En campañas Niño, la mejor decisión empieza con el Monitoreo

Las enfermedades foliares representan uno de los principales factores que limitan el rendimiento potencial de los cereales de invierno. Ing. Agr. Diego Alvarez - MP: 18012 En cultivos como trigo y cebada, su impacto depende de la interacción entre el hospedante, el patógeno y el ambiente. Por este motivo, el monitoreo constituye una práctica indispensable […]

agosto 26, 2026

Las enfermedades foliares representan uno de los principales factores que limitan el rendimiento potencial de los cereales de invierno.

Ing. Agr. Diego Alvarez - MP: 18012

En cultivos como trigo y cebada, su impacto depende de la interacción entre el hospedante, el patógeno y el ambiente. Por este motivo, el monitoreo constituye una práctica indispensable para detectar tempranamente la aparición de enfermedades y definir estrategias de manejo oportunas.

Actualmente, la elección de variedades se encuentra fuertemente influenciada por el potencial de rendimiento. En términos generales, las variedades de mayor potencial suelen presentar un comportamiento sanitario menos favorable. Cuando una misma variedad ocupa una gran superficie sembrada, aumenta la probabilidad de desarrollo de epifitias al existir una mayor disponibilidad de hospedantes susceptibles a una determinada raza, por ejemplo de Roya.

La ocurrencia de las enfermedades responde al triángulo de la enfermedad: hospedante susceptible, patógeno presente y ambiente favorable. En Argentina, los dos primeros factores suelen estar presentes; por ello, la variable ambiental, especialmente las precipitaciones, termina siendo determinante. En campañas con pronóstico de año Niño, donde se esperan lluvias superiores a la media, aumenta el riesgo de desarrollo de enfermedades foliares y el monitoreo adquiere un rol estratégico. A continuación se muestra un gráfico de barras con el uso de fungicidas según la ocurrencia de precipitaciones en distintas campañas.

Las principales enfermedades pueden dividirse en dos grandes grupos. Entre las biotróficas se destacan roya amarilla, roya de la hoja y roya del tallo. Entre las necrotróficas, mancha amarilla en trigo y, en cebada, mancha en red, mancha borrosa (Bipolaris sorokiniana) y escaldadura.

Para que el monitoreo sea efectivo, resulta recomendable recorrer cada lote aproximadamente cada siete días, evaluando unas veinte plantas sobre el tallo principal. Utilizando el parámetro incidencia (%) se evaluaran hojas enfermas sobre hojas evaluadas por 100. Frente a roya amarilla se recomienda un muestreo dirigido, focalizando la búsqueda en lomas, bordes próximos a montes y variedades susceptibles. Para roya de la hoja y mancha amarilla el muestreo puede realizarse al azar. En cebada también se recomienda un monitoreo al azar, con especial atención a mancha en red.

Las campañas Niño presentan además un desafío logístico. Las lluvias dificultan el ingreso a los lotes y pueden retrasar tanto los monitoreos como las aplicaciones de fungicidas.

Esto favorece el avance de las enfermedades y reduce la eficiencia de las intervenciones. A continuación se  muestra un gráfico de curva indicando como puede crecer la incidencia de Roya Anaranjada en pocos días. Todos sabemos que los fungicidas son medidos por su eficiencia de control la cual es dependiente de la población inicial del hongo. Por lo tanto no es lo mismo aplicarlo con 10% de incidencia, que aplicar con 20% de incidencia. Este atraso genera una caída de persistencia de los fungicidas y un alcance nuevamente más rápido del Umbral de Acción.



Por este motivo, la planificación del monitoreo será un aspecto central de la estrategia sanitaria. Organizar anticipadamente las recorridas considerando la superficie a cargo, la cantidad de lotes, la distribución geográfica y la susceptibilidad varietal permitirá priorizar los ambientes de mayor riesgo y mejorar la oportunidad de las decisiones de manejo.

En escenarios con alta probabilidad de precipitaciones, como los asociados a eventos Niño, la oportunidad de aplicación constituye un aspecto crítico para maximizar la eficiencia de los tratamientos fungicidas. Una vez depositado sobre la superficie foliar, el producto requiere un período de tiempo para su absorción y penetración en los tejidos vegetales. En los fungicidas sistémicos y translaminares utilizados en cereales, una absorción significativa se produce durante las primeras 2 a 4 horas posteriores a la aplicación, aunque la velocidad de ingreso depende del ingrediente activo, la formulación y de variables ambientales como la temperatura, la humedad relativa y el estado fisiológico de la planta.

En consecuencia, la planificación de las aplicaciones debe contemplar la probabilidad de precipitaciones posteriores al tratamiento, procurando aprovechar ventanas climáticas que permitan una adecuada absorción del fungicida y minimicen el riesgo de lavado del depósito antes de su ingreso al tejido foliar.

En una campaña donde las condiciones ambientales favorecen las enfermedades y dificultan las labores, el éxito del manejo dependerá de un Monitoreo Planificado, sistemático y oportuno.