Por: Roberto Guercetti

Presidente / CEO CONECAR

Agencia: StringAgro

Mientras se reclama una alternancia en la dirigencia política y sindical, la conducción en las instituciones privadas tiene mucho para mejorar

A partir del 10 de diciembre de 2015, Argentina comenzó a alinear planetas. “El cambio” dejó atrás la era populista en el peor de los escenarios, con una presidente que se negó a entregar la banda y el bastón, como si fuera patrimonio propio.

Asimismo, lo que parecía una de las torpezas más grande de la tristemente célebre representante de todos y todas quedó en una simple anécdota al conocerse que había sido la principal protagonista del saqueo al estado más grande de la historia.

“El cambio” inició un largo camino hacia la gran meta de ser un país normal, transparente, confiable y predecible. Que continúa lento pero firme, a pesar de las sequías, las inundaciones, los problemas externos y la permanente conspiración interna financiada con el dinero robado durante la “década ganada”.

Con los planetas alineados, todos tirando del carro, es posible que Argentina ya no se detenga, y que, de una vez por todas salgamos del aletargo populista que postergo a la Nación Argentina durante décadas.

En este universo de intereses sectoriales e individuales, hay un presidente que piensa en el bien común, que, a pesar de su excesivo optimismo, tiene como visión y convicción la verdadera Patria Grande que soñaron San Martín y Belgrano.

Los cambios se logran con la acción conjunta de todos porque es el esfuerzo de una Nación y es así como emergieron los principales países del mundo. Ninguno pudo revertir la historia en cuatro años, tampoco en diez. Se necesitan al menos dos décadas para que el cambio corrija y consolide.

Son las instituciones privadas y la acción ciudadana las que auditan, limitan y perfeccionan las acciones de los funcionarios de gobierno. La nueva administración, propuso un camino de transparencia y bien común. Por encima de los errores y aciertos, sería muy difícil cuestionarle estos conceptos al presidente de la Nación, Mauricio Macrí; o a la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal.

Tampoco a funcionarios en niveles medios, como Leonardo Sarquís, o Pablo José Bereciartua, ya que hace tan solo cuatro años, esto no sucedía. Sin dudas, los planetas comienzan a alinearse y es necesario que algunos dirigentes no estrellen a las entidades y a sus representados.

Es fundamental que las instituciones privadas sepan elegir a sus dirigentes por capacidad y no por portación de apellidos, casta social, o de la misma manera que lo hace la política y los sindicatos; por “consenso de una mesa chica”.

También es primordial que en las instituciones se produzca una renovación de dirigentes en base a virtudes y competencias basadas en el hacer y no en el decir. No se puede criticar ni corregir los vicios de la gestión pública con una misma fórmula para la administración de las instituciones privadas. 

Mientras se reclama el cambio en la dirigencia política y sindical, las instituciones privadas tiene mucho para mejorar. De hecho, un administrativo para ingresar a una empresa es evaluado por su currículum vitae, su trayectoria, sus capacidades y competencias. A diferencia de esto, un dirigente público que toma decisiones que benefician o perjudican a miles de personas no es evaluado. Y mientras tanto, un dirigente de una institución privada, tampoco lo es. 

El gran problema de la Argentina, es sin duda, la falta de autocrítica. La mitad de la solución está cuando se reconoce el problema ya que el diagnóstico es esencial. Como en medicina, un buen médico necesita el diagnóstico correcto de la enfermedad para dar el tratamiento adecuado.

En nuestro país tenemos intolerancia a la crítica, inclusive a las observaciones o reclamos constructivos. Habrá algún dirigente que lea esta nota y acepte que quizás no tiene las competencias para el cargo que ocupa.

Si analiza cómo llegó a ocuparlo, tal vez se esté muy cerca del diagnóstico correcto. También es posible lo contrario, que es este caso, sería que algunos se encuentren lejos de aceptar la medicación recomendada.