Soja y nutrición: cuánto aportan el fósforo y el azufre al rendimiento

La soja (Glycine max L. Merr.) ocupa un lugar central en los sistemas agrícolas argentinos. AUTOR: Ing. Agr. (Dra.) Micaela Biassoni – OCP de Argentina S.A. INTRODUCCIÓN La soja (Glycine max L. Merr.) ocupa un lugar central en los sistemas agrícolas argentinos. Con una superficie que ronda los 17 millones de hectáreas y una producción cercana a […]

septiembre 25, 2026

La soja (Glycine max L. Merr.) ocupa un lugar central en los sistemas agrícolas argentinos.

AUTOR: Ing. Agr. (Dra.) Micaela Biassoni – OCP de Argentina S.A.

INTRODUCCIÓN

La soja (Glycine max L. Merr.) ocupa un lugar central en los sistemas agrícolas argentinos. Con una superficie que ronda los 17 millones de hectáreas y una producción cercana a 50 millones de toneladas en las últimas campañas (BCBA, 2025), es el principal cultivo de nuestros sistemas productivos, posicionando a la Argentina como el tercer productor de soja a nivel mundial, después de Brasil y Estados Unidos (Ritchie et al., 2023). Actualmente, la brecha de rendimiento en secano es aproximadamente del 30%, y se explica en gran medida por la limitada disponibilidad de nutrientes (Aramburu Merlos et al., 2015).

La elevada extracción de nutrientes que caracteriza a la soja, sumada a una reposición históricamente insuficiente (Koritschoner et al., 2023), ha generado balances negativos de nutrientes en las regiones agrícolas argentinas (Sainz Rozas et al., 2025).

A diferencia de los cereales, la soja obtiene gran parte del nitrógeno (N) que necesita mediante la fijación biológica (FBN) (Salvagiotti et al., 2008). Para que este proceso funcione adecuadamente, además de una correcta inoculación y nodulación, la disponibilidad de nutrientes como el fósforo (P) y azufre (S) resulta fundamental para maximizar la productividad y la calidad del grano (Qin et al., 2012).

Actualmente existe una amplia oferta de fertilizantes fosfatados, desde fuentes que aportan solo P o combinan P, S y otros nutrientes. En este contexto, resulta necesario generar información local que permita comparar el desempeño agronómico de estas fuentes cuando se aporta la misma cantidad de P.

El objetivo de este estudio fue evaluar la respuesta productiva y la eficiencia agronómica de la soja de primera ante diferentes fuentes fosfatadas en distintos sitios de la región pampeana.

La hipótesis de este trabajo fue: i) La fertilización fosfatada incrementa los rendimientos de la soja de primera a igual dosis de fósforo, sin diferencias frente a fuentes que incluyen nitrógeno; ii) el aporte del azufre en las formulaciones permitirá incrementar esta respuesta.

MATERIALES Y MÉTODOS

El experimento se realizó durante la campaña 2025/26 en microparcelas en cuatro sitios característicos de la región pampeana: Pergamino, 9 de Julio, Diego de Alvear y Villa Elisa. Los ambientes presentaron diferencias en tipo de suelo, disponibilidad de nutrientes y condiciones climáticas (Tabla 1).

Tabla 1. Características de suelo, precipitaciones durante el ciclo del cultivo, y fecha de siembra en los cuatro sitios evaluados.

Se evaluaron cinco tratamientos en un diseño en bloques completos al azar con cuatro repeticiones:  i) un testigo sin fertilización; ii) MAP 11-52-0; iii) Mezcla física NPS; iv) Superfosfato triple (TSP) y v) Superfosfato triple azufrado (0-40-0-10S).  Todos los tratamientos fertilizados recibieron 20 kg de P ha-1 aplicados en bandas en la línea de siembra, ajustándose las dosis de cada producto (Tabla 2). Las semillas fueron inoculadas con Bradyrhizobium japonicum y se mantuvo el cultivo libre de adversidades según el criterio del investigador a cargo de cada sitio.

Tabla 2: Dosis de productos y nutrientes aplicados en los tratamientos de fertilización en cuatro sitios de la región pampeana

El rendimiento se determinó a cosecha y se analizaron sus componentes. Además, se estimó la extracción de fósforo y azufre, el balance aparente de nutrientes y la eficiencia agronómica del fósforo aplicado. Los datos fueron analizados mediante análisis de la varianza (ANOVA) utilizando el software Infostat (Di Rienzo et al., 2020). Cuando se detectaron diferencias significativas entre tratamientos, las medias se compararon mediante la prueba de diferencia mínima significativa (LSD), con un nivel de significancia de p≤ 0,05.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Las precipitaciones registradas durante el ciclo variaron entre 450 a 640 mm según el sitio. En términos generales, el cultivo comenzó su ciclo con una adecuada disponibilidad de agua en todos los sitios, aunque durante diciembre y enero atravesaron un período de menores precipitaciones acompañado por una elevada demanda atmosférica. A pesar de este período de estrés moderado, las condiciones hídricas no limitaron de manera marcada la productividad final (Tabla 1). Un comportamiento particular se observó en 9 de Julio, donde las abundantes precipitaciones invernales previas a la siembra favorecieron la recarga del perfil y la presencia de napa cercana, generando condiciones particularmente favorables para el crecimiento y la producción de biomasa.

El rendimiento promedio del tratamiento testigo fue de 4808 kg ha⁻¹ (Figura 1).Todas las fuentes fosfatadas incrementaron significativamente el rendimiento, respecto al testigo sin fertilización (p<0,05). Los tratamientos que recibieron MAP y TSP mostraron una respuesta del 10%, mientras que para la mezcla física NPS fue del 13%, aunque sin diferencias significativas entre ellas (p<0,05).  La mayor respuesta correspondió al tratamiento TSP Azufrado, con un rendimiento promedio de 5692 kg ha⁻¹, equivalente a un incremento del 18% respecto al testigo (p<0,05).

Estos resultados eran esperables considerando que tres de los cuatro sitios presentaban niveles de P-Bray I inferiores a 10 ppm, por lo tanto, una alta probabilidad de respuesta a la fertilización fosfatada. Otros estudios coinciden con estos resultados en la región pampeana, observándose respuestas positivas directas y residuales a la fertilización con P y S en el cultivo de soja (Salvagiotti et al., 2005; Reussi Calvo et al., 2020; Ferraris et al., 2024; Antonietta et al., 2025).

Figura 1: Rendimiento promedio en soja de primera en la campaña 2025/26 según tratamientos de fertilización con MAP, Mezcla Física NPS, TSP y TSP azufrado en cuatro sitios de la región pampeana.

Sin embargo, el aporte de estas fuentes arrancadores no fue solo de P: mientras que el MAP también aporto 10 kg N ha-1 demostrando que el N aportado a la siembra no fue necesario para maximizar el rendimiento de la soja, la mezcla física NPS y el TSP Azufrado aportaron 5,7 y 11,5 kg S ha-1, respectivamente, mostrando una respuesta adicional en el rendimiento del cultivo.

Por un lado, la mezcla física NPS mostró una respuesta aparente al S del ~3%, mientras que en el TSP Azufrado fue del 8% (TSP vs TSP Azufrado) (Figura 1) con diferencias significativas entre ambos tratamientos (p<0,05). Esta respuesta adicional al S se debió probablemente a los bajos niveles de S-SO4 en la mayoría de los sitios evaluados, por debajo del umbral de respuesta propuesto de 10 ppm. Sin embargo, estos resultados sugieren que, a igual dosis de P, los 5,7 kg S ha-1 aportados por la mezcla física NPS no fueron suficientes para maximizar la respuesta de la soja.

Así, el comportamiento del TSP Azufrado resulta consistente con una situación en la cual el P y S actúan como nutrientes complementarios y la respuesta del cultivo no depende únicamente de su aplicación de manera aislada.

Balance de nutrientes y eficiencia agronómica

El balance de nutrientes de este estudio muestra que las dosis de P y S aplicadas no fueron suficientes para generar un balance neutro en el sistema bajo estos escenarios de alta productividad. Con una aplicación de 20 kg P ha-1, la extraccion estimada por el cultivo fue superior al aporte realizado, mostrando balances aparentes de P negativos en todos los tratamientos (Tabla 3). Estos resultados cobran importancia cuando se comparan con las dosis promedio de P aplicadas en el cultivo , las cuales rondan entre 6 - 10 kg P ha-1 (RETAA, 2025).

Tabla 3. Balance estimado de P y S y eficiencia agronómica en los tratamientos de fertilizacion en cuatro sitios de la region pampeana.

La fertilización también mostró resultados favorables desde el punto de vista económico. La eficiencia agronómica del P aplicado varió entre 23 y 44 kg de grano por kg de P, con el mayor valor para el tratamiento TSP Azufrado (Tabla 3). Estos valores superaron la relación de precios considerada en el análisis (13 kg de grano necesarios para pagar 1 kg de P), lo que indica que, bajo las condiciones económicas y productivas de la campaña evaluada, la fertilización fue rentable. (Figura 2).

Figura 2. Relación de precios y Eficiencia Agronómica (kg grano kg P-1) de los diferentes tratamientos de fertilización.

CONCLUSIÓN

Los resultados del trabajo permitieron aceptar las hipótesis planteadas, ya que la fertilización fosfatada incrementó el rendimiento del cultivo a igual dosis de fósforo, mientras que el aporte adicional del azufre mostró un incremento al rendimiento aún mayor. Por otro lado, el nitrógeno aportado por algunas de las fuentes evaluadas no generó un incremento adicional del rendimiento, lo que indicaría que, bajo las condiciones de este estudio y con una adecuada fijación biológica de N, su aporte a través del fertilizante no fue necesario para maximizar la productividad del cultivo.

Asimismo, el balance de nutrientes plantea la necesidad de mejorar las dosis de reposición de nutrientes, representando una oportunidad para aumentar la productividad, alcanzar mayores rendimientos y reducir la brecha de nutrientes.  

AGRADECIMIENTOS:

Se agradece a COFCO Internacional SA por la provision de insumos utilizados en los ensayos a campo. Asimismo, se agradece al Ing. Agr. (Msc.) Gustavo Ferraris, Ing Agr. Luis Ventimiglia, Agroconsultores SA, y Vértico Ap por su valiosa colaboración en la instalación, manejo y evaluación de los ensayos.

Fotografía del ensayo de soja de primera en 9 de julio, Buenos Aires. Tratamiento Testigo (izquierda) vs. Tratamiento con TSP+S (derecha).

BIBLIOGRAFÍA:

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