Con la idea de recrear la primera entrevista que hicimos en Horizonte A,  fuimos hasta la oficina que Antonio Aracre ocupa en Syngenta, la misma donde nos atendió hace diez años cuando ocupaba la presidencia de la Asociación Semilleros Argentinos. Si bien la idea de este encuentro fue mirar para adelante, no podemos dejar de reconocer que todavía algunas cuestiones, están como en aquel entonces.

 

En la primera entrevista que hicimos allá por 2004, vos eras presidente de ASA (Asociación Semilleros Argentinos) y en ese momento estaba la ley de semillas como objetivo de corto plazo, ¿cuál es hoy la situación con respecto a ese tema?

Es una de las grandes deudas pendientes que tiene la industria; creo que confluye con un montón de factores. Nosotros mismos como empresa de tecnología no hemos sabido comunicar adecuadamente –a los gobiernos y a nuestros clientes– sobre las ventajas de pensar en la propiedad intelectual como un beneficio para todos y no como un derecho para pocos. Hoy el nivel de semillas certificadas se mantiene muy bajo, hay semilla ilegal. Esto habla de varias cosas. Por ejemplo, nos muestra a un productor muy presionado por la rentabilidad que intenta ajustar costos como puede, pero también muestra falta de claridad en el sentido de dónde conviene ahorrar y dónde no.

En este aspecto hay cierta racionalidad parcializada, podríamos decir, que el uso propio y los tratamientos de semillas improvisados en el campo, parecen un esquema de abaratamiento de costos, pero cuando uno hace cuentas y pone a consideración los riesgos de calidad, se da cuenta que está ahorrando donde no debe. Los tratamientos de semillas industriales y el costo que representa una buena semilla traen ventajas fenomenales –tanto en relación con el manejo   sustentable, como para mí, para quienes trabajan conmigo y para el ambiente–.

Convengamos que a los argentinos nos cuesta reconocer patentes y marcas, lo vemos permanentemente con la música, la ropa, el software, más allá de la presión que reciben los productores

En parte pudimos haber fallado nosotros. Otro tema es que el gobierno presiona por cuestiones impositivas y entonces la rentabilidad del productor está bajo presión, y no olvidemos que es un tema cultural, que se da mucho entre los argentinos.  Al argentino le cuesta reconocer la propiedad intelectual y esto se ve en muchos aspectos, no solo en el campo. Hay casi un reconocimiento de la “viveza criolla 2.0”, donde si uno le encuentra la vuelta para no pagar es más piola. Creo que, de cara al futuro  , a la hora de repensarnos como sociedad, sería bueno no apuntarle sólo al gobierno –que es lo más fácil y lo que todos sabemos hacer–, sino también reconocer las raíces en aspectos donde nos cuesta cambiar para mejorar culturalmente.

 

Antonio Aracre

Antonio Aracre

¿Qué rol jugaron las Cámaras en estos años, por ejemplo en la ley de semillas?

Nuestra Cámara no ha avanzado en estos últimos 10 años y el gobierno tampoco hizo demasiado. De hecho nos prometió una ley de semillas hace años y no avanza; las entidades agropecuarias no terminan de darle importancia a esto, aún siendo protagonistas excluyentes, y los mismos productores –que son sus representados– se expresan en privado de una manera, y en público de otra. La contracara de esta situación es que ante cualquier tecnología que aparezca, el productor reconoce el valor que tiene para su rentabilidad y la adopta en forma masiva, obteniendo una relación de retorno importante. En este sentido, por suerte, el gobierno ha sido muy proactivo al apoyar todas estas nuevas tecnologías.

Y en materia de aprobación de eventos, la verdad es que se avanzó mucho

En los últimos 10 años se aprobaron numerosos eventos biotecnológicos, rompiendo con la famosa política espejo con Europa, lo que constituye un hito en materia de política regulatoria de biotecnología. Todo ello favoreció los rendimientos a campo y la rentabilidad. Cuando la biotecnología está protegida por leyes específicas, como lo protegido por la ley de patentes, todo fluye mejor.

Intacta, será un desafío a la viveza criolla.

No, para nada la viveza criolla excluye el riesgo ilegal, el límite es hacer aquello que se puede eludir. La biotecnología está protegida por una ley de patentes.

Mucho se habla de la comunicación que tiene el agro hacia afuera del sector, ¿por qué crees nos cuesta tanto tener protagonismo en los medios nacionales, por afuera de los medios especializados?

Nosotros no salimos de los suplementos agropecuarios, los medios nacionales no nos toman como un sector importante. Somos el sector más dinámico de la economía, el que emplea más mano de obra directa o indirectamente –a pesar de que muchos creen que es el sector automotriz, que no es así–. El país crece al ritmo que crece la agroindustria, sin embargo no tenemos visibilidad en los medios nacionales, que visualizan al sector como un coto de caza. Los suplementos, en muchos casos, están dirigidos a un sector que no es la opinión pública en general, entonces quedamos excluidos de la agenda nacional, tanto en el gobierno como en los medios. Solo cuando se plantea alguna discusión que pueda interesar a todos, y que se aborde como algo polémico, es cuando aparecemos en el candelero.

Otro tema interesante es poder algún día tomar la iniciativa con respecto al cuidado del medioambiente, ¿por qué no hay un debate en serio sobre este tema?

Sería interesante instalar el tema del medioambiente. Yo soy un enorme defensor de hacer las cosas bien. Si las aplicaciones aéreas son hechas de manera inadecuada, en zonas donde hay poblaciones rurales, esas empresas o aplicadores están cometiendo un delito y tienen que ir presos. Hay que comprometerse a hacer visible lo que es peligroso y lo que no, porque si decimos que tal producto es peligroso porque intrínsecamente tiene un componente que lo vuelve dañino, entonces en las casas no debería haber medicamentos. Un producto es peligroso en función del uso que le damos. Se ha instalado un debate donde se dice que el glifosato mata a los chicos, que envenena a embarazadas, que produce malformaciones y esto es algo muy serio. Hay una falla muy grande en la comunicación desde la industria hacia la comunidad.

 

¿Qué expectativas tiene una empresa como Syngenta en Argentina?

Argentina es uno de los cinco mercados más importantes del mundo para Syngenta. Son 30 millones de hectáreas dedicadas a la agricultura, un país que abraza la tecnología, que tiene tierras fértiles con potencial rinde tanto para soja como para maíz y trigo, con productores muy tecnificados, profesionales, donde el tamaño promedio de la producción agropecuaria permite economía de escala. En cuanto a las principales líneas de protección de cultivos, Syngenta tiene una presencia muy activa, con insecticidas amigables con el medio ambiente, herbicidas que constituyen un mercado –que creo es el sector que más va a crecer en los próximos 5 años, por toda la resistencia al uso de glifosato combinado con un mal uso de la rotación en los cultivos. El tema de malezas resistentes va a generar un mercado de protección de cultivos muy grande.

¿Cómo encara la empresa la biotecnología en este país y a nivel global?

Syngenta tiene una fuerte presencia en semillas y biotecnología, en especial en maíz. Hace dos años hemos lanzado un evento para maíz llamado Viptera, cuya tecnología fue elegida por productores de EE.UU. –que en maíz son los más competitivos del mundo– como el mejor evento transgénico de la década. También estamos presentes en soja, en aquellos eventos que son propios, por ejemplo, con inversiones para combatir la resistencia a malezas. Es decir, tratamos de darle al productor la mayor posibilidad de oferta con una vasta paleta de productos. No creo que exista en Argentina ninguna empresa dedicada al agro que tenga la amplitud de portafolio desde el punto de vista tecnológico que ofrece Syngenta. Puede pasar que una empresa sea más fuerte en un determinado cultivo, pero nadie tiene la amplitud horizontal y vertical de Syngenta. Eso nos permite ser líderes, lo que a su vez nos obliga a mantener un compromiso de permanencia y de vanguardia.

De cara al futuro. ¿Qué nos pasa, por qué nos cuesta tanto crecer e integrarnos al mundo?

Creo que lo principal es no pensar tanto en la coyuntura, que es lo que nos mata, sino pensar en estrategias a largo plazo. En su momento el gobierno lanzó un excelente plan agroalimentario nacional, que si nos detuviéramos a consensuarlo entre todos los protagonistas –el gobierno, los productores, las empresas–, construiríamos año a año una industria más sustentable desde el punto de vista económico, ecológico y tecnológico. Para quien invierte en desarrollo tener un futuro, un horizonte más predecible a largo plazo, es lo mejor que podría pasarle, como así también, a los productores y al gobierno. Saber qué esperar y qué no, es lo que permite proyectar a largo plazo.

 

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“Nosotros no salimos de los suplementos agropecuarios, los medios nacionales no nos toman como un sector importante”

“En los últimos 10 años se aprobaron numerosos eventos biotecnológicos, rompiendo con la famosa política espejo de Europa”

“Hay casi un reconocimiento de la “viveza criolla 2.0”, donde si uno le encuentra la vuelta para no pagar es más piola”

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