DESDE LA INCORPORACIÓN TECNOLÓGICA HASTA LA GESTIÓN ESTRATÉGICA DE DATOS
Ing. Agr. (MSc.) Fernando Scaramuzza – Asesor-Consultor Agricultura de precisión y mecanización agrícola
Resumen
- Solo 2 de cada 10 productores completan el ciclo de adopción de tecnología.
- El agrónomo como “director de orquesta” del ecosistema de datos.
- El contratista rural es un aliado estratégico, realizan más del 60% de las labores
- Más de 22.350 máquinas conectadas cubren el 70% de las hectáreas sembrables.
- La dosificación variable y aplicaciones selectivas mejoran rendimientos, reducen insumos y aportan sostenibilidad al sistema.
- La agricultura de precisión en Argentina pasó de equipos a gestión integral de datos.
- El futuro: integrar tecnología, conocimiento y personas.
La evolución de la agricultura de precisión en Argentina refleja el recorrido de su sistema productivo: desde la adquisición de equipos tecnológicos hacia una gestión integral orientada a la eficiencia productiva y la sostenibilidad. Lo que, a mediados de la década de 1990 impulsado por el INTA, comenzó como la adopción incipiente de herramientas aisladas, hoy se consolida como una verdadera agronomía de precisión, en la cual los datos generados por la maquinaria se constituyen en insumos estratégicos para generar información. Las plataformas AgTech, entendidas como soluciones basadas en tecnologías digitales aplicadas a las distintas etapas de las cadenas agroalimentarias, permiten transformar esa información en valor agregado para la toma de decisiones.
Gráfico 1: Estimación de la evolución de número de equipos, en unidades acumuladas en los diferentes rubros tecnológicos, para Argentina.

Fuente: Scaramuzza, F.; Villarroel, D. INTA Manfredi 2024.
En este contexto, el proceso de digitalización se proyecta como motor del progreso sectorial, habilitando la competitividad del agro argentino frente a las crecientes demandas globales en materia de eficiencia, trazabilidad y sustentabilidad.
Estado actual: ¿Incorporación o adopción?
Aunque Argentina se posiciona entre los países líderes en la incorporación de tecnologías agrícolas, la adopción plena de la agricultura de precisión en todo su ciclo aún presenta oportunidades de mejora. De acuerdo con informes del BID y el INTA (2024), únicamente 2 de cada 10 productores logran recorrer el proceso completo, desde la captura de datos hasta su transformación en decisiones de manejo.
Gráfico 2: Esquema de adopción del ciclo completo de Agricultura de Precisión

Fuente: Layana, E. BID, INTA 2024.
Esta situación evidencia la necesidad de diferenciar entre incorporación (disponibilidad de equipos y sensores) y adopción (uso efectivo de la información en la gestión agronómica) y esto también se ve reflejado a nivel de escala productiva, siendo los productores de menor escala, los de menor porcentaje de adopción. Si bien la mayoría de las cosechadoras, sembradoras y pulverizadoras cuentan con sistemas de monitoreo y dosificación variable, el verdadero salto cualitativo ocurre cuando las empresas agropecuarias logran integrar los datos en información, avanzando así hacia una gestión más precisa y estratégica.
Las causas de esta brecha son diversas: insuficiente capacitación y acompañamiento técnico, percepción de complejidad, falta de estandarización en los flujos de información y desconexión entre actores de la cadena productiva.
El rol del agrónomo: el director de la orquesta
En este escenario, el rol del ingeniero agrónomo resulta central. Su función trasciende de la mera recomendación de insumos o prácticas, para convertirse en el verdadero “director de orquesta” del ecosistema de datos que genera empresa agropecuaria. La misión consiste en transformar grandes volúmenes de datos a información que permitirán planificar decisiones agronómicas precisas, oportunas y asertivas, y, en un horizonte próximo, incluso en decisiones autónomas mediante la incorporación de inteligencia artificial.
Este enfoque se alinea con la concepción moderna de la empresa agropecuaria como un sistema de gestión integrado, en el cual cada actor —productor, familia, asesor, proveedor de insumos, contratistas y operarios de maquinaría precisa— participa en un proceso articulado. Se trata de pasar de una agricultura de precisión entendida como un conjunto de herramientas instrumentales hacia una agronomía de precisión, basada en la comprensión profunda de la variabilidad de cada ambiente y lote.

El contratista rural: un aliado estratégico
En el sistema agropecuario argentino, los prestadores de servicios constituyen un actor clave e imprescindible dentro de la dinámica productiva. Su participación es determinante en la ejecución de labores: representan entre el 50 y 60% de la superficie en siembra, entre el 70 y 80% en pulverización y cosecha, y superan el 80% en fertilización.
Estos contratistas, altamente capacitados y equipados con herramientas de avanzada tecnología, no solo garantizan eficiencia operativa, sino que además se convierten en generadores de datos de gran valor. Cada labor realizada produce capas de información que, en muchos casos, permanecen en sus propias organizaciones (plataformas digitales como AGCO FUSE, CNH FieldOps, CLAAS Connect, John Deere Operation Center, FIELDVIEW Climate, ACRONEX Unimap, entre otras) si no se establecen mecanismos de intercambio quedan en manos de contratistas únicamente. Dichos datos constituyen un insumo estratégico para comprender mejor las respuestas de los cultivos, analizar variabilidades y fundamentar futuras decisiones de manejo.
“La dosificación variable de semillas y fertilizantes permite optimizar el uso de insumos, alcanzando incrementos promedio de rendimiento en grano de hasta un 15%”
En este marco, los productores tienen la posibilidad de seleccionar a sus contratistas en función de la calidad de trabajo, la tecnología empleada y la capacidad de brindar un servicio diferencial. A su vez, el contratista puede posicionarse como un socio digital, certificando sus labores mediante los datos generados por su maquinaria y ofreciendo un valor agregado único.
Esta interacción, basada en la confianza y la gestión compartida de la información, representa una característica distintiva del modelo productivo argentino, dónde el contratista no es solo un prestador de servicios, sino un verdadero amigo, aliado estratégico en la construcción de una agricultura más eficiente, precisa y sostenible.
Datos para transformar la producción
Una de las principales tendencias actuales en la gestión agrícola es la telemetría, entendida como la capacidad de las máquinas de estar permanentemente conectadas y transmitir información en tiempo real. El avance de esta tecnología responde, por un lado, a la necesidad de las empresas proveedoras de mantener un contacto remoto continuo con sus clientes, ofreciendo un mejor servicio posventa y fortaleciendo la fidelización. Por otro lado, representa para el productor la posibilidad de sentirse acompañado y respaldado por su prestador de servicios técnicos.
Además de la asistencia operativa, la telemetría permite recolectar datos técnicos y agronómicos de alto valor estratégico. Entre ellos se destacan parámetros como el consumo de combustible, la productividad operativa (ha/h), la eficiencia de uso de insumos y la calidad de labores. Estos indicadores, una vez procesados y analizados, se convierten en información agronómica aplicada, útil para optimizar el manejo de los sistemas productivos y mejorar la eficiencia en la utilización de la maquinaria agrícola.
De acuerdo con estudios realizados por el INTA y relevamientos privados, actualmente en Argentina existen más de 22.350 máquinas conectadas, que mapean digitalmente el proceso productivo de más del 70% de 38 millones de hectáreas sembrables del país (Fuente: Scaramuzza, F., 2025), convirtiéndose este sistema en una oportunidad inmejorable para todos los actores, inclusive el ecosistema AgTech.
Este nivel de penetración tecnológica constituye una oportunidad inédita para disponer de información de calidad, generada a gran escala, y utilizarla como insumo clave en la toma de decisiones agronómicas y empresariales.

Impactos en rentabilidad y sostenibilidad
Los resultados del cambio de enfoque son evidentes. La dosificación variable de semillas y fertilizantes permite optimizar el uso de insumos, alcanzando incrementos promedio de rendimiento en grano de hasta un 15%, con impactos más significativos en lotes de mayor heterogeneidad ambiental, donde la magnitud entre ambientes es más acentuada.
Del mismo modo, las aplicaciones selectivas de fitosanitarios, mediante sus diferentes modelos instrumentales, reducen la huella ambiental y generan ahorros promedios de alrededor de un 70% en herbicidas, lo que contribuye a la sostenibilidad económica y ecológica. Estos beneficios no constituyen un escenario hipotético, sino que son logros concretos alcanzables mediante una gestión de datos eficiente y un manejo técnico-profesionalizado.
La clave del éxito radica en la capacitación continua y en la consolidación de una cultura organizacional orientada al dato: desde el mantenimiento preventivo de la maquinaria hasta la correcta carga de prescripciones en los monitores, actualmente posibles de enviar de manera remota como órdenes de trabajo programadas.
Este modelo de gestión permite reducir la brecha de rendimiento, mejorar la rentabilidad, cuidar el ambiente productivo y reinvertir en tecnologías de mayor valor agregado. Asimismo, la transformación de granos en productos como carne, leche o huevos multiplica el retorno económico y contribuye a una agricultura más eficiente, ordenada y sostenible.
Consideraciones finales: mirando hacia el futuro
El futuro de la agricultura argentina está íntimamente ligado a la adopción plena de estas tecnologías. Para lograrlo, resulta imprescindible fortalecer la articulación entre tecnología, conocimiento y productores, posicionando al asesor técnico como líder del proceso de transformación digital.
La difusión del conocimiento y la formación de recursos humanos especializados son pilares fundamentales. Tal como lo hizo históricamente el INTA, el desafío consiste en continuar educando, derribar mitos, evidenciar el retorno de la inversión económica y ambiental, y consolidar una cultura de innovación.
Finalmente, será determinante potenciar la formación académica en agronomía de precisión y consolidar el rol de las empresas de servicios como eslabones estratégicos de esta cadena de valor. Solo así la agricultura argentina podrá sostener un crecimiento competitivo, sustentable y tecnológicamente avanzado.































