Los costos en dólares aprietan en la tercera campaña con tasas de interés positivas en términos reales. Los productores hacen números con tres pronósticos: a) un clima con exceso de humedad que los especialistas entienden que se mantendrá, hasta el chofer de Uber habla del Súper Niño a esta altura y esperamos que se mantenga, b) precios internacionales muy afectados por el efecto seca que el Niño genera en el norte y la suerte de Trump en Irán y c) la ruta de reducción de retenciones que planteó el gobierno dice que para abril del año que viene la soja tributará 23%, el maíz 8% y el girasol 4,25%.
Ya en diciembre de este año las retenciones al trigo serán del 5,5%. Es un avance importante y durante 2027 seguirán bajando.
Las ventas de los productores entrarán en el ritmo electoral; la sociedad no para de comprar dólares hoy a un ritmo de 2 mil millones mensuales que encima en general no deja en los bancos; ¿qué pasará en un año electoral? Lo de siempre: se aumentará la compra y se agregará volatilidad al tipo de cambio. Un candidato anti-agro como Kicillof (su Ministro de Asuntos Agrarios Javier Rodríguez aun confía en las retenciones) hará tambalear las promesas de reducción de ese impuesto para el 2028; y obviamente elevará los temores sobre un endurecimiento del cepo que se retroalimentaran porque ante su eventual victoria los productores habrán vendido todos los granos que puedan, y comprados todos los dólares que el saliente Milei les deja. Suficiente futurología por hoy. Todo forma parte de la licuadora loca que prepara el smoothie de la rentabilidad.
Mientras tanto, la pasada semana el gobierno nacional presentó su presupuesto. En lo que hace los ingresos, las proyecciones de tipo de cambio, precios y cosecha le dan que la recaudación por retenciones aumentará un 41% en términos nominales, por lo tanto con la inflación prevista de 18% pasarán de ser el 0,75% del PBI al 0,85%. Ese aumento de la recaudación hace que sea más liviana la reducción de alícuota. Sería deseable que esa ruta de descenso sea más acelerada para que un futuro gobierno si fuera de signo contrario tenga un costo político para subirlas, por ejemplo en trigo, girasol y maíz.
No es una discusión menor. Es, lamentablemente, la discusión. Durante los pasados 23 años en promedio el productor de soja brasileño tuvo un doble de facturación por hectárea de soja que el argentino, principalmente debido a las retenciones, el cepo y los cupos de exportación. Una calamidad que redujeron la inversión del productor, porque para proteger su capital están obligados a minimizar su exposición.
Lo interesante del escenario actual para pensar la campaña del 2027 muy dominada por la lluvia es la siguiente paradoja: si el clima político se enrarece, conviene invertir mucho en tecnología mientras que si el clima político se esclarece, también conviene invertir mucho en tecnología. Hay que maximizar la cantidad de toneladas que salen por hectárea para diluir la presión de los costos fijos en dólares que lo más probable es que por un rato suban. No es el momento de achicarse.






























