América Agroinnova

El proyecto que también es un aula, y que crece porque juntos se llega más lejos Abog. (MsSc) Carlos A. Vidal - Consultor Privado especializado en Derecho Aplicado a IA, AgTech y Transformación Digital. Ing. Agr. Daniel Trasmonte - Coordinador del Consejo de Administración de América Agroinnova-Asesor técnico de empresas agropecuarias en temas de gestión […]

septiembre 28, 2026

El proyecto que también es un aula, y que crece porque juntos se llega más lejos

Abog. (MsSc) Carlos A. Vidal - Consultor Privado especializado en Derecho Aplicado a IA, AgTech y Transformación Digital.

Ing. Agr. Daniel Trasmonte - Coordinador del Consejo de Administración de América Agroinnova-Asesor técnico de empresas agropecuarias en temas de gestión de personas.

A dos años de su puesta en marcha en el Partido de Rivadavia, al oeste de la provincia de Buenos Aires, América Agroinnova consolida un modelo de gestión asociada entre productores, empresas, universidades, estudiantes, profesionales y el sector público, que merece mirarse como referencia frente a los desafíos del sector agroalimentario.

Una idea que empezó a caminar en 2005 y encontró su versión más ambiciosa

Todo empieza, en rigor, veinte años atrás. En 2005 un grupo de personas ligadas al sector, a la educación y a la función pública local, fundó, a 500 km de la Ciudad de Buenos Aires, el Centro para la Formación de Emprendedores de Rivadavia, el CEFER, con un objetivo modesto en apariencia y ambicioso en sus efectos: acercar conocimientos, herramientas y contactos a quienes quisieran desarrollarse a través de la iniciativa privada. De ese tronco creció el Centro de Estudios Superiores de Rivadavia (CES), brazo educativo que -mediante un convenio con la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA)- permite cursar en el distrito, entre otras especialidades, el ciclo básico universitario de la carrera de Ingeniería Agronómica, a la vez que sigue potenciando el vínculo de trabajo conjunto con otras casas de altos estudios del país y centros de investigación de la Argentina y el mundo, contando en la actualidad, con más de 250 alumnos activos en sus distintas ofertas educativas.

Esa infraestructura académica y esa cultura de trabajo colaborativo fueron el terreno fértil sobre el que germinó, en 2024, la iniciativa más reciente y visible: el Centro de Formación Profesional, Investigación Aplicada e Innovación Tecnológica Agropecuaria, bautizado América Agroinnova.

Su nombre combina el de la ciudad cabecera del partido de Rivadavia -América- con el propósito que le da sentido: convertir inquietudes productivas concretas en proyectos de investigación y perfeccionamiento profesional, con respaldo académico, que permitan completar la formación básica de las carreras del área, en territorio.

El esquema de trabajo consiste en que productores agropecuarios de vanguardia, empresas de insumos y servicios, instituciones académicas de primer nivel y el municipio local se sienten en la misma mesa para identificar problemas reales del agro regional y transformarlos en proyectos de investigación aplicada, financiados de manera compartida y evaluados por consejos con representación de todos los sectores. Empresas de la zona aportaron la disponibilidad de  una oficina en la ciudad de América para instalar la sede administrativa, un laboratorio totalmente equipado y se sumó un campo experimental de seis hectáreas a pocos kilómetros del casco urbano, cedido en uso sin costo por un empresario local, donde hoy se despliegan los ensayos a campo. 

El nudo conceptual: qué significa, en serio, “público-privado” en un proyecto de innovación local

La expresión “alianza público-privada” se usa con tanta frecuencia en el discurso sobre desarrollo territorial que corre el riesgo de vaciarse de contenido. Vale entonces detenerse un momento en que la distingue de otras formas de cooperación, y por qué su correcta conceptualización importa tanto como su ejecución.

En sentido estricto, la alianza público-privada que sostiene a América Agroinnova y a otros proyectos de la localidad,  no es una simple sumatoria de aportes -el municipio pone un terreno, una empresa pone dinero- sino un esquema de gobernanza compartida: actores con lógicas, tiempos y objetivos distintos (la rentabilidad privada, el interés general del sector público, la producción de conocimiento de la academia) aceptan compartir la toma de decisiones, el riesgo y, eventualmente, los resultados de un proyecto común de mediano o largo plazo. Esto supone reglas claras de gobierno —quién decide qué, con qué información y bajo qué controles—, mecanismos de rendición de cuentas hacia la comunidad, y una definición explícita de qué se entiende por “interés público” en cada proyecto, para que la asociación no derive en una privatización encubierta del beneficio ni en una carga fiscal no controlada.

En el plano territorial, este modelo suele apoyarse en tres pilares interdependientes:

  • Legitimidad institucional: la participación del municipio no es meramente protocolar, sino que aporta continuidad política y anclaje en las necesidades de la comunidad, incluso cuando cambian las gestiones. De hecho, en América Agroinnova, participan del Consejo de Administración el Intendente Municipal y el Presidente del Consejo Deliberante.
  • Sostenibilidad económica: el aporte privado (empresas de insumos, productores, sponsors) financia la operación cotidiana sin depender exclusivamente de partidas públicas, lo que da flexibilidad y velocidad de ejecución.
  • Rigor académico: la presencia de universidades y organismos nacionales e internacionales garantiza que los proyectos respondan a estándares metodológicos y no queden atrapados en la lógica de la demostración comercial.

Cuando estos tres componentes conviven de manera equilibrada, el resultado suele ser un ecosistema de innovación con arraigo territorial: capaz de generar conocimiento pertinente para el productor local, de formar recursos humanos que después se quedan en la región -revirtiendo, aunque sea parcialmente, la migración de jóvenes profesionales hacia los grandes centros urbanos- y de sostenerse en el tiempo más allá del ciclo político o del entusiasmo inicial de un grupo de fundadores. El riesgo, cuando el equilibrio falla, es doble: que el sector público termine subsidiando intereses puramente privados, o que la ausencia de un socio público reduzca la iniciativa a un club cerrado de empresas sin proyección comunitaria.

La experiencia de distintos proyectos de desarrollo local en la Argentina —algunos exitosos, otros frustrados— confirma que es el diseño de esa gobernanza compartida, y no la sola disponibilidad de fondos, lo que termina definiendo la sustentabilidad de largo plazo. Es precisamente ese diseño el que hoy sostiene, en la práctica, a América Agroinnova.

“El aniversario reciente -sus dos años de vida - fue celebrado, simbólicamente, con una presentación en la sede porteña de la Facultad de Agronomía de la UBA”

América Agroinnova en la práctica: gobernanza, resultados y una comunidad que empieza a apropiarse del proyecto

Trasladado a la escala de un partido bonaerense, ese modelo conceptual cobra forma muy concreta en América Agroinnova. El proyecto se organiza en torno a dos consejos con funciones diferenciadas. El Consejo Administrativo, integrado principalmente por empresarios y profesionales del agro junto con representantes de la Municipalidad de Rivadavia, gestiona los recursos y aprueba el presupuesto de cada proyecto. El Consejo Consultivo, por su parte, destinado a conducir la agenda académica en el marco de reuniones anuales de planificación, seguimiento y evaluación de resultados, que reúne a profesionales pertenecientes a diferentes organizaciones académicas, asociaciones de productores, empresas de agroinsumos, la Sociedad Rural de Rivadavia y la propia Municipalidad. A eso se agrega la Mesa de Agronomía del CEFER, que sesiona semanalmente y donde conviven referentes de la producción con funcionarios y concejales del distrito.

Rotili, que además se desempeña como coordinador técnico agrícola de las regiones CREA Oeste y Oeste Arenoso, resume así el sentido último de la iniciativa:

“El interior del país presenta una dicotomía importante: el sector agropecuario es el principal motor de la actividad, pero los jóvenes no lo ven como una salida clara hacia el mundo laboral, dificultando la renovación de profesionales radicados en las ciudades del interior. Rivadavia es uno de los municipios con mayor producción acumulada de cultivos extensivos de la provincia de Buenos Aires, pero carece de organizaciones académicas y de investigación pública que generen información validada acerca de las problemáticas productivas más importantes. Al mismo tiempo, aparece una oportunidad de ofrecer experiencias de formación pre-profesional, profesional y de becas para la formación de posgrado que involucre la participación de estudiantes en los programas de investigación locales. En definitiva, hacía falta un espacio concreto que conectara la ciencia con la producción local y América Agroinnova genera esa oportunidad.

Diego Rotili

América Agroinnova genera convenios con Facultades de Agronomía de Universidades como la Nacional de La Pampa, la de Buenos Aires y la de Nacional de Rosario para desarrollar conjuntamente proyectos de investigación. El objetivo es, a la par de generar información validada metodológicamente acerca de las principales problemáticas productivas locales, ofrecer un lugar adonde estudiantes puedan llevar a cabo su complementación profesional en contacto con productores y empresas de insumos y servicios locales. Participan de los proyectos estudiantes de posgrado (que reciben becas y desarrollan sus tesis), de grado (realizando pasantías y trabajos finales), así como profesionales jóvenes que buscan perfeccionamiento e incluso estudiantes de escuelas secundarias locales que se encuentran de primera mano con las características del sector agropecuario y la profesión que evalúan ejercer.”

La agenda de investigación, en apenas dos años, ya exhibe un volumen de trabajo que sorprende para una iniciativa de estas dimensiones: dos tesis de grado concluidas, una tesis de especialización y nuevas tesis de grado en marcha. Además, se suma la posibilidad de financiar, junto con socios de la industria de insumos agropecuarios, el trabajo de estudiantes de doctorado que se inscriban en universidades de alto prestigio regional para generar conocimiento de elevada profundidad y originalidad con impacto en la región.

Un ejemplo de esto es un estudiante que trabaja en la detección de las causas biofísicas, estructurales y gerenciales de las brechas de rendimiento en maíz y soja a nivel regional. Los trabajos de investigación abarcan temas tan variados como el impacto de las heladas y la re-fertilización nitrogenada en trigo, estudios de fechas de siembra dentro y fuera de las frecuentes para trigo, maíz, soja y el trigo sarraceno en diferentes posiciones del paisaje, causas de las brechas de rendimiento en cultivos de grano y en maíz para silo, determinantes de manejo agronómico de la prolificidad en maíz, la evaluación ecofisiológica de la generación del rendimiento de bioestimulantes y, la evaluación de cultivos invernales alternativos como colza, carinata y camelina.

A ese núcleo se suman proyectos de investigación aplicada con socios internacionales, como el trabajo sobre agricultura en bajos salinos desarrollado junto al Laboratorio de Teledetección de la FAUBA y la Embajada de los Países Bajos, que incluyó la visita de investigadoras neerlandesas al campo experimental, y convenios con empresas de insumos que utilizan el predio para validar tecnologías en condiciones reales de producción.

El respaldo político-institucional del proyecto se inició como dijimos hace más de 20 años con la participación del entonces intendente Contador Sergio Buil, continúo con su sucesor Dr. Javier Reynoso y continua hoy con el Sr. Intendente Juan Alberto Martínez -abogado, ex concejal y ex senador provincial, al frente del Ejecutivo municipal desde 2023- quien,  no solo continuó con la participación pública en el proyecto a pesar de la diferencia de su afiliación partidaria, -hecho innovador en sí mismo en la relación política del país- , sino que convirtió a América Agroinnova en una de las cartas de presentación de su gestión ante visitantes extranjeros e inversores y así quedó demostrado cuando en abril de 2026 recibió y acompañó a la embajadora de Australia en Argentina, Sarah Roberts, en una recorrida que incluyó al centro de investigación junto a empresas locales como Menéndez & Cía. y Cargill, resumiendo de esta manera el lugar que ocupa el proyecto en su hoja de ruta.

Esto, no debe ser visto como un exceso protocolar: forma parte de una idea más amplia que el Intendente viene sosteniendo sobre cómo imagina el desarrollo del distrito hacia el mediano plazo, con América Agroinnova como uno de sus motores. En ese mismo sentido, semanas antes, tras recibir en el Palacio Municipal a una comitiva de la embajada de los Países Bajos que sigue de cerca las investigaciones sobre salinización de suelos que se realizan en el campo experimental, Martínez había subrayado el compromiso asumido por el Estado local, expresando:

“…Con América Agroinnova como uno de los principales motores y punto de encuentro para el desarrollo de la investigación y formación en conocimientos agrícolas, Rivadavia marca un camino de asociación público-privada que es ejemplo en la región y el país”.

“…Esta alianza estratégica permite vincular el conocimiento científico y la investigación de excelencia con las necesidades concretas de nuestros productores, y forma a generaciones futuras”.

“…Con este Centro de Investigación agrícola, junto con el desarrollo de los servicios, la ampliación de la oferta educativa, y la planificación de la ampliación urbana, desde la gestión municipal miramos a Rivadavia 2035 como un objetivo lleno de oportunidades y crecimiento para nuestro distrito”.

“…Estoy convencido que cuando la academia, el sector privado y la gestión pública trabajan en conjunto, los resultados se traducen en más oportunidades, más desarrollo y un mejor futuro para todos”. 

Juan Alberto Martínez

Pero la mirada institucional es apenas una parte de la historia.  La otra la escriben, todos los días, los productores agropecuarios, contratistas y comerciantes locales que -con la experiencia acumulada en años de trabajo y con los problemas que enfrentan a diario- le dan a América Agroinnova su anclaje más genuino: convierten al proyecto en un espacio de intercambio donde conviven la mirada estructural sobre los desafíos del sector y el pulso cotidiano de quienes lo trabajan de cerca.

“Considero que Agroinnova, cumple una doble función positiva: además de probar y generar tecnología específica adaptada a nuestros sistemas productivos, dando respuesta a las problemáticas regionales, forma simultáneamente, capital humano de excelencia, para entender, diseñar y administrar los futuros sistemas desde el territorio, a partir del contacto directo respaldado por la academia, los empresarios y la visión pública.  En síntesis, genera tecnología, entrena y capacita.”

Finalmente, uno de los aspectos más elocuentes del proyecto es el testimonio de quienes lo transitan como estudiantes.

“Mi experiencia en Agroinnova es muy enriquecedora para mi formación como estudiante de Agronomía. Me permite ver en el campo muchos de los contenidos que voy aprendiendo en la carrera y entender cómo se ponen en práctica, lo que hace que el aprendizaje sea mucho más completo. Además, valoro el excelente ambiente de trabajo y la buena predisposición de mis compañeros, que siempre están dispuestos a compartir sus conocimientos y ayudarme a seguir aprendiendo. Estoy muy agradecida por esta oportunidad y por todo lo que sigo aprendiendo.”

Ese tipo de experiencias es, en definitiva, el corazón del objetivo de arraigo: que un joven de la región pueda formarse en contacto con problemas productivos reales sin tener que migrar a un gran centro urbano para hacerlo, y que esa formación quede, después, disponible para el propio territorio.

En ese contexto, América Agroinnova ha ampliado su radio de acción institucional: firmó un acuerdo con el área de innovación de CREA para validar emprendimientos AgTech en establecimientos de la región Oeste Arenoso, sumó vínculos con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y, en abril de 2026, fue sede de un encuentro internacional sobre suelos y producción agropecuaria que reafirmó su perfil como espacio de referencia para la generación de conocimiento aplicado.

Emilia Parra

El aniversario reciente -sus dos años de vida - fue celebrado, simbólicamente, con una presentación en la sede porteña de la Facultad de Agronomía de la UBA, donde se puso en valor el trabajo articulado entre el Municipio de Rivadavia, el CEFER y esa Casa de Altos Estudios. No es un dato menor: el vínculo con la FAUBA y los nexos con otras casas de estudios superiores como la FAUNLPam, reflejan el convencimiento de sus integrantes de que la pata académica del modelo garantiza rigurosidad y abre una puerta a recursos, financiamiento y prestigio que un proyecto exclusivamente local difícilmente alcanzaría por sí solo.

El futuro de América Agroinnova: consolidarse como un faro territorial para el interior

Superada ya la etapa fundacional, la pregunta que hoy define el futuro de América Agroinnova no es si el modelo funciona -eso ya viene siendo demostrado- sino si es capaz de consolidarse, crecer y, eventualmente, proyectarse. Y esa pregunta trasciende lo local: en un país donde la discusión sobre financiamiento universitario, pertinencia de las carreras y despoblamiento del interior ocupa buena parte de la agenda pública, un centro de investigación aplicada nacido en un partido bonaerense, sostenido con recursos públicos y privados y validado por universidades, no es un dato menor. Es, en los hechos, una respuesta de bajo perfil a tres de los debates más ruidosos de la Argentina actual.

Hacia adelante, los desafíos son al menos tres:

El primero es de escala: sostener el ritmo de investigación sumando nuevos actores institucionales y, a la vez, ampliar la infraestructura -laboratorios, equipamiento, superficie experimental- sin diluir la cercanía con el productor que le dio origen al proyecto.

El segundo es de financiamiento: diversificar los aportes privados más allá de un núcleo de empresas fundadoras, incorporando nuevos sponsors y fondos de cooperación internacional, en la línea de lo ya ensayado con empresas privadas, la Embajada de los Países Bajos y el IICA.

El tercero, quizás el más delicado, es de gobernanza: preservar el equilibrio entre Municipio, sector privado y academia a medida que el proyecto gane visibilidad y, con ella, nuevos intereses que disputen protagonismo.

El impacto de sortear o no esos desafíos no es abstracto. De él depende si los próximos ingenieros agrónomos, técnicos y productores de la región deberán elegir entre migrar a un gran centro urbano o quedarse sin la formación que necesitan; si el conocimiento generado en las aulas universitarias podrá aplicarse en tiempo real, a través de la práctica experimental en el campo; y, finalmente y no menor, si logrará consolidarse como un faro territorial que potencie a las regiones del interior del país como generadoras de mano de obra profesional para el sector.

Si logra sortear esos desafíos, el aporte más valioso de AMERICA AGROINNOVA no será solamente el catálogo de investigaciones producidas -relevante, por cierto- sino la demostración práctica de que la asociación público-privada, invocada hasta el cansancio en los discursos de desarrollo regional, puede funcionar cuando se diseña con reglas claras, objetivos compartidos y una comunidad dispuesta a sostenerla en el tiempo.

Ese podría ser el verdadero cultivo de largo plazo de este proyecto: la prueba de que el desarrollo del interior no necesita esperar a que se resuelvan los grandes debates nacionales para construir, desde el territorio, sus propias respuestas.