Transcurrió la noche del miércoles 14 de mayo el segundo Quincho by Kioti del año. El lugar volvió a estar a la altura de los invitados: el restaurante Barreto nos recibió de maravilla, con un espacio reservado que garantizaba comodidad, calidez y buena atención.
Por: Juan Alaise – Lic. en Comunicación Social
El primero en llegar fue Nicolás Pino. No tenía excusas: prácticamente vive en La Rural, bromeamos. Poco después llegó Martín Navarro, Coach de Nuevas soluciones digitales de Bayer, con una camisa celeste ideal para la ocasión. Junto a los anfitriones de siempre, empezamos a conversar mientras esperábamos al resto de los invitados.
Justo en el momento en que el personal nos invitó a tomar asiento, llegaron los últimos dos invitados de la noche: Marisa Bircher y Rodolfo Rossi.
Encuentro
Ya en nuestros lugares, cada uno pidió su bebida, la mayoría eligió agua mineral o alguna gaseosa cola, pero del vino nadie se privó. Disfrutamos de un gran Uno Cabernet Franc, de la bodega Antigal, de Mendoza.
La conversación comenzó con temas de coyuntura política, aprovechando que se acercaban las elecciones legislativas en la Ciudad de Buenos Aires. Desde mi lugar, en una de las puntas de la mesa, noté algo particular, la charla fue siempre una sola, compartida por todos. No hubo conversaciones paralelas ni grupos cerrados. La mesa entera danzaba sobre un mismo eje. Eso, creo, tiene que ver con lo que genera El Quincho: una sensación de unión y calidez difícil de describir.
Fiel a su estilo, Juan Carlos Grasa abrió la ronda de presentaciones con la naturalidad de siempre, mencionando a su querida Verónica, sus tres hijos, su amado River Plate y su pasión por el golf. Un gesto que, como en cada edición, refuerza la comodidad y apertura de todos los que nos sentamos a la mesa.
Invitados
Nos fuimos presentando, empezando por Juanca y siguiendo por quien estaba a su derecha, Marisa Bircher. La Licenciada en Comercio Exterior, se definió como una fanática de la Argentina y del campo. Con una vida que transita entre el sector público y privado, contó que empezó a trabajar a los 18 años en la Cancillería, y desde entonces nunca se alejó de los temas vinculados al comercio internacional. Ocupó cargos como Secretaría de Comercio Exterior de la Nación, y también fue parte del Gobierno de la Ciudad. Hoy lidera su propia consultora. Pero antes que todo eso, es la mamá de Lupe, a quien nombró como un premio que le dio la vida.

Seguí con mi presentación, el chico de Junín al que le tocó compartir la cena con semejantes nombres. Mencioné mi pasión por Sarmiento y la importancia que tiene para mí la familia y que me gustaba escuchar mucho más que hablar. Frente a mi descripción no faltó el comentario del presidente de la Rural, quien dijo que seguramente había escuchado mucho al Papa Francisco, Melo asentía y sonreía.
Martín Melo era el que seguía con la ronda de presentación. Como en cada Quincho, no tardó en nombrar con cariño a su querida mujer y a sus cuatro hijos del corazón. También, como ya es tradición, aprovechó para reafirmar su amor por River Plate, compartido con Juanca. Con una sonrisa nostálgica, contó el placer que le da seguir siendo parte de El Quincho de Horizonte desde hace más de diez años, y recordó que el primero de todos lo hicieron junto al presidente de la Sociedad Rural de aquel entonces.
"Durante la cena, las anécdotas fluyeron entre risas, historias personales y guiños cómplices"
Nicolás Pino fue quien tomó la palabra después. Presidente de la Sociedad Rural Argentina y padre de dos hijas una de 31 y otra de 16. Confesó que el fútbol no le quita el sueño, pero sí el tenis, deporte que trata de practicar al menos tres veces por semana. Siempre vinculado a las vacas y a la comercialización, compartió la satisfacción que le da ser parte del mundo del campo argentino, un entorno que lo cansa, pero también lo alegra. Con una sonrisa recordó que incluso durante la pandemia participó de un Quincho... vía Zoom.
El tercero de los invitados en presentarse fue Martín Navarro. Papá de dos nenas de 7 y 9 años, tiene una familia ensamblada junto a su mujer Valeria. Nació en Adrogué, lejos del mundo rural, pero en la secundaria algo lo llevó a elegir la agrotécnica, y desde entonces no se desvió del camino. Es ingeniero agrónomo y, después de recibirse, se fue a vivir al interior, para luego pasar algunos años formándose en Estados Unidos. De regreso en Argentina, trabaja en Bayer, enfocado en el área digital, siendo Coach de Nuevas soluciones digitales. Amante del deporte, contó que jugaba al fútbol hasta que “el fútbol me abandonó, y yo lo abandoné a él”. Hoy sale a andar en bici, dice, para mantener la salud y el equilibrio emocional. Aunque vive en Pergamino, su lugar en el mundo es Tandil, donde viven sus padres.
Rodolfo Rossi, el último de los invitados en presentarse, comenzó aclarando con humor que es porteño, aunque muchos no le crean. Estudió Agronomía y está casado desde hace 49 años con una psicoanalista, ya retirada. Padre de Paula,psicóloga como su madre. Vivió durante varios años en Venado Tuerto y asegura que trabajó toda la vida “en el mismo escritorio”. Jugó muchos años al fútbol y al golf, aunque ya dejó. Contó entre risas que su señora, campeona del Litoral, necesitaba dos horas de golf por día para descomprimir lo que generaba su trabajo. “Ella sí era una buena jugadora”, dijo con admiración. También mencionó que, aunque nunca se analizó con un psicólogo formalmente, su esposa fue siempre clave para ayudarlo a tomar decisiones importantes, haciéndole preguntas que lo llevaban a pensar.

Alguien en la mesa comentó: “¿Nunca te analizaste, o nunca te diste cuenta de que te analizaban?”. La verdadera vocación de Rodolfo siempre ha sido construir instituciones: desde 1983 ha sido parte de múltiples entidades hasta llegar a presidir la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina. Su misión es defender al agro, y su orgullo, es haber sido testigo del crecimiento de la soja en Argentina, cultivo con el que tuvo su primer contacto hace más de 50 años.
Brindis y cena
Una vez finalizada la presentación de cada uno de los integrantes, hicimos un brindis y a continuación llegó el plato fuerte: un asado de tira en su punto justo, acompañado por papas fritas con un dorado elemental. Durante la cena, las anécdotas fluyeron entre risas, historias personales y guiños cómplices.
Imágenes que nos identifican
Una vez cruzados los cubiertos, Juan Carlos, como gran anfitrión, propuso una actividad para seguir alimentando el espíritu del Quincho de Horizonte. Esta vez, la propuesta fue digital: los participantes tenían en sus celulares una selección de imágenes que representaban distintas situaciones de la vida, y debían elegir aquella con la que más se sintieran identificados en este momento particular.
Antes de comenzar, hubo un pequeño consenso general: la imagen de “remar en dulce de leche” parecía representar, en algún punto, a todos.
Más allá de aquel dulce consenso, el primero en compartir fue Martín Navarro, que eligió la imagen de la familia por el momento vital que atraviesa junto a sus hijas. También resaltó la del trabajo en equipo, por el compromiso diario con su grupo de trabajo.
Nicolás Pino se inclinó por una imagen que representaba la reflexión. “Es un momento para pensar bien lo que hacemos, tomar aire, respirar y calmarse un poco”, dijo. Rodolfo Rossi acompañó esa elección y agregó que la reflexión siempre fue parte de su estilo de vida, no solo de esta etapa. También valoró la imagen del trabajo en equipo, por las personas con las que le tocó compartir su camino laboral.
Marisa Bircher fue la última en elegir. También se sintió identificada con la idea de la pausa y la introspección, y compartió que desde 2013 medita todos los días. “Me ayuda a parar la cabeza y oxigenarme”, dijo con convicción.
Ya llegando al final de la noche, se sirvió un clásico vigilante como postre, acompañado de café para quienes lo eligieron. Luego de soltar la cuchara, hicimos una foto grupal y, en una parte más íntima del lugar, los invitados compartieron unas palabras para las redes sociales de Horizonte.

Cierre
Todos coincidieron en el valor de este espacio, agradecieron la invitación, celebraron la diversidad de la mesa y destacaron la posibilidad de hablar de otra cosa que no sea el trabajo. El Quincho sigue siendo eso: un lugar para encontrarse, debatir, aflojar y reflexionar con gente del sector.
Nos vemos en #ElQuinchoDeHorizonte próximo.
¡Gracias!



























