¿Cómo es el modelo interactivo de innovación que desarrolla el INTA en Córdoba, con la articulación entre investigación, extensión y comunidad?
INTA. Centro Regional Córdoba
La Argentina enfrenta el desafío de innovar para lograr un desarrollo productivo sostenible. Para eso no alcanza con producir más o incorporar tecnología: es necesario articular investigación, extensión y comunidad en un proceso conjunto. Ese enfoque se conoce como Modelo Interactivo de Innovación (MII), y busca construir soluciones en base al conocimiento, a la ciencia con diálogo.
El INTA adoptó este modelo en múltiples experiencias en todo el país. Fernando Héctor Andrade, ex investigador del INTA y CONICET, profesor emérito de la Universidad Nacional de Mar del Plata, fue uno de los impulsores de este modelo desde su trabajo como coordinador nacional del área estratégica de Ecofisiología Vegetal del INTA.
“El modelo interactivo de innovación implica la articulación entre investigación, extensión y comunidad para conformar sociedades que aprenden”, explicó. “La clave está en la virtuosa articulación de actores, visiones y disciplinas, que permite abordar problemas complejos con respuestas construidas en forma conjunta”, agregó.
Cooperación en red e I+D+i.
Desde el Centro Regional Córdoba del INTA también se promueve una propuesta de valor para generar un impacto real en los sistemas agrobioindustriales de la región. Allí se impulsa una transformación cultural, organizacional y operativa orientada a fortalecer la cooperación en red y la innovación. El director del Centro Regional Córdoba, Juan Cruz Molina, explicó que el objetivo es pasar de un enfoque centrado en la excelencia disciplinar a un modelo que también valore la calidad de las relaciones y la articulación entre equipos.
“El modelo interactivo de innovación implica la articulación entre investigación, extensión y comunidad para conformar sociedades que aprenden”, Fernando Andrade
“Planteamos una transición cultural, organizacional y operativa. Quisimos pasar de un enfoque donde el INTA indicaba cómo hacer las cosas desde la excelencia disciplinaria a un modelo que promueva relaciones, redes y resultados, con excelencia técnica y calidad humana, incorporando la flexibilidad de los jóvenes y la sabiduría de quienes tienen más años”, señaló.
Molina remarcó el valor de la innovación en las redes de trabajo. “La innovación es el resultado de multiplicar la creatividad por la ejecución y luego potenciarla con la red. Y tanto la creatividad como la ejecución están hechas de personas”, sostuvo, y subrayó que las ideas solo adquieren valor cuando se concretan y se gestionan para generar impacto.
En su gestión, Molina busca escalar este modo de trabajo, que ya se aplica en distintas unidades del INTA en Córdoba. Existen múltiples experiencias que ilustran el funcionamiento de este modelo colaborativo. “Nuestra referencia fue Andrade: su modelo de gestión con la Red de ecofisiología de cultivos dentro del INTA y su vínculo con asesores privados en Balcarce nos inspiró”, comentó.
A través de un intercambio fluido de ideas y saberes, Andrade propuso un método organizativo basado en redes de confianza, que ordena el trabajo y reduce conflictos para alcanzar resultados sostenibles. Estas innovaciones —bienes públicos no rivales— se traducen en mejoras concretas para el sistema científico-tecnológico y productivo.

En el ámbito regional, el enfoque se reflejó en diversas iniciativas: desde el módulo de maní del INTA Manfredi y los grupos de mejoramiento vegetal, hasta los convenios con IDECOR (Infraestructura de Datos Espaciales de la Provincia de Córdoba), los proyectos de conservación de suelos y gestión integrada de cuencas, las jornadas técnicas y los espacios compartidos con universidades. También se expresa en el acompañamiento del INTA a la implementación del programa provincial de Buenas Prácticas Agropecuarias (BPAs).
“Tenemos equipos que hacen investigación, extensión, se vinculaban con productores, empresas, gobiernos y universidades. Generan bienes públicos y privados, resuelven problemas complejos y articulan conocimiento y saberes. Ellos nos mostraron que el INTA tiene a las capacidades para implementar este modelo”, afirmó.
“Cada uno de esos procesos combina investigación, extensión y vinculación con actores reales. Es ahí donde el modelo cobra sentido”, indicó. El desafío actual es consolidar una organización que aprenda de esos casos, los sistematice y los replique. “Hoy el reto era escalar la propuesta para transformar los comportamientos de los tomadores de decisión y cambiar la cultura institucional”, agregó.
En definitiva, la calidad de la innovación depende de la capacidad para gestionar y coordinar espacios colaborativos, con metodologías claras y redes basadas en la confianza, el conocimiento y la excelencia técnica. Este enfoque —centrado en la cooperación y la integración de la I+D+i— constituye la propuesta de valor del INTA Córdoba para generar resultados de impacto y sostener una innovación de calidad.
Procesos colaborativos
Según Andrade, este modelo nació como una superación de dos enfoques anteriores. El primero, centrado en la idea de que la ciencia impulsa la innovación desde el laboratorio, resultaba insuficiente para responder a los problemas reales del sector agropecuario. El segundo, basado en “la demanda que tira”, tampoco garantizaba soluciones efectivas sin una base científica sólida.
“La innovación es el resultado de multiplicar la creatividad por la ejecución y luego potenciarla con la red” Juan Cruz Molina
“Si no tenemos ciencia sólida, las respuestas ante determinadas demandas van a llegar tarde o no van a producir innovaciones importantes”, advirtió. En ese sentido, señaló que la ciencia tiene un rol clave: ofrecer solidez disciplinaria, rigor metodológico y compromiso con la sociedad. “La ciencia se distingue de la pseudociencia porque es rigurosa. Si hay evidencia en contra, hace caer la teoría”, afirmó. Por eso, consideró fundamental que las instituciones científicas generen las condiciones para que los grupos de investigación puedan aportar conocimiento de calidad en procesos colaborativos.


La extensión, en este modelo, no solo debe cumplir un rol de transferencia y capacitación, sino también facilitar espacios de articulación efectivos. Andrade destacó que “la interacción entre investigación, extensión y comunidad tiene un efecto de un orden de magnitud superior a la suma de los factores individuales”. Para que eso ocurra, remarcó, es clave comprender la complejidad de los sistemas productivos y promover interacciones que potencien las capacidades de cada actor.
Los productores, las empresas y las organizaciones también cumplen una función central: su participación otorga pertinencia al proceso de aprendizaje colectivo. “Son los interesados en este proceso, porque tienen que producir y sacar beneficios de esto”, planteó Andrade, quien considera que la innovación es inevitable, acumulativa y exponencial cuando se generan las condiciones para este modelo virtuoso de articulación.
Uno de los casos concretos que vivió de cerca fue el vínculo entre el grupo de Ecofisiología de Balcarce y los asesores CREA de Tandil, liderazgo por Pablo Calviño. A partir de ese intercambio, surgieron líneas de trabajo que permitieron aumentar la productividad de los campos de Tandil en un 25%, solo con conocimiento y procesos, sin necesidad de mayores insumos.
Aprendizaje colectivo
“El desafío es gestionar los conflictos, los intereses y esas relaciones. La innovación necesita coordinación, espacios participativos y ambientes donde se facilite el aprendizaje de los equipos colectivos”, señaló. Y agregó que el objetivo es “revalorizar el conocimiento científico de manera integrada con otras dimensiones, como las experiencias, los saberes del territorio, las demandas sociales y empresariales y las articulaciones institucionales. Se trata de generar una sinapsis entre actores diversos que aprendieran juntos”.
También reconoció el carácter social de la innovación. No alcanza con producir tecnología si no se generan las condiciones para que se transforme en valor para las empresas y la comunidad. “Hay que crear procesos interactivos, visión compartida y resultados útiles”, remarcó.
“La innovación no se impone, se construye. Eso requiere gestionar vínculos, facilitar procesos y acompañar transformaciones. Los conflictos existen, las resistencias también, pero cuando logramos confianza, los cambios suceden. La mejor herramienta que encontré no vino del management clásico, sino del Modelo Interactivo de Innovación, que incorpora una visión humanista”, concluyó.



























