Ramiro Costa

Ignacio Clancy

Instituto de Estudios Económicos. Bolsa de Cereales

Ramiro Costa

Ramiro Costa

 La historia de las últimas décadas en la actividad agroindustrial argentina es de cambio, transformación y desarrollo. Es imposible entender el crecimiento cuantitativo que experimentó el sector sin dar cuenta de los importantes cambios cualitativos que transformaron su estructura, su patrón tecnológico y su forma de organización. Surgieron nuevos actores, nuevas tecnologías y formas de comercialización, lo cual generó que la actual agroindustria argentina presente características que la diferencian ya no de lo que era hace treinta años, sino de lo que era hace tan solo una década atrás.

Las formas convencionales de medir el aporte de la agroindustria a la economía de nuestro país se vuelven obsoletas dado el crecimiento en importancia de sectores no estrictamente primarios, como las redes de contratistas, las industrias proveedoras de insumos o la transformación industrial de los granos. La nueva estructura productiva obliga a repensar cuestiones básicas como los límites cada vez más difusos entre lo que tradicionalmente se entiende como “campo” y aquello que no lo es.

Si miramos el futuro cercano vemos que ya nos encontramos frente a otra oportunidad muy importante de desarrollo de nuevos mercados. Hoy en día el crecimiento continúa y desde el nuevo enfoque que implica la bioeconomía se puede dar respuestas a necesidades socioeconómicas tales como la demanda de energía, alimentos, salud y cuidado del medio ambiente generando, a su vez, trabajo e ingresos en forma sustentable.

Históricamente, la Argentina subvaloró el desempeño de la agricultura y su aporte a la economía. La medición basada en la venta de las cosechas subestima los encadenamientos hacia atrás y hacia delante de la cadena de valor agroindustrial. Es así como el valor agregado generado por estos encadenamientos son ignorados por las estadísticas públicas como parte del sector que les da origen. ¡Cuántas veces escuchamos que esta actividad económica es un sector de bajo valor agregado!.

Para comprender mejor la transformación de las cadenas agroindustriales y su impacto en la economía nacional, la Bolsa de Cereales elaboró un modelo de medición alternativo de cadena de valor del maíz, soja, trigo y girasol utilizando una metodología de cálculo dentro de un marco contable consistente con las Cuentas Nacionales.

El modelo económico estudia en detalle la interrelación entre la multiplicidad de nodos que hoy componen la red productiva, pasando desde la producción primaria, la producción y provisión de semillas, fertilizantes, agroquímicos o el servicio de asesoramiento profesional y contratistas, hasta la transformación industrial del grano o los sectores asociados a la logística y comercialización (acopio, transporte, servicios portuarios, etc). El resultado es una potente herramienta que permite simular y medir el impacto económico, nacional y regional, de un amplio y flexible abanico de escenarios como la simple resta entre los ingresos y los costos por eslabón de la cadena. No se toman en cuenta en los cálculos los sueldos, la remuneración de capital, los impuestos netos de subvenciones y las amortizaciones.

Actualmente, la economía argentina en general y el sector agroindustrial en particular están atravesando una situación complicada por cuestiones de políticas internas, entre las que se destacan: alta presión fiscal,  restricciones al comercio exterior (derechos de exportación, cupos y ROEs para la exportación), mercados intervenidos, distorsión de precios relativos, falta de reglas de juego claras que fomenten la inversión, márgenes negativos, entre otros. Asimismo, los precios internacionales se han reducido aunque siguen siendo competitivos a nivel global.

Dado el contexto mencionado, Argentina perdió competitividad y participación en los mercados internacionales. En términos comparativos, el país pasó a ubicarse en el puesto 53 de 60 países que exportan más de 5 mil millones de dólares por año en productos agropecuarios para el período 2008-2013. El país no forma parte de ninguno de los tratados para reforzar los lazos entre las economías, firmados por los principales jugadores del mercado mundial. Esto implica la potencial pérdida de mercados por preferencias arancelarias (de aquellos países que si participan en los mismos), y mayores costos ya que los productos argentinos enfrentarán barreras más altas de acceso a sus mercados.

En términos de hectáreas cosechadas, Argentina es uno de los 30 países con mayor área de granos a nivel mundial. No obstante, a partir 2007/08, campaña en la cual se introdujeron las trabas al comercio exterior, el crecimiento de la superficie cosechada se redujo, pasando a ubicarse en la posición 26º de 30 por tasa de crecimiento en el período 2007/08-2014/15. En particular, las hectáreas de trigo experimentaron una tendencia decreciente desde dicha campaña en la cual la superficie sembrada ascendía a 5,4 millones de hectáreas, mientras que en la campaña 2014/15 fue de 4,4 millones y se espera para la campaña 2015/16 un nuevo descenso interanual, de como mínimo, 15%. En lo que refiere al maíz, si bien el área sembrada se ha incrementado en las últimas campañas, alcanzando las 3,4 millones de hectáreas en la campaña 2014/15, este incremento estuvo por debajo del nivel potencial del cultivo. Por su parte, la superficie sembrada de soja desde la campaña 2007/08 a la actualidad, se incrementó en 3,1 millones de hectáreas. Todo lo anterior condujo a una desmejora de los esquemas de rotación producto de la reducción de la relación cereales/oleaginosas. En la campaña 2000/01 la proporción era 44% cereales – 56% oleaginosas, para pasar a ser 30% – 70% en la última campaña, lo cual afecta negativamente al sistema productivo.

Algo similar sucede con la producción. Argentina es uno de los 25 países con mayor producción de granos a nivel mundial, pero se posicionó en el puesto 19º entre los 25 en crecimiento de la producción en el período 2007/08-2014/15.

En términos microeconómicos, los resultados de los productores se han complicado con el paso del tiempo. De acuerdo al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuario (INTA), los mismos son negativos para todos los cultivos, aún en las zonas núcleo. Esto es consecuencia del descenso de los precios de los cereales y la oleaginosa y del aumento de los costos en pesos (gastos de estructura y fletes, entre otros) por efecto de la inflación.

Como consecuencia de lo anterior, en términos tecnológicos, y de acuerdo al último Relevamiento de Tecnología Agrícola Aplicada realizado por la Bolsa de Cereales, en la campaña 2012/2013 se dio un descenso de 10 puntos porcentuales (pp) del nivel de tecnología alto aplicado en todo el país para los cultivos trigo, soja, maíz, cebada, girasol y sorgo respecto de la campaña 2010/2011. Esta disminución se trasladó en 8pp hacia el nivel medio y 2pp al bajo. Por su parte, la siembra directa evidenció una leve caída a nivel país, pasando de 94% en 2010/11 a 92% en 2012/13.

De continuar con el escenario actual, se proyecta para el año 2024/25 que el país se ubicará en el puesto Nº18 del ranking mundial de países productores de granos, exhibiendo una tasa de crecimiento cercana al 14%.  No obstante, de modificarse las políticas agropecuarias actuales, el campo podría estar en condiciones de volver a ser una fuente de crecimiento y desarrollo sustentable, generando mayor nivel de actividad, empleo y divisas. El escenario de cambio de políticas implicaría la eliminación de los ROES sobre el trigo y el maíz, la eliminación de los derechos de exportación también sobre estos cereales y de forma gradual sobre la soja. Es así que Argentina podría duplicar su tasa de crecimiento en los próximos 10 años, volviendo a ocupar una posición clave en los mercados internacionales, constituyéndose como el cuarto en el ranking global de incrementos en la próxima década.  Además, el sector se apalancaría en las nuevas oportunidades que el desarrollo de la bioeconomía traería.

Ignacio Clancy

Ignacio Clancy

 

Las oportunidades de la Bioeconomía

En los últimos años el concepto de Bioeconomía fue adquiriendo una creciente relevancia a nivel mundial, como respuesta a las crecientes demandas poblacionales, a la menor disponibilidad de recursos fósiles y a las consecuencias del cambio climático. En este sentido, la Bioeconomía surge como un nuevo paradigma que podría definirse como la utilización sustentable de recursos renovables para la generación de  “nuevos productos e insumos de origen biológico” y de aquellos insumos y productos de base biológica que tengan el fin de producir alimentos y materiales (food and feed). Por lo tanto, el nuevo mapa global planteado por esta nueva tendencia económica presenta tres tipos de países en función de la mencionada definición:

 

  1. Alta disponibilidad de biomasa y alto desarrollo industrial.
  2. Alta disponibilidad de biomasa y bajo desarrollo industrial.
  3. Baja disponibilidad de biomasa y alto desarrollo industrial.

 

El primer grupo se refiere a países que poseen no solamente un alto nivel de industrialización, sino que además cuentan con la capacidad de producir con un alto nivel de biomasa, como por ej. EEUU. El segundo, en cambio, presenta un alto nivel de disponibilidad de biomasa, pero bajo nivel de industrialización, como es el caso de Argentina. Finalmente, el tercer grupo se refiere a países altamente industrializados, pero que carecen de la capacidad de producir biomasa, como por ejemplo los países de la Unión Europea.

Una oportunidad clara que ofrece la Bioeconomía es que la mayoría de los sectores y segmentos de mercado que integran este nuevo paradigma son relativamente nuevos. Por otro lado y en función de lo anterior, las barreras de entrada no están definidas totalmente, ofreciendo claras oportunidades a nuevos agentes que deseen participar de estos mercados.

Argentina posee algunas ventajas comparativas aprovechables para el desarrollo de la de Bioeconomía, entre las que se destacan la variedad climática y de biodiversidad y el hecho de que la producción de biomasa está distribuida de manera totalmente federal, ya que tiene fuentes de producción a lo largo y ancho del país. Asimismo, la producción de biomasa se encuentra diversificada entre distintas fuentes como son los complejos azucareros, oleaginosos, una importante superficie de bosques nativos e implantados, sectores agrícola-ganaderos y agroindustrias altamente competitivas. Estos beneficios son de vital importancia ya que la biomasa debido a su volumen y bajo costo unitario es difícil de transportar, con lo cual dificulta y encarece su importación. Por otro lado, la diversidad y dispersión de la oferta de biomasa facilita la integración y el desarrollo de las nuevas redes de valor.

Una reciente estimación de la bioeconomía para la Argentina muestra que en el año 2012 representaba el 15,4% del PIB del país, mientras que el valor agregado ascendía a $ 330.000 millones, de los cuales el sector primario tenía la mayor participación, con el 58% (8.9% del PBI); y el 42% corresponde a la industria manufacturera (6.5% del PBI). Asimismo, no todo el valor agregado industrial se generó en los sectores de manufacturas de origen agropecuario (MOA). En efecto, si bien estos sectores produjeron 72% del total del valor agregado de la industria bio, las ramas de manufacturas de origen industrial representaron el 28% de la industria manufacturera.

 

Participación de los sectores en la Bioeconomía y en el PBI en el año 2012

SECTOR Millones de pesos Millones de dólares TOTAL BIO PBI
PRIMARIO 191.525 42.086 58% 8,9%
INDUSTRIA MANUFACTURERA 139.149 30.577 42% 6,5%
. MOA 100.300 22.040 30% 4,7%
. MOI 38.849 8.537 12% 1,8%
TOTAL BIO 330.639 72.663 100% 15,4%

 

Se puede apreciar que la Bioeconomía permite integrar la agricultura y la industria más allá de los niveles tradicionales. Así, la industria basada en la biomasa puede clasificarse en cuatro grandes segmentos. Los biocombustibles, que son aquellos producidos con recursos renovables de origen vegetal, esencialmente son el biodiesel y el etanol. Insumos bioquímicos, que son productos industriales, derivados de la biomasa. La bioenergía que incluye la generación de electricidad y otras energías en función de productos de origen biológicos y subproductos agropecuarios, como el biogás. Por último los productos finales, que son todos aquellos de base biológica que se venden al consumidor y no se enmarcan en los segmentos anteriores.

 

SECTOR Millones de pesos Millones de dólares Total Manufacturas Bio Total Biocombustibles
Industria Manufacturera Bio 139.149 30.577 100,0%  
Biocombustibles 4.052 890 2,9% 100,0%
    Biocombustibles de cereales y            oleaginosas 3.219 707 2,3% 79,5%
    Bioetanol caña azúcar 488 107 0,4% 12,0%
    Biogás 345 76 0,2% 8,5%
Otros Productos Bioindustriales 135.097 29.687 97,1%  

 

Es fundamental, entonces, estimular el desarrollo de este nuevo paradigma en nuestro país, promoviendo la integración de los distintos sectores para la transición hacia la economía basada en la biomasa. Por otro lado, se debe aprovechar esta nueva tendencia dado que no solo permite potenciar la producción primaria, sino que abre infinitas oportunidades a sectores que se nutren de estos insumos, integrándolos en una nueva de red de valor. Para esto es necesario propiciar el fortaleciendo de las instituciones, la generación de políticas públicas que estimulen la inversión en infraestructura para poder afrontar la creciente demanda, el establecimiento de reglas claras de juego, otorgando previsibilidad y seguridad jurídica, con el objetivo de promover el desarrollo.

Si Argentina logra desarrollar estos aspectos, entre otros, estará en condiciones no solo de mantenerse entre los principales jugadores del mercado, sino de volverse un miembro fundamental del mismo. El sector agroindustrial argentino tiene un enorme potencial pero deberá primero afrontar estos cambios para estar a la altura de las circunstancias.

 

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