Por Paula SzenkmanLic. en economía y secretaria para la transformación productivaMinisterio de producción y trabajo de la Nación

Argentina comienza a transitar una nueva etapa: el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (AMUE) es un hito en el camino hacia una economía competitiva y dinámica. Un paso estratégico en la inserción internacional inteligente, para crecer de manera sostenida, y generar empleo. Tras 20 años de negociaciones, se abre una etapa de consensos y acciones para poner en marcha las capacidades y dar vuelta la página.

Esta premisa no siempre estuvo clara. Durante años fuimos una de las tres economías más cerradas del mundo, aislada de los flujos de comercio e inversiones. Entre 2006 y 2015 más de 5.500 empresas dejaron de exportar; el 95% eran PyMEs. También el país dejó de exportar más de 1.400 productos. Perdimos mercados, inversiones y empleo.

En los últimos tres años y medio, impulsamos una estrategia para insertar a Argentina en las cadenas globales de valor; pusimos en marcha una agenda que está sentando las bases para mejorar la competitividad, y, a través de las mesas sectoriales formalizamos este trabajo en base al consenso con los sectores y trabajadores. Desde 2016, las exportaciones dejaron de caer al 8% para crecer al 3% promedio anual.

El acuerdo con la Unión Europea (UE) abre un mercado que junto con el Mercosur (MCS) alcanza 800 millones de personas, un mercado de casi un cuarto del PBI mundial y un 35% de las exportaciones globales. El AMUE nos da la oportunidad competir allí en igualdad de condiciones, acceder a insumos de calidad y fundamentalmente brinda un horizonte de previsibilidad para que nos preparemos con reglas claras.

Es un acuerdo equilibrado que contempla los diferentes grados de desarrollo e integración y brinda a las empresas el tiempo necesario para aumentar su competitividad.  El 60% de la oferta comercial del MCS se desgravará entre 10 y 15 años. En cambio, los bienes del Mercosur podrán ingresar con desgravación casi automática a Europa. Además, se mantienen herramientas que permitan a productores de MCS acceder a insumos importados más baratos. Mantiene las reglas de juego en materia de propiedad intelectual e incorpora disciplinas modernas orientadas a proteger el medioambiente, los derechos laborales y el fortalecimiento de las pymes.

Por Paula SzenkmanLic. en economía y secretaria para la transformación productivaMinisterio de producción y trabajo de la Nación

Las oportunidades están en todos los sectores y regiones. Actualmente, una de cuatro empresas argentinas que exportan, llevan sus productos al mercado europeo y al menos un producto por provincia argentina es colocado en territorio europeo. A modo de ejemplo: Buenos Aires tiene un increíble potencial para la exportación de carne y pick ups, Chubut podría aumentar exponencialmente los envíos de langostinos y camarones, y Córdoba los de maní. San Juan tendrá la oportunidad de dinamizar su producción vitivinícola y Río Negro, la de peras y manzanas. Además, hoy exportamos maquinaria agrícola, cajas de cambio, tubos y perfiles de acero, lámparas, calzados de cuero, indumentaria y tejidos. Es decir, que aun con las restricciones actuales, la industria argentina ha logrado vender a uno de los mercados más exigentes del mundo. La competencia comercial se dará en materia de calidad y sabemos que las provincias están a la altura del desafío con sus productos y servicios. 

Además, la Unión Europea es el principal importador mundial de servicios, por más de US$800.000 millones anuales. Para Argentina, los servicios basados en conocimiento son el tercer complejo exportador tras el automotriz y la soja. Junto a la Ley de Economía de Conocimiento, esto da un marco esencial de previsibilidad y transparencia, para potenciar el talento argentino en el mundo.

El acuerdo puede volver a dinamizar inversiones europeas en nuestro país y terminar con el estancamiento de más de 15 años. La UE es el principal inversor global y abarca la mitad del stock de IED del mundo. Los países que firmaron acuerdos con la UE, como Turquía, México, Marruecos y Sudáfrica, más que duplicaron las inversiones europeas en 10 años.

Todas estas condiciones dan un marco de oportunidad histórico. La productividad argentina aumentó apenas 5% entre 1990 y 2017, y cayó en 11 de los 27 años de ese período. Es el momento perfecto para revertir esta situación. El AMUE traza un horizonte para las empresas y refuerza la agenda de reformas microeconómicas que lleva adelante el Gobierno desde 2015: mejor infraestructura y conectividad para reducir costos logísticos, simplificación de trámites y burocracia, mejora de la calidad y estándares, entre otros, para mejorar la competitividad, que se definen a través del diálogo con todos los sectores productivos en más de 40 mesas sectoriales en un ámbito de consenso público‐privado. El AMUE es la oportunidad de convertirnos en jugadores globales. Todos tenemos un papel en este nuevo escenario: demostrarle al mundo todas nuestras capacidades, el valor de lo que hacemos y de lo que producimos con calidad y dedicación.

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