¿Por qué hoy Brasil produce 2,5 veces más granos que Argentina?

CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) Es una organización independiente, apartidaria y sin fines de lucro que produce conocimiento y ofrece recomendaciones para construir mejores políticas públicas. Promueven políticas para lograr una Argentina desarrollada, más equitativa, con igualdad de oportunidades e instituciones públicas sólidas y eficaces. En esta […]

septiembre 4, 2026

CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento)

Es una organización independiente, apartidaria y sin fines de lucro que produce conocimiento y ofrece recomendaciones para construir mejores políticas públicas.

Promueven políticas para lograr una Argentina desarrollada, más equitativa, con igualdad de oportunidades e instituciones públicas sólidas y eficaces. En esta oportunidad el estudio fue sobre la expansión brasilera en cuanto al agro.

La expansión agroindustrial de Brasil

Hace 25 años, Argentina y Brasil producían prácticamente la misma cantidad de granos. Hoy Brasil produce 2,5 veces más. Desde los años 2000, Brasil produjo cerca de 1.550 millones de país: un volumen equivalente a unas 12 cosechas argentinas récord, con un valor aproximado de USD 475.000 millones.

Los dos países tomaron caminos distintos. Brasil sostuvo durante décadas condiciones que alentaron la inversión y la expansión de la producción. Sus productores pudieron vender los granos a valores cercanos a los precios internacionales, mientras el Estado acompañó el avance de nuevas zonas agrícolas con crédito, infraestructura e investigación tecnológica. El resultado fue un proceso continuo de incorporación de tierras, tecnología y capital.

En Argentina, desde 2002 con los derechos de exportación y otras medidas distorsivas, predominó una política agropecuaria que limitó el despliegue potencial de la actividad. A las retenciones se sumaron, en distintos períodos, restricciones cambiarias y límites a las exportaciones: entre 2006 y 2015 funcionaron los Registros de Operaciones de Exportación (ROE) y entre 2019 y 2023 se utilizaron volúmenes de equilibrio para algunos productos. Estas políticas redujeron el precio que recibía el productor argentino. Así, entre 2002 y 2025, por cada tonelada vendida, el productor argentino recibió en promedio el 60% de lo percibido por un productor brasileño en soja, el 65% en maíz y el 72% en trigo.

En soja, la facturación por hectárea del productor argentino fue apenas el 53% de la brasileña a lo largo del período analizado.

Esa diferencia de ingresos terminó generando estrategias de inversión diferentes y dinamizó en Brasil un proceso de desarrollo urbano sin precedentes. En Brasil, mejores perspectivas de rentabilidad alentaron la ampliación de escala, la incorporación de insumos, maquinaria y nuevas tecnologías. Surgieron 319 nuevas ciudades y más de 5 millones de personas se mudaron a las nuevas zonas agropecuarias entre 1992 y 2022. En Argentina, la combinación del riesgo propio de la actividad con cambios frecuentes en las reglas llevó a una estrategia más defensiva: invertir menos capital y reducir la exposición frente a la incertidumbre.

Cuatro factores esenciales del desempeño agroindustrial brasileño

Esto permitió que la facturación por hectárea de soja del productor brasileño fuera, durante 25 años, el doble de la del productor argentino. Esa previsibilidad ayudó a que inversiones que tardan años en recuperarse, como maquinaria, tecnología, almacenamiento o incorporación de tierras, fueran económicamente posibles.

El Centro-Oeste disponía de grandes extensiones ocupadas por ganadería y pasturas, con valores de la tierra muy inferiores a los de las zonas agrícolas tradicionales. La incorporación de tecnología permitió transformar una parte de esas superficies en áreas de agricultura de alta productividad. Entre 2000 y 2024, el área cultivada del Centro-Oeste aumentó 292%, frente a 59% en el conjunto del país.

Brasil desarrolló un mercado de crédito rural de gran escala, combinando financiamiento público, tasas subsidiadas e instrumentos privados como la Cédula de Producto Rural, que permitió utilizar producción, cultivos y otros activos agropecuarios como respaldo para obtener financiamiento. En los últimos 25 años, el subsidio a las tasas representó en promedio alrededor de 3.000 millones de dólares por año, unos 53 dólares por hectárea sembrada. A su vez, el país invirtió en rutas, ferrocarriles, hidrovías, almacenamiento y puertos que acompañaron el desplazamiento de la producción hacia el interior.

Cuando producir soja y maíz en el Cerrado todavía era incierto, organismos públicos y organizaciones de productores financiaron la adaptación de semillas, suelos y técnicas de manejo a condiciones tropicales. Cuando la actividad demostró ser rentable, empresas, proveedores y productores multiplicaron la inversión. Desde comienzos de los 2000, el uso de fertilizantes por hectárea prácticamente se duplicó y el gasto en agroquímicos se multiplicó casi por seis.

El resultado es contundente: los rendimientos brasileños de soja y maíz, antes inferiores a los argentinos, hoy los superan en varias de las principales regiones productivas.

La mayor producción de granos transformó mucho más que el campo brasileño

  • El aumento de la productividad y de la oferta de soja y maíz permitió multiplicar la producción de proteína animal. Entre la década de 1980 y 2020-2024, Brasil multiplicó por 8,3 su producción de carne aviar, por 5,6 la de carne porcina y por 2,4 la de carne bovina. En paralelo, mejoras genéticas, sanitarias y de manejo permitieron producir más carne con una utilización más eficiente de animales y tierra.
    • Más producción también significó alimentos relativamente más accesibles para los brasileños. En las últimas tres décadas, el poder de compra del salario mínimo medido en kilos de carne aumentó fuertemente: hoy permite comprar aproximadamente cuatro veces más carne de cerdo, tres veces más pollo y el doble de carne vacuna que al comienzo del período. Brasil logró así ampliar de manera simultánea el mercado interno y sus exportaciones.
    • El agro se convirtió en uno de los motores de la economía brasileña.

    Entre 1995 y 2025, mientras el PIB total de Brasil aproximadamente se duplicó, el PIB del agronegocio se multiplicó por 3,3. En dos de cada tres años, además, el agronegocio avanzó más que el conjunto de la economía. Las exportaciones también se diversificaron: soja, cereales y carnes ganaron participación y nuevas regiones del país comenzaron a generar una proporción cada vez mayor de las divisas.

    • La transformación económica cambió también el mapa de Brasil. El Centro-Oeste pasó de representar apenas el 3% de las exportaciones brasileñas en 2000 al 16% en 2025. En la relación por habitante, las exportaciones del Centro-Oeste saltaron de USD 160 (la mitad del promedio per cápita) a USD 3.156 (casi el doble del promedio per cápita brasileño). En 2023, además, su PIB por habitante ya era 11% superior al del Sudeste, la región de São Paulo y Río de Janeiro que históricamente concentró la industria y los servicios del país.
    • Y detrás de la nueva geografía productiva apareció una nueva geografía de población y ciudades. Entre 1992 y 2022, la población de las regiones agropecuarias analizadas aumentó 81%, frente a 29% en el resto de Brasil. De los 15,8 millones de habitantes adicionales que sumaron esas regiones, 5,3 millones llegaron por migración. El movimiento fue particularmente intenso en ciudades pequeñas e intermedias vinculadas a la producción, la logística, el comercio y los servicios agroindustriales.
    • Ese proceso dejó una nueva red urbana en el interior del país: se consolidaron 9 grandes capitales y 6 metrópolis regionales vinculadas al agro.

    Además, 319 ciudades surgieron durante las décadas de 1990 y 2000 y casi 400 municipios agropecuarios aumentaron su población más rápido que el promedio nacional.

    En paralelo llegaron inversiones, universidades y nuevas oportunidades profesionales: en el Centro-Oeste y MATOPIBA aumentaron con particular rapidez los egresados universitarios y las carreras vinculadas al agro.

    Brasil muestra un camino posible para Argentina

    Argentina conserva buena parte de los activos necesarios para potenciar el desarrollo: tierra, conocimiento agropecuario, productores con experiencia, empresas de tecnología y una extensa región con potencial para elevar su producción. El desafío es recuperar un proceso sostenido de inversión y extender el dinamismo productivo desde las zonas agrícolas tradicionales hacia una franja más amplia del país, desde el norte argentino hasta la Norpatagonia.

    La experiencia brasileña muestra que estos procesos requieren tiempo y continuidad. Crédito, infraestructura, tecnología y reglas que permitan invertir producen sus mayores resultados cuando funcionan juntos y se sostienen durante muchos años.

    Brasil logró que una nueva frontera agrícola se transformara también en nuevas cadenas productivas, exportaciones, ciudades, empleos y oportunidades profesionales.

    La distancia que hoy separa a ambos países también muestra el tamaño de la oportunidad argentina.

    Hace pocas décadas sus cosechas eran similares. La trayectoria posterior demuestra cuánto puede cambiar un territorio cuando la producción logra expandirse de manera sostenida. Para Argentina, volver a crear esas condiciones puede abrir una nueva etapa de desarrollo agroindustrial y territorial: producir más sobre la base de mayor inversión y productividad, generar más alimentos y exportaciones y hacer que nuevas regiones del país puedan convertirse en lugares donde invertir, trabajar y vivir.