La apertura del encuentro
Estuvo encabezada por autoridades de Fertilizar AC, de la Universidad Nacional de La Pampa y funcionarios provinciales, quienes coincidieron en la necesidad de fortalecer la articulación entre ciencia, producción y manejo sustentable de los suelos.
La gerente ejecutiva de Fertilizar Asociación Civil, María Fernanda González Sanjuan, destacó la participación de más de 350 asistentes y señaló que el objetivo del evento es “abordar la nutrición de cultivos y pasturas en zonas semiáridas y subhúmedas, con foco en el uso eficiente del agua y la innovación productiva”
Por su parte, el presidente de Fertilizar Asociación Civil, Roberto Rotondaro, señaló que “difundir conocimientos sobre nutrición de cultivos y cuidado del suelo para una producción sostenible es el objetivo de Fertilizar. Estamos muy contentos con la convocatoria”
Desde el ámbito académico, la decana de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Pampa, Lía Molas, destacó la importancia de discutir fertilidad desde una mirada integrada entre agricultura y ganadería.

A su turno, el subsecretario de Asuntos Agrarios del Ministerio de Producción de La Pampa, Ricardo Beraldi, vinculó el debate sobre fertilización con los problemas de calidad registrados en la última campaña triguera. “Tenemos el gran desafío de mantener nutrientes en la tierra, más viniendo de una gran producción de trigo con muchas deficiencias de proteína”, advirtió.
Finalmente, el rector de la Universidad Nacional de La Pampa, Francisco Marull, llamó a fortalecer el trabajo conjunto entre instituciones frente al contexto económico y ajuste en las universidades. “Debemos agudizar el ingenio y la creatividad. En tiempos difíciles hay que unirse y trabajar en conjunto para encontrar nuevas ideas”, afirmó.
Advierten sobre el empobrecimiento de los suelos en las regiones semiáridas y subhúmedas
El especialista Esteban Ciarlo (Fertilizar AC) alertó por la drástica caída de nutrientes y demostró que la fertilización balanceada mejora los rindes, la rentabilidad y el uso del agua.
Según los datos expuestos, la intervención agrícola continua sin una reposición adecuada provocó un "empobrecimiento generalizado". El fósforo registra “una alarmante caída promedio del 82%” respecto a su condición prístina, ubicándose en umbrales críticos de deficiencia. En tanto, el zinc es el segundo nutriente que más se ha perdido "porque se repone bastante menos de lo que se exporta", mientras que el boro sintetiza el declive actual: "de boro estamos bien, pero vamos mal". Asimismo, Ciarlo advirtió que la pérdida de materia orgánica equivale directamente a una pérdida proporcional de nitrógeno.
A partir de una red de 42 ensayos a lo largo de 10 campañas, la entidad evaluó el impacto de cuatro estrategias de manejo (Testigo, Frecuente, Mejorada y Completa -con aplicaciones de micronutrientes). El análisis demostró respuestas dispares según el cultivo: el trigo (invierno) es el que más responde a la nutrición, el maíz "siempre crece si mejora la estrategia", mientras que la soja es la que presenta menores respuestas relativas.
Por el contrario, y tomando como ejemplo los resultados del maíz en la Red de Ensayos de Fertilizar, el tratamiento mejorado (nutrición balanceada) se consolidó como el óptimo económico al generar un Retorno de la Inversión (ROI) de 0,32 U$S por cada dólar extra invertido y una ganancia marginal de 54 U$S/ha frente al testigo. Por su parte, el tratamiento Completo (que implica las mayores dosis e incorpora micronutrientes como el zinc) maximiza los potenciales de rinde y logra revertir la degradación con un balance de nutrientes positivo (+6 kg/ha de nitrógeno más fósforo y azufre en promedio para los cultivos de la Red).
Finalmente, Ciarlo instó a mirar más allá del rinde inmediato y priorizar la sustentabilidad del recurso. En zonas con restricciones hídricas, una nutrición equilibrada incrementa la Eficiencia de Uso del Agua (EUA) entre 19% y 53%. "Antes de pensar solo en la economía, debemos entender que fertilizar bien es optimizar cada milímetro de agua disponible", dijo.
“Nutrir mejor es usar mejor el agua”
Por su parte, el investigador de la Universidad Nacional de Mar del Plata y titular del emprendimiento Raíz Científica, Nahuel Reussi Calvo, presentó el trabajo “Agregado de valor al agua a través de la nutrición de cultivos”, realizado junto a Paula Iglesias, en el cual abordaron la relación entre nutrición y eficiencia en el uso del agua (EUA) en sistemas de secano.
El especialista planteó que gran parte de las brechas de rendimiento actuales no se explican sólo por falta de lluvias, sino también por deficiencias nutricionales y degradación de suelos. “El agua y la nutrición son engranajes claves para producir más”, aseveró.
Durante la charla, Reussi Calvo mostró que muchos cultivos están aprovechando sólo una parte del agua disponible. “En trigo podemos producir 22 kilos de grano por milímetro y en maíz 37 kilos por milímetro, pero la mitad de los milímetros caídos no los está capturando el cultivo”, explicó.
El investigador también alertó sobre la pérdida de materia orgánica y deterioro físico de los suelos agrícolas. “La eficiencia en el uso del agua fue principalmente afectada por la pérdida de carbono orgánico y por la densidad aparente”, indicó.
“El año climático tiene mayor peso que la relación insumo-producto. La clave es hacer diagnóstico y poner nitrógeno donde hace falta”, concluyó.

Nutrición efectiva y responsable de pasturas
El especialista Cristian Álvarez (INTA) advirtió que la falta de fertilización estratégica en planteos de alfalfa degrada la estructura física, provoca la pérdida de carbono y acelera procesos de acidificación que desploman la oferta forrajera.
Álvarez señaló que, en zonas de secano, la productividad está íntimamente ligada a la eficiencia en el uso del agua (EUA). Un manejo integrado de la nutrición puede elevar la conversión biológica desde un piso de 12 kg hasta alcanzar los 22 kg de materia seca por milímetro de agua por hectárea. Sin embargo, esta dinámica se rompe ante la degradación física y la consecuente compactación de los lotes.
A través de ensayos regionales, el especialista demostró que la fertilización estratégica con fósforo y azufre incrementa la producción entre 28% y 106% en alfalfa pura, y de hasta 46% en pasturas consociadas. Además, este manejo impacta de forma directa en el medio ambiente: los lotes degradados mostraron un alarmante balance negativo de carbono (perdiendo hasta 760 kg de C/ha al año), mientras que los planteos correctamente nutridos revirtieron la tendencia, logrando secuestrar hasta 690 kg de C/ha anuales.
Al respecto, Álvarez fue enfático en el impacto negativo de no fertilizar el recurso forrajero: "Las pasturas no son ajenas a la realidad del suelo; expresan el maltrato a través de una menor producción, problemas para persistir en el tiempo y una caída drástica en su calidad nutricional. Cuando fertilizamos bien con fósforo y azufre no solo producimos más forraje, sino que logramos dar vuelta el balance ambiental”.
La baja reposición de nutrientes empieza a sentirse en la soja y el girasol del oeste bonaerense
Los cultivos de soja y girasol, tradicionalmente considerados menos dependientes de la fertilización que los cereales, comienzan a mostrar respuestas crecientes a nutrientes como fósforo y azufre debido al deterioro de la fertilidad de los suelos agrícolas.
Así lo mostró Mirian Barraco, investigadora del INTA General Villegas, durante su presentación sobre nutrición en soja y girasol.
“Tradicionalmente son cultivos que recibieron poco aporte de fertilización porque se consideraba que se sembraban en suelos bien provistos. Pero la baja reposición de fósforo llevó a situaciones de deficiencia y ahora empiezan a mostrar respuestas interesantes”, señaló.
Aclaró que la soja y el girasol poseen características fisiológicas diferentes respecto de las gramíneas y también requerimientos nutricionales particulares, especialmente por su alta demanda de fósforo y azufre vinculada a la calidad de grano y aceite.

En soja, la especialista destacó el papel de la fijación biológica de nitrógeno, que aporta cerca de 50% de las necesidades del cultivo. Pero advirtió que problemas de acidificación y falta de calcio “se reflejan en una menor nodulación”.
En ese contexto, resaltó que la inoculación continúa siendo una de las tecnologías de mayor retorno agronómico. “Aporta entre 200 y 300 kilos y no puede ser sustituida con fertilizantes”, aseveró.
También alertó sobre el deterioro de los niveles de fósforo disponible en los suelos. En concreto “50% de los lotes de nuestra región deberían recibir fertilización fosfatada”, indicó. No obstante, remarcó que tanto el cultivo de soja como el girasol son cultivos sensibles a altas dosis aplicadas en la línea de siembra porque pueden desencadenar problemas de fitotoxicidad.
En girasol, Barraco mostró respuestas importantes a fósforo, nitrógeno, azufre y boro, aunque aclaró que el manejo de N “debe ser cuidadoso: si aplico altas dosis puedo tener caída del contenido de aceite”. Por eso recomendó estrategias “moderadas” con aplicaciones en estadios V4 o V6. “El azufre le da un escalón de rendimiento”, aseguró.
Finalmente, la investigadora remarcó que las rotaciones y los cultivos de cobertura serán claves para recuperar fertilidad y sostener productividad en sistemas agrícolas cada vez más exigidos.
Cuál es la estrategia de nutrición de maíz para maximizar el rinde potencial por planta
La producción sustentable y de alto rendimiento en cereales de verano exige una mirada integral del sistema productivo. Así lo planteó Gabriel Espósito de la Universidad Nacional de Río Cuarto.
El experto introdujo el concepto del "triángulo de la fertilidad", explicando que un suelo verdaderamente fértil es aquel donde coexisten en equilibrio la fertilidad física (aire, agua, temperatura y sostén), la química (nutrición) y la biológica.
El especialista detalló la metodología para calcular la fertilización fosforada necesaria, distinguiendo entre la dosis de "reposición" —calculada en función del rendimiento objetivo por el fósforo exportado en el grano— y la dosis de "recuperación". Esta última suma a la reposición una dosis mínima para elevar los niveles del suelo según el equivalente de fósforo de cada ambiente.
Al referirse al manejo eficiente del Nitrógeno (N), resaltó que tiene una estrecha relación con la densidad de siembra a través del indicador de Oferta de N por Planta (NPP, que abarca suelo + fertilizante).
Uno de los “factores más determinantes en el modelo es el cultivo antecesor, debido a la inmovilización de nitrógeno que generan los rastrojos con alta relación C/N”.

El especialista presentó los valores de demanda total de nitrógeno (N) por planta (Suelo + Fertilizante en V6 de 0 a 60 cm) según el esquema previo:
- Vicia: 1 a 1,5 gN/planta.
- Soja: 2 a 2,5 gN/planta.
- Gramínea de servicio temprana: 2,5 a 3 gN/planta.
- Gramínea de servicio tardía: 3 a 3,5 gN/planta.
- Trigo/Soja de segunda: 3,5 gN/planta.
- Trigo o Cebada de cosecha: 3,5 a 4 gN/planta.
- Maíz: 4 a 5 gN/planta (el escenario que mayor oferta total exige por planta debido a la alta inmovilización de su rastrojo).
A partir de este diagnóstico,Espósito propuso un modelo matemático para ajustar la densidad de plantas (asumiendo un peso promedio de 185 gramos de grano por planta) y los kilos de fertilizante a aplicar. De esta manera, el productor puede modular sus planteos adaptándose a la expectativa hídrica de la campaña y al potencial del material genético:
- Año Seco: Las densidades van desde un piso defensivo de 27.500 pl/ha (para híbridos de alto potencial) hasta 39.000 pl/ha (para híbridos de bajo potencial).
- Año Normal: El rango se ajusta entre las 43.200 pl/ha y las 51.350 pl/ha.
- Año Húmedo: Permite explorar los techos productivos, posicionando las densidades entre 51.350 pl/ha y un máximo de 64.900 pl/ha.
Ese modelo, dijo, “permite optimizar la inversión en insumos y maximizar el rendimiento por planta sin comprometer la estabilidad del cultivo en los ambientes de la región”.
Mejor rendimiento como resultado de lo que ocurre en el lote cada año
En los Cereales de invierno, a cargo de Diego H. Rotili (FA UNLPam – Agroinnova - CREA), se refirió a los lineamientos clave para que el cereal exprese todo su potencial de rendimiento.
¿Cuáles son las principales variables? Según Rotili, si bien no hay demasiadas innovaciones en términos de nutrición y protección de cultivos, resaltó que la clave son las bases ecofisiológicas y un conjunto de variables que resultan de un diagnóstico de clima y lote. “Eso implica que para la empresa de producción agropecuaria el portafolio de productos es cada lote con sus características particulares y manejo adaptado a esas características”, advirtió el investigador.

En cuanto a perspectivas climáticas, el asesor repasó ensayos en las regiones subhúmedas y semiáridas que evidenciaron a lo largo de 10 años que la reserva de agua en la napa al momento de siembra es una variable que importa. “Hay una buena recarga otoñal, y lo que sí es una buena señal para los cultivos de invierno es la profundidad relativa de la napa”, afirmó Rotili. Y agregó que “la productividad con esta reserva estaría en los máximos estimados, porque el 90% de los lotes están en capacidad de campo”.
“Debemos medir las napas, analizar la prospectiva y tomar decisiones en base a la interacción de las variables lote, clima y fecha de siembra”. Al respecto señaló que no tiene sentido enfocarse en otros aspectos, porque no son drivers de negocio.
Luego de definir lote, genética y fecha, recién “podemos pensar en rendimiento potencial a partir del manejo de los insumos”, indicó Rotili. Según él, el promedio de un manejo de productor CREA está en 13% por encima de manejos convencionales. A su vez, el manejo de macronutrientes aporta un 8% adicional en promedio a los manejos CREA, siendo la variable más notoria.
En esta línea, el investigador sugirió realizar prácticas de manejo de largo plazo con diversidad de esquemas, hasta llegar a un esquema completo, porque en la región el trigo responde al nitrógeno, al azufre, al zinc y, especialmente, a la reposición de fósforo. “El manejo del zinc es fundamental, a partir de diagnóstico por muestreo de suelos.”
“Si al trigo le falta fósforo, le falta rendimiento, y si estamos muy lejos del umbral perdemos eficiencia en todo el proceso”, precisó. Con respecto al manejo del nitrógeno, el especialista indicó que “este debe ser realizado en base a diagnóstico de demanda por rendimiento potencial y de oferta por muestreo de suelos. Luego, aplicar modelos calibrados zonalmente y ajustar la dosis final en base a un análisis económico racional”, concluyó.































