Cuando en 1798 Thomas Malthus pronosticó la crisis alimentaria que podría significar la extinción de la especie humana para 1880, nadie imaginó que podía evitarse. Con una población mundial de 1000 millones, a ninguna de las mentes brillantes de la época se le ocurrió que el número de habitantes del planeta podía multiplicarse por 10 en menos de 300 años y muchísimo menos, que tendríamos los medios para alimentarlos a todos.

“La historia de la humanidad esta estrechamente ligada a nuestra capacidad para producir alimentos y detrás de cada explosión demográfica, está la agricultura diciendo presente

Hace aproximadamente 10.000 años, en una región denominada Mesopotamia -definida por la llanura aluvial de los ríos Éufrates y Tigris y situada principalmente en lo que hoy es Irak- un homo sapiens sembró casi sin querer unas gramíneas silvestres. Unas semillas de la especie triticum, más específicamentetrigo escaña y farro, dos ancestros del trigo que conocemos y cultivamos en la actualidad. Fue el nacimiento de la agricultura y un gran salto evolutivo para la humanidad. Los historiadores la denominan: Revolución Neolítica.

Se cree que los recolectores recogían las espigas que transportaban hasta sus campamentos para separar el grano. Durante el traslado, algunas semillas caían inevitablemente al suelo. Cuando regresaban al año siguiente, observaban que en los alrededores del campamento crecían cada vez más plantas lo que aumentó el tiempo que destinaban a cosecharlas, convirtiendo a la población en semi nómade. Un tiempo después, a alguien se le ocurrió regar las semillas y la agricultura, que hasta ese momento se desarrollaba exclusivamente a secano se transformó en agricultura de regadío. La primera intensificación de una producción agrícola aún balbuceante.

Esa mayor capacidad de producir alimentos permitió a la humanidad multiplicarse por 30: de 10 a 300 millones de habitantes en los primeros 8.000 años de agricultura. Y así, las primeras grandes civilizaciones crecieron y se alimentaron a la orilla de grandes ríos, como el Tigris y el Éufrates, el Nilo, el Indo y el río Amarillo.

Esos primeros trigos marcaron el origen de la agricultura, fueron el germen de las ciudades indicando el comienzo del sedentarismo, sentando las bases de la civilización como la conocemos. El primer minuto en el que fuimos lo que somos hoy.

Revoluciones Verdes

Parece ser que la agricultura se gestó más o menos simultáneamente en varias culturas que la practicaron de forma independiente en todos los continentes. Desde la región denominada “Creciente Fértil” -que abarcaba la Mesopotamia y el Antiguo Egipto- pasando por el norte y sur de China hasta Nueva Guinea. Llegando también a las culturas precolombinas de América Central y hasta el Sahel de África. La primera revolución agrícola no se exportó hasta los 4 extremos del mundo, simplemente ocurrió. Un dato por lo menos, curioso.

Lo cierto es que a lo largo de la historia y a lo ancho del planeta, los saltos evolutivos y los crecimientos poblacionales fueron de la mano de las “revoluciones verdes”.

Fue en Gran Bretaña, a finales del siglo XVII y empujada por la Revolución Industrial que la agricultura se tecnificó y como consecuencia duplicó los rendimientos del cultivo de trigo en sólo 150 años. Fue en Estados Unidos, después de la Segunda Guerra Mundial que Norman Borlaug desarrolló los trigos enanos resistentes a la roya. Para 1960 el mundo ya sabía cómo maximizar su rendimiento: a qué distancia había que plantarlo, a qué profundidad, con cuánto fertilizante y cuánta agua necesitaba. Y resultó ser que necesitaba mucha…

Cuando el trigo se encuentra bajo stress hídrico sostenido, acorta las etapas fenológicas y la planta produce menos granos y más pequeños, afectando considerablemente su rendimiento. Con la sequía, algunas plantas mueren pero no inmediatamente, ni tampoco todas juntas. Esto fue lo que observó la Dra. Raquel Chan cuando formuló su hipótesis sobre cómo y porqué sobreviven sin agua las distintas especies. En un laboratorio de Santa Fe, esta mujer argentina investigadora del CONICET se enfocó en el estudio del girasol, cultivo que le dio su mayor descubrimiento: el gen Hahb-4. Se trata de un gen que ante situaciones de stress hídrico, hace que la planta cierre sus poros y entre en un estado de latencia, demandando menos agua que lo normal para permanecer viva.

Tras 15 años de ensayos y errores, nació en Argentina el Trigo HB4. La latencia permite a las plantas tolerar un lapso de tiempo mucho mayor y una ingesta de agua menor a lo largo de todo su ciclo de vida con una pérdida de rendimiento menor. Imaginemos el potencial de este descubrimiento en países donde el cultivo de trigo es inviable por escasez de precipitaciones y regiones donde la disponibilidad de trigo es determinante de su seguridad alimentaria.

Revoluciones del Pan

El hambre en zonas rurales no ha desvelado jamás a ningún gobierno. La falta de comida en grandes centros urbanos en cambio,  ha sido siempre más compleja. Es que el hambre es prácticamente una garantía de revuelta. “When people are hungry, they get angry” afirmó tajantemente en marzo de este año Steven Gruzd quien, desde el Instituto Africano de Asuntos Internacionales lidera un grupo de trabajo sobre la creciente implicación de Rusia en el continente.

La escasez de alimentos o el aumento desproporcionado en el precio de los más básicos suelen ser causa de grandes cambios políticos.

La dependencia de los cereales en la Antigua Roma ocasionó innumerables revueltas cada vez que algún enemigo bloqueaba las importaciones de trigo desde el norte de África, a pesar de que el racionamiento ya era una práctica común. En la Europa Medieval, una serie de veranos más húmedos que la media permitieron el desarrollo de una variedad de hongos que afectaron al trigo provocando una hambruna que mató a millones de personas. La “Guerra de las Harinas” de 1775 tuvo su origen en el incremento del precio del pan debido a las malas cosechas de los dos años anteriores y estuvo determinada por el control de los precios del trigo. Sería el caldo de cultivo de la Revolución Francesa. Ya en este siglo, La Primavera Árabe estuvo marcada por numerosas “revueltas del pan” que tuvieron lugar en el continente africano.

En un levantamiento sin precedentes, los egipcios  llenaron las calles con cánticos que resonaban pidiendo “pan, libertad y justicia social” logrando el  derrocamiento del dictador Hosni Moubarak en 2011. Años más tarde, en 2018, la caída del tirano Al Bashir en Sudán fue bautizada con un nombre que remite explícitamente a los vaivenes en el precio y suministro de trigo: La revolución del pan.

El ataque a Ucrania repercute en todo el mundo, pero se hace mucho más evidente donde el desabastecimiento de cereales pone en juego la seguridad alimentaria de la población. Para África en particular, la invasión adquiere el feo rostro del hambre. La dependencia del trigo ruso y ucraniano es inmensa en potencias regionales como es el caso de Egipto donde alcanza un 85%. La nueva guerra representa para estas naciones el agravamiento de un escenario ya de por sí pesimista, con la tenaz presencia de conflictos armados que pueden agudizarse debido a las hambrunas.

La agricultura tiene nombre de mujer

Según la mitología griega, fue Deméter, hermana de Zeus y diosa de los trigales quien recorrió el mundo llevando la agricultura.  Enseñó a los humanos a cultivar la tierra, así como el arte de sembrar, recoger el trigo y hacer pan. Adoptada por la cultura romana, tomó el nombre de Ceres y de ella, tomaron el suyo los cereales. Desde entonces se la reconoce como la diosa protectora de la agricultura, prestando su nombre a toda clase de actividades agropecuarias, desde pueblos hasta empresas de tecnología agrícola. Representada habitualmente con una corona de espigas de trigo, le imprime a la agricultura un rostro de mujer desde tiempos mitológicos.

Así como en un principio la agricultura facilitó el surgir de las ciudades, el paso de la agricultura de subsistencia a un sistema agrícola organizado proporcionó excedentes suficientes para alimentar a una población urbana de gran escala. Cada revolución verde vino a derrocar las teorías maltusianas. Con cada avance de la tecnología agropecuaria, la humanidad pega un salto al futuro, un futuro que promete incluirnos a todos pero que en numerosas ocasiones no lo logra. Hasta que llega la próxima revolución…

El trigo HB4 es nuestro pequeño aporte al futuro de la civilización, lo logramos acá, de la mano de una mujer argentina. Un invento que se exportará al mundo y cambiará la vida de millones de personas. Nuestra propia revolución verde. Y Raquel,  nuestra Ceres.

En una entrevista concedida en el año 2020, la Dra. Chan afirmó “Hay que desarrollar tecnologías para que no lleguemos a un momento en que haya guerras por la comida”. No se me ocurre un motivo más noble para dedicar una vida a la investigación que el deseo de alimentar al mundo y evitar guerras. Y de eso las mujeres sabemos un montón.

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