El abono orgánico es un reservorio ideal, de bajo costo, para la restructuración de suelos. Hoy, una tonelada de compost requiere una inversión cercana a los 1900 pesos. Con 12 toneladas se recupera 1 hectárea.

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Nuestro país tiene costos altos para cualquier tipo de producciones. En los sistemas intensivos, las grandes debilidades se presentan en su logística y una ubicación geográfica distantes de los grandes mercados. Según la consultora en producción orgánica y bioinsumos, María Elena Irastorza, en las escalas de producción muy pequeñas la situación es más complicada.

Esta analista internacional, considera que Argentina tiene un escaso y reducido nivel de investigación por parte de los organismos técnicos nacionales.

 “Muy pocas universidades cuentan con programas y bibliografías que otorguen una formación integrada para que –luego- los profesionales puedan asesorar a los productores agropecuarios en sistemas de producción sustentables, amigables, orgánicas o agroecológicas”.

Otro de los problemas, es la ausencia de empresas que ofrezcan bioinsumos en el mercado, debido a los altos valores y trabas en sus registros. “Faltan centros de acopios para este segmento. Es necesario facilitar la transparencia en la elaboración, recepción y exportación de los productos. Hay que comenzar a trabajar en el desconocimiento ya que suena increíble que los profesionales de la salud, todavía tengan dudas de las bondades de ingerir productos sanos, sin residuos de insumos tóxicos”, reconoció Irastorza.

Lejos de los mercados

Fértil y productivo. Estructura de suelo después de compostaje y la incorporación de humus sólido y líquidos de lombriz.

Según Irastorza las políticas de Argentina han alejado del mercado a muchos grupos y empresas emprendedoras que trabajan para el desarrollo y valor de los productos orgánicos.  La experta, considera que –en su momento-  el grupo inversor Worms Argentina intentó darle forma a un proyecto volcado al desarrollo de la lombricultura, su relación con el reciclado y los primeros pasos en la transformación o valor agregado. Desde humus de lombriz hasta una enmienda orgánica líquida, el grupo llegó a abastecer grandes regiones frutihortícolas de la Argentina y tuvo un avance en varios países de la Unión Europea y el continente Asiático.

También logró relacionarse con la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) y otras instituciones deportivas para el mantenimiento de los campos de juego y el acondicionamiento del césped de instituciones como Vélez Sarsfield, Independiente, San Lorenzo, River Plate, el estadio único Malvinas Argentina de Mendoza y el Hindú Club de rugby de Don Torcuato. 

“En su momento, Worms Argentina se enredó en las pujas políticas y obligadamente de a poco cayeron en un proceso de insostenibilidad del negocio”. Sin embargo, hubo estrategia y se pudo lograr la reconversión para encontrar una salida, que derivó en la incorporación –de nuevo-  al mercado como una empresa de insumos orgánicos para el agro.

Fuera de los acuerdos políticos y la transformación de residuos orgánicos, la firma se volcó de lleno al sector privado y el reciclado de residuos industriales con una fuerte participación para sus procesos del segmento aceitero del Gran Rosario.

Sus directivos dicen que el país no está preparado para el reciclaje y que la lombricultura sin una canal de recuperación e incentivos es insostenible debido a los fuertes desentendimientos en las políticas productivas de cada región, municipio o provincia.

Si bien la lombricultura ha sido el eje de la empresa desde que se instaló en nuestro país a fines de la década del ´90, hoy sus investigaciones avanzan hacia procesos biológicos con microorganismos propios del material que ingresa a la planta, el manejo de sus condiciones y la incorporación de otros microorganismos y bacterias que vienen cultivando.

Avances

En pocos meses, la firma contará con el Centro de transformación de residuos orgánicos más grande de la Argentina y el  primer departamento de investigación y laboratorio de microbiología orientada a la producción orgánica. La experiencia está dirigida por un plantel de técnicos especializados en diversas economías regionales del país.

Algunos, vienen de lograr un manejo sustentable en varios ingenios azucareros de Tucumán, donde encontraron un equilibrio entre lo químico y biológico;  bajando costos en la producción de la caña de azúcar en un porcentual cercano al 50 %.

Ejemplos

  • En la localidad santafesina de El Trébol, hace 4 años el Establecimiento Lechero Las Taperitas creó un laboratorio de desechos pecuarios. Actualmente, avanzan en la tipificación de todos sus procesos y el desarrollo a escala. A futuro, consideran que su sistema de manejo tomará alrededor 1800 hectáreas cultivables, todas abonadas con compost de alta calidad (recuperación de suelo) y humus de lombriz. Estiman una proyección de ahorro cuantificada en 200 mil dólares de insumos químicos por año.
  • En Santa Fe, muchas empresas han logrado reducir los costos en la utilización de fertilizantes químicos en un promedio de 105 dólares por hectárea. Es decir, por ciclo agrícola y en establecimientos de 300 hectáreas agrícolas, es posible optimizar recursos por el orden de 31.500 dólares por campaña.