Hay suficiente humedad en los suelos y mejoró la relación insumo/producto, lo que permitirá aplicar un buen paquete tecnológico.
Por Luciana Bilbao, analista de Granos de Gestor Max.
Después de varias campañas marcadas por la condicionantes climáticos, el maíz comienza el ciclo 2026/27 con un escenario productivo considerablemente más favorable. Este año el cereal se va a poder sembrar con un buen paquete tecnológico, que permitirá apostar a elevados potenciales de rendimiento porque hay suficiente humedad en los suelos como para asegurar una buena implantación. Además, las perspectivas de un evento “El Niño” podría asegurar un buen desarrollo en los estados vegetativos y reproductivos de los cultivos tempranos y tardíos.
Sin embargo, el contexto económico plantea un desafío diferente. A diferencia de otras campañas en las que la rentabilidad podía apoyarse en una mejora de los precios internacionales, el ciclo 2026/27 probablemente encuentre su principal fuente de ingresos en la productividad. En otras palabras, el negocio estará más asociado a producir más quintales por hectárea que a esperar una fuerte recuperación del mercado.
La fertilización vuelve a ser una oportunidad, aunque con incertidumbre
Uno de los cambios más relevantes respecto de la campaña anterior se observa en el mercado de los fertilizantes nitrogenados. “Tras haber superado los 1000 dólares por tonelada durante los momentos de mayor tensión geopolítica en Medio Oriente, el precio internacional de la urea retrocedió hasta ubicarse en un rango de 550 a 580 dólares por tonelada durante julio.

Esta baja mejoró sensiblemente la relación insumo/producto, acercándola nuevamente a valores históricos y permitiendo planificar esquemas de fertilización con dosis orientadas a expresar el máximo potencial de rendimiento de los híbridos modernos”, afirma Luciana Bilbao, analista de Granos de Gestor Max.
Sin embargo, en los últimos días, el escenario volvió a incorporar un factor de incertidumbre. El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente impulsó nuevamente el precio internacional del petróleo y del gas, insumos estrechamente vinculados con la producción de fertilizantes. Si esta situación se prolonga, no puede descartarse una recuperación de los precios de la urea en los próximos meses. Por ello, “más que un cambio estructural, el mercado ofrece hoy una ventana de oportunidad para quienes aún deben definir la estrategia de abastecimiento de fertilizantes de la campaña 2026/27”, advierte Luciana, quien se apoya en los datos de la infografía adjunta.

Un mercado con menos presión bajista
Mientras el escenario productivo local mejora, las perspectivas comerciales presentan un panorama equilibrado. “Las últimas estimaciones sobre la campaña estadounidense moderaron las expectativas de una oferta récord de maíz. Si bien la producción seguiría ubicándose entre las más importantes de la historia, la reducción prevista en la superficie sembrada y una leve corrección en los rendimientos esperados disminuyeron parte de la presión bajista que venía predominando sobre las cotizaciones internacionales”, distingue la analista.
Esta nueva lectura también comenzó a reflejarse en el mercado. Durante 2025 el maíz llegó a tocar un mínimo de 170,5US$/t en Rosario; luego mostró una recuperación parcial que lo llevó a un máximo de 201US$/t en enero de 2026. Posteriormente, el ingreso de la cosecha sudamericana y las buenas perspectivas de producción mundial volvieron a ejercer presión sobre los precios. Al 6 de julio de 2026, el maíz disponible cotizaba a 181US$/t, un valor que continúa por debajo del pico registrado durante la serie, aunque por encima de los mínimos observados un año atrás (ver gráfico).
Más allá de lo que suceda en Estados Unidos, el mercado de maíz continúa mostrando un nivel de abastecimiento elevado. Brasil mantiene muy buenas perspectivas productivas y, si la Argentina logra concretar el potencial que hoy permiten proyectar las condiciones climáticas, la oferta global del cereal volvería a ser significativa.
En ese contexto, “no resulta esperable un cambio estructural en los precios, aunque sí un mercado más sensible a las novedades productivas, climáticas y geopolíticas. La evolución de los cultivos en el hemisferio norte, el desarrollo de la próxima campaña sudamericana y la incertidumbre generada por los conflictos internacionales —con impacto sobre los mercados energéticos y de fertilizantes— seguirán siendo los principales factores que determinen la volatilidad de las cotizaciones”, proyecta Bilbao.
Por ello, cada recuperación de precios debería analizarse como una oportunidad para avanzar con estrategias de comercialización que aseguren rentabilidad manteniendo, al mismo tiempo, la flexibilidad necesaria para capturar eventuales mejoras del mercado.

Márgenes positivos, aunque más ajustados
Aun con un contexto de precios medios, el maíz continúa mostrando una posición competitiva frente a otras alternativas agrícolas. Los márgenes proyectados para campos alquilados en la zona núcleo mantienen al cereal por encima de la soja de primera y del planteo trigo/soja de segunda. Sin embargo, la diferencia ya no es tan amplia como en campañas anteriores, cuando el maíz prácticamente duplicaba la rentabilidad de la soja.
Esta situación obliga a una administración mucho más precisa de cada decisión productiva. “La elección del ambiente, fecha de siembra, densidad, estrategia de fertilización y manejo sanitario adquieren una importancia aún mayor cuando el margen neto es más reducido. En este escenario, maximizar el rendimiento pasa a ser el principal factor para sostener la rentabilidad del cultivo”, sostiene Bilbao.
En síntesis
La campaña de maíz 2026/27 reúne condiciones que permiten mirar el ciclo con moderado optimismo. La disponibilidad de humedad en los suelos, las perspectivas climáticas favorables y una mejora en la relación insumo/producto de los fertilizantes ofrecen un escenario propicio para desarrollar planteos que apunten a elevados rendimientos.
Sin embargo, el desafío no estará únicamente en producir más. El mercado internacional continúa condicionado por una oferta global abundante, mientras que la incertidumbre geopolítica mantiene abierta la posibilidad de nuevas variaciones en los costos de producción, particularmente en fertilizantes y energía. En este contexto, la rentabilidad dependerá de la capacidad de cada productor para combinar eficiencia agronómica con una adecuada gestión comercial y financiera.
En definitiva, la campaña 2026/27 no se perfila como un año de ganancias extraordinarias impulsadas por los precios, sino como una campaña en la que el éxito estará determinado por la planificación. “Quienes logren aprovechar las oportunidades de compra de insumos, maximizar el potencial de rendimiento del cultivo y comercializar el grano en forma estratégica estarán en mejores condiciones de transformar un muy buen escenario productivo en una campaña económicamente rentable”, concluye Luciana.






























