En el año 2000 la producción brasileña de granos era de apenas 5 millones de toneladas más que la de Argentina, y eso no es todo: la producción total Argentina en los 80s había crecido un 43% mientras que la de Brasil solo un 16%, y en los 90s volvimos a superarlos, crecimos al 94% duplicándolos. Hoy ellos más que duplican la producción de granos argentina. Es importante tomar dimensión del problema, pasamos de producir casi lo mismo a que Brasil produzca más solo de soja de lo que nosotros producimos el resto de los granos. Entonces ¿qué pasó?
Desde el área de desarrollo económico de CIPPEC se está ensayando una respuesta. La que todos conocemos es: Argentina hizo mal las cosas, puso las retenciones en el 2002 y ahí quedaron. A fines de 2011 sumó el cepo cambiario. Eso solo podría explicar la diferencia, pero no se agota ahí.
Dentro de los múltiples puntos a explorar está el proceso de colonización del Cerrado, una enorme superficie subtropical que no era apta para la agricultura extensiva templada de granos. Pero ahí estaban los gauchos do Sul buscando tierra barata y el Embrapa, el instituto de tecnología agrícola brasileña, primo mucho más joven del INTA.
Embrapa cuenta con al menos cuatro ventajas por sobre el INTA: i) Es una empresa privada cuyo único accionista es el Estado brasileño, lo que la obliga a informar sus actos con la transparencia de una empresa privada, pero con un fin social. Desde 1997 publica su balance social que hecha luz sobre su presupuesto que es bastante estable (durante los últimos 15 años oscila entre los 850 millones de dólares); este foco en la transparencia es crítico para cumplir con su objetivo de relacionarse con el sector privado y para fomentar la colaboración interna, ii) tiene una misión clara de apuntalar al sector privado en el objetivo estratégico de colonizar la ruralidad brasileña iii) para esto sigue un criterio de subsidiariedad: no hace lo que el sector privado hace mejor, actúa solo sobre fallas de mercado, iv) no realiza tareas de extensión, solo de investigación básica y aplicada con fuerte foco en la transferencia al sector privado mediante regalías.
Los resultados son envidiables: el Balance Social de Embrapa estima todos los años su contribución al PBI agro, que desde el 1997 asciende a un acumulado de 316 mil millones de dólares, algo así como el 50% del PBI de Argentina de 2025 además de explicar que solo en 2025 las innovaciones implementadas generaron 132 mil puestos de trabajo. Aún si la medida fuese una exageración de por ejemplo 10 veces, Embrapa de mínima hubiese creado 13.200 empleos nuevos, el doble de las personas que Embrapa emplea; sería un éxito.
Si bien el organismo se jacta de un número elevadísimo de patentes que incluyen 166 soluciones tecnológicas de todo tipo y 110 variedades de cultivos, vale la pena destacar 3 que fueron críticas para colonizar el Cerrado: i) fue Embrapa junto a privados los que invirtieron en cantidades demenciales de cal para corregir la acidez del suelo del Cerrado ii) fue Embrapa la que invirtió en genética para desarrollar sojas para suelos ácidos y dominó el mercado hasta que la inversión privada entendió que era negocio y la desplazó iii) fue Embrapa la que desarrollo variedades de rhizobium para fijar nitrógeno en legumbres (como la soja) cuando no era rentable hacerlo. Embrapa estuvo ahí para apoyar a los gauchos do Sul que querían surfear el boom de los commodities de principios de siglo XXI. Esa enorme historia de progreso que nos proponemos contar desde CIPPEC.
Si un ingeniero agrónomo se recibió en 2002 apenas le quedan hoy 15 años para jubilarse. No podemos esperar más, copiemos ya a Brasil: eliminemos para siempre retenciones, desterremos al cepo cambiario y reformemos el INTA para colonizar el oeste. No estoy planteando una locura, para la minería y el petróleo se hizo: se llama RIGI. Despertemos al gigante dormido.
































