Después de un noviembre e inicio de diciembre con lluvias algo desparejas, el agua en el suelo vuelve a ser el eje sobre el cual gira gran parte de las decisiones productivas.
Por Matías Cambareri – Caburé
En algunas zonas, las precipitaciones permitieron recomponer perfiles; en otras, la falta de continuidad en los eventos ya empieza a marcar diferencias. Diciembre, como tantas veces, aparece como un verdadero punto de partida para lo que será el desarrollo de la campaña de gruesa. La precipitación acumulada entre el 1 de noviembre y el 12 de diciembre muestra un escenario muy heterogéneo. Mientras sectores del sudeste bonaerense y del centro del país registraron lluvias significativas, otras regiones quedaron más relegadas. Esta distribución irregular explica por qué hoy conviven lotes con muy buena disponibilidad de agua con otros donde la recarga fue parcial. Y es que así es el verano (recordemos que meteorológicamente el verano se inicia el 1 de diciembre) y más aún cuando la condición del ENSO se encuentra en la fase fría.

Fuente: Red pluviométrica de Caburé.
Numéricamente, la precipitación acumulada entre el 1 de noviembre y el 12 de diciembre inclusive (Figura 1) en general, estuvo por debajo de lo normal en todo el país. Sin embargo, dada la naturaleza de esta variable y los forzantes que interactúan, en determinados puntos de medición se llegó a exceder ampliamente la precipitación acumulada normal para el sitio. Esto se puede ver y analizar gracias a la extensa red de estaciones pluviométricas con las que cuenta Caburé (www.cabure.com.ar), donde en aproximadamente el 10% (unos 75 puntos de medición) tuvieron una precipitación acumulada mayor a 200 mm. En la Provincia de Formosa, se dio la mayor cantidad de días con precipitación superior a 50 mm (3 días) y en esa Provincia también, se dieron los valores más altos de precipitación acumulada (superando los 300 mm). Así, el inicio del verano meteorológico permitió incrementar los niveles de agua en el suelo en algunos sitios muy puntuales, mientras que en otros estamos al límite.

Fuente: Instituto de Clima y Agua. SMN-INTA-FAUBA
El reservorio de agua en el suelo (el nivel de agua en el suelo) es en definitiva donde impactan estas lluvias y es el “termómetro hídrico” que indicará más o menor producción de materia seca en los cultivos (pensando en el agua como la principal limitante).
A nivel superficial (primeros 10 cm; Figura 2) el impacto en el nivel de agua está asociado a las últimas precipitaciones. Allí donde los eventos fueron recientes, la humedad es adecuada (centro-noreste del país); pero en zonas con varios días de calor, viento y sin precipitaciones, el secado superficial avanzó rápido, complicando la implantación o los primeros estadios de los cultivos de verano más tardíos. En profundidad en cambio (Figura 3) que es tal vez lo que más nos interesa porque será lo que podrán “consumir” los cultivos, los niveles de agua en el suelo son abundantes (más del 80% de agua útil en el perfil) a excesivos en el norte de Buenos Aires, norte de Santa Fe y parte de la Mesopotamia, lo que hace pensar que los cultivos de gruesa no tendrían limitaciones hídricas en los primeros estados de desarrollo en donde puedan ser implantados. El problema es la falta de recarga en algunos sitios donde los rendimientos de fina serán récord, con el consecuente agotamiento del agua en el perfil para los cultivos de segunda.

Fuente: Instituto de Clima y Agua. SMN-INTA-FAUBA
Esta “foto” actual del agua en el suelo junto a los pronósticos a largo plazo, nos permitirán realizar un correcto análisis para tomar las mejores decisiones en nuestro sistema productivo. Como la evolución del nivel de agua en el suelo puede ser estimada a partir de un balance entre la “demanda” (de la atmósfera o del cultivo una vez implantado) y la “oferta” de agua (precipitaciones), conociendo cuál es la tendencia a largo plazo (más allá de los 30 días) de las variables determinantes, puede predecirse de forma aproximada su comportamiento.

Con distintos niveles de probabilidad de ocurrencia, el pronóstico trimestral elaborado por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ayuda a dilucidar cómo serán las condiciones de oferta (precipitaciones) y demanda (evapotranspiración, determinada en parte por la temperatura del aire) que hacen al balance de agua en el suelo, durante los próximos meses. El pronóstico trimestral del SMN para el trimestre de verano diciembre-enero-febrero indica mayor probabilidad (40-50%) de tener temperatura media por encima de lo normal en prácticamente todo el país, exceptuando norte de Mesopotamia y NOA (Figura 4). Esto significa que donde tenemos mayor probabilidad de tener temperatura media por encima de lo normal, la temperatura media del trimestre mencionado sería al menos 0,5 °C mayor a los valores de temperatura media que observamos en la Figura 5.

Fuente: Servicio Meteorológico Nacional: Pronóstico Climático Trimestral, 28 de noviembre de 2025.
Por lo tanto, como gran parte de la demanda atmosférica está asociada a la temperatura, es esperable que la evapotranspiración acumulada en este período sea mayor a lo normal y se “pierda” más agua de lo normal. Es importante aclarar que esto hace referencia a la temperatura media del periodo, y pueden darse dentro de los mismos valores extremos (para arriba y para abajo) de temperatura que puedan de alguna forma afectar las producciones.
Por otro lado, las precipitaciones acumuladas para el trimestre diciembre-enero-febrero tienen (i) mayor probabilidad de estar por encima de lo normal o normal (40-50%) sobre el NOA (región en verde en la figura);(ii)inferior a lo normal o normal (40-45%) sobre el centro-sudeste del país; (iii)inferior a lo normal (45-50%) en el Litoral y (iv)normal (>=40%) en el resto del país (Figura 6). Es decir que se esperan entre 200 a 400 mm acumulados en toda la región pampeana y Litoral (Figuras 7 y 8) en los próximos 3 meses. El balance hídrico atmosférico (diferencia entre la demanda atmosférica y las precipitaciones) tendería a ser levemente negativo (ya que las temperaturas estarían por encima de lo normal, pero no así las precipitaciones), y la recarga de los perfiles sería limitada.

Con respecto a la actualización del fenómeno ENSO (El Niño South Oscilation) que en gran parte de nuestro territorio tiene un impacto negativo (o positivo!) sobre las precipitaciones, el último informe del IRI (International Research Institute for Climate and Society) indica que continuamos en la fase fría del evento (La Niña) y así sería al menos hasta el próximo trimestre (Figura 8), cuando cambiaría a una condición neutral.

Fuente: Servicio Meteorológico Nacional: Pronóstico Climático Trimestral, 28 de noviembre de 2025.
En resumen
La condición del fenómeno ENSO para la campaña agrícola que estamos transitando es “La Niña” y esto nos asegura tener precipitaciones en general por debajo de lo normal, aunque el posible cambio a “Neutral” a partir del próximo trimestre nos brinda más dudas que certezas. Las precipitaciones seguirán siendo muy puntuales, con grandes formaciones de tormentas que incluso podrán ser severas, asociadas a forzantes de una escala menor a la sinóptica. Dependeremos de esos otros forzantes atmosféricos que interaccionan entre sí para dar origen a masas de aire húmedas que puedan desencadenar precipitaciones (y a esperar que esos eventos que puedan ocurrir se distribuyan de manera adecuada en el tiempo, sin excesos de manera de poder aprovecharlos en su totalidad).

Fuente: Servicio Meteorológico Nacional: Pronóstico Climático Trimestral, 28 de noviembre de 2025.
El pronóstico trimestral del SMN, indica que en el mediano plazo habrá precipitaciones por debajo de lo normal para el trimestre que transcurrimos. En el corto plazo: para los próximos 15 días se prevé con alta probabilidad precipitaciones acumuladas de al menos 50 mm en todo el norte argentino, mientras que las probabilidades de alcanzar esos acumulados son menores en el resto del país. Agronómicamente, esperamos que el año cierre con una buena cosecha fina (ya lo viene siendo) y unos bien verdes cultivos de gruesa!
En estos momentos donde el agua en el suelo es el factor decisivo, monitorear en campo, ajustar estrategias según disponibilidad hídrica real, y seguir de cerca los pronósticos de corto y mediano plazo, sigue siendo la mejor jugada ya que recopilar DATOS para la construcción de estadísticas que junto al análisis de pronósticos (a mediano y corto plazo) ayuden a tomar mejores decisiones. Ajustar estrategias que permitan un mayor aprovechamiento del agua es la clave.

Este artículo muestra sólo un pantallazo general de lo que puede ocurrir y debe seguir ajustándose a medida que la campaña avance, contando con mayor certeza en los indicadores. En una escala temporal menor (por ejemplo, mensual) podría ocurrir que llueva más de lo que el pronóstico trimestral indica (como ocurrió en lo que va de este mes) por lo que estemos atentos a los pronósticos de corto plazo (7-15 días). La atmósfera es caótica y dinámica y las previsiones climáticas que acá presentamos se refieren a condiciones medias durante el periodo analizado, por lo tanto, no contemplan la ocurrencia de eventos puntuales tanto en la escala intra-estacional como en una escala espacial menor a la regional.



























