Esther Boserup: la mujer que hizo visible a las mujeres agrícolas y cuestionó los cimientos del desarrollo moderno
Por: Carlos Becco
En la historia de las ideas sobre desarrollo y agricultura, pocas figuras han logrado desestabilizar con tanta fuerza las verdades establecidas como lo hizo Esther Boserup (1910–1999). Esta economista y socióloga danesa no solo visibilizó el papel silenciado de las mujeres rurales en la economía agrícola mundial, sino que también se atrevió a cuestionar uno de los pilares más celebrados del siglo XX: la Revolución Verde.
El manto de invisibilidad sobre la agricultura femenina
Durante décadas, las políticas agrícolas internacionales ignoraron que detrás de casi la mitad de la producción alimentaria mundial estaban las manos de mujeres. Según datos actuales de la FAO, las mujeres constituyen el 43% de la fuerza laboral agrícola a nivel global, llegando a superar el 50% en muchos países del sur global. Sin embargo, antes de Boserup, estas trabajadoras eran invisibles para los planificadores, las estadísticas y los marcos de desarrollo.
Las mujeres sembraban, cosechaban, seleccionaban semillas, recolectaban agua y sostenían la vida alimentaria de sus comunidades. Pero no figuraban en censos agrarios, ni eran consultadas para políticas de innovación tecnológica, ni se beneficiaban de créditos, tierras o capacitación.
La revolución de una voz solitaria
Fue en 1970 cuando Boserup lanzó su grito contra esta omisión histórica con la publicación de “Woman’s Role in Economic Development”. En este libro, pionero y valiente, denunció el sesgo de género de las teorías del desarrollo y aportó una visión revolucionaria: las mujeres no eran beneficiarias pasivas del progreso, sino fuerzas activas y esenciales de la transformación agrícola.
Su análisis reveló que, en muchas sociedades, especialmente en África subsahariana y el sudeste asiático, la agricultura era predominantemente femenina. Su exclusión de la asistencia técnica, la educación agrícola y el acceso a la propiedad no era solo injusta: era ineficaz.
Una crítica visionaria a la Revolución Verde
La Revolución Verde —el conjunto de tecnologías que buscaba aumentar la productividad agrícola mediante fertilizantes, riego intensivo y semillas mejoradas— fue celebrada por muchos como una salvación frente al hambre. Pero Boserup no compartía este entusiasmo ciego.
Desde su perspectiva, la Revolución Verde agravó la desigualdad de género. Las nuevas tecnologías agrícolas estaban diseñadas para grandes propiedades y agricultores varones con acceso a capital y tierra, dejando fuera a millones de mujeres campesinas. Para ellas, la “revolución” significó menos acceso, más dependencia y una pérdida de control sobre sus prácticas tradicionales y su conocimiento ancestral.

Casos que tomaron su legado
A partir de su obra, surgieron iniciativas concretas que comenzaron a corregir el rumbo:
- Wangari Maathai y el Movimiento Cinturón Verde en Kenia: integró empoderamiento femenino y restauración ambiental, fortaleciendo el rol de las mujeres como protectoras del suelo y los recursos naturales.
- Proyectos de agroecología con enfoque de género en América Latina: ONG y movimientos campesinos comenzaron a rescatar saberes femeninos como parte vital de la soberanía alimentaria.
- Organizaciones como SEWA en India: aplicaron el pensamiento de Boserup para dar poder económico real a mujeres rurales a través del microcrédito y la autonomía productiva.
Un nuevo paradigma: desarrollo con rostro femenino
Esther Boserup también modificó radicalmente el debate sobre la relación entre población y recursos. A diferencia de Malthus, que veía el crecimiento demográfico como una amenaza, Boserup argumentó que la presión poblacional podía ser un motor para la innovación agrícola, especialmente cuando las mujeres participaban plenamente del proceso.
Este cambio de óptica fue fundamental. Donde otros veían escasez, ella veía ingenio. Donde otros imponían modelos tecnocráticos, ella pedía escuchar a las agricultoras y valorar sus conocimientos.
Un legado sembrado en la tierra
Hoy, más de 50 años después, “Woman’s Role in Economic Development” sigue siendo un texto de referencia. Inspiró políticas de igualdad de género en organismos como la FAO, ONU Mujeres y el Banco Mundial, y formó la base para incorporar la perspectiva de género en el desarrollo sostenible.
Esther Boserup no fue solo una intelectual brillante. Fue una sembradora de justicia, una pionera que removió los surcos del pensamiento dominante para que germinara una nueva forma de mirar la agricultura: una que reconoce el papel esencial de las mujeres, no como víctimas del subdesarrollo, sino como protagonistas activas del cambio.





























