Por: Gallego, J.J.1 2; Neira Zilli, F.1; Baffoni, P.1 3 y Garcilazo, M.G.1 – EEA Valle Inferior, Convenio Pcia. de Río Negro-INTA.; 2Universidad Nacional del Comahue; 3Universidad Nacional de Río Negro.

El cultivo de remolacha forrajera (Beta vulgaris L) aparece como una alternativa nutricional en la producción de ganado bovino. El crecimiento de la superficie cultivada con dicha especie en Nueva Zelanda, Chile y España alientan su utilización en las zonas templadas de Argentina.

El conocimiento de su comportamiento productivo y sanitario en los valle irrigados del norte de la Patagonia permitiría su incorporación en la producción de ganado bovino con mayores posibilidades de éxito.En los valles irrigados del norte de la Patagonia la producción de ganado vacuno terminado para faena se realiza, principalmente, sobre pasturas base alfalfa como principal fuente de alimentación en sistemas de invernada corta (primavera-verano-otoño) (Miñón et al., 2015). Las leguminosas y  gramíneas de ambientes templados de la región pampeana, que se utilizan en las mezclas forrajeras,  presentan una buena adaptación a los valles templado-fríos irrigados del norte de la Patagonia y son uno de los factores que determinan la estacionalidad de la producción de gordos para faena.

Desde mediados de la década 2000-2010 la utilización de silaje de maíz y sorgo para consumo otoño-invernal y el incremento de los corrales de engorde, han contribuido al aumento de la carga animal de los sistemas y a desestacionalizar la oferta de ganado gordo.

Los silajes de maíz y sorgo, especies C4 de alta eficiencia fotosintética, son un recurso de bajo costo por unidad de materia seca (MS) producida, pero requieren de una alta liquidez financiera para su confección. Por otro lado, los servicios de corta-picado y embolsado en los valles irrigados del norte de la Patagonia tienen escaso desarrollo y su gestión es poco previsible.

La remolacha forrajera presenta características productivas y como alimento para el ganado que permitirían incrementos de la carga animal, ofrecerían energía para la terminación de animales en pastoreo y no requieren de equipamientos costosos para su cosecha. Avanzar en su utilización como alternativa nutricional dentro de la cadena forrajera  requiere de una evaluación de su comportamiento en la región.

Es una especie bianual, que durante su primer año tiene crecimiento vegetativo, con producción de la parte área (hojas) y subterránea (raíz y acumulación de sacarosa), mientras que en el segundo ciclo desarrolla el sistema reproductivo (floración). El cultivo se desarrolla correctamente en climas templados y húmedos y de gran intensidad lumínica, con elevadas tasas fotosintéticas que favorecen la acumulación de azúcares. Es un cultivo que demanda suelos francos que no presenten resistencia al crecimiento de la raíz, permitiéndole retener humedad. Es tolerante a la salinidad, sin embargo durante sus primeras etapas de crecimiento (germinación y hasta la formación de corona) las sales la afectan drásticamente. La temperatura es un factor importante para el establecimiento del cultivo, necesita temperaturas que oscilen entre los 22 y 25 °C. La temperatura del suelo para la germinación no debe ser inferior a 10ºC.  

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

La producción de remolacha forrajera no tiene antecedentes históricos en la región del noreste de la provincia de Río Negro. Sin embargo, el cultivo de remolacha para consumo forma parte de la canasta de hortalizas de producción local y el cultivo de remolacha azucarera jugó un papel importante en la primera mitad del siglo XX en el valle de General Conesa.

El emprendimiento nacional más importante de industrialización de remolacha azucarera se realizó en el decenio de 1929/39 en la provincia de Río Negro por la “Compañía Industrial y Agrícola San Lorenzo”, en General Conesa. La producción de remolacha creció hasta 1935; luego comenzó a decaer dramáticamente debido a causas desconocidas. El diagnóstico, realizado por Bennett y Munck sobre finales de la década del ´30, indicó que el “virus del marchitamiento amarillo” tuvo importancia en la desaparición del cultivo (Rivas, 2017).

Más recientemente, y a nivel experimental en la EEA Valle Inferior, Reinoso y col. 2016, observaron rendimientos de remolacha azucarera (raíz) que oscilaron entre 54 y 94 t/ha de materia verde con un porcentaje de MS promedio de 29%.

COMPORTAMIENTO PRODUCTIVO

Con el objetivo de conocer el la performance productiva y sanitaria del cultivo de remolacha forrajera por efecto de la fertilización nitrogenada, se realizó un trabajo de investigación en la Estación Experimental Agropecuaria Valle Inferior del INTA (EEAVI), en Viedma, prov. de Río Negro (40° 48´ S´; 63° 05´ O).

El hibrido de remolacha forrajera utilizado fue Gitty KWS (Semillero KWS Semillas). La siembra del experimento se realizó el 23 de noviembre de 2017 en surcos a 0,80 m. Se evaluaron cinco dosis de fertilización con nitrógeno (N): 0, 50, 100, 200 y 400 kg N ha-1 (Foto1), la fuente nitrogenada que se utilizó fue urea (46:0:0) aplicándose en dos estados fenológicos del periodo de crecimiento del cultivo (5-6 y 10-11 hojas verdaderas). La densidad de siembra utilizada fue de 13 semillas por metro lineal. Desde la siembra hasta el mes de mayo se aplicaron 11 riegos equivalentes a unos 1.320 mm y se registraron precipitaciones de 214 mm.

Foto 1: Parcelas de remolacha forrajera fertilizadas con distintas dosis de N

La cosecha se realizó en forma manual el 1 de junio, en dicha fecha el cultivo permanecía en estado vegetativo y con mayoría de hojas verdes. Se determinó la producción de materia verde (MV) y MS (t ha-1), Nº de plantas a cosecha (metro lineal), composición morfológica del cultivo (% de biomasa aérea y subterránea), % de MS a cosecha de planta entera y de sus componentes (hoja y raíz). En la cosecha, se determinó la incidencia del hongo Rhizoctonia solani en raíces sobre 20 plantas de cada tratamiento. La enfermedad se confirmó mediante aislamientos en agar papa glucosado (APG) de las muestras con síntomas. Los resultados de la misma se expresaron como porcentaje (%) de incidencia sobre el cultivo. Durante el ciclo del cultivo se colocaron trampas pegajosas para monitorear la presencia de Paratanus exitiosus (chicharrita) posible vector del fitoplasmaque produce el marchitamiento amarillo y mortandad de plantas.

En la composición morfológica del cultivo se observa que, con la mayor dosis de N, si bien se obtiene una elevada producción de forraje, aumenta la proporción de biomasa aérea en detrimento de la subterránea que es donde se encuentra la energía del forraje (Tabla 1).

Tabla  1. Tratamientos, Nº de plantas/m lineal, porcentaje de MS (%) de raíz, hoja y planta entera, composición morfológica (%) y producción de materia verde (t ha¯¹).

El tratamiento 100N produjo un 84% más de forraje que el promedio del testigo y 50N. Entre 200 y 400N el promedio de producción fue 21 t MS/ha, es decir 120% más de forraje que el tratamiento testigo o con 50N y un 20% más que el tratamiento 100N (Figura 1). Considerando que el contenido de N total en el suelo es alto y que aun así se observa una respuesta a dosis relativamente bajas del nutriente, se podría suponer que la demanda de N por parte de  este cultivo es elevada.

Figura 1. Producción de forraje de remolacha forrajera (planta entera) con diferentes dosis de N (t MS/ha).

Cuando se analiza la tasa de respuesta aparente a la aplicación del N, (Figura 2), la mayor respuesta se presentó en el tratamiento con dosis de 100 kg N. A partir de esta dosis la respuesta a la aplicación del nutriente comienza a ser decreciente.

Figura 2. Tasa de respuesta aparente a la aplicación de N (kg MS / kg N aplicado).

COMPORTAMIENTO SANITARIO

Durante el periodo del cultivo no se detectaron individuos de Paratanus exitiosus en las trampas pegajosas que se instalaron en cada tratamiento. A partir de febrero se observó la presencia de oídio causado por Erysiphe betae. La enfermedad se observó sobre ambas caras de las hojas, en las que se desarrolló un micelio de color blanquecino de aspecto harinoso (Foto 2).

Foto 2. Presencia de oídio (Erysiphe betae) en hojas de remolacha forrajera.

Otra enfermedad observada fue la causada por Rhizoctonia solani que produjo un  marchitamiento de las hojas. En las raíces se observó una necrosis del tejido superficial que avanzó progresivamente hacia su interior (Foto 3).

Foto 3. Raíz de remolacha forrajera afectada con Rhizoctonia solani

Rhizoctonia solani es un hongo de suelo que presenta infecciones más intensas bajo condiciones de sequía o cuando las plantas están bajo stress, tal cómo puede observarse en la figura 3, donde las parcelas no fertilizadas o con baja dosis de N presentaron los mayores valores de incidencia. Esta información es importante ya que refuerza la necesidad de fertilizar con N, tanto para obtener mayor rendimiento y calidad, como para contar con un cultivo con buena sanidad.

Figura 3. Incidencia (%) por Rhizoctonia solani en plantas cosechadas en en parcelas fertilizadas con dosis crecientes de N.

Conclusiones

Los resultados obtenidos en el estudio son alentadores y permiten considerar, en principio, a la remolacha forrajera como una alternativa posible a la suplementación energética en la producción de bovinos para faena. Estos primeros resultados locales motivan a continuar la generación de conocimiento adecuado y detallado que permita explorar el potencial de rendimiento de la especie en diferentes suelos de los valles irrigados, la calidad del forraje, su fenología, aspectos culturales de manejo como la fertilización y momento de aplicación, fecha, distribución espacial y densidad de siembra, control de malezas, comportamiento sanitario, formas de utilización (pastoreo directo o conservación), categorías de animal a utilizar, calidad de carne, costos de producción, entre otros aspectos.