Mientras en los medios el Súper Niño inunda los titulares, esta semana la UCEMA se inundó de economistas agrarios. La 56ª reunión de la Asociación Argentina de Economía Agraria se realizó junto al Congreso Internacional de la Red Iberoamericana de Economía Agroalimentaria y de Recursos Naturales. Más de 100 trabajos discutiendo productividad, innovación, comercio, recursos naturales y políticas públicas. Preguntas sobre cómo puede crecer más (y mejor) la producción agropecuaria argentina, estaban dando vueltas por los pasillos de la universidad.
Una de ellas es bastante sencilla: ¿cuánto más podríamos producir con lo que ya tenemos?
Camila Loza, investigadora del área de Modelos Económicos de Simulación del IIEP UBA-CONICET, presentó un trabajo que intenta responderlo para soja y maíz en Córdoba. El punto de partida impresiona: entre 2014 y 2021 la brecha entre el rendimiento potencial limitado por agua y el efectivamente obtenido fue del 47% para maíz y 38% para soja en Argentina. En Córdoba, dependiendo de la zona, ronda entre 41% y 52% para maíz y entre 33% y 44% para soja.
No estamos hablando de desmontar una hectárea, correr la frontera agrícola o encontrar una nueva Córdoba. Estamos hablando de solo producir más sobre la misma superficie.
Loza se hace entonces una pregunta más interesante que simplemente calcular toneladas: ¿qué pasaría con la economía si cerráramos la mitad de esa brecha? Para responderla combina información de lotes CREA, datos de rendimientos de IDECOR y MAGyP y una matriz insumo-producto que divide la economía entre Córdoba y el resto del país. El ejercicio supone acercar a los productores al rendimiento que ya obtiene el 5% superior de los lotes CREA. No es ciencia ficción: alguien ya lo está haciendo.
El resultado es impactante: cerrar la mitad de la brecha incrementaría la producción cordobesa generando unas 8,2 millones de toneladas adicionales. El efecto sobre el valor bruto de producción de la economía sería de USD 1.230 millones, de los cuales 182 millones son adjudicables a la mayor demanda de insumos.
Pero acá aparece lo más interesante del trabajo: producir más granos no es solamente producir más.
Para alcanzar esos rendimientos cambia la tecnología y cambia la combinación de insumos. El caso del maíz es clarísimo: los lotes más productivos utilizan más fertilizantes y eso genera demanda sobre otros sectores. Como Córdoba produce una proporción pequeña de los agroquímicos y fertilizantes del país, parte del beneficio se derrama fuera de la provincia. Mientras el 96,7% del impacto generado por cerrar la brecha de soja queda en Córdoba, en maíz esa proporción baja al 80,4%.
Hay otro resultado todavía más provocador: La mayor oportunidad no parece estar entre quienes ya producen cerca de la frontera sino entre los más rezagados, ya que en los primeros pequeños cambios de manejo generan enormes mejoras de eficiencia. Es interesante ver que modificaciones en fecha de siembra, fertilización o agricultura de precisión pueden tener impactos enormes sin necesidad de inversiones significativas.
Como muestra el estudio de CIPPEC sobre el salto productivo de Brasil, es crucial eliminar las retenciones para que el incentivo a invertir se incremente aún más en todos los tipos de productores: aquellos que están muy rezagados y aquellos que están en el límite de la frontera.
Argentina ya dispone de millones de hectáreas, productores, contratistas, conocimiento, genética y una formidable red de proveedores. Pero entre lo que esa estructura produce y lo que podría producir existe una brecha enorme. Una brecha que al cerrarse, tracciona aguas arriba demandando más insumos. ¿Cuál podría ser el impacto aguas abajo una vez que contamos con más granos? Es un tema muy interesante para un próximo trabajo.





























