La mujer y la guerra

Por: Lic. Cecilia Vignau – Lic. en Administración Agropecuaria La guerra es uno de los escenarios en los que el papel de las mujeres queda invisibilizado, pese a ser tan protagonistas como los hombres y sufrir sus consecuencias. Miles de niñas y mujeres quedan atrapadas en el fuego cruzado entre dos bandos, la mayoría de […]
marzo 23, 2022

Por: Lic. Cecilia Vignau – Lic. en Administración Agropecuaria

La guerra es uno de los escenarios en los que el papel de las mujeres queda invisibilizado, pese a ser tan protagonistas como los hombres y sufrir sus consecuencias. Miles de niñas y mujeres quedan atrapadas en el fuego cruzado entre dos bandos, la mayoría de ellas separadas de sus familias, detenidas o víctimas de la violencia. Muchas de ellas tienen que hacer frente a la pérdida de sus parejas o de sus hijos, soportando los traumas de la guerra con un sufrimiento que suele ser silenciado e ignorado.

A lo largo de la historia, las mujeres han sido siempre parte de los conflictos armados. Algunas en sus roles de cuidadoras, como madres; hijas y enfermeras o con participaciones más riesgosas como espías y combatientes activas. La gran mayoría de ellas viven la guerra como miembros de la población civil donde frecuentemente son víctimas de ataques indiscriminados, amenazas, secuestros, torturas, encarcelamiento, reclutamiento forzado y violencia sexual.

La violencia sexual contra mujeres y niñas se generaliza en el conflicto y hasta se utiliza como táctica de guerra. Un arma secreta que se reproduce sistemáticamente bajo la mirada anodina del planeta, cuya crueldad debiera escandalizar la moral del mundo entero. La violación practicada como una técnica de tortura, que convierte a las mujeres en “botines de guerra” desarrolla un arma psicológica muy poderosa, una estrategia de terror que busca humillar al enemigo y minar su moral.  Situación que se agrava en las zonas rurales donde la mujer juega un papel clave en el cultivo de la tierra y la obtención de alimentos, en la crianza de los niños y su salud. Todo un orden que se altera violentamente cuando es víctima de una violación de parte de ejércitos enemigos.

En la antigüedad, la violación fue considerada parte inescindible del orgullo del guerrero vencedor, el ganador se queda con todo… y eso incluía a las mujeres. Mil años después, la violación de guerra ha sido minimizada como un efecto secundario, pero inevitable, derivado de enviar hombres a la guerra.

Mujeres de consuelo

“Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres…”  Zacarías 14:02.

Violaciones masivas de mujeres y niñas en situaciones de conflictos armados están documentadas desde tiempos bíblicos y son prácticas tan normalizadas que aún hoy resultan impunes en la mayoría de los casos.

En la antigua Grecia, la violación de la mujer durante el conflicto bélico era considerada una conducta socialmente aceptable y dentro de las reglas de la guerra. Los guerreros consideraban a las mujeres conquistadas como un botín legítimo, útil como esposas, concubinas, empleadas como esclavas o como un trofeo en el campamento de batalla. Los vikingos fueron famosos por su reputación de violadores y ladrones. Los conquistadores españoles generaron a través del rapto y la violación  de mujeres nativas, la población mestiza que pobló el nuevo continente. Doscientas mil mujeres coreanas, chinas y filipinas fueron enviadas a burdeles japoneses y forzadas a trabajar como prostitutas durante la Segunda Guerra Mundial, se las recuerda como “las mujeres de consuelo”. Mientras tanto en Europa, las mujeres judías fueron particularmente vulnerables a la violación durante el Holocausto, especialmente en Polonia.

Lamentablemente, a pesar de la contundente evidencia de violencia sexual durante la Segunda Guerra Mundial, estos crímenes no fueron condenados en los juicios de Núremberg. Durante la Guerra de Kosovo miles de mujeres y niñas albanesas se convirtieron en víctimas de la violencia sexual, lo mismo sucedió durante el Genocidio de Ruanda.

Durante la Guerra de Bosnia, más de 35 mil mujeres musulmanas y croatas fueron confinadas en “campos de violación” con la intención de ser fecundadas con una nueva generación de niños serbios. La violencia sexual utilizada como un arma de limpieza étnica.

Los abusos contra las mujeres durante los conflictos bélicos siempre fueron justificados como meros daños colaterales.  Recién en el año 2008, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidad aprobó la Resolución 1820 que tipificó por primera vez la violencia sexual utilizada como táctica de guerra indicando que “la violación y otras formas de violencia sexual pueden constituir crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad o un acto constitutivo de genocidio”

Identidad perdida

La invasión de Ucrania el pasado 24 de febrero supuso una conmoción para el país y para el mundo entero. Poco más de la mitad de la población ucraniana son mujeres que representan el 72% de las personas registradas para recibir asistencia social. En uno de los países más pobres de Europa, las mujeres conforman la fuerza laboral con salarios más bajos. La violencia de género afectaba al menos a una quinta parte de las ucranianas antes del conflicto, se imaginan de qué manera se disparó esta estadística después del inicio de la ofensiva rusa?

Tradicionalmente, en un intento de huir de la guerra o de sus consecuencias, muchas mujeres abandonan la tierra en la que nacieron para convertirse en refugiadas. Las vimos abordar trenes de a miles, dejando atrás hasta los cochecitos de sus bebés porque ocupaban un lugar en los vagones. Se fueron para salvar a sus hijos. El conflicto las separará de sus maridos, otros hijos y familiares, las dejará solas y en el exilio, obligadas a afrontar en solitario todas las responsabilidades y el cuidado de los que se fueron con ellas.  Se marcharon, abandonaron proyectos y sueños cumplidos o en ejecución. Emigraron, a pesar de los peligros a los que se exponen siendo refugiadas en Europa. Le abrieron la puerta el miedo, la pérdida y para algunas el horror de las violaciones y la prostitución.

Las mujeres que hoy están envueltas en esta realidad eran hasta hace pocos días: estudiantes; profesoras; amas de casa; profesionales; periodistas; funcionarias; bailarinas… Eran mujeres con una identidad determinada y plena que hoy ven sus vidas suspendidas o irremediablemente perdidas. Las que se fueron son mujeres que probablemente lo perderán todo. Las que se quedaron, también privadas de todo, ven acercarse la tortura y la muerte.

Hannah Arendt fue una de las filosofas más influyentes del siglo XX. En 1943, ya exiliada de la Alemania nazi escribió: “Perdimos nuestro hogar, es decir, la cotidianeidad de nuestra vida familiar. Perdimos nuestra ocupación, es decir, la confianza de ser útiles en este mundo. Perdimos nuestra lengua, es decir, la naturalidad de las reacciones, la simplicidad de los gestos, la sencilla expresión de los sentimientos… Nos hemos convertido en testigos y víctimas de terrores peores que la muerte”.

Suena desalentador que casi 80 años después,  las mujeres ucranianas puedan repetir la misma historia.

#StopWar

Las mujeres no van a la guerra, la encuentran en sus países. Nunca son ellas quienes deciden si habrá o no guerra, no están jamás en las posiciones de poder y nadie les pregunta. Cuando la guerra las encuentra, no sólo sufren la muerte de sus seres queridos y la pérdida de sus objetos materiales, tienen un añadido de sufrimiento sólo por su condición de genero. Las mujeres son los botines de guerra desde que el mundo es mundo. Son los trofeos de los soldados, objetos contra los que descargar ira, odio y violencia. Las consecuencias físicas y mentales de estas agresiones dejan huellas emocionales y físicas imborrables.

La guerra afecta de manera diferente a las mujeres por eso es imperioso defender la necesidad de aumentar su papel en la toma de decisiones respecto de la previsión y resolución de conflictos”

Las investigaciones demuestran que los países en donde hay más mujeres en las ramas legislativas y ejecutivas del Gobierno tienen menos gastos en defensa y mayor gasto social. Suena lógico, no? Porqué querría una mujer someter a sus hijos a los terrores de la guerra, no?

Según ONU Mujeres, las probabilidades de que un acuerdo de paz se mantenga como mínimo 15 años aumenta 35% si las mujeres participan efectivamente en los procesos de paz, tanto en las etapas de pre negociación, negociación e implementación de los acuerdos. Y si… entre mujeres nos entendemos!

Las mujeres no van a la guerra. La sufren en su dignidad y en su cuerpo por el simple hecho de ser mujer.

Las mujeres son van a la guerra pero pueden hacer muchísimo para evitarla. Generemos los espacios para que sean escuchadas, para que puedan evitar los conflictos armados y también para que su propia vida no sea una guerra.

Las mujeres no van a la guerra, huyen de ella…

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