Por: Santiago Lorenzatti, Martín Sánchez, Agustin Bianchini y Walter Tanducci – OKANDU

El maíz es considerado el cultivo estrella a la hora de capturar mejoras en la oferta de recursos y el uso de nuevas tecnologías. El avance genético, los cambios en el ambiente productivo de la mano de la siembra directa, la fertilización, los cultivos de servicios, y el estudio y difusión de herramientas de manejo tienen su correlato en la exploración de nuevos techos productivos.

La tecnología de procesos y de insumos resulta estratégica tanto por su impacto productivo como en la sustentabilidad del sistema. La inclusión del maíz en la rotación viene generalmente acompañada de una mejora en la oferta nutricional, como así también la posibilidad de utilizar diferentes estrategias de manejo de malezas; este último un aspecto clave en el actual contexto de proliferación de especies de difícil control.

Su inclusión en la rotación, agrega diversidad, aporte de rastrojo en abundante cantidad y de alta relación carbono/nitrógeno; sumado a un sistema radicular en cabellera que favorece la regeneración de macroporosidad en el perfil del suelo.

También la rotación con gramíneas permite reducir la problemática de enfermedades en los cultivos, interrumpiendo los ciclos de hongos específicos en suelos, mitigando de esta manera los riesgos de epifitias que producen importantes mermas de rendimiento.

Por si fuera poco, desde hace varias campañas a la opción del maíz temprano o de primera se suman las opciones de maíces tardíos, algunos con inclusión de cultivos de servicio como antecesesores o bien los maíces de segunda (detrás de un cultivo invernal de cosecha). Más ventanas son exploradas, diversificando riesgos. Ni hablar si el maíz se incluye en planteos mixtos o pecuarios.

El avance del cultivo producto de un contexto de negocios sin retenciones ni ROEs fue realmente un paso positivo en términos de productividad y sustentabilidad del sistema. Sería deseable que el contexto político económico no vuelva a poner un freno a la siembra de maíz, lo cual estimularía a un retroceso con disminución de la intensidad y diversidad de rotación y la vuelta al monocultivo de soja con baja inversión tecnológica.

En este artículo, especialmente preparado para Horizonte A, desde OKANDU proponemos visualizar el impacto del buen uso de tecnologías en el cultivo maíz. Un repaso por algunos de nuestros ensayos que miden en productividad el avance en el conocimiento.

Desuniformidad temporal y espacial:

El primer objetivo a lograr cuando se implanta un cultivo de maíz es obtener un planteo uniforme de plantas en cuanto a su velocidad de emergencia como a la distancia entre plantas. La desuniformidad en la emergencia del maíz es un factor que atenta contra la productividad del cultivo. Esto puede darse por una emergencia despareja, con plantas que emergen más rápido y otras que lo hacen de manera tardía; o bien por una distribución no homogénea de las semillas dentro de la línea de siembra. A la primera se la denomina desuniformidad temporal; en tanto que a la segunda desuniformidad espacial. Aunque la causa que las origina es diferente, el resultado final es similar: plantas dominantes (más grandes y vigorosas) y plantas dominadas (más pequeñas y débiles); sin que la mayor productividad de la planta dominante compense la menor de la planta dominada, dando como saldo un menor rendimiento por unidad de superficie.

Para evaluar el impacto en rendimiento de diferentes grados de desuniformidad tempo-espacial en OKANDU diseñamos una línea de ensayos que simula diferentes niveles de desuniformidad temporal y espacial y sus combinaciones. En la campaña 18/19 se sembró en Inriville (Sudeste de Córdoba) un ensayo que contempló los siguientes tratamientos:

1) Testigo uniforme.

2) Desuniformidad temporal leve (20% de las plantas emergidas 5-7 dias después): sembradas a mano semillas 7 días más tarde que el resto.

3) Desuniformidad temporal alta (40% de las plantas emergidas 5-7 días después) sembradas a mano 7 días más tarde que el resto.

4) Desuniformidad espacial baja: desvío estándar de 8 cm ente plantas dentro de la línea de siembra.

5) Desuniformidad espacial alta: desvío estándar de 13 cm entre plantas dentro de la línea de siembra).

6) Desuniformidad temporal y espacial alta: 30% de las plantas emergidas 7 días después, y desvío estándar de 13 cm.

El híbrido utilizado fue AX 7761 sembrado a principios de octubre a una distancia entre hileras de 52,5 centímetros y una densidad de 90.000 semillas/ha, en lo que se considera una siembra de maíz de primera tradicional para la zona. El manejo agronómico fue similar para todos los tratamientos, dónde se incluyó una fertilización de 160 kg/ha de MicroEssentials Zn (12-40-0-10S-1Zn) incorporado a la siembra, más 400 kg/ha de urea (0-46-0) voleada en V4. 

En la Tabla 1 y Figuras 1, 2 y 3 se muestran los resultados obtenidos.

Tabla 1: Efecto de la desuniformidad espacial y temporal en el rendimiento de un maíz de primera.

Tratamientos Rendimiento (kg/ha) Dif. con testigo (kg/ha) Dif. con testigo (%)
Testigo uniforme 16.370
Des. Temp. Leve 15.335 -1.035 -6,32
Des. Temp. Alta 14.672 -1.699 -10,38
Des. Espacial leve 14.885 -1.485 -9,07
Des. Espacial alta 14.097 -2.274 -13,89
Des. Temp. + Esp. 14.176 -2.194 -13,40
Figura 1. Rendimiento de los diferentes tratamientos de desuniformidad espacial y temporal.
Figura 2. Diferencia de rendimiento de los tratamientos respecto al testigo uniforme.
Figura 3. Diferencia porcentual de los diferentes tratamientos respecto al testigo.

Los resultados muestran claramente que tanto la desuniformidad espacial como temporal en la emergencia del cultivo de maíz de primera redujeron el rendimiento, comparado con un cultivo con emergencia uniforme. Las pérdidas de rendimiento oscilaron entre -6,32% a -13,89% (1.035 y 2.274 kg/ha) respecto al testigo.

Los resultados obtenidos estimulan a no descuidar aspectos relacionados a la calidad de siembra y a la calidad de la semilla a utilizar en maíz, ya que malas calidades de implantación pueden tener impactos negativos en la productividad física y económica del cultivo.

Genética, densidad y manejo nutricional

A la hora de ajustar un manejo agronómico en el cultivo de maíz, y habiendo caracterizado la calidad del ambiente y la fecha de siembra, resulta clave ajustar la elección de la genética, la densidad de siembra y el manejo nutricional como variables relevantes. Con el objetivo de medir el impacto de estas variables en el cultivo de maíz, en OKANDU contamos con una red propia de ensayos tendientes a cuantificar el impacto en las diferentes campañas.

Así en la campaña 17/18 medimos en Monte Buey (sudeste de Córdoba) el rendimiento de dos materiales de punta ampliamente difundidos en la región, combinado con 3 niveles de densidad de siembra (65.000; 85.000 y 95.000 plantas/ha) y 3 manejos nutricionales contrastantes (1) testigo sin fertilización; 2) N64 P18; y 3) N133 P26 S15 Zn1,5).

Los resultados arrojaron rendimientos que variaron sensiblemente en un rango entre 6.464 kg/ha y 13.344 kg/ha; mostrando claramente la importancia en el manejo de las variables evaluadas y su interacción.

Por citar un ejemplo, resulta evidente que para ambas genéticas y para todas las densidades evaluadas el buen manejo nutricional es clave y fundamental en el logro de altos rendimientos, dejando en claro que una nutrición balanceada propicia el alcanzar rendimientos altos comparados con el testigo sin fertilizar o con opciones de bajos niveles de aporte.

Otras de las conclusiones a las que podemos llegar es que el manejo de la densidad también permite capturar saltos de rendimiento, por lo cual es importante conocer el rango de opciones a evaluar. Probablemente el manejo tradicional más difundido en una región (en este caso zona núcleo) no siempre alcanza los rangos de densidades de mayor productividad, resultando una causa común de pérdida de rendimiento.

Figura 4. Impacto de la genética, densidad y nutrición en el rendimiento de maíz.

Finalmente, la interacción de las variables agronómicas evaluadas es un aspecto a analizar detalladamente. A modo de ejemplo, y analizando la Figura 4 podemos observar que el aumento de densidad de siembra por sí solo no implica un aumento de rendimiento, aunque si se lo combina con adecuados manejos de fertilización, los rendimientos alcanzados se elevan sensiblemente. En términos generales, podemos concluir que de poco sirve aumentar densidad si no se acompaña con una mejora en la oferta nutricional para el cultivo. Del mismo modo, la respuesta de cada genética producto de esa mejora ambiental, muestra niveles diferenciales, por lo que se torna muy importante conocer el comportamiento de los diferentes híbridos del mercado a dichas variables

Más allá de los datos puntuales de una campaña, está claro que el manejo y ajuste de variables como genética, densidad, y nutrición resultan clave en el camino de la maximización productiva.

Curva de respuesta a nitrógeno

Una de las variables más estudiadas en el manejo de maíz es la respuesta a la estrategia de nutrición y fertilización nitrogenada. En este sentido, la construcción de curvas de respuesta de nitrógeno es un insumo de gran impacto para ajustar esta variable en cada ambiente.

En OKANDU, desde hace varias campañas construimos estas curvas explorando diferentes ambientes y comparando híbridos. A modo de ejemplo en la Figura 5 se observa la respuesta en rendimiento de maíz a la oferta de nitrógeno en V4 (N aportado por el suelo más el aportado por fertilizante) para dos materiales diferentes, en el SE de Córdoba.

Figura 5. Disponibilidad de N a la siembra y rendimiento para 2 híbridos de maíz.

Conceptualmente, la construcción de este tipo de curvas de respuesta de nitrógeno resulta fundamental para explorar y alcanzar altos techos de rendimiento. La evolución de la genética nos permite explorar nuevos techos productivos, sensiblemente más altos. Del mismo modo, el uso de cultivos de servicio de leguminosas (como por ejemplo Vicia villosa) con su aporte de nitrógeno biológico también nos desafía a la construcción de nuevas curvas de respuesta a nitrógeno. Y también lo hace en los nuevos ambientes explorados con maíces tardíos o incluso con maíces de segunda, detrás de cultivos invernales como trigo, cebada o legumbres.

Uso de fungicidas en maíz

El manejo de enfermedades de origen fúngico es otro de los grandes desafíos para el manejo del maíz. En los últimos años el conocimiento y principalmente la difusión y uso de herramientas tecnológicas como los fungicidas ha mostrado interesantes respuestas.

Diferentes ensayos realizados por OKANDU nos muestran que existen campañas con baja respuesta al uso de fungicidas, producto principalmente de aspectos ambientales que no favorecen la proliferación de patógenos como Roya del Maíz; o bien existen materiales con mejor comportamiento sanitario que otros.

Sin embargo, existen también situaciones donde el uso de fungicidas permite obtener niveles de respuestas interesantes que pagan con creces el costo de la tecnología. Por ejemplo, en la última campaña se evaluó el uso de fungicidas en un material susceptible a roya en siembra tardía. El ensayo se realizó en Monte Buey sobre un maíz sembrado en Diciembre, utilizando una mezcla de Estrobirulina + Triazol. El tratamiento se realizó mediante aplicación aérea en V12.

Figura 6. Rendimiento de maíz con y sin fungicida

En este caso, el tratamiento con fungicida mostró una respuesta de 950 kg/ha, lo cual se traduce en un 9,26% sobre el testigo.

Resulta importante continuar evaluando el uso de fungicidas, con sus variantes de principios activos, y en diferentes ambientes (maíz de primera, tardío y de segunda). Su ajuste es otra variable tecnológica de suma importante en la búsqueda de mayor productividad.

Finalmente, y complementando aspectos sanitarios del cultivo, las enfermedades de raíz y tallo son en la actualidad un desafío a resolver, ya que cada vez se ve mayor incidencia de estas enfermedades vasculares que provocan pérdidas de rendimiento y susceptibilidad al quebrado y vuelco. El avance en conocimiento y manejo de esta adversidad biológica se convierte en un nuevo objetivo del manejo del maíz.

A modo de síntesis

La inclusión del maíz en la rotación de cultivos aumenta la diversidad e intensidad de la rotación. De la mano de la gramínea se incorporan otros manejos como mejora de la oferta nutricional con incremento del aporte de nutrientes. También su variante de cultivo tardío permite en muchos casos la inclusión de cultivos de servicio como antecesor.

Pero para que todo ello suceda, el contexto de negocios no debe atentar contra la inclusión del cultivo en los planteos de las empresas productoras. Experiencias del pasado nos deberían enseñar que prácticas como los derechos de exportación y los ROEs atentaron contra el cultivo y su expansión, desestimulando adicionalmente la incorporación tecnológica. Quienes trabajamos en la búsqueda de nuevo conocimiento aplicable a la agricultura debemos bregar por la visualización del impacto positivo de la tecnología y el conocimiento bien aplicado en la mejora de la sustentabilidad del sistema. Y el maíz es el cultivo que mejor lo expresa.

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