La economía argentina es bimonetaria: nominamos nuestra riqueza en dólares, pero hacemos negocios en pesos.
Cuando nos preguntan por la rentabilidad de una inversión contestamos en dólares. Es sencillamente eso.
El gobierno lo sabe y actúa en consecuencia atrasando el tipo de cambio todo lo que puede entonces las empresas no tienen que ajustar sus precios en pesos para acomodarse a un tipo de cambio más alto y ese es el principal beneficio del atraso: ayuda a desinflar. Adicionalmente produce un efecto de elevar el poder de compra de la población, desde quienes viajan al exterior hasta quienes viven de forma precaria todos se benefician con ello. Por eso atrasar el tipo de cambio es tremendamente popular y el kirchnerismo puso el cepo en el 2011. Porque en el corto plazo es popular, a pesar de que la economía no crezca desde ese año.
En el gobierno explican que en la actualidad el Peso se aprecia por el ingreso de capitales y la perspectiva del aumento de las exportaciones producto del boom minero y el despegue de Vaca Muerta.
Si es lo segundo vamos hacia una Argentina “cara en dólares” por la próxima década mientras que si es lo primero la apreciación tiene patas cortas y el tipo de cambio se corregirá. A los agronegocios que producen bienes que en una proporción muy relevante se exportan, en el fondo le es irrelevante si habrá corrección o no, lo importante es que no haya brecha cambiaria. En el mientras tanto la apreciación les comprime su rentabilidad.
La clave para atravesar este momento económico, que puede durar mucho, es apostar a la efectividad y la eficiencia: hacer lo correcto correctamente. Esto no implica achicarse o agrandarse, sino hacer un análisis muy minucioso de las capacidades de la empresa para entender en qué operaciones no hay un diferencial positivo y deben ser abandonadas al tiempo que cuales requieren un mayor nivel de inversión. Los días de febrero fueron días en los que distintos grupos económicos de sectores en los que competir con el mundo con las nuevas reglas anunciaron que se retiraban del negocio.
La consecuencia práctica debería ser el incremento de la inversión con la estructura existente para reducir el costo por unidad producida: a) lo más simple es elevar la inversión en insumos que reporten un claro incremento en la producción, b) luego sigue la expansión horizontal para ampliar la escala productiva y c) finalmente integrándose verticalmente para aprovechar sinergias operativas. El riesgo de elevar la exposición de riqueza a negocios en Argentina es percibido como muy alto, en los agronegocios y en la economía en general. El lenguaje abstracto que utilicé puede volverse concreto: un agricultor que eleva su exposición al negocio ganadero y luego de menos de 3 campañas vuelve la intervención en el mercado de carnes y la brecha cambiaria; al vender su primer novillo el valor se derrumbó. El problema es que si se mantiene en la agricultura sin hacer muchos cambios, los ingresos cada vez le rendirán menos. El dilema no es sencillo y el gobierno busca apaciguar la ansiedad explicando que busca objetivos modestos que no lo obliguen a desandar el camino. Cada vez parece más lejano el circuito de tasas de interés fuertemente negativas y devaluaciones frecuentes.
Es un año incierto, de pago de deuda, rigidez en el gasto a la baja y reordenamiento de fuerzas políticas de cara al 2027 donde el Presidente se jugará su reelección; todo en un mundo turbulento en el que Trump será Presidente hasta 2029. Por lo pronto lo más importante es que llueva: la zona núcleo está crocante y hay que evaluar el impacto de las recientes lluvias en el este de Córdoba. El partido entra en tiempo de descuento y cada milímetro cuenta.



























