Hace más de una década comenzó buscando una forma más simple de registrar datos a campo. Hoy, como CEO de SIMA, lidera una de las plataformas de gestión agrícola más utilizadas de Latinoamérica.
Observa de cerca una nueva transformación: la irrupción de la inteligencia artificial.
Por Lic. Juan Alaise – Horizonte A
Nació y se crió en Rawson, un pequeño pueblo bonaerense donde el campo forma parte de la vida cotidiana. Años después, ya como ingeniero agrónomo, Agustín Rocha comenzó a recorrer lotes y se encontró con una realidad que parecía inalterable: gran parte de la información seguía viajando en cuadernos, planillas y anotaciones que después terminaban, con suerte, en un Excel.
El problema era tan cotidiano que durante mucho tiempo parecía natural. Hasta que dejó de parecerlo.
“Lo que buscábamos era registrar los datos directamente en el lote, en el momento, sin tener que volver a transcribirlos después”, recuerda.
Esa necesidad fue el punto de partida de SIMA, una plataforma que nació hace casi trece años para digitalizar el trabajo de quienes recorren el campo y que hoy opera en varios países de Latinoamérica, gestionando más de ocho millones de hectáreas.
Del cuaderno al teléfono
Agustín suele explicar que SIMA no surgió a partir de una gran revelación.
“En general son más procesos que clicks”, dice.
Antes de la aplicación existía una página web. Antes de la página web existía una planilla. Y antes de la planilla, el papel.
Cada paso intentaba resolver una limitación del anterior.
Primero llegó la posibilidad de compartir reportes con productores. Después apareció la necesidad de eliminar la transcripción manual. Más tarde surgieron nuevas funcionalidades impulsadas por los propios usuarios.
“El producto fue creciendo a medida que la gente lo usaba. Muchísimas de las funciones que tenemos hoy nacieron de ideas de los usuarios y no nuestras”.
Lo que comenzó como una herramienta de monitoreo para registrar plagas, malezas y enfermedades fue incorporando controles de siembra, seguimiento de cultivos, órdenes de trabajo, controles de cosecha y decenas de procesos que forman parte de la actividad cotidiana de un técnico a campo.

La importancia del feedback
Si hay algo que atraviesa toda la historia de SIMA es la escucha.
Agustín reconoce que gran parte de la evolución del sistema estuvo impulsada por las necesidades reales de quienes lo utilizan.
“Cuando le ponés el producto en la mano al usuario, empieza a devolverte información todo el tiempo. Te muestra qué funciona, qué no funciona, qué le cuesta usar y qué le simplifica la vida”.
Esa devolución constante permitió entender algo que hoy parece evidente: la tecnología no se adopta porque sea innovadora, sino porque resuelve un problema concreto.
“Cuando el productor ya identificó el dolor, la adopción es mucho más natural. Cuando entiende que pierde información, que no puede analizar una campaña o que un error operativo le genera pérdidas, ahí empieza a buscar soluciones”.
Una herramienta para ampliar capacidades
A diferencia de quienes presentan la tecnología como un reemplazo de las personas, el CEO de SIMA la entiende como una extensión.
Una forma de potenciar capacidades que ya existen.
“Así como la robótica amplía la capacidad física de una persona, el software es una extensión del cerebro. Te ayuda a recordar, a procesar información y a tomar mejores decisiones”.
La comparación aparece varias veces durante la charla.
Para él, la verdadera transformación no está solamente en registrar datos, sino en lo que ocurre después con esa información.
“Hoy ya empezamos a ver los primeros frutos de la digitalización. Durante años se registraron datos y muchos se preguntaban para qué servía todo ese esfuerzo. Ahora empezamos a poder aprender de esa información”.
El cambio de era que vuelve a sorprenderlo
Si la aparición de los teléfonos inteligentes fue el gran cambio que dio origen a SIMA, Agustín cree que la inteligencia artificial representa una transformación todavía más profunda.
“Me fascina y me divierte mucho estar viviendo esta época. Para mí es comparable con la aparición de Internet”.
Su mirada es optimista, aunque no ingenua.
Por un lado, considera que la IA está liberando tiempo de tareas repetitivas y permitiendo enfocarse en actividades más estratégicas.

“Nos está dando más tiempo para hablar con nuestros usuarios. Y esa conversación sigue siendo irreemplazable”.
Pero también advierte que puede ampliar diferencias entre quienes adopten estas herramientas y quienes decidan ignorarlas.
“Un buen profesional con inteligencia artificial multiplica muchísimo su valor. Va a ser muy difícil competir sin utilizar este tipo de tecnologías”.
El productor argentino y la ventaja de adaptarse
Después de trabajar con productores de distintos países, Rocha identifica una característica muy particular del agro argentino: la capacidad de adaptación.
La combinación de campos alquilados, contratistas y contextos cambiantes obliga a tomar decisiones rápidas y a convivir con la incertidumbre.
“El productor argentino es muy eficiente y flexible. Quizás el gran desafío es que muchas veces el contexto no le permite pensar a diez años”.
Esa tensión entre eficiencia de corto plazo y planificación de largo plazo es, para él, uno de los grandes temas pendientes del sector.
El futuro de SIMA
Agustín reconoce que no siempre acierta cuando imagina escenarios futuros. De hecho, recuerda que cuando comenzó a trabajar como agrónomo pensaba que muchas tareas de monitoreo desaparecerían rápidamente. Sin embargo, ocurrió algo distinto: no desaparecieron, sino que cambiaron las herramientas con las que se realizan.
Aun así, tiene algunas certezas sobre el camino que viene.
La principal es que los sistemas serán cada vez más integrados y que la inteligencia artificial ocupará un rol central en la toma de decisiones.
“Hoy todas las decisiones las toma una persona. Creo que vamos hacia un modelo mixto entre personas y agentes inteligentes”.
Según su visión, muchas tareas operativas podrán delegarse a asistentes digitales capaces de procesar enormes volúmenes de información, mientras las personas dedicarán más tiempo a la estrategia, las relaciones y la visión de negocio.
Y aunque reconoce que todavía queda mucho trabajo por delante, cree que el proceso ya comenzó.
Un proceso que, curiosamente, tiene algo en común con aquella primera idea que dio origen a SIMA: usar la tecnología para ampliar lo que las personas son capaces de hacer.





























