noviazgos. Independientemente del espacio físico donde ésta ocurra, incluyendo las relaciones vigentes o finalizadas, no siendo requisito la convivencia. Dentro de una relación de pareja, la violencia psicológica se manifiesta en la disminución de la autoestima, siendo el primer mecanismo de control utilizado. Se refuerza a través de la violencia simbólica mediante el uso de patrones estereotipados que naturalizan la subordinación de la mujer. La violencia económica tiene por objeto la limitación o control de sus ingresos con la finalidad de impedir el abandono del seno familiar. La violencia física suele aparecer para reforzar las anteriores a través del miedo al dolor o a la muerte. Por último, la violencia sexual, tiene la intención de vulnerar los derechos reproductivos de la mujer.

Según un estudio de la ONU para 106 países en el año 2019, el 18% de las mujeres entre 15 y 49 años que han tenido alguna relación de pareja, fueron víctimas de violencia física o sexual por parte de su compañero íntimo actual o anterior en los 12 meses previos a la encuesta. No es de extrañar entonces que en nuestro país, el 78% de los feminicidios fuera a manos de una pareja o ex pareja.

Ruta Crítica

Se denomina “ruta crítica” al camino que recorren quienes sufren violencia de género y buscan salir de la misma. Es un camino repleto de organismos que no interactúan ni comparten información entre sí, una maraña de burocracia estatal que muchas veces termina por desanimar a la víctima en sus denuncias. Cuando la violencia se produce en el ámbito rural, las características propias del mismo influyen negativamente, volviendo esa ruta un camino casi intransitable.

Lic. Cecilia Vignau

Un informe de la FAO del año 2017 subraya la enorme heterogeneidad que tiene el colectivo de Mujeres Rurales, destacando su diversidad manifiesta por la forma de vida; la amplitud generacional; condiciones geográficas; la organización social; su lugar de residencia y la variedad de actividades que desarrollan. Es por ello que los protocolos que se aplican en las ciudades resultan de difícil aplicación en el ámbito rural.

Entre las dificultades que se presentan encontramos el aislamiento como una primera barrera. Por la distancia y la falta de transporte, el acceso a la policía, los servicios legales y de orientación, obligan a organizar un armado de vías mínimas de escape, ayudando a la afectada a visibilizar horarios seguros, conexión a red de celulares y rutas alternativas a los ingresos principales al hogar. Conjuntamente, la dificultad para garantizar que la mujer no se cruce con su agresor genera un problema a la hora de efectivizar las restricciones perimetrales. Otra barrera se presenta en cuestiones culturales, el efecto “pueblo chico, infierno grande” ocasiona que la violencia doméstica se vuelva parte del escrutinio público, naturalizando situaciones de violencia como prácticas disciplinadoras o correctivas que vienen acompañadas de comentarios acusatorios por parte del entorno familiar. El solapamiento trabajo-familia también es un obstáculo ya que las mujeres rurales trabajan en la unidad económica familiar y usualmente carecen de ingresos propios que les permitan abandonar el hogar conyugal.  Otras veces, puede producirse por silencio del empleador, que conoce la situación, que sabe lo que sucede dentro de su establecimiento pero considera esa conducta parte del ámbito privado familiar de su trabajador.

Todas estas particularidades propias del ámbito rural, favorecen situaciones donde las mujeres puden ser violentadas sin que nadie se entere o las escuche. Sin que nadie las ayude.

18 años, 18 denuncias

El crimen de Úrsula ocurrió en un paraje rural llamado Guido Spano, unos pocos kilómetros a las afuera de Rojas. Esa cuidad del noreste bonaerense, ubicada en el corazón agroindustrial del país, contaba con 2 antecedentes de feminicidios, uno en el año 2007 y otro en 2013. En esa ciudad de 18 mil habitantes, desde el año 2015 existe la Comisaría de la Mujer que diariamente recibe entre 10 y 15 denuncias por violencia de género.

En el mes anterior a su muerte, Úrsula había presentado 18 denuncias. La última no se la tomaron porque era fin de semana. Rojas era una cuidad tranquila y dormida, porque muertas habían pocas aunque denuncias habían muchas…

Porque la violencia doméstica existe en todos los ámbitos, en esa ciudad donde se mezclan lo urbano con lo rural, el horror no distinguió entre el campo y la ciudad.

Negar que la violencia de género, y en especial la doméstica, suceda en el sector rural porque el campo tiene otros valores, es tratar de tapar el sol con la mano. Es faltar a la verdad y el peor favor que le podemos hacer a una Mujer Rural. No es verdad tampoco que el agro no se involucre, que produce sin mostrar el más mínimo interés por la sociedad. Tal vez las agro feministas tenemos otras formas de protestar, lo que no quiere decir que no se esté trabajando y mucho.

Empoderar, acompañar, visibilizar. La erradicación de la violencia doméstica rural es un tema que debería estar presente en todas las mesas de trabajo. Que no se esconda debajo de la alfombra, es una obligación que nos debemos todas.

Porque Úrsula quería ser psicopedagoga pero podría haber querido convertirse en ingeniera agrónoma, porque la mamá de Úrsula podría ser cualquiera de nosotras y ella, cualquiera de nuestras hijas.

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