Cuando te sentás a charlar con Manuel Rosasco, te das cuenta rápidamente que es un agradecido de la vida. Detrás del profesional hay una mujer de fierro que le bancó todas las ausencias.
Los que estamos en el rubro sabemos lo que exige armar una empresa: ella estuvo ahí, desde acompañarlo al galpón para un ensayo de urgencia hasta embarrarse en el campo un día de lluvia. Le bancó las buenas, las malas y toda la ansiedad que genera emprender.
Por Sebastián Nini – periodista-
Manu está moldeado por la cultura del esfuerzo. A su autoexigencia y pasión por el agro, sumale un detalle clave: detesta perder. Ese fuego competitivo viene del rugby, del fútbol, y de ser un enfermo de Boca y de Messi. Un combo que lo empuja a buscar siempre la mejora continua. Curiosamente, arrancó estudiando arquitectura, de ahí su gusto por el diseño, el dibujo y la fotografía. Pero la tierra tira. Los recuerdos de chico, despanojando lotes con su padre y subido al tractor, ganaron la pulseada. El campo gritó más fuerte, viró para Agronomía y hasta clavó una maestría hace un par de años.
Su despegue con STINE lo pinta de cuerpo entero. A los 24 se instaló en Iowa y metió las manos en la tierra: de polinización y siembra, a reuniones de directorio, para después volver a subirse a la sembradora en ropa de fajina. Con esa escuela y la semilla para Argentina, voló a Venado Tuerto y se instaló a vivir en el predio que acababan de comprar. “Fue una época a puro contenedor, haciendo de oficina y de cuarto; nuestro propio "garaje" emprendedor, pero más pampeano.”
Hoy, cuando Manu para la pelota y mira para atrás, el orgullo es inevitable: armaron un equipo de primerísima línea con el que, sin dudas, están volando muy rápido y cada vez más alto.
Manu, para entrar en clima, siempre me fascinó la historia de Harry Stine y ese espíritu de empresa familiar que se convirtió en un gigante global sin perder la independencia. ¿Cómo se traduce ese 'gen' norteamericano al día a día de la operación en Argentina?
Años atrás, encontrando anomalías en el cultivo, realizando mejoramiento, convirtiéndose así en lo que es hoy, Harry Stine, el padre de la soja, donde más del 60 % de la soja que se consume a nivel mundial tiene gen Stine, es algo increíble. Cuando uno ve cómo arrancó todo, es difícil de creer.
Es el gen del laburo y el esfuerzo, con total humildad, una simpleza que te la transmite con total claridad, sin muchas palabras, con el ejemplo.
Es una persona que en pocas palabras te dice lo que hay que hacer y te das media vuelta y mirás por la ventana en su camioneta, que tiene ahí, la pala, las herramientas atrás. Tal vez estás en el campo y lo ves con la camisa abierta y la camiseta blanca americana toda chivada.
Entiendo que es una dedicación full time…
Estamos abocados 100% al laburo porque no hay domingos. Constantemente buscamos qué mejorar para cumplir con nuestros clientes. En realidad, nosotros somos bastante analíticos en cuanto a buscar la mejora para el país. Sabemos que lo que aportamos hoy es genética.
Y seguimos sumando desde otros espacios – comunicación, atención al cliente, acompañamiento - El gen de STINE no está estático nunca, está constantemente activo y en movimiento.

Stine llegó pateando el tablero con el concepto de los maíces de baja estatura. Más allá de la foto del ‘maíz petiso’, ¿cuál es el verdadero salto productivo que están viendo en los lotes argentinos y cómo está reaccionando el productor tradicional ante este cambio de arquitectura?
El tema de los maíces petizos tiene una historia divina que Harry arrancó en los 90, si no me equivoco, por no decir antes, hablando sobre el futuro del maíz, lo que iba a venir con maíces de baja estatura, con muy buena reacción o respuesta frente a las altas poblaciones. De ahí arrancó no a través de una transgénesis, sino de selección totalmente a campo. Esta es una gran diferencia, no es menor.
Este concepto tiene que ir acompañado del rendimiento y el manejo. Es decir que uno puede ver algo que te lleve a maximizar el metro cuadrado del productor para que pueda expresar mayor rendimiento, pero hay que buscarle el ambiente y el manejo correcto para que se exprese.
Yo creo que estamos en los inicios de algo que puede llegar a ser muy grande y que puede llegar a cambiar bastante la operatividad en el manejo del productor. Te hablo no solamente desde rendimiento, cantidad de plantas, sino también desde momentos en donde la maquinaria entraba, una operatoria integral.
Hoy STINE ya tiene en su paleta tanto en Argentina como en Estados Unidos, maíces de porte bajo, de inserción baja, maíces que mantienen un alto rendimiento, otorgándole esta posibilidad de manejo del productor.
En soja son referentes indiscutidos a nivel mundial. En un contexto local donde el cultivo a veces parece haber perdido el brillo en innovación frente al maíz, ¿cuál es la propuesta de valor de Stine para que el productor vuelva a apostar fuerte por una genética de elite?
En el cultivo de la soja, todos saben que STINE es el padre de la misma, el padre del mejoramiento y quien le brindó su genética a otros continentes, y no es poca cosa esto para que otras empresas crezcan y encima hoy le generen competitividad.
Yo creo que el productor ya está apostando. Nosotros venimos creciendo a grandes trancos en el cultivo de la soja, mostrando rendimientos superadores en tan solo 5, 6 años. Un programa de investigación lleva entre 5 a 7 años para lograr obtener algo que posicionar, de ahí viene el descarte y la selección.
Estamos hablando de que tan solo en 5 años – desde el 2021 que se arrancó a comercializar, hasta ahora – hay una gran adopción de la genética STINE. No solamente es la genética lo que llega a la mano del productor, sino también sentirse parte de algo nuevo, sentirse parte de STINE.
Y agrego algo muy importante, el siguiente paso para ofrecerle al productor ya está en camino. Estamos hablando de menos de 3 campañas para que ese mismo ya se pueda posicionar en el mercado. Hoy es Enlist y Conkesta Enlist, luego nuestro próximo lanzamiento.

Es imposible hablar con vos sin tocar el marco regulatorio. Argentina sigue en un debate eterno sobre la Ley de Semillas. Desde la visión de una empresa que vive de la propiedad intelectual, ¿qué tan lejos estamos de un escenario que realmente incentive la inversión y cómo nos posiciona hoy no estar alineados al UPOV 91 frente a nuestros vecinos de la región?
Siempre estamos cerca y debemos enfocarnos en ayudar al productor, dándole más herramientas e innovación. El desarrollo de nuevas biotecnologías lleva años y mucho esfuerzo, pero todo es para mejorar la seguridad y el manejo del productor. El objetivo es quitar obstáculos y brindar mejoras constantes, aunque algunos se opongan; la prioridad es maximizar el potencial del productor.
Creo que Argentina, por desgracia, se parece ese auto que anda con las cubiertas pinchadas. Uno se acostumbra a que las cubiertas están pinchadas. Vas poniendo parches, y te clavas 3, 4 parches para que el productor sienta que está volando. Hay productores que, supuestamente, están desde toda la vida buscando un beneficio, una mejora como lo que uno también hace, y de golpe aparecen “Miguelitos” en la calle para que los parches se revienten, y de vuelta andar pinchados. Ya parecería que el andar pinchado es el andar correcto.
UPOV 91 Es una oportunidad reciente y valiosa que puede impulsar el crecimiento del sector tanto interna como externamente.
Tenemos la capacidad y liderazgo para ser referentes y dejar de mirar solo hacia afuera. Es momento de alinearnos, dejar el egocentrismo y enfocarnos en decisiones ágiles que beneficien a toda la cadena y a las futuras generaciones; no aprovecharlo sería una lástima.
No hay relación entre esta acción y las patentes; no existe una ley de patentamiento vegetal como en EE.UU. El uso propio no está prohibido ni limitado, depende del Estado y de la decisión de cada productor según su conveniencia. El desafío es ofrecer siempre algo mejor para que el productor vea el beneficio y maximice su rentabilidad. Nos esforzamos mucho por entender las necesidades del cliente y mantenernos cerca de ellos, porque escuchar y aprender de los productores es clave para mejorar. Afortunadamente, cada vez hay más personas que apuestan por la innovación y el reconocimiento del esfuerzo, impulsando mejoras en el sector, en lugar de obstaculizar el progreso del agro argentino.
¿Crees que la realidad argentina en cuanto a mejoramiento es limitante?
En Argentina solo hay dos empresas de mejoramiento de soja, pese al enorme potencial productivo. El principal problema no es técnico, sino las retenciones, que limitan la creatividad y la toma de decisiones del productor. Además, falta un cambio de mentalidad para valorar el mejoramiento y la innovación, lo que nos deja en desventaja frente a países como Brasil, donde hay mucha más competencia y biotecnología activa.
Hace unos años Stine era la 'novedad' que llegaba al país. Hoy ya son un actor consolidado en la campaña. Si tuvieras que hacer un balance de este camino recorrido en Argentina, ¿qué fue lo que más te sorprendió de la adaptación de la genética Stine a nuestros ambientes, tan diversos y a veces tan hostiles?
No hubo mucha sorpresa, sabíamos el laburo que teníamos que hacer y estábamos dispuestos a hacerlo. Todavía nos queda mucho por recorrer y, como bien decís, creo que ya no somos más la novedad de STINE en Sudamérica, ahora nos toca ese lindo papel de seguir estando cerca del productor con nuestros productos tanto de soja como maíz, que claramente te invitan a algo más.
En adaptabilidad lo que logramos en el corto plazo también fue una rápida reacción hacia las necesidades que el mercado demanda. Esto nos sigue desafiando porque las generaciones van cambiando y nos obliga a mantenernos en movimiento.
¿Hacia dónde va la frontera de la genética en los próximos 5 años en STINE?
Hablando de Sudamérica, en cinco años vamos a estar dentro de los líderes del mercado, tanto en soja como en maíz. Vamos a ser una opción muy elegida por el productor, no solamente por los productos que ya vienen demostrando el potencial, sino también por lo que la marca representa y el sentido de pertenencia.
Por fuera, rompiendo fronteras, seguir expandiéndonos en Sudamérica y además estamos evaluando desembarcar en otros países. Hoy estamos en Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay. Siempre enfocándonos en lo nuestro, vamos por ahí.
Vamos a liderar el mercado.
Gracias Manuel!
































