El conocimiento empodera. Más cuando se potencia con una necesidad. En materia agrícola, Argentina detenta ese know how tan preciado, sobre todo cuando se refiere a siembra directa, un sistema que lleva más de 30 años de permanente mejoramiento en los campos del país. Esta posibilidad de regenerar la estructura de los suelos, eficientizar el uso del agua y producir más granos de manera sustentable seduce a distintas regiones del mundo que necesitan optimizar sus sistemas productivos por un tema económico y social.

Por: Juan I. Martínez Dodda

África es el tercer continente más extenso del planeta (después de Asia y América). Cuenta con una superficie total de 3.100 millones de hectáreas –Asia 4.450 millones y América 4.250- y entre 900 y 1.000 millones de habitantes (15% de la población mundial). En su punto más cercano, el estrecho de Gibraltar, está a sólo 14,4 kilómetros de Europa y sin embargo tienen tantas diferencias.

Edgar Ramírez y Leonardo Mondino Ing que estuvo en 2018 en Ghana

Es el continente con mayor crecimiento poblacional (2,4 % versus 1,2% del promedio mundial). Para 2050 estiman que se duplicará la cantidad de habitantes (tienen la tasa de natalidad más alta del mundo, promedian 4,8 hijos por mujer).

Un trabajo de hace unos años de la Fundación Fundación Mo Ibrahim, que promueve el buen gobierno en la región, destaca que de los 15 países del planeta donde más ha crecido la producción agrícola, siete son africanos. Esta fundación también destaca que aunque el 70% de los africanos dependen de la agricultura para su subsistencia, gran parte de su potencial permanece sin explotar.

Según datos del Banco Africano de Desarrollo (AfDB –African Development Bank-, según su sigla en inglés), la sabana africana tiene 400 millones de hectáreas –es 12 veces la superficie puesta en producción por Argentina-, desde Senegal hasta Mozambique (son 26 países distintos), susceptibles de ser puestas en producción.

Justamente, el AfDB contactó directivos de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID) con el objetivo de sumar la experiencia de la organización argentina en la producción de alimentos, fibras y energía de manera sustentable. La propuesta fue que sean socios estratégicos dentro del programa TAAT (Technologies for African Agricultural Transformation) que busca la transformación de la agricultura africana con tecnologías.

Cosecha en Ghana

“Ellos se pusieron en contacto con nosotros a fines de 2016, en 2017 nos visitaron en el Congreso de AAPRESID de agosto y ya en noviembre visitamos Millán, la capital de Costa de Marfil, donde el Banco tiene su sede, hicimos una recorrida y dictamos un taller contando qué era la siembra directa y cómo creíamos que podía ajustarse a la realidad africana”, explicó a HORIZONTE A Edgar Ramírez, director del Programa Internacional de Transferencia e Intercambio de Tecnología en Sistemas de Siembra Directa de AAPRESID.

Ramírez contó que si bien Brasil tiene más presencia en África, con 50 embajadas distribuidas por todo el continente (Argentina tiene 10), al Banco le interesó “el sistema de producción nuestro”.

Tierra “sin frío”

África es el continente con mayor índice de insolación, lo que podría vincularse con el origen de su nombre: “Á-frica” en latín significa “sin frío”). El aprovechamiento de esa enorme cantidad de energía calórico-lumínica valdría más que todo el petróleo del mundo, si se pudiera disponer de agua suficiente.

La Sabana africana tiene dos estaciones bien marcadas: estación seca y húmeda. Tienen 1000 milímetros anuales pero concentrados en seis meses del año. “Bajo esa pluviometría, al menos un cultivo por año se puede hacer, pero ellos partían del falso concepto que les habían vendido de que en esa región no se podía hacer agricultura en secano”, contó Ramírez, que describió la región, desde el punto de vista agroecológico, como similar al norte argentino.

Inicialmente la propuesta del Banco fue para transferir conocimiento en 8 países, pero desde Aapresid prefirieron empezar por uno, ir de a poco. Acordaron que el primero sería Ghana, un país que desde 2011 forma parte de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en gran parte gracias a su agricultura que en 2011 creció 39% respecto de 2010.

“Es una agricultura que en la mayoría de los casos es de subsistencia, la hacen los que no tienen dinero para comprar alimentos y en extensiones chicas”, abrió el juego Ramírez. Según la FAO, alrededor del 60% de todas las fincas en Ghana tienen menos de 1,2 hectáreas; el 25% tiene entre 1,2 y 2 hectáreas. En tanto que el tamaño medio de las explotaciones es inferior a 1,6 hectáreas. En resumen, las fincas de hasta 10 hectáreas representan el 95% de las tierras cultivadas.

Cerca de 13,6 millones de hectáreas de tierra (el 57% de la superficie total del país) se clasifican como “superficie agrícola”, de los cuales sólo se cultiva un 24%. Y 11.000 hectáreas se encuentran bajo riego.

La agricultura contribuye al 54% del PIB de Ghana y representa más del 40% de los ingresos de exportación, mientras que al mismo tiempo proporciona más del 90% de las necesidades alimentarias del país. Un dato curioso pero que tiene que ver con lo “familiar” del trabajo: casi el 40% de la mano de obra agrícola son mujeres.

¿Qué hay y qué falta? Hay agua, radiación y suelos aptos (al menos con alguna puesta a punto previa). Pero también hay barreras culturales, mano de obra poco capacitada, escasez de insumos y maquinaria agrícola que hay que adaptar para hacer siembra directa.

La propuesta AAPRESID

“Nosotros presentamos un proyecto para adaptar el sistema de producción nuestro y nos comprometimos a llevar maquinaria argentina y dos técnicos que se quedaron durante todo el proceso productivo”, contó Ramírez. Y agregó: “No se trata de cortar y pegar, porque no tenemos la misma tecnología allá que acá, difiere el ambiente, la cultura y la provisión de insumos”.

El 2018 fue el primer año de trabajo en Ghana. El Banco los puso en contacto con el Ministerio de Alimento y Agricultura de Ghana (MOFA), que fue quien eligió los campos en los que se iba a trabajar. Son 4 sitios de 40 hectáreas cada uno en donde sembraron maíz y soja.

Uno de principales desafíos es mantener la cobertura, conseguir alambrados para que, por ejemplo, no se lo coman los animales. Pero el segundo desafío es comunicacional. Dado que sólo hablan inglés los que han ido al colegio. El resto, más en los pueblos y aldeas rurales, se habla dagbani, la lengua que hablan más de un millón de ghaneses.

Los campos están cercanos a una localidad que se llama Tamale, al norte de Ghana. El sur es más húmedo con influencia del mar (océano Atlántico) y es la región donde producen  arroz, cacao, caña de azúcar y banana. Tamale es más desértico, a partir de noviembre empieza a bajar el viento cálido del Sahara que deja mucho calor, poca agua y una humedad relativa bajísima. Las lluvias ahí empiezan en mayo, por lo que las fechas ideales de siembra son en junio para ya cosechar en noviembre-diciembre.

El equipo de AAPRESID está trabajando para adaptar tecnologías, evaluar cómo es el mejor manejo de plagas, malezas, enfermedades, densidad de siembra y genética a utilizar. “Todos estos países, como ex colonias europeas, no aceptan transgénicos, tienen la premisa de que es lo malo y justamente lo que queremos demostrarle es que es más amigable con el ambiente, que se usan menos fitosanitarios y compartir los logros que hemos tenido en Argentina con 20 años de uso”, explicó Ramírez.

Pedro Vigneau

“Tenemos la misión de contarles que podemos hacer siembra directa sin transgénicos, pero en el sistema productivo, la mejora biotecnológica hace que todo se acelere mucho más”, explicó Pedro Vigneau, ex presidente de AAPRESID y referente internacional del a organización. Quien agregó: “Nosotros defendemos la ciencia y llevamos el mensaje y la experiencia de más de 20 años trabajando con biotecnología sin ninguna limitante, la ciencia demuestra que esto es absolutamente bueno por lo tanto es una herramienta que le vendría muy bien al sistema productivo africano”.

La idea es que el conocimiento es la punta de lanza para, luego, incorporar la tecnología: sea maquinaria, biotecnología, fitosanitarios, “todas éstas van a ser herramientas para llevar adelante ese conocimiento, y no al revés”. “Muchas veces se han hecho misiones para la venta de maquinaria sea a Europa del Este o África, se vendían algunas máquinas y después no había nadie que les enseñe a usarlas”, opinó Ramírez.

Esta visión abre un camino interesante para las empresas de maquinaria e insumos que quieran y puedan sumarse al proyecto porque también serán referentes en esta evolución.

Granos por diamantes

Una de las cosas que más impactó a quienes visitaron y están en África es que en estos países “la agricultura no está vista como un negocio, sino como una actividad de subsistencia, estos países viven de otros productos como diamantes, petróleo, etc.”

“El análisis que hace el Banco Africano es que estos commodities tradicionales, por así decirlo, se están agotando o cada vez valen menos, entonces los países africanos no van a tener plata para comprar los alimentos”, resumió Ramírez

Entonces, la idea es enseñarles a desarrollar la agricultura para que produzcan sus propios alimentos de manera más eficiente y que no tengan problemas de hambruna ni de altos precios de los granos importados de acá a 20-30 años.

“Generalizando, el este africano (Uganda, Kenia, Tanzania, Ruanda) es mucho más desarrollado que el oeste africano, que es donde está Ghana”, reconoció Ramírez.

Como en todos lados, también en Ghana y en África en general, hay unos pocos que tienen mucho. La cuestión se seducir a esos pocos que pueden invertir en que la producción de granos es negocio. “La idea, a través del Banco, es invitar un grupo de estos empresarios para que vean que no les estamos vendiendo espejitos de colores, sino que lo que hacemos es real y posible”, explicó el referente de AAPRESID.

“Docencia permanente”

“Ellos no entienden que no haya que mover el suelo. Cuando terminan de hacer un cultivo, en muchos lugares se queman los rastrojos, en otros casos, se los saca para poder cazar ratones, por eso tratamos de enseñarles que la cobertura es uno de los pilares para reservar agua y construir suelo para el ciclo siguiente”, contó Ramírez.

El trabajo de extensión es desde que llegan hasta que se vuelven. Y para quienes están allá es todo el tiempo. “Les damos las razones agronómicas para que sepan por qué hacemos lo que hacemos, pero generalmente entienden cuando ven”, dijo Ramírez. Por ejemplo, cuando se dan cuenta que con el suelo descubierto se queman los pies mientras que, al lado, en un lote con cobertura abajo todavía tienen humedad.

El maíz que hacen hoy, con riego alcanza los 3000 kilos por hectárea como máximo, la soja (que prácticamente es un cultivo desconocido) rinde 1000 kg/ha (en muchos casos cosechada a mano y zarandeada a mano). El equipo de AAPRESID apunta a 2500 kg/ha de soja y 6500 de maíz, todo en secano, claro.

“En parte ese maíz va a consumo directo y en parte a la industria pollera y de producción de huevos, que está sub abastecida y paga maíz caro”, contó Ramírez.

Guinea, nuevo desafío

A fines de 2019, por pedido del gobierno de Guinea, también los convocaron para implementar el programa en ese país (unos 1400 kilómetros al oeste de Ghana).

Los campos ya están seleccionados y el primer año será de puesta a punto (desmontar, sacar piedras, nivelar, etc.). Pero hay un plus, porque la idea es trabajar en una especie de estación experimental en donde ya hacen agricultura. Allí se podría ya arrancar con la siembra directa en 2019.

Después de tres décadas de pulir el conocimiento sobre cómo producir más granos optimizando el recurso suelo (aún hoy siguen haciéndolo ajustando detalles de los cultivos de servicio y tantas otras cosas más) ahora el desafío es llevar ese know how fronteras afuera para que la siembra directa sea una marca país. “Messi, Maradona, carne, soja… y siembra directa”. ¿Y por qué no?

Mucho más que África

En 2016 AAPRESID empezó a recibir requerimientos desde el exterior, no sólo para brindar charlas sino también para hacer recorridas técnicas con asesoramiento.

Fueron invitados a China, Nueva Zelanda, Kenia y así surgió la idea de diseñar e implementar un programa internacional para la transferencia e intercambio de tecnología.

En muchas de esas misiones viajó como presidente o como representante internacional Pedro Vigneau. Uno de los viajes que recuerda bien es a Sierra Leona (con representantes de WARC –Western Region Agricultural Research Center-, una organización japonesa que intenta revitalizar áreas rurales).

“Impresiona ver un lugar donde agroecológicamente existen buenas posibilidades productivas porque llueve y hay buenos suelos, pero hay mucha gente que pasa hambre”, contó a HORIZONTE A. Y destacó: “En un mundo donde la información, los capitales y las tecnologías fluyen, te golpea que se siga produciendo de manera precaria”.

“El Banco Africano de Desarrollo, gobiernos y organizaciones de otros países han tomado nota de nuestro liderazgo en lo que es producción sustentable y por eso establecimos una alianza para transferir conocimiento”, explicó el ex presidente de AAPRESID.

“Tenemos muchas expectativas porque el cambio es inmenso, pasar de producir muy poco y de una sola especie a producir el doble más variado les cambia la vida a muchas familias y al mismo tiempo creemos que es una oportunidad para muchas empresas argentinas de maquinaria e insumos para llevar sus productos y dinamizar una economía que lo necesita mucho como es la africana”, ejemplificó Vigneau, que no tiene dudas, para él es un “ganar-ganar-ganar: ganan las personas, las empresas y las comunidades”.

A su vez, como producen pocos granos tienen que importar mucho. Vigneau relató que “es común escuchar que la tonelada de maíz vale 500 dólares, lo que hace difícil poder producir, por ejemplo pollos a un precio razonable. Entonces, si se pudiera producir más maíz habría un beneficio expandido hacia no sólo el consumo directo, sino también hacia el agregado de valor.

“Lo que está haciendo el Banco Africano es llevar un modelo productivo eficiente y sustentable, subrayando el concepto de sustentable”, dijo Vigneau, que destacó el reconocimiento que recibió AAPRESID de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) con el premio Glinka en 2017 porque “aumentó visibilidad de la institución y abrió las puertas a que se acercaran muchos más”. Glinka es el premio mundial de Suelos que reconoció la trayectoria y logros en el rol de ser Guardianes del Suelo”.

Gracias a este reconocimiento y al trabajo que han venido haciendo cada uno de los representantes de AAPRESID a lo largo de 30 años, el programa internacional de la institución es mucho más que África. También han viajado y compartido ese saber en India y China con éxito. “De la mano de la seriedad, la ciencia queremos llevar al mundo todo lo que sabemos sobre impulsar sistemas sustentables de producción de alimentos, fibras y energía con innovación y conocimiento en red”, resumió Vigneau.