El arte de alinear la propuesta agronómica con la oferta ambiental, sin resignar contribución económica
Ing. Agr. (MBA) Ignacio Lo Celso - ILC | Agricultura. Consultor agrícola. Docente de Postgrado. Universidad Católica de Córdoba. Córdoba. Argentina. ignacio.locelso@gmail.com.ar
Introducción
Se proyecta que la población mundial alcanzará cerca de 10 mil millones de personas hacia 2050 y, además, demandará mayor cantidad de alimento por persona y de mayor calidad nutricional (especialmente proteínas de origen animal) (Food and Agriculture Organization, 2009). A su vez, la amenaza cada vez más concreta del calentamiento global, impide que se transformen más bosques nativos (grandes reservorios de carbono) en tierras de cultivo, lo que genera una presión cada vez mayor sobre la eficiencia en la producción de alimentos (Naciones Unidas, 2026).
Por otro lado, según una investigación reciente, Argentina (uno de los grandes productores de alimentos del mundo), tiene una importante deuda pendiente con cerrar brechas de rendimiento (Global Yield Gap Atlas, 2025). Según dicha investigación: estamos en un 53% de maíz, 52% de trigo y 66% de soja. Si nos aproximáramos al 80% alcanzable, eso representaría un aumento de más o menos 30% de la producción nacional (170 millones de toneladas) (Andrade, Grassini, & otros, 2023): un valioso aporte a la seguridad alimentaria global y a la economía nacional. Es para destacar, en ese sentido, el esfuerzo y la iniciativa de compañías como Corteva Agriscience®, con el programa Brechas Pioneer® (Brechas Pioneer, 2026), que ha movilizado a muchos asesores a nivel país a animarse a combinar distintas estrategias de manejo para cerrar dichas brechas de rendimiento sin resignar márgenes o rentabilidad para el productor.
“Se han obtenido distintos niveles de mineralización cuando cambia el tipo de suelo”
Sin embargo, a un nivel más local, cerrar brechas implicaría un mayor nivel de inversión y asumir más riesgos económicos en la operación, algo que al productor argentino le genera aversión, luego de casi 25 años de una altísima presión tributaria (Ámbito Financiero, 2025). En ese sentido, el camino es ofrecer ajustes en el manejo que ofrezcan mejoras en la contribución económica con dichas estrategias.
La agricultura de precisión ofrece muchas herramientas para poder medir el verdadero aporte de cada estrategia a la rentabilidad del sistema.
Con este objetivo se diseñó un ensayo de maíz (campaña 2024-25) para cuantificar el aporte productivo y económico de distintas combinaciones de densidad y fertilización. Es importante aclarar que el análisis del ensayo, si bien utiliza algunas herramientas estadísticas, se trata de un estudio más bien descriptivo y exploratorio del impacto de las distintas estrategias. Al no contar con repeticiones suficientes, no se realizaron pruebas de hipótesis formales; los resultados deben interpretarse como tendencias.
Material y método
Caracterización de los sitios de ensayos
El ensayo se realizó en la Estancia San Juan, de las empresas San Juan de Totoral y Nuevo Centenario, en Villa del Totoral, Córdoba. En la zona del ensayo, los suelos son clase IIIc, haplustoles típicos, con índice de productividad de 65, textura limosa fina y una capacidad de agua disponible de 292 mm, a los dos metros (Cartas de Suelo, 2026). El promedio anual de precipitaciones histórico de dicho establecimiento es de 750 mm. Sin embargo, si consideramos sólo los años agrícolas (a finales de los años 90, se intensifica el pasaje de ganadería a siembra directa), ese promedio se reduce hasta los 636 mm. En dichos años, el registro promedio entre los meses de noviembre a marzo (período en el cual se desarrollan gran parte del ciclo de cultivos estivales) es de 498 mm (tabla 1).

El ensayo se realizó sobre dos ambientes: trigo de secano (rinde de 11 qq/ha), con dos repeticiones (en adelante ATS); y sobre trigo bajo riego (49 qq/ha) (en adelante, ATR). En el primer caso, al momento de la siembra de maíz, contaba con 60 mm en el perfil y, en el segundo caso, 200 mm). En relación a la caracterización nutricional natural de cada ambiente, podemos decir que ninguno de los dos ambientes tenía limitante en cuanto a disponibilidad de fósforo (P) y una buena provisión natural de nitrógeno (N), si consideramos una mineralización potencial efectiva del 3% (122 y 143 kgs de N para el ATS y ATR, respectivamente) y el nitrógeno de NO3 (Tabla 2).

Siembra
Se sembraron 4 densidades de BRE8380 (50.000, 62.500, 75.000 y 87.500 sem/ha), en sentido N-S, el 22/12/24 y se combinaron con cuatro dosis de Solmix 80-20 (28% de N): 0-100-200-300 lts (0, 37, 74 y 111 kgs de N/ha), en sentido E-O. Se sembró con tecnología Precision Planting, a 7 km/hr y se cosechó con una Case 7250 el 20/06/25. Cada punto de encuentro (parcela tratamiento) entre la siembra y la fertilización, contaba con entre 70-100 mts2. Tanto las prescripciones como el análisis de mapas de rendimiento se hicieron en la plataforma Echelon (Agrian Agriculture), de Nutrien AG Solutions (figura 1)

Figura 1. Ejemplo de mapa de rendimiento de la parcela ATS.
Aplicación del fertilizante nitrogenado
Se diseñaron 4 franjas de 32 m (ancho del botalón del pulverizador), a lo largo de todo el lote, que atravesaran ambos ambientes, en sentido E-O. Los tratamientos fueron: testigo (0 l/ha), 100, 200 y 300 l/ha de Solmix (28% N). El método de fertilización fue chorreado, con pulverizador autopropulsado y se realizó el 06/01/25 (V4). Dos días después del chorreado, se aplicó una lámina de 20 mm para incorporar el fertilizante.
Supuestos técnicos
En la Tabla 3 se detallan los supuestos sobre los que se ancló el análisis económico.

Análisis y discusión
Ambiente
Respecto a las precipitaciones, siendo un año La Niña, en el período noviembre-marzo, llovieron 184 mm más que un año promedio La Niña, para el mismo período. Por otro lado, con los datos provistos por los análisis de suelo y los rendimientos de los testigos, se calculó la mineralización efectiva real de la materia orgánica para cada sitio de ensayo (Tabla 4), en el testigo absoluto (0 l/ha de fertilizante y 50.000 sem/ha de densidad).

Como se observa en la Tabla 4, se produjeron distintos niveles de mineralización efectiva de la materia orgánica para cada sitio de ensayo (1.94%, en el ATR y 3.07% en el ATS). Para su cálculo, se usó como datos ciertos los rendimientos promedios de los testigos absolutos (50.000 semillas y 0 fertilización, en ambos ambientes), el NOrg, los requerimientos nutricionales, los NO3 y la DAp y se despejó como incógnita, el porcentaje de mineralización. Como puede observarse, el ATR obtuvo una mineralización muy distinta a la presupuestada (3%), lo que va a ser determinante para presupuestar la oferta ambiental.
Esto pone en evidencia lo importante que es tener en cuenta cual es el origen de la MO a mineralizar: no es lo mismo un rastrojo de soja, que uno de maíz, de trigo de secano o de trigo bajo riego (alto potencial), porque el nitrógeno se va a encontrar fuertemente retenido en el residuo de una gramínea (sobre todo, si es joven) y menos, en una leguminosa (Carlos Galarza, 2020).
También se han obtenido distintos niveles de mineralización cuando cambia el tipo de suelo (Lo Celso, 2025). La mineralización es un proceso que depende de muchas variables no controladas, por ejemplo, la humedad y temperatura en el suelo (durante el crecimiento vegetativo del cultivo), la actividad microbiana en el suelo, porosidad, relación C:N, etc (Martinez, 2014).
Rendimiento
En relación a la respuesta de rendimiento, como criterio descriptivo, se consideraron diferencias relevantes aquellas que superaron el desvío estándar de la muestra. En ese sentido, en el ATS, no parece haber respuestas positivas al aumento de la densidad para el testigo y la dosis de 100 l/ha (figura 2). En este último, sólo en la mayor densidad, parece incrementarse el rendimiento. Sí parece observarse, en las dosis de 200 y 300 l/ha, donde mejora el rendimiento en las 75 mil sem/ha y luego cae.
Sin embargo, si anclamos la densidad y aumentamos la dosis de fertilizante, en todos los tratamientos se obtienen mejoras en el rendimiento.
Por otro lado, con densidades fijas, hay un R2 de 0.96 promedio al aumento de la dosis de fertilizante, con respecto al rendimiento (figuras 4 y tabla 5). Al combinar ambos manejos, de la matriz surge que la mejor alternativa productiva fue la densidad de 75 mil sem/ha y 300 l/ha de fertilizante. Si consideramos sólo las precipitaciones efectivas (Farmwest, 2026), desde la siembra a la cosecha, en el ATS se obtuvieron 15.08 kgs/mm en el testigo absoluto y 22.1 kgs/mm, en la mejor combinación. Además, se necesitaron 37.7 kgs de N promedio, por cada tonelada de grano extra producida.


En el ATR, en el tratamiento de 0 fertilizante, el rendimiento aumenta hasta la densidad de 75.000 sem/ha y luego se detiene (figura 3 y tabla 6). Con 100 l/ha y 200 l/ha, el rendimiento se muestra indiferente a la densidad, aunque la mayor densidad parece deteriorar el rendimiento. Con 300 l/ha, una mayor densidad logra una mejora en la producción (en 62.5 mil sem/ha) y luego cae. Sin embargo, si anclamos la densidad y aumentamos la dosis de fertilizante, en todos los tratamientos se obtienen mejoras en el rendimiento. En esa línea, hay un R2 de 0.96 promedio al aumento de la dosis de fertilizante, con respecto al rendimiento (figura 4). Al combinar ambos manejos, de la matriz surge que la mejor alternativa fue la densidad de 62.5 mil sem/ha y 300 l/ha de fertilizante. Si consideramos sólo las precipitaciones efectivas (Farmwest, 2026), desde la siembra a la cosecha, en el ATR se obtuvieron 10.25 kgs/mm en el testigo absoluto y 18.23 kgs/mm, en la mejor combinación. Además, se necesitaron 31.4 kgs de N promedio, por cada tonelada de grano extra producida.



Si tenemos en cuenta las precipitaciones ocurridas en la campaña y las láminas de riego otorgadas (tabla 3), podemos concluir que la oferta hídrica del ATR fue similar que la del ATS, sin embargo obtiene una performance productiva menor en todos los tratamientos. Esto se debe a que las distintas propuestas nutricionales, no logran compensar la menor provisión de N del suelo (desde la mineralización de MO).
Esta diferencia puede explicarse por la dinámica de nitrógeno y el efecto del cultivo antecesor. Mientras que el ATS venía de un trigo de bajo rendimiento (11 qq/ha), el ATR cargaba con el rastrojo de un trigo de alto potencial (49 qq/ha), lo que generó una mayor relación C:N en el suelo. La menor tasa de mineralización efectiva real en el ATR (1.94% vs. 3.07% en el ATS) sugiere que el nitrógeno fue fuertemente inmovilizado por la biomasa del rastrojo previo, limitando la oferta de dicho nutriente para el cultivo, en el ATR.
Esto confirma que la 'oferta ambiental' no solo está definida por el agua disponible, durante todo el ciclo del cultivo, sino también por la interacción biológica entre el residuo del cultivo anterior y la capacidad del suelo para liberar nutrientes. Esto subraya la necesidad de ajustar las dosis de fertilización de manera más agresiva en ambientes de rastrojos de gramíneas muy abundantes y jóvenes, para compensar la inmovilización temporaria.
En relación a esto último, en calidades de suelos comparables, a medida que la oferta ambiental mejora, son necesarios cada vez mayores dosis de N para lograr una tonelada extra de grano. Sin embargo, a estos valores (de grano y fertilizante), sería necesario que el requerimiento se elevara a 81 kgs de N por tonelada extra de grano producido, para que la fertilización dejara de contribuir positivamente al margen bruto.
Margen Bruto
Para calcular el Margen Bruto, se asignaron los costos a las distintas estrategias de manejo, luego fueron sumados a los Costos Directos (sin semilla ni fertilizantes) y, por último, se restaron al Ingreso Neto. Así, en el ATS (tabla 7 y figura 5), para el caso de aumento en la densidad, sin fertilización, se verifica una destrucción económica, con MB decrecientes. Algo similar ocurre con las dosis de 100 y 200 l/ha. Sin embargo, para la dosis 300 l/ha, el aumento de la densidad mejora el MB hasta las 75 mil sem/ha, y luego cae.
Ahora bien, si dejamos fija la densidad, y se aumenta la dosis de fertilizante, en casi todos los casos se mejoró la contribución económica. En esa línea, hay un R2 de 0.90 promedio al aumento de la dosis de fertilizante, con respecto al rendimiento. Al combinar ambos manejos, de la matriz surge que el mejor MB se alcanzó con 75 mil sem/ha y 300 l/ha de fertilizante.


En el ATR, como puede observarse en la tabla 8 y en la figura 6, para el caso de aumento en la densidad, sin fertilización, se verifica una destrucción económica, con MB decrecientes. Algo similar ocurre con las dosis de 100 y 200. Sin embargo, en la dosis de 300 l/ha, el aumento poblacional mejora el resultado económico hasta las 62.5 sem/ha y luego cae. Ahora bien, si dejamos fija la densidad, y sólo se aumenta la dosis de fertilizante, en todos los casos se mejoró la contribución económica. En ese sentido, ante densidades fijas, hay un R2 de 0.94 promedio al aumento de la dosis de fertilizante, con respecto al rendimiento. Al combinar ambos manejos, de la matriz surge que el mejor MB se alcanzó con 62.5 mil sem/ha y 300 l/ha de fertilizante.


Conclusiones
Para cerrar brechas de rendimiento es fundamental hacer una correcta caracterización del ambiente con el que podría contar el cultivo, para hacer propuestas agronómicas consistentes con la oferta ambiental. Para ello, es importante contar con los registros promedios de lluvia, clasificados según el modelo ENOS. Sin embargo, como demuestra el presente trabajo, son modelos predictivos y estadísticos, por lo que conviene presupuestar con algún margen de seguridad, sobre todo en planteos de secano.
Por otro lado, también es importante tener en cuenta, al presupuestar, que la mineralización real efectiva de la MO es distinta en cada ambiente, según el tipo de suelo, el cultivo antecesor y las condiciones ambientales que ofrece el año. Este es un factor, junto con la disponibilidad hídrica, muy determinante y que modela la oferta ambiental con la que va a contar el cultivo, y sobre la que hay que partir para hacer una propuesta agronómica coherente con la misma.
Respecto a la propuesta agronómica, el solo aumento poblacional, sin nutrición, no mejora el rendimiento y destruye valor económico; y un aumento poblacional, sin una adecuada provisión de nutrientes, mejora los resultados productivos, pero con deterioro en la contribución económica posible. En ese sentido, la sola mejora nutricional del cultivo ofreció mejores resultados productivos y económicos, y más seguros, que el aumento poblacional. La densidad es una herramienta de ajuste dependiente de la oferta ambiental, no una palanca independiente del rendimiento.
Sin embargo, la maximización del resultado económico se da con una adecuada combinación entre estas dos alternativas de manejo. Es el arte que se exige entrenar para cerrar las brechas de rendimiento, sin resignar contribución económica.
Agradecimientos
Al Ing. Agr. Martín Revol, por su revisión y valiosos aportes al presente trabajo.

Referencias
Ámbito Financiero. (22 de Septiembre de 2025). Retenciones: cuándo se aplicaron por primera vez en Argentina y su cronología a lo largo del tiempo. Obtenido de https://www.ambito.com/economia/retenciones-cuando-se-aplicaron-primera-vez-argentina-y-su-cronologia-lo-largo-del-tiempo-n6193399
Andrade, J., Grassini, P., & otros. (2023). Evaluación de la productividad agrícola en Argentina: brechas de rendimiento en maíz, soja, trigo y girasol. Obtenido de Fertilizar: https://fertilizar.org.ar/wp-content/uploads/2023/05/2-ANDRADE-FERTILIDAD-2023.pdf
Brechas Pioneer. (2026). Brechas Pioneer. Obtenido de https://www.brechaspioneer.com.ar/
Carlos Galarza, P. V. (2020). Caracterización de rastrojos en sistemas agrícolas estabilizados. Obtenido de Profertil: chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://www.profertil.com.ar/wp-content/uploads/2020/08/caracterizacion-de-rastrojos-en-sistemas-agricolas-estabilizados.pdf
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García, F., & Correndo, A. (2013). Fertilizar Asociación Civil. Obtenido de https://fertilizar.org.ar/calculos-nutricionales/
Global Yield Gap Atlas. (2025). Global Yield Gap Atlas. Obtenido de www.yieldgap.org
Lo Celso, I. (2025). Respuesta productiva y económica del maíz a distintas dosis de fertilizante nitrogenado, en ambientes diferenciados en Villa del Totoral (campaña 23-24). Horizonte A, 32-36.
Martinez, J. M. (2014). CONICET. Obtenido de https://share.google/VujwVE7z5WS8JBc99
Naciones Unidas. (2026). UN. Obtenido de https://www.un.org/es/climatechange/science/causes-effects-climate-change#:~:text=El%20calentamiento%20global%20genera%20escasez,la%20vulnerabilidad%20de%20los%20ecosistemas.


























