Por: Lic. Cecilia Vignau-Licenciada en Administracion Agropecuaria

No fue hasta hace muy poco que me empecé a autopercibir como una Mujer Rural. Nacida y criada en Buenos Aires, el campo era para mí el paisaje que se veía en la ruta camino a la casa de mis abuelos en Junín. Más tarde se convertiría apenas en un lugar hermoso al que se iba a pasar el fin de semana. Es que mis antepasados llegaron al país en épocas del Virreinato y tuvieron tierras y hacienda por algunas generaciones. Pero se retiraron hace poco más de 100 años, dejando únicamente los recuerdos de mi abuela paterna, de un campo al que había ido sólo 10 veces en su infancia antes que su madre lo vendiera. Eso y el polo, mi abuelo me hizo hincha de La Espadaña antes que pudiera pronunciar correctamente el nombre del equipo.

Con el campo en la venas pero sin campo, crecí queriendo ser científica. Arqueóloga, paleontóloga, geóloga… una niña que alejada del campo fue atraída por lo que estaba muerto en lugar de lo que estaba vivo. La vida dio un millón de giros hasta que un amigo de papá, con campo, me invitó a sumarme a su empresa. Y así fue que entre liquidaciones de venta de leche y facturas de compra de insumos, encontré el camino de vuelta. Volví al aula con 31 años, de orgullosa nomás, porque participaba en las recorridas y entendía poco pero quería opinar!!.

En plena lucha por la 125 empecé a ir a las movilizaciones con mi compañeros de facultad… y fue ahí, en el monumento a Los Españoles, cantando el himno nacional a grito pelado que la sangre campera me hirvió a borbotones y supe que finalmente había encontrado mi destino.

Me llevó algunos años más entender que el “Campo es mucho más que Campo” y que no importaba de dónde venía ni cuánto cemento había pisado antes de embarrarme las botas. Que podía vivir en la cuidad y ser una agro apasionada igual. Descubrí que desde el lote o desde la oficina en Recoleta estaba ahí viendo florecer maíces, escuchando berrear terneros, todo estaba vivo y lleno de colores. Volví a nacer.

Cambiar el Mundo

El Día Internacional de las Mujeres Rurales fue establecido por las Naciones Unidas en el año 2007 y se celebró por primera vez el 15 de Octubre de 2008. Tiene como objetivo el reconocimiento del papel decisivo de las mujeres en el desarrollo económico, la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza. Tres puntos fundamentales que son parte integrante de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030. Pero la FAO a su vez, determina 8 Objetivos donde el rol de la mujer rural se vuelve fundamental.

  • Erradicar la pobreza extrema y el hambre a través de la agricultura familiar, mejorando el acceso de las mujeres a los recursos productivos a través de la inclusión financiera.
  • Lograr la enseñanza primaria universal ya que gran parte de los analfabetos en el mundo son mujeres que habitan áreas rurales.
  • Promover la igualdad de los sexos y el empoderamiento de la mujer, aumentando las posibilidades de millones de mujeres a acceder a la educación secundaria y empleos remunerados, incluyéndolas en la toma de decisiones a la vez que se las empodera para abandonar situaciones de violencia intrafamiliar.
  • Reducir la mortalidad infantil, que en zonas rurales sigue siendo mayor que en áreas urbanas, a través de la educación
  • Mejorar la salud materna, aumentando el número de partos asistidos y los cuidados prenatales.
  • Combatir el VHI, a través de educación sexual integral de mujeres jóvenes y el acceso masivo a antiretrovirales.
  • Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, evitando la degradación de recursos naturales que son esenciales para la subsistencia de la población rural y el acceso a agua potable.
  • Fomentar una alianza mundial para el desarrollo, mejorando los indicadores de seguimiento y evaluación de las políticas agrícolas visibilizando a las mujeres.

Solemos pensar que parte de estos objetivos no nos tocan de cerca, que se refieren a cuestiones que suceden en regiones remotas como África Subsahariana. Sin embargo la pobreza estructural está presente en el despoblamiento del interior, la miseria de las grandes ciudades, la falta de vivienda, de agua y de alimentos. Y todo eso pasa en Argentina. Qué importante parece entonces el rol de la mujer como generadora de arraigo rural, no?

Mujeres en Lucha

Y si hablamos de arraigo, hablamos de vivir en el ámbito rural. Situación que se vuelve imposible sin los servicios de infraestructura que garanticen conectividad, educación, salud y seguridad. Estas son las luchas de las mujeres rurales 2.0.

Pero hace 25 años, otras mujeres lucharon contra el desarraigo para evitar el remate  de 14 millones de hectáreas, en las cuales vivían miles de familias que sostenían el interior productivo de nuestro país. Sin ellas, todas las cosas por las que luchamos hoy serían en vano.

El 3 de junio de 1995, en Winifrida, La Pampa, en la cocina de Lucy de Cornelis, nació el Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha, las “locas” del campo. Un grupo de mujeres que abandonando las construcciones culturales que las relegaban a la cocina y el cuidado de los hijos, decidió oponer resistencia a los remates de campos que se venían sucediendo desde el Pan de Convertibilidad. Fueron subestimadas, maltratadas, amenazadas y golpeadas más por su condición de mujeres que por ser tremendas luchadoras. Armadas únicamente con banderas argentinas y su voz para entonar el himno nacional, se paraban en las tranqueras de los campos a rematar.  Entraban al banco al grito de “Pan, tierra, trabajo, remates al carajo”. Eran unas “locas” hermosas, denme una máquina del tiempo que quiero que sean mis amigas para ir presas juntas!

Como el Día de la Mujer Rural no existía, un 8 de marzo marcharon a Buenos Aires junto con muschísimas otras mujeres agropecuarias. Se concentraron en Plaza de Mayo para pedir por la refinanciación de sus deudas, un freno a las ejecuciones de sus bienes y la creación de un banco rural  que se ocupe específicamente de la producción agropecuaria.

Eran pocas pero eran muchas para la época, se fueron uniendo a pesar de que tenían diferencias porque luchaban por algo más grande que ellas mismas: la soberanía. “Patria es madre, nosotras somos madres y salimos a defender el futuro de los hijos que estaba tan comprometido” dijo Lucy en una entrevista este mismo año. Tal vez la Patria además de padres tenía madres, eran las mujeres rurales.

Unidas venceremos

Hace exactamente un año, estaba en un congreso en Niágara Falls con 500 mujeres rurales canadienses. Desde ese día no dejaron de pasarme cosas hermosas: ésta columna; el programa Aliadas; la red Mujeres Rurales Argentinas; el Quincho Rosa y todos los mimos que recibí esta semana. Me gusta pensar que el destino nos termina llevando a donde teníamos que estar. Me gusta creer también que no llegamos solas, que en el camino fuimos de la mano de otras que nos ayudaron cuando estábamos cansadas y que nos dijeron “vos podes” cuando el mundo se desmoronaba. A mis amigas Natalia y Cecilia con quienes di mis primeros pasos en el mundo agro, navegando la carrera solitas en ese mar de hombres, gracias por todas las veces que no dejaron que me rindiera.  A las decenas de mujeres que conocí después, de todas aprendí algo, las admiro y las llevo en mi corazón. Jamás en toda mi vida imaginé que hoy podría estar celebrando el Día Internacional de la Mujer Rural con ustedes.

Donde hay una mujer rural hay una historia de lucha detrás, conózcanlas, escuchen las cosas por las que pasaron. Sientan su fuerza, su resiliencia… van a ver que nos unen muchas más cosas de las que nos separan.  Hoy somos un montón, cientos de voces de todos los ámbitos que forman la red de agronegocios, unidas en un solo grito:  visibilizarnos es empoderarnos. Miren los objetivos de la mujer rural y vean la enormidad del trabajo que tenemos por delante. Tal vez, como hace  25 años estemos luchando por algo más grande que nosotras: el mundo que les queremos dejar a nuestras hijas. Feliz Día!

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