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Diversidad, motor de la innovación

La diversidad es un valor en sí mismo y adicionalmente es la llave para la innovación. Cuando visité la fábrica de aviones de Boeing, en Seattle, la compañía hacía un culto a la diversidad de género, nacionalidad y profesiones como el caldo de cultivo para mantenerse competitiva a través de la innovación. En octubre se celebró el Día Internacional de la Mujer Rural instaurado por la ONU como un reconocimiento a la función y contribución decisiva de la mujer rural a la humanidad.

Iván Ordóñez

BCG, una de las tres grandes consultoras del mundo, revisó en 2018 la performance de 1.700 corporaciones en todo el mundo: las que tenían mayor diversidad en su management tenían mejores utilidades asociadas a innovación. Cuando hacen un zoom las dos diversidades de mayor impacto son: managers de fuera de la compañía y de género. En segundo lugar, que sus managers vienen de otras industrias y finalmente de otro país. Un estudio de 2015 de McKinsey (otra de las grandes consultoras globales) muestra que las compañías con mujeres en sus cuadros directivos tienen 15% más de chances de superar las utilidades medias de su sector de la economía. McKinsey explica que la diversidad de género le permite a la compañía: a) ganar la guerra por el talento, b) mejorar su comprensión del cliente, c) enriquecer las respuestas de los desafíos cotidianos. Fast Company comparó los resultados de compañías que promueven explícitamente la diversidad versus aquellas que no lo hacen durante la crisis financiera del 2008 y el resultado no sorprende: les fue mejor a aquellas que promueven la diversidad. A los resultados de la encuesta de McKinsey agregan que sus equipos son más curiosos y ello se verifica en la cantidad y variedad de patentes de nuevos productos que logran registrar. Sin embargo, un estudio de 2014 de Bain & Company (la tercer gran consultora de estrategia) sobre mil funcionarios de empresas indica que apenas ingresan a una compañía el 43% de las mujeres aspiran a cargos directivos; pasados los 2 años ese número se derrumba al 16%.

En el planeta #Campo en general los números de diversidad no son alentadores. De acuerdo con la FAO sólo el 20% de la tierra agrícola es propiedad de mujeres y según una encuesta realizada por Corteva a 4.160 mujeres rurales de 17 países (incluida Argentina) la mayoría se siente discriminada y un 40% considera que gana menos que su contraparte masculina.

Muchas mujeres afirman que las largas distancias unidas a la frecuencia de los viajes y al rol que la familia espera que ellas cumplan dificultan una buena inserción en el mercado laboral del agro, particularmente en posiciones corporativas. Es por eso que la mujer rural fue centro de discusión del Women20 (W20), capítulo del G20 para cuestiones de género.

Hace años tengo la oportunidad de participar en jornadas para productores agropecuarios y gente relacionada al planeta #Campo y realizo una encuesta. A la fecha hay 1.030 casos, sólo el 17% son mujeres y el 73% pasó por una carrera dictada en una facultad de agronomía. La diversidad es bajísima, aunque en un aspecto es infinitamente superior a la del productor norteamericano: su edad promedio pasa los 60 años, mientras que en Argentina está por debajo de los 50. Otro punto a favor es que en esas jornadas hay una amplia diversidad etaria, más del 60% tiene menos de 40 años. Cuando el corte de género se realiza sobre los sub30 las mujeres duplican su proporción y la diversidad de estudios se amplía. Las nuevas generaciones son más mixtas.

En enero de 2017 McKinsey midió la participación de las mujeres en los directorios de las 25 compañías de mayor performance del índice bursátil de S&P, en los últimos 10 años pasó del 10% a más del 40%. La economía global presenta cada vez mayores desafíos y el planeta #Campo local necesita de toda la materia gris disponible, no importa quién la aporte.

Raquel Chan lidera el equipo del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL) que mapeó el girasol hasta encontrar el gen HB4 resistente a la sequía que en articulación público-privada Bioceres transformó en una realidad comercial para soja y trigo. Hace unas semanas la Secretaría de Agricultura lo aprobó finalmente para soja. Según estimaciones de la compañía si dicho gen hubiera sido apilado en todas las variedades de soja sembradas en la campaña 17/18 se hubieran cosechado 4,5 millones más de toneladas a pesar de la #Sequía18. Se esfumaron de nuestras manos USD 1.730 millones. En 2013 Julieta Cabello, también del IAL, recibió un reconocimiento del MIT por el descubrimiento de un gen potencialmente superior, el HaHB1. La innovación no pide permiso.