Y precursora de la revolución agrícola sustentable
En un mundo cada vez más consciente de la necesidad de producir alimentos sin dañar el planeta, los productos biológicos han cobrado una relevancia central.
Por: Carlos Becco
Biofertilizantes, inoculantes, microorganismos promotores del crecimiento vegetal: estos términos que hoy promueven enfáticamente las starts ups del sector eran prácticamente desconocidos hace apenas unas décadas. La transición desde una agricultura dependiente de fertilizantes sintéticos hacia una basada en procesos naturales tiene muchas protagonistas, pero pocas tan decisivas como Johanna Döbereiner.
Una vida marcada por los comienzos difíciles
Nacida en 1924 en la antigua Checoslovaquia, Johanna emigró a Brasil escapando del trauma de la Segunda Guerra Mundial. Era hija de un químico alemán, lo que probablemente despertó su temprana curiosidad científica. Sin embargo, como muchas mujeres de su época, debió abrirse paso en un ámbito dominado por hombres. Se graduó en agronomía en Brasil y, pese a las dificultades, pronto comenzó a destacarse en el área de la microbiología del suelo.
Su campo de interés era, por entonces, marginal: el estudio de bacterias del suelo que fijaban nitrógeno de manera natural, permitiendo a las plantas crecer sin necesidad de fertilizantes químicos. A mediados del siglo XX, la agricultura industrial se centraba en el uso intensivo de agroquímicos, por lo que las investigaciones de Döbereiner eran vistas con escepticismo. Pero su perseverancia cambió el rumbo de la ciencia agrícola.
Bradyrhizobium: la revolución invisible que comenzó con una mujer
En colaboración con investigadores brasileños e internacionales, Döbereiner identificó y estudió a fondo diversas bacterias fijadoras de nitrógeno. Entre ellas, una en particular cobró una importancia crucial: Bradyrhizobium, una bacteria que establece simbiosis con plantas leguminosas como la soja. Esta simbiosis permite que las plantas obtengan nitrógeno directamente del aire, reduciendo o incluso eliminando la necesidad de fertilizantes nitrogenados.

Gracias a su trabajo pionero, Brasil comenzó a utilizar inoculantes a base de Bradyrhizobium de forma masiva en la producción de soja, logrando una transformación agrícola sin precedentes. La tecnología pronto cruzó las fronteras: Argentina, uno de los principales productores mundiales de soja, adoptó estos desarrollos con resultados espectaculares. La fijación biológica de nitrógeno permitió reducir costos, minimizar el impacto ambiental y aumentar la productividad, estableciendo las bases de una agricultura más sustentable.
La expansión del uso de Bradyrhizobium en Argentina no habría sido posible sin los descubrimientos y la validación científica impulsada por Döbereiner. A través de colaboraciones con instituciones argentinas y latinoamericanas, sus conocimientos se tradujeron en prácticas concretas, impactando miles de hectáreas y transformando la matriz tecnológica del cultivo de soja.
La casi Nobel que el mundo agrícola no olvida
Johanna Döbereiner fue una científica incansable, autora de más de 300 trabajos científicos, mentora de generaciones de investigadores, y referente global en microbiología del suelo. Su compromiso con la ciencia aplicada, la soberanía alimentaria y el respeto por los procesos naturales la convirtieron en una figura admirada.
En 1997, su nombre fue propuesto para el Premio Nobel de la Paz por su contribución a la seguridad alimentaria global a través del desarrollo de tecnologías agrícolas sustentables.
Aunque no recibió el galardón, su legado es indeleble. Murió ese mismo año, pero dejó detrás una revolución silenciosa: una nueva forma de entender la agricultura, basada en la cooperación entre plantas y microorganismos, minimizando la dependencia de insumos externos.
Hoy, cuando los productos biológicos comienzan a ocupar un lugar central en la agenda agrícola y ambiental, es fundamental recordar a quienes allanaron el camino cuando nadie creía en esta visión.

Johanna Döbereiner no sólo fue una brillante científica, sino también una visionaria que transformó la forma en que cultivamos la tierra. Su vida es un testimonio del poder de la ciencia cuando se guía por la pasión, la humildad y el compromiso con el bien común.


























