Hacia una Productividad Sostenible
Por: Esteban Ciarlo 1,2, Fernando Salvagiotti3
1 FERTILIZAR AC – 2Facultad De Agronomía UBA - 3 INTA Oliveros – CONICET
El maíz es un cultivo emblemático de la agricultura argentina por su adaptabilidad y su rol central en la seguridad alimentaria mundial. En la última campaña, alcanzó un área sembrada de casi 10 millones de hectáreas y una producción de 64 millones de toneladas, consolidándose como el primer cultivo en volumen del país, superando al cultivo de soja. Sin embargo, a pesar de los avances genéticos que incrementan el rendimiento potencial en aproximadamente un 5% cada década, la reposición de nutrientes es significativamente menor a su extracción, lo que genera brechas de rendimiento con respecto al potencial alcanzable.
El Suelo y el Maíz: Una Sinergia Necesaria
No se puede producir maíz sin considerar la salud del suelo. Este cultivo, al igual que otros cereales de grano, gracias al desarrollo radicular y la biomasa aérea con alta relación carbono/nitrógeno, es relevante para la acumulación de materia orgánica en el largo plazo, así como para reducir procesos de erosión por la mayor cobertura del suelo. Esto procesos van a ser importantes si el cultivo de maíz recibe una adecuada nutrición. Esta nutrición debe ser planificada en forma racional, siendo el análisis de suelos la herramienta fundamental para la toma de decisiones.
A pesar de estos beneficios, el diagnóstico actual es preocupante. El promedio nacional de análisis de suelos no llega al 25%, lo que implica que la mayoría de los lotes se manejan sin un conocimiento real de su fertilidad. Esto ha derivado en un manejo casi a ciegas en muchos casos, siguiendo modelos que no consideran los niveles actuales de los nutrientes.
El Diagnóstico: El Primer Paso para el Éxito
La planificación debe basarse en evidencias. El muestreo y análisis de suelo es la herramienta más económica y eficaz para alcanzar un diagnóstico correcto. En la actualidad se cuenta con información relevante para decidir la fertilización, donde se destaca:
- Fósforo (P): Medición de P-extractable (Bray 1) en el estrato de 0-20 cm.
- Nitrógeno (N): Medición de nitratos en el perfil de 0-60 cm.
- Mineralización (NAN): El índice de Nitrógeno Anaeróbico permite predecir la oferta de N (y también se ha reportado la de azufre, S) que el suelo liberará durante el ciclo. Por cada ppm de NAN, se estima un aporte aproximado de 3 a 4,2 kg de N por hectárea dependiendo de la región.
- Otros nutrientes: Es importante considerar la disponibilidad de nutrientes como el azufre (determinación de sulfatos), y de micronutrientes como el Zinc (Zn extractable con DTPA) o Boro (B extractable en agua caliente), todos a 0-20 cm de profundidad.
El Nitrógeno (N): "La Bala de Plata"
Es el nutriente en general más limitante. Para producir 10.000 kg de grano por ha, el maíz debe absorber aproximadamente unos 200 kg de N por ha. El cálculo de la dosis debe considerar el N disponible a la siembra, el N mineralizado y el aporte (o inmovilización) del residuo del cultivo antecesor. Este último aspecto es de mayor importancia cuando el maíz se siembra como cultivo de segunda.
- Momento: En zonas con riesgo de altas precipitaciones en las etapas vegetativas tempranas del cultivo, se recomienda fraccionar la dosis, aplicando una parte a la siembra y el resto entre las etapas V6 y V8, donde la estimación del rendimiento, clave para la estimación de la dosis de los nutrientes móviles como el N, es más precisa. También esta división de la fertilización puede realizarse cuando la expectativa de rendimiento se espera que sea más alta.
El Fósforo (P): Los cimientos del Rendimiento
A diferencia del nitrógeno, el P es poco móvil, por lo cual es la oferta del nutriente lo que determina la probabilidad de la respuesta y la dosis a aplicar. Entran en este caso en juego la aplicación de diferentes estrategias o “filosofías” que pueden ser de Suficiencia (maximizar la renta sólo del cultivo actual) o de Reconstrucción y Mantenimiento (elevar además los niveles del suelo a largo plazo).
- Umbrales: El nivel crítico de P-Bray, por debajo del cual es muy probable la respuesta, varía según la textura del suelo, situándose generalmente entre 9 y 12 ppm (partes por millón).
- Localización y momento: La aplicación localizada, en la línea de siembra, es más eficiente que al voleo, especialmente en suelos con bajos niveles de fósforo y con planteos de suficiencia.
Azufre (S), Micronutrientes (Zn, B) y Potasio (K)
- Azufre: Es esencial para la formación de proteínas. Los suelos con bajo contenido de materia orgánica o arenosos, con historial de respuesta a N suelen presentar deficiencias de este nutriente. Se sugiere un umbral crítico de 7 ppm (0-20 cm) de S de sulfatos a la siembra, o 40 kg S/ha en el perfil en los primeros 60 cm de suelo.
- Zinc (Zn): Es el principal micronutriente que restringe el crecimiento del cultivo, con respuestas a su aplicación en amplias zonas de la región productiva. Aunque se absorbe en cantidades pequeñas (500 g para 10 t de rendimiento), su disponibilidad es baja en muchas zonas agrícolas argentinas. Se detectan respuestas con niveles menores a 1 ppm en suelo.
- Boro y Potasio: Se han empezado a registrar respuestas significativas a B en suelos con menos de 0,8 ppm, especialmente en suelos pobres en materia orgánica. También se detectan respuestas crecientes a la aplicación de K en zonas específicas como el litoral (Este de Entre Ríos y Corrientes).
En la mayoría de los casos, la fertilización balanceada y con dosis que no limiten los rendimientos es la que genera las mejores respuestas en producción. En ensayos de largo plazo de la Red de Estrategias de Fertilizar se evalúan las respuestas a estrategias de nutrición que difieren en cuanto a la cantidad de nutrientes aplicados y a la dosis de estos, comparando estrategias más completas o balanceadas con respecto a las de aplicación frecuente.
Luego de 10 años de resultados en varias localidades distribuidas en las principales zonas productivas de Argentina se ha estimado que mejorar la nutrición puede llevar a aumentos relativos en la productividad de hasta un 14% de rendimiento extra del cultivo de maíz (Fig.1).
Cuando los sistemas de producción no se manejan considerando la planificación de las rotaciones de cultivos y las estrategias de reposición de nutrientes, las “brechas” de productividad en estos suelos serán mayores.

Fig 1. Rendimiento del cultivo de maíz bajo distintos tratamientos de fertilización, en términos relativos a la aplicación frecuente de fertilización local, luego de 5 años en promedio de aplicación. El testigo no recibe ningún tipo de fertilización. El tratamiento Mejorado tiene dosis de N y P mayores que el tratamiento frecuente, mientras que el tratamiento Completo presenta las mayores dosis de N, P y S, e incluye en la mayoría de las veces la aplicación de Zn. Fte: FERTILIZAR AC, 2026.
Monitoreo en Tiempo Real: El Manejo "on demand”
El plan inicial de fertilización debe ajustarse según el progreso del cultivo y el clima. Herramientas modernas permiten un monitoreo dinámico:
- Sensores de vegetación: El clorofilómetro (SPAD) y sensores remotos (como Green Seeker para medir NDVI) permiten detectar deficiencias de nitrógeno entre las etapas de 10 y 14 hojas. Para usar estos sensores correctamente, se recomienda dejar una franja del lote con exceso de nitrógeno para comparar el "verdor" del resto del cultivo con la situación sin limitación por N.
Evaluación Final y Rentabilidad
Al final del ciclo, el análisis de grano sirve como retrospectiva. Por ejemplo, valores menores al 1,2% de nitrógeno en grano indican que el rendimiento fue limitado por falta de este nutriente.
Desde el punto de vista económico, la fertilización es una práctica altamente rentable. La eficiencia de uso de nutrientes muestra que por cada kg de N aplicado se pueden obtener entre 15 y 25 kg de grano, mientras que para el P la respuesta varía entre 25 y 65 kg de grano. Además de la ganancia inmediata, debe considerarse el efecto residual de muchos de los nutrientes aplicados y la mejora en la calidad productiva del suelo a largo plazo.
Sin embargo, aún hoy las dosis aplicadas al cultivo suelen ser menores a las que se debería llegar para explorar los potenciales de producción en secano, e incluso para satisfacer completamente los requerimientos de los rendimientos actuales, con desbalances originados por exportaciones de nutrientes mayores (mucho mayores en algunos casos como el azufre) que la aplicación de los mismos, exigiendo al recurso suelo para la provisión de estos nutrientes y comprometiendo finalmente la sustentabilidad del sistema.
En promedio, en la última campaña hubo una pérdida neta promedio de 46 kg de nutrientes por hectárea sembrada con maíz, sólo considerando N, P y S (Fig. 2).

Fig. 2. Déficits (Aplicación – Exportación) promedio de N, P y S (en kg nutriente/ha) para el cultivo de maíz en Argentina en la campaña 2025-2026, y porcentaje de reposición (Aplicación / Exportación * 100) de los mismos nutrientes en la misma campaña. Fte. FERTILIZAR AC, 2026.
Conclusiones
Cerrar la brecha nutricional en el maíz no es solo una cuestión de dosis, sino de diagnóstico integral y manejo balanceado. Atender las necesidades de nitrógeno, fósforo, azufre y zinc, ajustando las aplicaciones según el monitoreo del cultivo y la oferta hídrica, es el camino para alcanzar producciones sostenibles que preserven el recurso suelo para las futuras generaciones. El análisis de suelos es central, y en el caso de los nutrientes de mayor movilidad como el nitrógeno, establecer el rendimiento objetivo es clave para el éxito.






























