A las puertas de una nueva edición en el Sheraton de Mar del Plata, Fernando Rivara, presidente de la Federación de Acopiadores, analiza el escenario de una campaña triguera condicionada por la geopolítica y la presión fiscal.
Por Sebastián Nini
En una charla profunda y personal, el dirigente de Alberti repasa su historia familiar, su pasión por el fútbol y la necesidad urgente de que la política económica "empiece a ver" el potencial real del campo argentino.
Fernando Rivara es, antes que dirigente, un hombre de raíces profundas en Alberti, provincia de Buenos Aires. Su trayectoria no es fruto de la casualidad, sino de una herencia que este año celebra un hito: los 90 años de la empresa familiar fundada por su abuelo Adolfo. "Yo hice la primaria en mi pueblo, pero la secundaria me llevó pupilo a los Hermanos Maristas de Luján. De ahí, el salto a La Plata para estudiar Veterinaria en los convulsionados años 70", recuerda con la precisión de quien atesora cada etapa.
Tras un breve paso por el exigente mundo del entrenamiento de caballos de carrera, Fernando regresó a sus pagos para trabajar codo a codo con su padre, Rubén Darío, y su hermano Raúl. Fue en ese entonces cuando comenzó a forjarse su perfil gremial, casi por decantación: "Empecé acompañando a mi papá a las reuniones del Centro de Acopiadores de Chivilcoy. Yo manejaba, él iba de directivo, y así, entre viaje y viaje, me fui empapando de la actividad". Tras el fallecimiento de su padre, Fernando asumió la presidencia del Centro provincial y, eventualmente, de la Federación Nacional, cargo que ocupa hace varios períodos con una entrega que define como un acto de gratitud. "Mi viejo no pudo pasar de sexto grado porque no había plata. Pero esta noble actividad del acopio le permitió mandar a sus tres hijos a la facultad. Le dedico tanto tiempo a esto porque siento que estoy devolviendo algo de lo que el sector le dio a mi familia".

Hoy, con sus hijos y sobrinos llevando adelante la diaria de la empresa con una solvencia que le da envidia sana, Rivara reparte sus días entre la gestión en Buenos Aires y su pasión innegociable: el fútbol. "Sigo jugando, soy arquero, y eso me permite estirar la ola del retiro. No hay nada como esos partidos donde coincidimos mi hijo, mi nieto y yo en la cancha", confiesa, dejando ver al hombre que, detrás de la investidura dirigencial, sigue disfrutando de las cosas simples de la vida.
"A Todo Trigo" vuelve a Mar del Plata, Fernando. El Sheraton ya es prácticamente el búnker del cereal. ¿Qué significa para la Federación mantener este punto de encuentro tras 22 años y cuál es el núcleo de esta edición?
El Sheraton es, sin dudas, nuestra casa. Son 22 años ininterrumpidos de un congreso bianual que nos llena de orgullo porque es, por lejos, el más importante de toda América en su segmento. El encuentro presencial tiene un plus que la virtualidad jamás podrá suplantar: el intercambio en los pasillos. Emociona ver los coffee breaks convertidos en un hervidero de productores, asesores y acopiadores debatiendo la campaña que viene.
Este año el eslogan es "Del rinde al negocio", y no es un capricho semántico. Queremos transmitir que el éxito hoy no se mide solo en kilos por hectárea, sino en cómo cierra la ecuación de punta a punta: desde la inversión en tecnología hasta la estrategia comercial.
Bajo la dirección técnica de Daniel Miralles y Bettina Kruk, el programa es vertebral, pero este año pusimos especial énfasis en la gestión empresarial. El jueves por la tarde tendremos un bloque dedicado a la integración generacional en las empresas de familia. Es un tema crítico porque si no se habla a tiempo, la transición de mando puede generar rispideces que afectan la productividad. Queremos dar herramientas para que esa transición sea un motor y no un freno.
Hablando de motores, la siembra está ahí nomás, pero el contexto externo es una sombra. ¿Cómo impacta la situación internacional en el ánimo del productor que hoy está sacando cuentas?
Estamos ante un hecho disruptivo: la guerra en el Golfo. Es una locura de final incierto que nos genera una angustia lógica, pero también una incertidumbre económica total. El trigo depende fundamentalmente de dos costos: fertilizantes y combustible. Ambos están atados al precio del petróleo. Nadie sabe si el barril se va a quedar en 110, 120 dólares o si va a bajar a 80. Esa duda te paraliza o te obliga a ser extremadamente cauteloso. Sin embargo, el productor argentino tiene un gen particular. Vamos a sembrar porque no sabemos hacer otra cosa y porque la esperanza es nuestro combustible diario. Si no tuviéramos esa fe ciega en la revancha de la tierra, nos dedicaríamos a las finanzas.
A pesar de que los números están muy finos y el riesgo es alto, el compromiso de seguir apostando a la tecnología está.
En ese esquema de inversión, ¿cuál es el rol actual del acopio? ¿Sigue siendo el pulmón financiero del interior?
El acopio ha evolucionado. Hubo un tiempo en que éramos más importantes que los bancos para financiar la siembra, pero el productor fue mejorando su ecuación con los años. Hoy lo que vemos son necesidades muy puntuales y regionales. Zonas como 9 de Julio, Carlos Casares o Bolívar, que vienen de sufrir inundaciones catastróficas, tienen productores que el año pasado ni siquiera pudieron cosechar. Para ellos, el acopiador es el único que está ahí para darle una mano cuando el sistema formal les da la espalda. Pero más allá de la plata, hoy el acopio es un socio tecnológico.
A través de nuestros ingenieros agrónomos, somos una red de auxilio constante que ayuda a decidir qué nutrición poner o qué variedad conviene según el lote. El canje sigue siendo una herramienta fundamental por conveniencia financiera y para netear impuestos, pero el asesoramiento es hoy nuestro mayor activo.
Se debate mucho si la Argentina debiera ir por un récord de producción o cuidar la calidad para mercados como el brasileño. ¿Cuál es tu visión?
Es el gran debate que vamos a profundizar en el congreso. Hay asesores muy respetados que no ven con buenos ojos saltar a 30 millones de toneladas porque, como no somos formadores de precio, ese volumen podría deprimir los valores y jugarnos en contra. Mi mirada es que la calidad es nuestro gran escudo.
El trigo argentino es excelente, tiene una actitud panadera que Brasil valora muchísimo; ellos, a condiciones iguales, no te compran trigo ruso ni locos.
El problema es que para producir un trigo de calidad superlativa a veces tenés que resignar rinde, y hoy el plus de precio que paga el mercado no llega a compensar esa pérdida de kilos. Es un mercado que hay que explorar y abrir con mucha prudencia porque el productor no está para tirar manteca al techo; perder un 30% de rinde por buscar una proteína que después no te pagan te puede sacar del juego.

Es inevitable tocar el tema político. ¿Qué le dirías hoy a los responsables de la economía nacional si los tuvieras frente a frente?
Lo que decimos siempre: "Bajen las retenciones". Este año el campo va a aportar 700 millones de dólares adicionales en derechos de exportación respecto al año pasado. Es una cifra enorme que sale del bolsillo del productor y que no vuelve. La respuesta del campo ante una baja de impuestos es inmediata: más tecnología, más tonelaje y, por ende, más recaudación por otras vías.
Lamentablemente, en el Ministerio de Economía hay mucha gente que viene del mundo de las finanzas y poca que entienda la lógica productiva. "No la ven", como se dice ahora. Si presentaran un cronograma escalonado de rebaja de retenciones, verían una explosión de riqueza en cada pueblo del interior. No pedimos milagros, pedimos que nos dejen trabajar con una lógica que no sea meramente extractiva.
También hay reclamos fuertes hacia las provincias y municipios por la infraestructura...
Absolutamente. Lo que pasó en el oeste bonaerense con las inundaciones fue una catástrofe que desnudó una ineptitud hidráulica total. No puede ser que la red de canales esté desactualizada o que el director de Hidráulica no aparezca nunca a dar la cara. El año pasado perdimos 2.000 millones de dólares por la inundación y, durante la sequía posterior, no se hizo una sola obra. Ahora viene un "Niño" y el riesgo es el mismo. A eso sumale los municipios que te aumentan la tasa vial un 100% y hace dos años que no pasan una máquina por los caminos rurales. Es un desastre que vamos a combatir aconsejando a los productores que recurran a la justicia. Hay intendentes que no están capacitados para el cargo que ocupan y el campo no puede seguir financiando esa ineficiencia.
El valor de lo humano
Para Fernando Rivara, el cierre de cada jornada en Mar del Plata tiene un sabor especial. Más allá de las discusiones técnicas, los planteos comerciales y la rosca política, lo que prevalece es la mística de la cadena unida. "La Federación de Acopiadores ha sido el factótum de juntar a la flor y nata del campo argentino. Ver a los más capaces del sector, desde productores hasta los máximos referentes técnicos, compartiendo un café o una cena, es lo que realmente nos llena de orgullo", reflexiona.
Para el hombre que se siente un "agradecido" de su profesión, el congreso es el espacio donde el negocio se vuelve humano. Es el abrazo con el colega que pasó un mal año, la charla técnica que salva una campaña y la confirmación de que, a pesar de las inundaciones, las deudas y los desaciertos políticos, el corazón del trigo argentino sigue latiendo con la fuerza de una herencia que ya lleva 90 años marcando el rumbo. Volver a Mar del Plata es, para Rivara, volver a confirmar que el equipo está listo para salir a la cancha, una vez más, a jugar el partido de la producción.





























