Ing. Agr. (M. Sc.) Matías Cambareri

Responsable Laboratorio de Agrometeorología – EEA INTA Balcarce – Docente Facultad de Ciencias Agrarias UNMdP

Nos volvemos a encontrar y como siempre, vamos a abrir el paraguas (en realidad, dependiendo de la región no tanto) sobre una de las variables agrometeorológicas más importante para nuestros cultivos: las precipitaciones. Como lo hablamos en ediciones anteriores, las precipitaciones representan la “oferta” de agua que junto con la evapotranspiración (“la demanda”) determinarán el contenido de agua en el suelo.

Hace un tiempo, decíamos que el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), preveía para estos meses menores precipitaciones de lo normal en prácticamente todo el país, y de hecho es algo que ocurrió. Las precipitaciones en el mes de agosto no superaron los 30 mm en prácticamente toda la región central del país y en algunos lugares el pluviómetro ni siquiera se mojó (Figura 1). Esto determinó que como ya se venía viendo, sólo en la región este del país el nivel de agua en el suelo se encuentre por encima del 50% de agua útil (Figura 2), complicando mucho el crecimiento de los cultivos de fina en el resto del país.

Figura 1. Precipitación observada en agosto 2020. Fuente Instituto de Clima y Agua – INTA Castelar.

Ahora lo que nos interesa y ocupa es la siguiente pregunta: ¿cómo viene el año? ¿Cómo seguirá esta situación? Mucho se habla de un fenómeno particular que cada una determinada cantidad de años (dos a siete) ocurre y tiene un impacto significativo sobre las temperaturas y precipitaciones de gran parte de nuestro territorio, afectando de manera significativa nuestros cultivos: la fluctuación de las temperaturas del océano en la parte central y oriental del Pacífico ecuatorial o más conocido como “EL NIÑO (o la NIÑA)”. Sin embargo, no siempre se cuantifica la magnitud de estos efectos. Vamos a aclararlo un poco para estos meses.

Figura 2. Agua útil en el perfil del suelo (%). Fuente Balance de agua en el suelo FAUBA – SMN.

El Niño / Oscilación Sur (ENOS) es uno de los principales patrones de la llamada variabilidad climática interanual y comprende tres fases: El Niño, La Niña y una fase neutra. Se declara una fase El Niño/La Niña cuando la temperatura superficial del mar (TSM) en el Pacífico ecuatorial aumenta/disminuye 0,5 °C o 0,8 °C (dependiendo del organismo) por encima/por debajo del promedio durante varios meses consecutivos (5 trimestres).

Conociendo esto, podemos ir a ver qué está ocurriendo y qué se prevé respecto de la TSM en el Pacífico ecuatorial en la actualidad. Como ya se venía anticipando, la TSM de la mencionada región, está disminuyendo: “el Pacífico ecuatorial se está enfriando” (Figura 3) y esto nos lleva a la fase ENOS fría “La Niña” que continuaría al menos hasta el trimestre octubre-noviembre-diciembre de 2020.

Figura 3. Anomalías mensuales de temperatura superficial del mar en la región NIÑO3.4. Fuente: Oficina australiana de meteorología (BOM).

Resuelto esto, con el evento La Niña declarado, nos surgen las siguientes preguntas: ¿qué impacto tiene este fenómeno sobre las precipitaciones que ocurren en nuestro territorio? Sencillo, en general las precipitaciones son menores respecto del valor normal. ¿Cuánto? Entre 10 y 100 mm menos! (Figura 4), lo que representa entre un 5 y un 30 % de reducción de precipitaciones en ese trimestre primaveral (Figura 5). Y además, de continuar hasta diciembre, la reducción de las precipitaciones sería más marcada aún (Figura 6) con una mayor área del territorio con reducciones de precipitación más importantes.

Figura 4. Anomalía promedio de precipitación acumulada en el trimestre SON asociada a eventos La Niña. Fuente SMN.

En resumen, como ya lo veníamos indicando el nivel de agua en el suelo es muy pobre en la zona central del país y con el evento La Niña declarado, se acentuarán los déficits de agua en esta región. En la región este del país y sudeste de Buenos Aires, donde hoy el nivel de agua en el suelo es aceptable, las precipitaciones (al menos hasta diciembre) muy posiblemente comiencen a no ser suficientes para reponer la demanda de agua por los cultivos. Ahora a cruzar los dedos y que a partir de diciembre, la situación hídrica cambie!

Como recomendación, lo de siempre: estar atentos a los pronósticos de corto plazo (7-15 días) la atmósfera es caótica y dinámica y puede darnos alguna sorpresa en una escala menor que la regional.

Figuras 5 y 6

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