Una mesa cálida para los primeros fríos

Ya entrados en el otoño y con camperas sobre los hombros, nos reunimos siete personas para celebrar algo que muchas veces queda escondido detrás de reuniones, eventos y agendas cargadas: la humanidad del ecosistema agropecuario. Por Juan Ignacio Alaise – Lic. en Ciencias de la Comunicación Como suele pasar en cada edición, la noche empezó […]

mayo 23, 2026

Ya entrados en el otoño y con camperas sobre los hombros, nos reunimos siete personas para celebrar algo que muchas veces queda escondido detrás de reuniones, eventos y agendas cargadas: la humanidad del ecosistema agropecuario.

Por Juan Ignacio Alaise – Lic. en Ciencias de la Comunicación

Como suele pasar en cada edición, la noche empezó mucho antes de sentarnos a la mesa. A medida que los invitados fueron llegando, las conversaciones aparecieron de manera natural. Nadie ocupaba todavía su lugar, pero el Quincho by Grupo GR ya había comenzado. Entre saludos, anécdotas y temas que iban y venían, nos acercamos finalmente a una mesa que ya estaba servida y lista para recibirnos.

Esta vez, además, Juan Carlos había preparado una sorpresa para la clásica dinámica de imágenes. Sumó nuevas opciones para que cada invitado pudiera verse reflejado desde distintos lugares: la familia, el trabajo, la soledad, los caminos recorridos, los equipos, los desafíos y hasta esos momentos de pausa que pocas veces nos permitimos. Pero antes de llegar a esa instancia, tocaba pasar por una de las partes más lindas del Quincho: las presentaciones.

Invitados y anfitriones

Juan Carlos abrió la ronda contando que está casado con Verónica y es padre de Alfonso, artista plástico; María Luz, médica que vive en Barcelona; y Ramiro, el más chico, que todavía sigue transitando esa “adolescencia eterna”, como dijo entre risas. Recordó sus raíces en Lobos, su pasión por el golf desde pequeño y mencionó algo que para nosotros ya parece natural pero no deja de ser importante: hace más de veinte años dirige Horizonte A.

La siguiente en presentarse fue Nannette Giovanelli, presidenta del Círculo Argentino de Periodistas Agrarios, entidad que este año cumple 70 años. Mamá de Juana y Augusto, jugadora de hockey y próxima participante del Mundial Máster +50 en Rotterdam, lleva muchísimos años ligada al sector. Hoy combina distintas facetas: la comunicación institucional, el periodismo y Amadas, un proyecto que le permitió volver —según sus propias palabras— a su primer amor: contar historias, especialmente las de mujeres vinculadas al agro y sus recorridos personales.

Después llegó mi turno. “Soy Juan Ignacio Alaise, pero con Juani alcanza… y si me quieren sacar la ‘i’ y decirme Juan, también está bien”, dije entre risas. Conté que trabajo en Horizonte A hace más de un año y que el Quincho es uno de los espacios que más disfruto porque permite salir del lugar común del trabajo. Hablé de Junín, mi ciudad, de mis viejos que siguen viviendo allá, de mi hermano menor con quien comparto casa en Buenos Aires y de Natasha, mi novia porteña —muy porteña— con quien estoy hace cuatro años y medio. En medio de la charla, Nannette decidió revelar algo que yo jamás hubiese mencionado: el reconocimiento como Revelación CAPA 2025. Me dio algo de vergüenza, pero ya estaba dicho.

Álvaro Moreno tomó luego la palabra. Licenciado en Marketing, porteño de Caballito y hombre de agro por elección, hoy trabaja dentro del Grupo GR y particularmente en PT Farm, un espacio donde conviven ensayos, innovación, relacionamiento y construcción de negocios. Tiene dos hijos adolescentes y una enorme admiración por el productor agropecuario. “No puedo entender cómo todos los años sigue apostando en un país tan variable”, comentó, generando varios gestos de aprobación alrededor de la mesa.

Después fue el turno de Mariano Larrazabal, quien se definió simplemente como productor agropecuario. La vida le pidió crecer rápido: perdió a su padre cuando tenía apenas 15 años y tuvo que asumir responsabilidades desde muy temprano. “Mi primer vehículo fue un tractor y no un auto”, recordó. Ingeniero agrónomo, profundamente creyente, vive desde hace 25 años en Andalucía junto a Josefina y su hija Bianca. También habló de “dos estrellitas” que siguen acompañándolo desde otro lugar y compartió su pasión por la tecnología y el AgTech, área donde hoy trabaja ayudando a empresas a romper estructuras y adaptarse a nuevas realidades.

Martín Melo continuó la ronda hablando de sus padres, Cristina y Roberto, quienes hoy lo acompañan “desde otro lado”, de sus hermanas, de Elizabeth y de sus cuatro hijos de corazón. Recordó su historia en Suipacha, sus años en el periodismo y destacó algo que quienes pasamos por el Quincho sabemos bien: de estas cenas han surgido vínculos muy fuertes, historias, proyectos y muchísimos momentos que todavía siguen presentes.

El último en presentarse fue Juan Manuel Alberro, abogado, dirigente ganadero y, según su propia definición, “un perro verde” dentro del sector. Nacido en Hurlingham, intentó vivir en Buenos Aires, pero terminó regresando a Bella Vista. Está casado hace veinte años y tiene dos hijos. Entró como cadete a un banco en 1992 y fue allí donde el agro terminó de atraparlo. “Me picó el bichito de la ganadería”, contó. Hoy preside Braford y sigue hablando del sector con el entusiasmo de quien todavía disfruta cada paso recorrido.

Charlas de cena y lo lúdico para conocernos más

Mientras disfrutábamos de la comida, las conversaciones fueron cambiando de rumbo. Se habló de experiencias de vida, de inteligencia artificial, de las nuevas generaciones y también apareció algún concepto que dejó en evidencia mi edad. Fue entonces cuando llegó el momento de la dinámica de imágenes, esta vez ampliada con nuevas opciones.

Juan Manuel comenzó eligiendo la imagen de un hombre viajando solo por la ruta. Explicó que esos trayectos le permiten pensar, ordenar ideas y hasta detenerse para anotar pensamientos. También eligió una imagen vinculada a la familia, dejando en claro que está por encima de todo, y otra relacionada al trabajo en equipo, destacando el sentido de pertenencia dentro de Braford.

Mariano eligió primero una imagen relacionada con la familia. Vivir fuera de Argentina le hizo entender el valor profundo del arraigo y de quienes acompañan el camino. Habló de Josefina, de Bianca, de su perro y nuevamente de esas “dos estrellitas” que siguen presentes. Luego eligió otra imagen para referirse al momento profesional que atraviesa, uno de los más importantes de su carrera, aunque mirando siempre hacia adelante y pensando en el bienestar de su hija. Compartió además que un ranking de la Fundación Europea de Innovación lo ubicó entre las personas y empresas más influyentes de la cadena agroalimentaria vinculadas a la inteligencia artificial.

Álvaro eligió una imagen que representaba a una persona haciendo muchas tareas al mismo tiempo. “Hago ochocientas millones de cosas”, dijo entre risas. Contó que vive una etapa muy intensa, con proyectos, armado de equipos y desafíos constantes. “Estoy prendido fuego”, resumió, aunque aclaró que hace años no se aburre y que incluso le gustaría experimentar eso alguna vez. Su segunda elección estuvo vinculada a la familia y a la responsabilidad de acompañar a hijos que empiezan a crecer, intentando entender a las nuevas generaciones sin creer que uno tiene siempre las respuestas.

Nannette también eligió la imagen multitasking. Dijo que hoy atiende muchos frentes al mismo tiempo pero que, aun así, logró encontrar equilibrio, paz mental y coherencia entre su vida profesional y personal. Habló del desafío de fortalecer CAPA, de construir equipos jóvenes y de impulsar un periodismo agropecuario diferente, más horizontal y menos estructurado. Luego eligió una imagen de una persona viajando sola por la ruta, explicando que le encanta manejar y recorrer campos contando historias. Finalmente tomó una fotografía de unas manos adultas para hablar sobre la pérdida de su papá y la importancia del cuidado hacia las personas mayores, generando uno de los silencios más profundos de la noche.

El encuentro va llegando a su fin

Ya con las copas de vino vacías y algunas tazas de té sobre la mesa, la conversación giró hacia la inteligencia artificial. Hubo posturas optimistas, otras más cautelosas y preguntas que todavía no tienen respuesta. Pero todos coincidimos en algo: la tecnología puede cambiar procesos, herramientas y formas de trabajar, pero todavía hay algo que no encuentra reemplazo. La conversación humana.

Porque esa noche no hablamos de negocios ni de resultados. Hablamos de hijos, de pueblos, de pérdidas, de equipos, de familias, de sueños, de caminos recorridos y de aquello que nos sigue moviendo. Por unas horas dejamos los cargos afuera de la mesa y nos permitimos simplemente ser personas. Y probablemente esa sea una de las cosas más valiosas que tiene el Quincho by Grupo GR.

La noche invitaba a seguir. Seguramente podríamos haber estirado la charla algunas horas más. Pero llegó el momento de la foto grupal, de las despedidas y de esa sensación que siempre queda flotando cuando termina cada edición: la certeza de que volveremos a cruzarnos. Tal vez en una exposición, en una recorrida a campo o en cualquier rincón donde el agro vuelva a reunirnos.

Hasta el próximo Quincho de Horizonte A by Grupo GR.