Por Iván Ordóñez

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Iván Ordoñez

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Para la agricultura argentina el segundo semestre empezó el 22 de noviembre de 2015. En una encuesta que realicé en Twitter con el resultado de la primera vuelta de las elecciones sobre el plan de siembra se reflejaba lo que palpitaban por aquellos días los empresarios de nuestras pampas. De 413 productores, asesores técnicos, contratistas y distribuidores la mitad afirmó que se expandirá el área o modificará el mix de cultivos (todo indica que hacia maíz, el cultivo más golpeado con las restricciones junto al trigo), mientras que la otra mitad consignó que recibió la información tarde como para modificarlo.  La incapacidad de cambiar el plan de siembra se debió principalmente a dos razones relevadas en los comentarios y llamados telefónicos posteriores: las condiciones agroecológicas de la zona en la que se encuentran ya no les permitían cambiar de cultivo (algunos mostraban fotos con la siembra de soja ya encaminada), mientras que otros explicaban que el barbecho que utilizaron para preparar el campo era cerrado, lo que no habilitaba la siembra de otro cultivo más que el originalmente planeado. Existía además un tercer motivo, sembrar maíz requiere de un paquete tecnológico (semilla, fertilizante y agroquímico) más caro y para muchos la opción representaba un capital que no tenían o no estaban dispuestos a poner en juego. En aquel momento la caída de rentabilidad en maíz era tan alarmante que algunos bancos provinciales lanzaron paquetes destinados específicamente al financiamiento de la siembra. En la campaña hubo un incremento en el área de maíz; el que pudo, mudó.

En menos de 20 días el actual Gobierno blanqueó el tipo de cambio, eliminó toda restricción para exportar alimentos y redujo a cero todas las retenciones y le sopló cinco puntos a la soja: un vendaval de confianza inundó la pampa gringa. Los balances de las compañías que por tercer año consecutivo estaban en rojo y no paraban de chuparse capital de trabajo se pusieron en negro. Las inundaciones que devastaron el centro de Santa Fe, Entre Ríos casi entera y una parte de Córdoba se llevaron un millón de hectáreas sembradas. Unos lo perdieron todo, la gran mayoría vio rendimientos record y el Oeste conoció rindes por 3.400 kilos en soja. La lluvia sigue molestando, pero si las condiciones lo permiten la campaña de invierno 2016/17 será recordada como la de la vuelta del trigo con 900 mil hectáreas más. No es arriesgado creer que volveremos a ver más maíz, pero paciencia que aún se está cosechando la 2015/16. Existe un renovado interés por la ganadería, vuelve la cría a muchos campos y se complementa con engorde a grano; los urbanos que están ávidos de inversiones pasan por tranqueras para interiorizarse sobre “esto de los fideicomisos ganaderos”. Nacen redes de acuerdos entre ganaderos de gran porte y productores jóvenes que le encontraron la vuelta a la dieta para juntos “capitalizar kilos”. Muchos feedlots tramitan la autorización para la 481. El #Campo es mucho más que #Campo: El producto más vendido de la industria automotriz son las camionetas.

Obviamente el sistema de agronegocios no se agota en la agricultura extensiva o la ganadería vacuna, es un entramado complejo de actores que se relacionan mediante transacciones diariamente. Hay diseños sistémicos que no pueden revertirse en 20 días. Todos los subsistemas (lácteo, olivícola, proteínas animales, citrícola, etc.) comparten la característica de estar atomizados y en la mayoría de los casos ampliamente dispersos en la geografía del país, el octavo más grande del mundo. El Estado juega un rol primordial en la coordinación de ellos al fijar las reglas de juego, pero no es el único; un sistema tiene millones de jugadores: productores, distribuidores, operadores logísticos y por sobre todas las cosas consumidores. Los puntos de aglutinamiento del sistema juegan un rol primordial, tan importante como el del Estado.

Mientras cierro la edición de la columna tengo de fondo un YouTube con la inauguración de un puerto granelero en Bahía Blanca, el gerente global de la firma internacional es un argentino muy joven. Hace más de 12 años que en Río Negro productores ligados a AAPRESID y CREA; una estación experimental del INTA aporta técnicos. Experimentan con cultivos de la Pampa Húmeda como el trigo y el maíz bajo riego; toman agua del río Colorado y del Negro. Desde el Estado se piensa en un nuevo plan hídrico que contempla esas potentes cuencas de agua dulce que baja de la cordillera. El loop comienza a cerrarse. Debe combinarse con una estrategia sistémica con foco en lo comercial.

Sin embargo, el audio del video se entremezcla con las cacerolas de una clase media porteña que, tras 12 años de un Gobierno que no paraba consumir capital social, no puede pagar el gas al precio que lo pagan en Chile, Brasil o Uruguay, ni siquiera lo que cuesta en Corrientes o Córdoba. El camino al desarrollo es largo y no estará exento de desafíos y contradicciones, pero hay una diferencia: existe la meta de ser el supermercado del mundo.

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