Por: Lic. Cecilia Vignau – Lic. en Administración Agropecuaria

En su libro El cautiverio de las mujeres, la antropóloga mexicana Marcela Lagarde escribió “Las mujeres están cautivas del miedo a cambiar, porque hacerlo significa dejar de ser mujeres de la única forma en la que saben serlo. Creen además que es imposible cambiar, que solo hay una forma universal de ser mujeres, que siempre ha sido y será́ así́. En su mundo no hay historias, hay fuerzas extraordinarias dueñas del destino” El párrafo me cautivó, no sólo porque explica maravillosamente el miedo que nos da cambiar sino porque fue escrito en 1990. Sólo un cuarto de siglo atrás, cuando uno pensaría que después de tanta lucha, el miedo ya no sería parte de nuestro mundo.

En el mundo que vivieron nuestras abuelas, las mujeres llevaban el apellido de sus esposos y eran socialmente reconocidas como la Sra. de. Un hecho que no solo las llevaba a perder su identidad sino a aceptar un sentido de pertenencia hacia otra persona. Muchas de ellas además perdían la gestión de sus bienes, financieramente dependientes de las decisiones del varón. Más atrás en el tiempo,  nuestras bisabuelas necesitaron el permiso de sus maridos para poder trabajar y estudiar, privándolas por completo de la independencia económica. Y si miramos a nuestras tatarabuelas, probablemente nos encontremos con mujeres que efectivamente no tenían el derecho de poseer bienes propios, elegir con quien contraer matrimonio, votar ni tener política alguna. La mayoría de ellas incluso, tenía prohibido hablar en público. A lo largo de nuestra historia, el miedo se utilizó como dispositivo de control, del cambio y la transformación social.

Hasta hace menos de un siglo, las mujeres argentinas no eran sujetos de derecho. Se imaginan eso? Ser como niñas el resto de sus vidas? Ciudadanas incapaces que cambiaron la autoridad patriarcal por la autoridad marital, incapaces de forjar sus propios destinos… Muchas mujeres lucharon para que esas cosas cambiaran y hoy pudiéramos ser un poco más libres. Lo fueron logrando con pequeñas victorias que llevaron varias generaciones. Aquí y en todo el mundo, cada una de ellas significó la interrupción de una situación que hasta ese momento se consideraba normal. Los cambios se vieron reflejados en política, administración de recursos, finanzas, ciencia y tecnología. Y no sólo mejoraron la vida de las mujeres que los aprovecharon sino que generaron un beneficio para la sociedad en su conjunto.

“Los cambios no vinieron solos, fueron llevados a cabo por mujeres que como todas, tenían miedo. Fueron las feministas, esas mujeres deseantes… Las innovadoras”

Innovación para el Desarrollo

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible planteados por la ONU son extremadamente ambiciosos, en particular aquellos que se refieren a la igualdad de género y el empoderamiento femenino. En base a las tendencias actuales, las acciones llevadas a cabo hasta el momento no alcanzarán para conseguir un planeta 50/50 para el año 2030. El logro de los objetivos requerirá entonces cambios transformadores, enfoques integrados y soluciones innovadoras. La innovación y la tecnología serán los factores impulsores del cambio. Pero qué es la innovación?

La innovación es un proceso que modifica elementos, ideas o protocolos ya existentes, mejorándolos o creando nuevos que impacten de manera favorable en el mercado. Pero que tienen en común la innovación y las mujeres rurales? Mucho.

De acuerdo a un informe del Banco Mundial del año 2019, los países en desarrollo deben aumentar de forma drástica la innovación agrícola y el uso de la tecnología por parte de los agricultores para eliminar la pobreza, satisfacer la creciente demanda de alimentos y hacer frente a los efectos adversos del cambio climático. La innovación es un factor clave para alcanzar la seguridad alimentaria, esencial para que la agricultura del futuro pueda ofrecer alimentos suficientes y de calidad para una población que en el año 2050 alcanzará los 9600 millones de personas.

Los esfuerzos de reducción de la pobreza deben centrarse en el aumento de la productividad agrícola, que tiene un impacto mayor que el de cualquier otro sector, aproximadamente el doble que el de las manufacturas. En efecto, si las mujeres agricultoras tuviesen el mismo acceso que los hombres a los recursos, se podría aumentar la producción en las explotaciones de países en desarrollo hasta un 30% y reducir potencialmente la cantidad de personas que sufren hambre en el mundo entre 100 y 150 millones de personas. En este contexto, empoderar a las mujeres rurales es crucial para poner fin al hambre y la pobreza.

Los beneficios económicos resultantes de la innovación parecen bastante claros, sin embargo las mujeres están subrepresentadas en todos los sectores básicos de la innovación, que incluyen la ciencia; la tecnología; la ingeniería y las matemáticas. Todas áreas que van de la mano con la innovación agrícola.

¿Qué sucede con las carreras en ciencias para que sean mayoritariamente elegidas por varones? Existen barreras para que las niñas elijan ser científicas?

Niñas STEM

Tal vez recuerden que en ediciones anteriores hablamos de los juguetes y cómo pueden influir negativamente en el desarrollo profesional futuro de nuestras hijas… Tienen presentes las Valijas Juliana? Juliana no es bióloga, no es programadora, no es ingeniera química, tampoco es ingeniera. Juliana nos prepara para el rol de cuidadoras, para profesiones que socialmente están aceptadas como femeninas. Hasta ahí, creímos que el problema estaba en los medios de comunicación y los juguetes publicitados con distinción de género. Les tengo malas noticias. Aún en las familias que promueven la igualdad de género, las niñas se enfrentan a ideas estereotipadas en la escuela.

“Las mujeres representan el 37% del total en agronomía, el 31% en física y el 25% en ingeniería. Informática es una de las menos elegidas: las chicas representan sólo el 17% de la matrícula”

Un estudio realizado en América Latina por la CIPPEC muestra que casi el 20% de los docentes de matemáticas en sexto grado creen que estas son más fáciles de aprender para los niños. Así mismo, un estudio realizado por Aula Abierta en Argentina muestra que en promedio, el 48% del grupo docente encuestado percibe que hay diferencia en el rendimiento escolar según el género de sus estudiantes. Más aún, cerca del 80% de las expectativas docentes en materias como informática y matemáticas están puestas en los varones. La pérdida de confianza juega un rol importante también. Alrededor del 30% de los estudiantes de 7 años se consideran buenos para matemáticas pero un estudio para la Ciudad de Buenos Aires muestra que entre los 9 y 10 años este porcentaje cae al 20% de los niños y 11% de las niñas.

Según UNESCO (2019a), existen dos tipos de estereotipos predominantes en cuanto a las mujeres y las carreras STEM (por sus siglas en inglés: Science, Technology, Engineering and Mathematics): “los niños son mejores en matemáticas y ciencias que las niñas” y “las ciencias e ingeniería son carreras masculinas”.

Cómo influyen estos sesgos en la elección de la carrera y profesión futura? En la última edición especial del informe “Mujeres en el Sistema Universitario Argentino 2019-2020” publicado por la Secretaría de Políticas Universitarias se observa que dentro de las ciencias básicas y aplicadas, las mujeres representan el 37% del total en agronomía, el 31% en física y el 25% en ingeniería. Informática es una de las menos elegidas: las chicas representan sólo el 17% de la matrícula. Y no es de extrañar que esto suceda cuando existen obstáculos simbólicos que operan desde la infancia y la adolescencia, y que se traducen en actitudes sociales y sesgos que excluyen a muchas mujeres de las ciencias más duras.

#NoMásMatildas

Se denomina Efecto Matilda al fenómeno de suprimir la contribución de las mujeres en la investigación y el desarrollo de inventos. Es un prejuicio en contra de reconocer los logros de las mujeres científicas, cuyo trabajo a menudo se atribuye a sus colegas masculinos. No es nuevo, ha pasado durante siglos. Una de las primeras mujeres en denunciarlo públicamente fue Matilda Joslyn Gage, una sufragista y abolicionista estadounidense, en un ensayo publicado en 1883.

La campaña No Más Matildas es una iniciativa impulsada por investigadoras españolas que desde enero de 2021 busca concientizar a la sociedad sobre la poca visibilidad que tienen las mujeres en el ámbito científico. También pretende recuperar los nombres de las mujeres de la ciencia que fueron silenciados y olvidados, llevándolos a los libros escolares con la idea de despertar ejemplos y la vocación científica de las niñas. Tal vez, si las niñas encuentran modelos que seguir… tal vez si las niñas dejan de sentir que la ciencia no es cosa de chicas… tal vez entonces muchas de nuestras hijas elijan ser científicas.

Aunque la educación científica a la mujer le fue negada enormemente, algunos de los inventos más importantes del mundo se deben a ella. Sabías que una mujer inventó la transmisión inalámbrica de datos? El primer lenguaje de programación, el lavavajillas, el filtro de café, los cristales anti-réflex, los pañales descartables, el envasado al vacío, la jeringa, el programa de vuelo del Apolo XI y el gen HB4 (ésta es nuestra, gracias Raquel!). Todos inventos de mujeres que tuvieron un impacto positivo en el desarrollo de la humanidad.

Para que el feminismo sea innovador, deberá actuar como un acelerador de las transformaciones sociales necesarias para visibilizar y eliminar los prejuicios y desigualdades de género. Deberá ser impulsor de cambio.

Y porque el mundo necesita más mujeres en los sectores básicos de la innovación es que debemos incentivar a nuestras niñas a cumplir sus sueños, el tiempo de los estereotipos de género tiene que llegar a su fin. No existen fuerzas extraordinarias dueñas de nuestros destinos, los forjamos entre todas.

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